Huelga Feminista este 8 de marzo: distintas miradas y desafíos.

Faltan menos de dos meses para conmemorar el día internacional de las mujeres y en ese marco, la Coordinadora 8 de Marzo está realizando un llamado a una huelga general feminista. Convocatoria que se adhiere a un llamado internacional, que ha tenido en años anteriores, una importante adhesión en algunos países europeos y latinoamericanos como Argentina. Sin embargo, al interior del mismo movimiento se levantan voces críticas, que ya desde el llamado a paro del año 2017, han puesto en evidencia los sesgos políticos que pudieran estar operando en esta convocatoria.  Se trata principalmente de voces de afrodescendientes, indígenas y descoloniales.

Por la importancia que ha adquirido el movimiento feminista y de mujeres en Chile y en otras latitudes y por la necesidad de reflexionar en torno al alcance de las estrategias de acción que se asumen desde dicho movimiento y los desafíos que se presentan en el escenario actual de avance indiscutible de los fundamentalismos religiosos, del fascismo y del capitalismo salvaje, compartimos con ustedes una declaración de la Coordinadora 8 de Marzo de esta año en la que explicitan las razones del llamado a huelga. También publicamos un texto de fines del año 2017,  firmado por distintas organizaciones y activistas, que desde el manto de lo descolonial señalan sus diferencias y cuestionamientos frente a esta acción.

Sin duda, la discusión no se reduce a lo aquí vertido. Hay aspectos asociados a la articulación con otras organizaciones; la vinculación o autonomía del movimiento feminista y de mujeres con los partidos políticos; la huelga como eje articulador frente a un capitalismo que territorializa no sólo la vida productiva, sino toda nuestras vidas; que son importantes de profundizar para avanzar en las estrategias que permitirán que el movimiento siga profundizando su lucha contra las distinta opresiones.  (Nota Editora CT, Natalia Pravda)

Declaración: Este 8 de marzo, ¡La Huelga Feminista VA!.

El 2018 fue el año del feminismo. Las reflexiones de años, el debate cotidiano, las denuncias continuas y persistentes alcanzaron un punto de no retorno: dijimos basta, ya no nos callamos más. Fue así que levantamos una marea violeta contra la precarización de la vida con la que comenzamos a inundarlo todo: los lugares donde trabajamos, la sobremesa familiar, las salas de clases, las micros, las calles.

El próximo 8 de marzo, justo en dos meses más, conmemoramos el día internacional de las mujeres trabajadoras para marcarlo a fuego en la historia de nuestro territorio. Este 8 de marzo alzamos la voz para que la ola se cierna sobre todo el país con aún más fuerza. Este 8 de marzo, llamamos a una Huelga General Feminista. Y no lo hacemos sólo aquí: el llamado a levantar la huelga es internacional.

Como feministas sabemos que estamos ante un vértice histórico entre el derrumbe que auspicia el viraje al fascismo de la derecha neoliberal en la región y las posibilidades que abren los movimientos que aspiran a una vida otra. Si hoy hacemos este llamado es porque apostamos por un feminismo que emerja como una fuerza internacionalista de transformación social y de oposición transversal: de oposición a los partidos que nos han gobernado, a los empresarios y a sus políticas que precarizan nuestras vidas, a la Iglesia Católica y los fanatismos religiosos con su doble moral. Una fuerza que a su vez es capaz de construir alternativa, de ser, en medio de la debacle, una alternativa por la vida.

Frente a las amenazas de este momento histórico, la huelga es necesaria: necesaria por todas las que la violencia machista nos ha arrebatado en femicidios y travesticidios; por los abusos naturalizados, por las que viven el aborto en la clandestinidad y el riesgo; por el asesinato impune de luchadores sociales; por las que enfrentan una vida cotidiana de esfuerzo que les da a cambio miseria; por la criminalización de migrantes y la militarización del Wall Mapu; por el endeudamiento sistemático y la justicia patriarcal.

