El imperialismo del siglo XXI.

por Josefina Morales (*)/ Revista Memoria.

Releer el clásico trabajo de Lenin sobre el imperialismo publicado en 1916, un siglo atrás, a la luz de las grandes transformaciones por las cuales atraviesa el capitalismo desde hace cuatro décadas nos lleva no sólo a encontrar las tendencias que se mantienen en la reproducción del gran capital y las diferencias cualitativas y cuantitativas del proceso sino, también, a encontrar los nuevos desafíos que el imperialismo plantea a una alternativa anticapitalista, socialista, en nuestra América.

Los tiempos históricos son diferentes: en 1916, el imperialismo emergía ya dominante en la Primera Guerra Mundial, entre cuyas características destacadas por Lenin, y a las que nos referiremos en esta nota, estaban la monopolización alcanzada, la formación dominante del capital financiero y el final de un periodo del reparto colonial del mundo.

Un siglo después, la humanidad no atraviesa por una guerra interimperialista como las del siglo XX sino por una multiforme, de mil caras y mil lugares, dispersa en distintos frentes sociales, países y territorios, atizada por la voracidad capitalista; por una guerra del capital contra el trabajo, contra los países y los pueblos dominados, dependientes; por otra guerra que se multiplica y dispersa por el mundo en los países árabes y disfraza sus raíces imperialistas entremezcladas con fundamentalismos religiosos ampliamente impulsados por el imperialismo en su afán del nuevo reparto, apropiación y reapropiación, de los territorios estratégicos para su reproducción; y por otra guerra contra el narcotráfico que en Nuestra América, especialmente México, ha cobrado decenas de miles de vidas en la última década: guerras regionales, sectoriales, fratricidas: guerras, todas caras del mismo monstruo imperialista. Y también atraviesa por profundas contradicciones en su seno, entre los países imperialistas, por una aguda competencia intermonopolista e interoligárquica, interimperialista, en medio del declive de la hegemonía estadounidense, la fractura de la Unión Europea con el brexit inglés y el ascenso de China en el mercado mundial como una potencia capitalista con acelerado proceso de internacionalización.

En 1916, la Primera Guerra Mundial en plena efervescencia estremecía a los países europeos y bañaba en sangre a sus pueblos. El capitalismo dejaba atrás la libre competencia del siglo XIX, y la concentración y centralización del capital impulsaban la formación de los monopolios, del capital y de la oligarquía financieros con nuevos niveles de internacionalización y cuyas contradicciones llevaban a la guerra e imponían un nuevo reparto territorial imperialista del mundo, al mismo tiempo que en Rusia, la revolución socialista en marcha tomaría forma en octubre de 1917.

Lenin hablaba ya de características parasitarias del capitalismo, del rentismo que acompañaba al capital financiero, de la destrucción y del militarismo que abrían un horizonte de crisis general.

Ahora, un siglo después, la crisis histórica por la que atraviesa el capitalismo tiene una diferencia cualitativa entre estas etapas históricas: el alcance de la crisis, pues en el siglo XXI la crisis que enfrentan el capitalismo, el imperialismo, la humanidad es una de tipo civilizatorio que el capitalismo engendró y profundiza, una crisis que emerge desde principios del decenio de 1970 con varias dimensiones –económica, financiera, ecológica, política y social– que al entrelazarse y retroalimentarse, cambian cualitativa, cuántica e históricamente su sentido.

La crisis de la fase monopolista posterior a la Segunda Guerra Mundial surgida en los primeros años de la década de 1970 impulsó las transformaciones neoliberales, de primera, segunda y tercera generaciones, redefiniendo el papel del Estado y cuestionando la formación alcanzada del Estado nación capitalista, y una nueva revolución tecnológica facilitó la nueva etapa de la internacionalización del capital y globalizó las relaciones capitalistas de explotación. En los últimos 25 años se realizan, entre otras transformaciones, cambios cualitativos de dimensión planetaria en todo el proceso de trabajo, en los medios de producción, en las formas de acumulación del capital, de generación de valor, explotación y sobreexplotación, de apropiación y reapropiación de la plusvalía y la riqueza mundial, así como en el ciclo de reproducción global del capital, donde la financierización se vuelve determinante.