Pero también, frente a la posibilidad de rebelarnos por la vida que nos dan y levantarnos por aquella que imaginamos, la huelga es deseable: como herramienta de lucha por el derecho a decidir, a tener casa, al trabajo digno, estable, seguro, por una educación pública y no sexista, por un país con una política migrante pensada para personas y no para “amenazas”, porque no queremos más un país que le haga la guerra a los pueblos y territorios ancestrales a nombre del enriquecimiento de unos pocos. Por todo esto es que nos levantaremos en Huelga, una Huelga global contra esa vida, una Huelga por una alternativa de vida distinta.

Una alternativa que no comenzó el año pasado, ni el anterior, sino que se ha fraguado por décadas en las luchas que heredamos de aquellas que vinieron antes y que nos legan sus victorias y también sus batallas pendientes. Es el recorrido de nuestra historia en larga duración el que hoy hacemos presente para construir, como nos dice nuestra compañera Beatriz Bataszew: en el presente de nuestras disputas, una memoria de futuro.

Memoria que nos dice, por ejemplo, que hoy se cumplen 70 años desde que las mujeres conquistamos el derecho a sufragio en Chile. Ese derecho conquistado fue el fruto de un largo proceso de movilización levantado y orientado por el MEMCH, Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, un movimiento fundado en 1935 que no sólo luchaba por el voto: era un movimiento general contra la precarización de la vida de las mujeres, y que luchaba por su emancipación en todo plano, que luchaba por el aborto y el fin a la maternidad obligatoria. Un movimiento que nos enseñó que para transformar la vida hace falta construir procesos de largo aliento, y eso es precisamente lo que hoy volvemos a levantar.

Frente a este escenario en que buscan atemorizar y criminalizar nuestras comunidades, es que llamamos a una Huelga que nos permita iniciar un ciclo de movilizaciones y de organización, para construir un país en el que nos sea posible, al fin, vivir sin miedo. Sin miedo a perder la vida a manos de quien dice amarnos, sin miedo al abuso, sin miedo a la violencia impune, sin miedo a llegar a la vejez en la miseria, sin miedo de llegar a fin de mes sin poder parar la olla, sin miedo a enfermar y quedar en la calle para pagar la deuda, sin miedo a decidir sobre nuestros cuerpos y abortar si así lo deseamos, sin miedo a que las industrias envenenen a nuestros hijos e hijas, sin miedo a que el futuro sea aún más difícil que el presente.

Hace justo un mes, los días 8 y 9 de diciembre, estábamos dando inicio en la Universidad de Santiago al Encuentro Plurinacional de Mujeres que Luchan. Un Encuentro que fue un momento histórico que se suma a una larga trayectoria nacional e internacional de Encuentros de Mujeres y Encuentros Feministas, en el que participaron más de 1.300 mujeres de todas las regiones del país, y más de 200 organizaciones de distinto tipo. El objetivo: construir un programa propio que pudiera sentar el marco desde el cual llamaremos a hacerse parte de esta Huelga. Hoy tenemos ese programa propio, para que nadie nos diga por qué estamos luchando. Lo definimos entre todas, sumando nuestras rabias y el deseo por transformarlo todo.

HACIA UNA HUELGA GENERAL FEMINISTA

Nuestra huelga, no es cualquier Huelga. La Huelga del 8 de marzo será una Huelga Feminista. Esto significa que pondremos en el centro de la discusión la vida de las mujeres y sus comunidades, mostrando que esa vida, nuestras vidas, son un problema político. Será nuestra responsabilidad, la responsabilidad del movimiento que podamos construir, la  de señalar ese problema claramente y darle una respuesta. Será feminista también porque seremos las mujeres en toda nuestra diversidad las que pasaremos al frente, y asumiremos el protagonismo de esta jornada y de su proceso de construcción. Hoy llamamos a ese protagonismo de las mujeres en un proceso de movilización que convoque al conjunto de los movimientos sociales, y a todas/os quienes aspiramos a transformar la vida, para no delegar más esa responsabilidad en quienes que son parte del problema.

La huelga feminista, será una huelga general porque estamos convencidas de que sólo es posible hablar de una huelga general cuando aspiramos a interrumpir todos los espacios donde se trabaja y produce valor. El feminismo provee esta potencia, la de movilizar la centralidad del trabajo en todas sus formas, en especial de las labores más despreciadas, explotadas e invisibilizadas históricamente. El trabajo reproductivo que hacemos sin pago todos los días en nuestros hogares y que son el sostén de la vida diaria, los que hacen posible, en última instancia, detener los trabajos en los que se nos va la vida en llenar bolsillos y proyectos ajenos. Los trabajos cotidianos que implican cuidar, criar, lavar, cocinar, pero también escuchar, confortar, contener a quienes llegan exhaustos y exhaustas, sin energías para disfrutar la vida y la familia que otros tanto dicen defender. Son todos nuestros trabajos los que se levantan en Huelga.

Se trata de un llamado a una huelga general, además, en un país en el que no hay derecho a huelga. En el que ese derecho se nos ha arrebatado. Y no sólo se nos ha arrebatado porque formalmente, en los espacios donde trabajamos asalariadamente, se lo haya reducido a un recurso únicamente legítimo en el restringido marco de las negociaciones colectivas, en un país donde el sindicalismo es cada día más perseguido por los empresarios y las reformas laborales de los gobiernos cómplices. Se nos ha arrebatado también mediante la precarización de nuestro trabajo; mediante la masificación del trabajo informal, a honorarias/os y subcontratadas/os. Se nos ha arrebatado mediante la flexibilización y el teletrabajo que nos ofrece el programa neoliberal a las mujeres para “conciliar” nuestra vida laboral con las demandas del hogar, o lo que es lo mismo, nuestra necesidad de salario con el mandato de quedarnos en la casa.

LA HUELGA NO ES UNA SOLA COSA

Pero, ¿Qué es una Huelga hoy en Chile? Hasta ahora, ha sido dos cosas: o el nombre de algo imposible (“¡Nadie puede irse a huelga en este país!”), o bien, el nombre de algo secuestrado (“¿Huelga? Eso es sólo para algunos”). Lo que la Huelga General Feminista del 8 de marzo va a demostrar, es que si una Huelga quiere ser real y efectiva, no puede ser una sola cosa. Una huelga tiene que desafiar lo imaginable, desplegar nuestra inventiva y nuestra capacidad creativa y rebelde, para que las formas de interrumpir la cotidianidad y las formas de protestar contra la precarización y la violencia sean tan diversas como nuestras posibilidades reales de hacernos parte de ella. Esta huelga, en su desarrollo, será pensada y construida desde nuestra realidad múltiple, y asumirá sus límites, pero también sus potencialidades. El llamado es, entonces, también múltiple y diverso: es un llamado a parar, a protestar, a boicotear, a ocupar espacios, a organizarnos y a encontrarnos, en toda la radicalidad posible.

La Huelga no es solo el hito de un día, la huelga es un proceso que ya iniciamos. A lo largo del 2018, desde la Coordinadora Feminista 8M levantamos un espacio de imaginación política radical desde el que construir el camino a la huelga junto a mujeres de diversos territorios, naciones, organizaciones y generaciones. Han sido múltiples las mujeres y organizaciones que han respondido a este llamado a construir ese camino hacia la Huelga. Más de 50 pre-encuentros precedieron al Encuentro Plurinacional de Mujeres que Luchan, y sentaron el piso desde el cual discutir nuestro programa. Y hoy, durante los dos meses que restan antes del hito histórico de la Huelga, se levantan Comités de Huelga en los barrios, en los lugares de trabajo, en las Universidades y a lo largo de todo el territorio. Brigadas Feministas se organizan para llevar el programa a todas partes, a pintar las paredes e intervenir las calles, a elevar los ánimos hacia esta jornada histórica.

Nos iremos a huelga en un país que nos la niega, para recuperar y reinventar esa herramienta crucial en la lucha política por una vida distinta. Y seremos las mujeres, quienes hemos protagonizado las últimas movilizaciones en nuestro país, las que pasaremos al frente y levantaremos la voz para esa transformación total de la vida en Chile y el mundo.