Y, sin embargo, la crisis de acumulación del capital monopolista sigue atrapada en sus crecientes contradicciones y va de recesión en recesión sin consolidar un crecimiento sostenido que anuncie una nueva etapa sostenida de acumulación. Es más, la crisis de la financierización iniciada en 2007-2008 con la gran recesión de 2009 sigue abierta, y a finales de junio de 2016, con la salida de Inglaterra de la Unión Europea, entra en un nuevo torbellino de inestabilidad, recesión, caída de precios, guerra de divisas…

La crisis política se manifiesta de múltiples formas y a diferentes escalas. Es una profunda crisis y trasformación de los Estados nacionales con una pérdida creciente de soberanía nacional, cercenada o acotada por las instituciones supranacionales, donde domina el capital financiero transnacional, con un gran peso del estadounidense y el alemán, y que ha reforzado identidades culturales que ponen en cuestionamiento el Estado nación y en extremos reproduce el racismo y las tendencias fascistoides entre la población. Es una crisis institucional (internacional y nacional), que tiene en inoperancia a las instituciones multinacionales creadas tras la Segunda Guerra Mundial, como la Organización de las Naciones Unidas, que exhiben a su vez la crisis de la democracia representativa formal y la multiplicación del parainstitucionalismo; es una crisis de los sistemas de representación política tradicional (partidos políticos y parlamentos, sistemas electorales…) que, en última instancia, exhiben la descomposición de los regímenes políticos de la vieja democracia burguesa.

El corto siglo XX de que habla Hobsbawm inicia con la Revolución de Octubre, en 1917, y cierra con el colapso del socialismo y la desintegración de la Unión Soviética, en 1989; este último proceso abre grandes territorios para el apetito imperialista. Las transformaciones capitalistas en China desde la década de 1970 la han convertido en la primera economía mundial, por el tamaño de su producto interno bruto (PIB), y con el mayor volumen de exportaciones en el mercado mundial; han consolidado grandes transnacionales con una fuerte dinámica de inversión extranjera en su territorio y cuantiosas inversiones chinas en los países periféricos; y se ha convertido en el país con las mayores reservas internacionales.

Tales cambios cualitativos tienen un alcance en la geopolítica mundial del siglo XXI que implica grandes desafíos para Nuestra América y sus procesos alternativos de integración.

Internacionalización, concentración y centralización del capital y del trabajo

Lenin señalaba una y otra vez el alcance del capital monopolista y del financiero, sus formas de presentación que en ese tiempo ya registraban estructuras inéditas de concentración y centralización ocultas. Rescataba, por ejemplo, una cita de mayo de 1914 de Die Bank: “Los balances de muchas sociedades anónimas se parecen a los palimpsestos de la Edad Media, en los cuales era necesario borrar lo que llevaban escrito para descubrir los signos anotados debajo y que representaban el contenido real del documento […]” [Lenin, s/f: 31].

Hoy, a la metáfora del palimpsesto habría que agregar la de la telaraña aplicada a la empresa global, que organiza y controla, concentra y centraliza a niveles inimaginables la tecnología, la producción mundial donde explota y sobreexplota a millones de trabajadores a través de las cadenas globales de valor, que involucran a millones de trabajadores que laboran en miles y miles de empresas de diversos tamaños y países, especializados en fragmentos del proceso productivo y localizados en territorios dispersos por el globo terráqueo, eufemísticamente llamados proveedores, en la fabricación y realización de millones de productos, mercancías, valores de uso y de desuso, en la irracional y anárquica producción capitalista. Y también la telaraña de la oligarquía financiera que se ilustra con la presencia simultánea de los grandes oligarcas-ejecutivos en los consejos de dirección de grandes bancos y numerosas y diversas empresas de producción y servicios.1