Coordinadora Feminista 8M 

Fuente: http://www.theclinic.cl/2019/01/08/columna-este-8-de-marzo-la-huelga-feminista-va/


Balbuceando un punto de vista descolonial.

Diversas personas y colectivas nos comparten aquí algunas reflexiones sobre metodologías feministas, a propósito del llamado a paro internacional de mujeres el 8 de marzo.

Desde hace un tiempo se han intensificado los discursos antirracistas, los discursos que apoyan a las comunidades indígenas, a las personas negras, a las personas migrantes. Palabras como colonización y descolonización del cuerpo, del territorio, del saber, del feminismo y la política resuenan casi como una declaración de principios del feminismo latinoamericano. Sin ir más lejos, el adjetivo “descolonial” comienza a circular por distintos espacios feministas que, en un ejercicio de autocrítica, reconocen su raíz eurocéntrica, las limitaciones de sus agendas y lo problemáticas de sus estrategias cuando entran en contacto con esos mundos Otros que existen en nuestro continente.

Sin embargo, que no nos llame a ilusión, nuestro feminismo sigue siendo profundamente eurocentrado en sus análisis y en sus metodologías. Una prueba de ello es el llamado a un “paro” internacional de mujeres como acción aglutinante para este 8 de marzo.  La cuestión del método y las estrategias de lucha han sido siempre un tema de reflexión importante dentro de la teoría social, la filosofía política y los movimientos sociales. Los métodos de lucha, no son cualquier cosa. Ellos dicen mucho sobre las bases en las que se asienta un movimiento social. Los métodos son prescriptivos de mundos: los regulan. De allí que la decisión de tomar el paro de actividades como método habla del tipo de narrativa y comprensión del mundo a la que adherimos, dejando a la vista la dependencia, no solo ideológica, sino de la agenda feminista en América Latina.

El paro de actividades ha sido una estrategia que surge dentro del contexto particular de la revolución industrial y la lucha de la clase obrera europea. Un método que logró legitimidad dentro del pacto entre clase obrera y burguesía en los años del Estado de bienestar europeo. El “paro” como estrategia hace parte de una genealogía de resistencia dentro del mundo de lo humano, aquel constituido por el pleno desarrollo del sistema capitalista. Allí las clases obreras y campesinas enfrentaron relaciones de poder que les sometían, dando lugar al “paro” como instrumento de la lucha de clases. El “paro” ha sido engendrado dentro de este contexto histórico particular y, dentro del mismo, habría que celebrarlo.

El problema surge cuando se intenta emularlo como método universal aplicable a cualquier experiencia histórica. Pensemos en NuestraAmérica: ¿es que la noción de pleno empleo corresponde a la particularidad de nuestra historia marcada por la colonialidad? Tal como nos recuerdan autores como Mariátegui, Dussel, Quijano y Silvia Rivera Cusicanqui, la heterogeneidad  estructural que nos caracteriza nos presenta como una sociedad abigarrada, en donde cohabitan matrices de organización capitalista y comunal de la vida con horizontes utópicos muy distintos, pero coincidentes en un mismo tiempo histórico. Así, la idea de paro reedita una imaginería  excluyente de las experiencias de trabajo y de organización de lo común que no encajan con la noción de empleo asalariado y ascenso social que señala el ideario de progreso capitalista. Esas otras formas, tildadas de atrasadas, improductivas, no desarrolladas, arcaicas, son precisamente las que caracterizan a millones de mujeres racializadas en nuestro sub-continente y es aquí lo que debemos comprender: estos modelos de organización comunal y de vida en relación son los que históricamente han resistido de manera radical al capitalismo y a la expansión  del orden moderno-colonial. Que no los reconozcamos como formas de resistencia válidas más acordes a nuestra experiencia histórica es porque nosotras mismas encajamos más de lo que creemos y de lo que nos gustaría admitir con el sistema mundo moderno y el modelo económico de explotación capitalista.