Tales formas de control de todo el ciclo de reproducción del capital definen una nueva división territorial e internacional del trabajo, en la cual se desplazan a países periféricos los eslabones intensivos en fuerza de trabajo, donde el trabajo es más barato y los salarios se encuentran entre los más bajos del mundo. Estos fragmentos de la producción, o maquila, donde se importan partes o componentes para su ensamblaje y posterior exportación, se localizaban, aglomeraban, tradicionalmente en zonas fronterizas con un régimen fiscal y laboral especial, conocidas en el ámbito internacional por sus siglas en inglés epz (export processing zones) por sus bajos salarios y condiciones extremas de liberalización. Las epz han tenido un crecimiento exponencial y de relocalización permanente, de Corea del sur, Singapur y México en los decenios de 1970 y 1980 a China, Filipinas y Vietnam en este siglo. En 1988 se registraba a 1.2 millones de trabajadores en esta actividad en 13 países; en 1997 se reportaban 845 zonas en 93 países, donde trabajaban 22.5 millones de personas, de quienes menos de 2 millones se localizaban en China. En la presente centuria, con la definitiva incorporación de China a la producción transnacional, cambia el patrón de localización de la maquila mundial hacia el sudeste asiático (Vietnam por ejemplo), y para 2006 se registran 3 mil 500 epz en 130 países, donde laboraban 66 millones de personas, 40 de ellos en China [Morales, 2013].

Para ilustrar el grado de internacionalización, concentración y centralización del capital transnacional, basta registrar algunos datos de los reportes internacionales sobre la inversión extranjera y las fusiones y adquisiciones de empresas realizadas por el gran capital monopolista transnacional y tener presentes algunos datos de dos o tres empresas en particular, dejando a otros expertos hablar del capital financiero.

La inversión extranjera directa (IED) acumulada, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), se multiplicó 6 veces en la década de 1990; alcanzó 1.4 billones de dólares en 2000 y en 2014 rondó los 25 billones [UNCTAD: 2015]. En este último año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB del orbe alcanzó 107 billones de dólares, China registró 17.6 y Estados Unidos 17.4. En la crisis se multiplicó el proceso de fusiones y adquisiciones de empresas, una forma de llamar el ya conocido proceso de concentración y centralización de capital, que adquiere dimensiones astronómicas y donde se entreveran los procesos de privatización mundial.

Entre 1990 y 2014 se registraron cerca de 200 mil fusiones y adquisiciones, por un monto acumulado de 8.7 billones de dólares, que representaron 40.2 por ciento de la IED. En 2014, en el anexo estadístico del reporte internacional de inversiones, se registraron 296 grandes fusiones y adquisiciones culminadas ese año, cada una por más de mil millones de dólares, y sólo 9 de ellas, cada una por un monto superior a 10 mil millones de dólares, representaron 36 por ciento del valor de esas grandes concentraciones de capital [UNCTAD, 2015].

Entre las transnacionales con mayor grado valor de activos en el exterior figuran General Electric, de Estados Unidos, que emplea a 333 mil personas, tiene 54 por ciento de sus activos y 62.5 por ciento de sus trabajadores en el extranjero y realiza 54.8 por ciento de sus ventas fuera de su país; Toyota, con un número similar de empleados, tiene 64.7 de sus activos, 69.8 de sus ventas y 45 por ciento de sus trabajadores en el extranjero; y Wal-Mart, con 2.3 millones de trabajadores, con poco más de la tercera parte en el extranjero y 83.7 por ciento de sus activos y 75.6 de sus ventas fuera de su país.

El grupo Inditex, cuyo dueño ya es parte de la elite de Forbes al reconocerse a Amancio Ortega en la lista de 2016 como el segundo hombre más rico del mundo, tenía 2 años atrás 6 mil 683 tiendas en 88 países y mil 625 proveedores dispersos por el globo terráqueo, con 5 mil 832 fábricas activas, que emplean a centenares de miles de trabajadores. En la Unión Europea tiene 491 proveedores, con mil 858 fábricas, en Asia 759 y mil 816, y en la Europa no comunitaria 160 y mil 42, respectivamente [Inditex, 2014:44], proveedores a los que se les monitorea constantemente; en ese año reportan haber realizado 10 mil auditorías.

“Inditex cuenta con 10 clústeres de proveedores en las áreas geográficas donde su presencia es mayor y más significativa: España, Portugal, Marruecos, Turquía, India, Bangladés, Sudeste Asiático, China, Brasil y Argentina. En 2014, la producción de los proveedores situados en los distintos clústeres supuso 91 por ciento de la producción” [Inditex 2004:64].

Tales monopolios, ya señalaba Lenin, no pueden verse sin bancos ni Estados. Hoy, la dimensión financiera del capital, el fenómeno de financierización, implica ver el capital entrelazado con la banca de inversión, definir su comportamiento por el precio de sus acciones en el mercado de valores, el predominio de fondos especulativos en éste, el endeudamiento público, privado y de los hogares, paralelo al proceso de la liberalización encabezado por el Estado en cada país y por las instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial.

La crisis de Enron en 2001 y la inmobiliaria de 2008 exhibieron parte del teje y maneje en el mercado de valores y desnudó al l por ciento que se apropia de la riqueza social, donde destacan los altos ejecutivos de dirección de bancos y empresas que obtienen ingresos extraordinarios. Asimismo, ya se mostraba hace un siglo la tendencia de funcionarios públicos a entrar en los bancos, y ahora el traspase de ejecutivos de empresas y bancos transnacionales a los gobiernos y viceversa: pensemos en secretarios de Estados Unidos, particularmente en la Reserva Federal, o en el gabinete del presidente Mauricio Macri, en Argentina, 100 años después.2

Las asociaciones público-privadas que proliferan ahora en nuestros países con leyes específicas muestran las estrechas relaciones entre el capital financiero y el Estado. Lenin afirmaba: “El monopolio de los bancos se funde con el monopolio de la renta del suelo, con el monopolio de las vías de comunicación” [Lenin: 34]; y ahora, además, con el de la creación de infraestructura urbana e industrial y transporte multimodal. La renta y el interés se vuelven elementos dominantes en la reproducción del capital con el crecimiento explosivo de la deuda (pública y privada), la revalorización de los recursos naturales, la mercantilización de los bienes comunes y la apropiación privada del conocimiento, de la tecnología y los procesos, de las marcas.

El nuevo reparto neocolonial del mundo

“Por vez primera –escribía Lenin en 1916–, el mudo se encuentra ya repartido, de modo que en el futuro solamente caben nuevos repartos; es decir, el cambio de un ‘propietario’ de un territorio, y no el paso de un territorio sin dueño a un ‘propietario’” [Lenin: 47].

La dinámica de los exorbitantes montos de inversión extranjera directa en este siglo y la multiplicación de los tratados bilaterales de inversión y de los de libre comercio (TLC) están sin duda relacionadas, como hace un siglo, con la dominación y la dependencia, “con la exacerbación de la lucha por el reparto del mundo”, al tiempo que crecen “determinadas relaciones entre los grupos políticos, entre los Estados, sobre la base del reparto territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la “lucha por las esferas de influencia” [Lenin, s/f: 48 y 46]. Hasta 2008, según la UNCTAD se habían suscrito 2 mil 670 tratados de inversión en los países desarrollados [UNCTAD, 2009: 2].

La exportación de capital también empuja a la conquista de territorios, pues “en el mercado colonial es más fácil suprimir al competidor por medios monopolistas, garantizarse encargos” [Lenin, s/f: 5]. En nuestra América, 19 por ciento de la IED acumulada entre 1990 y 2014 se destinó a fusiones y adquisiciones, en Brasil 23.9 y en Argentina 24.6, en las que desempeñó un papel fundamental el proceso de privatización.

El imperialismo neocolonial del siglo XXI en su lucha por los mercados nacionales y el mundial reproduce la librada por el territorio, por los recursos estratégicos y los bienes comunes, con una intensidad sin precedente para realizar una nueva apropiación-destrucción de los territorios mundial, nacionales, locales. Encontramos así la voracidad de la acumulación por desposesión, que señala Harvey, a diversas escalas.