Ante esto, nos preguntamos: ¿Hasta cuándo las experiencias de las mujeres blancas y blanco-mestizas seguirán siendo más válidas que las del resto de las mujeres? ¿Cuándo el feminismo que recorre América Latina y El Caribe comenzará a encarnar una política verdaderamente antirracista y atenta a subvertir las bases modernas que le han dado fundamento? Nuestro posicionamiento respecto de estas preguntas es enfático: una lucha antirracista debe detonar la paradoja excluyente y genocida del eurocentrismo universalista. A nuestro entender los principios de una lucha descolonial no están contemplados este 08 de marzo, por el contrario, la agenda y los discursos con los que se nos invita a nuclearnos siguen sometidos a los designios blanco-burgueses de aquellas que apelan a un ideario de lucha que no nos es propio a una buena parte de las mujeres de esta Abya Yala.

Lo que planteamos reedita la relación de dominación/subordinación Norte/Sur. Pero también habla de las posiciones dominantes sur-sur y dentro mismo de las fronteras de los Estados nacionales. La violencia epistémica actúa en todos y cada uno de estos niveles. Es interesante cómo determinados países dentro del sur global, y dentro de América Latina en particular, se convierten en referentes y vanguardias de la lucha feminista. No es casualidad que este liderazgo provenga de aquellos países de mayor población de origen europeo, que han gozado de una experiencia histórica privilegiada gracias a su mayor integración al modelo de desarrollo capitalista y al ideal moderno. ¿Qué significa que nuestras luchas políticas sean definidas por un pequeño grupo de feministas blancas y blanco-mestizas privilegiadas asentadas en las capitales de los países hegemónicos de la región? Como desde siempre, resulta que un puñado de mujeres privilegiadas definen la política feminista en América Latina. Vale decir, que esta hegemonía se asienta y es productiva a la subalternización de los mundos que le exceden condenando a invisibilidad las apuestas y las metodologías de resistencia de millones de mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y populares que cada día enfrentan la violencia sistemática del sistema moderno colonial capitalista de género.

Pensar en las compañeras que no pueden parar, las que por necesidad venderán en la marcha, las que el día de la huelga convocada estarán sembrando, cultivando o cocinando el alimento que comeremos las que ese día paramos; pensar en las compañeras que amplían la lucha por el buen vivir a través de la autogestión y el deshacerse de todas las formas de vida auspiciadas por el capitalismo; pensar en las que están ahora mismo en la calle haciendo labores de servicio incluyendo las trabajadoras del sexo; pensar en todas aquellas que junto a sus compañeros subalternos serán responsables de que el mundo siga girando y la vida siga siendo posible mientras nosotras paramos, debería llevarnos a preguntar ¿de qué manera estas estrategias definidas por un pequeño grupo privilegiado debilitan o no las variables estructurales de opresión que hacen posible la violencia hacia “las mujeres” que están en la escala más baja del privilegio?

Debilitar las variables estructurales de opresión alude al entrecruzamiento de las preocupaciones comunes. Nos preguntamos: ¿podremos identificar las preocupaciones comunes de las “mujeres” si no estamos Todas? ¿Podemos reconocer si para las personas racializadas y subalternas, para las condenadas del mundo, para las feministas, lesbianas y trans feministas antirracistas en general el paro es una estrategia útil? ¿Podemos decidir sobre aquello que no logramos compartir? Insistimos: ¿Cómo ha estado representado el antirracismo en los debates y en la definición de una estrategia de lucha que intenta nuclearnos? ¿Son las mujeres racializadas las que hablan o son las redes de feministas blancas y mestizas –con la consabida carga dominante de esta categoría- que aún ahora que se nombran antirracistas siguen dominando el campo del discurso y de la acción, imponiendo sus prioridades y deseos de mundo?

Sabemos que en esta oportunidad habrá ocasión de discursos marginales que denunciarán la opresión y la violencia hacia las mujeres indígenas, afrodescendientes, migrantes, y hasta los asesinatos de lideresas sociales y medioambientalistas, pero advertimos: la denuncia está atrapada por la forma en que el feminismo blanco eurocentrado entiende y centraliza el género en su discurso.