El neoliberalismo se inaugura en nuestra América con el golpe de Estado de Pinochet en Chile, las dictaduras argentina y uruguaya, se generaliza con la crisis de la deuda externa en el decenio de 1980 que lleva a los programas de ajuste impuestos por el FMI en su negociación y crea condiciones para la venta de nuestros países. El reparto neocolonial del imperialismo se da por múltiples medios para asegurar la dominación imperialista, de los cuales los TLC entre países desiguales, entre imperialistas y dependientes, se vuelven un poderoso instrumento que en medio de la crisis asegura las transformaciones constitucionales de liberalización y mercantilización absoluta que el capital requiere sin movilidad de la fuerza de trabajo.

Con ello se limita la soberanía nacional al privatizar las empresas públicas, liberalizar servicios, abrir los mercados nacional y público nacional en particular, a todas las modalidades del capital extranjero, que adquiere carta de naturalización, de nacional, con el TLC; al imponer la jurisdicción transnacional en conflictos nacionales con el capital extranjero e incorporar la seguridad nacional de Estados Unidos como parte de la correspondiente a nuestros países. Así, en el caso de México, 22 años después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte encontramos nuevas formas de la reproducción de la dependencia: pérdida de soberanía alimentaria, pérdida de soberanía energética, pérdida de seguridad nacional, pérdida de soberanía de las políticas económicas, particularmente de la monetaria y del ejercicio autónomo en la elaboración y ejercicio del presupuesto público.3 En otras palabras, repetimos: pérdida de la soberanía nacional, que tantas luchas históricas construyeron.

Lenin señalaba: “Esta época se caracteriza no sólo por la existencia de dos grandes grupos de países (los colonizadores y los colonizados) sino, también, por las formas variadas de países dependientes que, aunque gozan formalmente de independencia política, en la práctica están atrapados en las redes de la dependencia financiera y diplomática” [Lenin, s/f: 52]. ¡Y cómo están atrapados ahora nuestros países, nuestros pueblos!

La política colonial del viejo capitalismo ya se diferenciaba, señalaba Lenin, de la política colonial del capital financiero, de la que el endeudamiento público es mecanismo fundamental.

“De una manera u otra, casi todo el resto del mundo es deudor y tributario de esos países banqueros internacionales, de esos cuatro ‘pilares’ del capital financiero mundial [Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y Francia]” [Lenin, s/f: 37]. Los llamados programas de ajuste impuestos en la negociación de la deuda en nuestra América que con la crisis provocaron la década perdida de 1980, y la reproducción de esa deuda infinita con los sindicatos de la banca transnacional no sólo han saqueado a nuestros países: con ellos se ha hipotecado el futuro de nuestros pueblos. Recordemos que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Latinoamérica elevó su deuda externa de 223 mil 249 millones de dólares en 1980 a 1.2 billones en 2014, habiendo pagado interés por un monto inimaginable de millones de dólares, por lo cual la balanza de renta, el saldo entre la salida de capitales y la entrada de éstos, se mantiene crónicamente, pues a ella se suma el pago de utilidades y regalías.

En esta nueva ofensiva por la apropiación de los recursos del mundo, donde el capital monopolista financiero transnacional tiene tal entramado en todo el ciclo de reproducción de capital junto con los grandes consorcios financieros, destacan los capitales de la industria automotriz, del petróleo y la minería, de la guerra.

Con los TLC que definen nuevas formas de dominación y apropiación de Nuestra América se consolida asimismo el control del mercado interno de nuestros países:4 no sólo exportamos materias primas, semielaboradas y hasta productos manufactureros, en gran parte muchos de estos últimos producidos en nuestros países por las empresas del capital extranjero; también importamos crecientes bienes de consumo, alimentos, energía, aparte de maquinaria y equipo, reproduciendo el estructural déficit externo, que a veces, en breves periodos, muestra un relativo mejoramiento del deterioro de los términos de intercambio. Y a ello se suma el predominio del capital financiero transnacional en la determinación de los precios de las materias primas en los mercados de futuros con diversas modalidades especulativas, así como el dominio del mercado mundial. El saldo deficitario de la balanza de bienes y servicios pasó de 12 mil 348 millones de dólares en 1980 a 86 mil 443 en 2015, de representar 0.3 por ciento del PIB a 2.8, respectivamente.

Una redistribución y reapropiación del territorio mundial no pacífica y, en particular de Nuestra América, que se vuelve territorio militar de Estados Unidos con sus bases militares desplegadas a lo largo del territorio y con el ejercicio creciente de la criminalización de las luchas sociales.

 

(*) Josefina Morales.  Investigadora titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, miembro de número de la Academia Mexicana de Economía Política y de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico.

Este trabajo se realizó durante la estancia sabática de la autora en la Universidad de Buenos Aires en 2016, apoyada por la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Una primera versión se publicó en un dossier que recoge las intervenciones del seminario El imperialismo hoy a 100 años del libro de Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo, en Periferias. Revista de Ciencias Sociales, Buenos Aires, FISYP. Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, Año 25, no. 24, segundo semestre, pp. 38-43.

 

Notas.

1 Véanse por ejemplo los mapas de presencia múltiple de los mayores oligarcas y altos ejecutivos de los consejos de administración en las grandes transnacionales estadounidenses (banca, industria, servicios, gobierno y universidades) en theyrule.net y theyrule.net interlockingboards.

2 Baste recoger que Alfredo Ziat señala que hay 27 financistas de Wall Street en cargos fundamentales en el gobierno de Macri [Página 12, 2016: 2 y 3] y el ministro de Energía fue funcionario de la Royal Dutch Shell de 2003 a 2015, y recordar el documental estadounidense Insidejob, de 2010, dirigido por Charles Ferguson.

3 El acuerdo marco firmado entre los gobiernos de México y de Estados Unidos en 1995 para obtener un préstamo de 20 mil millones de dólares a fin de cubrir a inversores estadounidenses la devolución de sus inversiones realizadas en dólares en bonos gubernamentales estableció la enajenación de los ingresos de exportación de Pemex en un banco de Nueva York. Y que para la elaboración del presupuesto cero para 2016 se contó con la participación del Banco Mundial.

4 En otro trabajo he recordado que Paul Baran había señalado en su libro clásico sobre el excedente económico que “todo mercado que aparecía en los países coloniales y dependientes no se convertía en el ‘mercado interno’ de estos países sino que, a través de la colonización y los tratados injustos, se transformaba en un apéndice del ‘mercado interior’ del capitalismo occidental” [citado por AAM, 1979: 66].

 

Bibliografía

Alonso Aguilar Monteverde [1979], Capitalismo, mercado interno y acumulación de capital, México, Nuestro Tiempo, tercera edición, primera edición 1974.

Cepal [2016], banco de información, Santiago de Chile, consultado en junio 2016.

Indetex [2014], Memoria Anual 2013.

Lenin, V. I. [s/f], El imperialismo, fase superior del capitalismo (esbozo popular), Madrid, Fundación Federico Engels, consultada en www.fundacionfedericoengels.org, mayo-junio, 2016.

Morales, Josefina [2013], “Maquila, reestructuración industrial y trabajo” en Genoveva Roldán (coordinadora), La globalización del subdesarrollo en el mundo del trabajo, México, Instituto de Investigaciones Económicas-Universidad Nacional Autónoma de México, páginas 71-120.

UNCTAD [2015], World investment report 2015, Ginebra.

_______[2009], El papel de los acuerdos internacionales la atracción de la inversión extranjera en los países en desarrollo, Nueva York y Ginebra, ONU.

Zaiat, Alfredo [2016], “Wall Street en la Casa Rosada”, en Página 12, Buenos Aires, 22 de mayo.

 

Revista Memoria/CEMOS/ Número 260. Año 2016-4.

Fuente: http://revistamemoria.mx/?p=1302

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