Si no estamos todas, entonces, ¿en dónde queda el sentido del #NiUnaMenos? Nos referimos a un estar todas radical – siguiendo a Audre Lorde tantas veces en la boca feminista-  y no a lo “problemáticas” que llegamos a ser quienes no nos sentimos contenidas por esta propuesta.  Nuestra conducta “problemática” nos sigue advirtiendo lo que la misma Lorde decía:

“Estar juntas las mujeres no era suficiente, éramos distintas. Estar juntas las mujeres gay no era suficiente, éramos distintas. Estar juntas las mujeres negras no era suficiente, éramos distintas. Estar juntas las mujeres lesbianas negras no era suficiente, éramos distintas. Cada una de nosotras tenía sus propias necesidades y sus objetivos y alianzas muy diversas. La supervivencia nos advertía a algunas de nosotras que no nos podíamos permitir definirnos fácilmente, ni tampoco encerrarnos en una definición estrecha… Ha hecho falta cierto tiempo para darnos cuenta de que nuestro lugar era precisamente la casa de la diferencia, más que la seguridad de una diferencia particular”

¿Cómo construiremos condiciones que en realidad nos permitan escuchar a la Otra y así comenzar a deshilachar el racismo como trama y como sedimento que se adhiere al fondo de nuestras prácticas? Sí, compañeras, porque es racismo de lo que estamos hablando, fundamentalmente porque lo que sigue quedando fuera de nuestra imaginería, nuestra creatividad, nuestros deseos de mundo, nuestras formas del hacer son aquellas ontologías y modelos de gestión de lo común y de la reproducción de la vida que no se han subsumido tan fácilmente a la razón occidental moderna, ni al feminismo que le hace complicidad.

Compañeras, hay caminos: partamos por considerarnos en falta y considerar nuestros lugares de privilegio del habla y de la acción; dejemos de hablar por otras y estemos dispuesta a seguir aquellas que desde abajo entretejen la amplia trama que sostiene el mundo; partamos por mirar hacia dónde nunca hemos mirado, hacer visible lo invisible a la razón occidental; partamos por hacer el intento de comprender que nuestros saberes no están completos y que por lo mismo no podemos imponerlos a otras como verdad; partamos por comprender el ropaje liberal que traviste las lógicas de participación asambleística de los espacios que habitamos en nuestros movimientos urbanos.

Solo a través de estas prácticas podremos entender que no hay representatividad legítima en la ausencia, y mucho menos en la imposición de un único modelo de comprensión, porque un discurso general sobre posibles preocupaciones comunes impide precisamente que éstas sean finalmente develadas.

Compañeras

¡Que ni una sea menos!

Que no sea ni una más negada, relegada o invisibilizada por la acción política feminista ansiosa de traspasar barreras nacionales e imponer su hegemonía a costa de dejar intactas las jerarquías raciales, de clase, geopolíticas, normativas que nos definen.

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Colectivas y espacios:

GLEFAS, Lastres Abisales,  Red Feminista Antimilitarista, Colectiva Kalalu Danza, Preuniversitario Profesora Mara Rita, Escuela Popular Feminista, Hijas de Eva – Sin Censura, Comité de Género – Movimiento de la Juventud Izquierda Consciente, Mujeres Descolonizando, Colectiva Luanda, [Rangintulewfü] Colectivo Mapuche Feminista, Organización de Mujeres Indígenas Amazónicas Wanaaleru, No Grupo de Las Oscuras, Revista Desde el Margen, Colectivo Maíz,  Nómadas Insumisas de las Ex-colonias,  Proyecto Fresia,  Coordinadora Antirracista La Champurria, CAFAS-Colectiva de Acción Feminista Autónoma.

3 de Octubre 2017.

Fuente: https://lajugueramagazine.cl/balbuceando-un-punto-de-vista-feminista-descolonial/

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