El caso Battisti: la justicia burguesa está satisfecha.

Cesare Battisti, ex activista de los grupos de la izquierda radical italiana de los años setenta, detenido el sábado 12 de enero en Santa Cruz de La Sierra, Bolivia, desembarca en el aeropuerto de Ciampino en Roma rodeado por policias italianos. Su detención fue orquestada por la inteligencia policial brasileña, italiana y boliviana.

Los verdaderos motivos de la persecución mediática y policial de Cesare Battisti.

por Fabiana Stefanoni/Alternativa Comunista (desde Italia).

Aquí está: el ministro del Interior más racista en la historia de la Italia republicana –el que coquetea con las frases de Mussolini, que se aferra al lado de Bolsonaro para elogiar las dictaduras sudamericanas, que se jacta de poner en peligro la vida de los inmigrantes agotados por el hambre y el frío, que ofende a las mujeres y tiene relaciones amistosas con los golpistas fascistas de Casapound– finalmente tiene su trofeo “comunista”. Sí, porque precisamente así definió Salvini a Cesare Battisti en las redes sociales: un “asesino comunista”. No hace falta ser un genio para adivinar el mensaje oculto de este tweet: todo “comunista” es básicamente un asesino y merece terminar como Battisti. El verdadero deseo del ministro “muchos enemigos, mucho honor” (1) es hacer una limpieza de todos los “comunistas” que insisten en salir a las calles contra él.

¿Por qué tanto ensañamiento contra Cesare Battisti?

Como hemos escrito en varios artículos publicados en este sitio, la saña contra Cesare Battisti es un hecho que se explica de una sola manera: el deseo de venganza del Estado burgués (y de su aparato) frente a una época de luchas de masa –la que va del sesenta y ocho hasta la segunda mitad de los setenta–, que ha puesto en grave crisis el mantenimiento del dominio capitalista.

No se puede juzgar el “caso Battisti” sin contextualizarlo en aquellos años de duros conflictos de clase: años que no pueden reducirse a choques armados entre organizaciones terroristas y aparatos del Estado. No tenemos aquí la posibilidad de profundizar en este tema (2). Nos limitamos a recordar que entre 1968 y 1969 las fábricas más grandes del país, con la Fiat a la cabeza, fueron literalmente bloqueadas por prolongadas huelgas, repetidos paros de producción, asambleas y comités permanentes: fueron, de hecho, rehenes de las luchas obreras. Al mismo tiempo, las plazas fueron invadidas por oleadas de protestas que vieron juntos a estudiantes, obreros y desocupados. En Italia, las movilizaciones masivas y, sobre todo, las luchas obreras continuaron también en los años setenta: en la primavera de 1973, uno de los establecimientos más grandes del país, con ganancias multimillonarias, la Fiat de Mirafiori, era ocupada bajo la dirección de activistas de la extrema izquierda (Lotta continua in primis). Durante años, el contagio se ha extendido a todas las fábricas principales del país, poniendo en grave dificultad las ganancias de nuestros propios capitalistas. Es en este marco que se extendieron y enraizaron las organizaciones de “extrema izquierda” que se reclamaban, a menudo de manera confusa e inapropiada, de tradición marxista en oposición al Partido Comunista Italiano (completamente aplastado bajo una línea de colaboración de clases, de acuerdo con los dictados del estalinismo): desde la ya mencionada Lotta continua hasta Potere operaio [Poder Obrero], desde Avanguardia operaia [Vanguardia obrera] hasta Autonomia operaia [Autonomía obrera], Prima linea [Primera línea], el Pac [Proletarios Armados por el Comunismo], etc.

Una vez que refluyeron las luchas de masas, llegó el momento de máxima expansión de las organizaciones que utilizaban métodos terroristas. Pretendiendo reemplazar con la conspiración de pequeños grupos clandestinos la acción de las masas, jugaron indirectamente el juego de la burguesía y del Estado, que aprovecharon para acentuar el uso de los métodos represivos que siempre ha sido el instrumento de la policía en todo el mundo. Una gruesa trama estaba formada por infiltrados, agentes provocadores, tribunales y leyes especiales, acuerdos con la mafia, asesinatos (y falsos suicidios) de activistas políticos, colaboración con grupos fascistas… hasta las masacres no en vano definidas (en los tiempos en que todavía había en Italia un periodismo de investigación digno de ese nombre) “masacres de Estado”.

Es en este contexto, que a veces asume las características de un choque abierto –un contexto formado simultáneamente por luchas obreras y estudiantiles, atentados, masacres, arrestos y juicios sumarios–, donde debe insertarse la historia de Cesare Battisti. Battisti fue uno de los muchos jóvenes que habían decidido, en cierto momento, emprender el camino del terrorismo: un camino que era ajeno a la tradición del marxismo y que quemó a toda una generación de activistas políticos. Somos marxistas y, como Marx, no somos pacifistas. Sabemos que el choque de clases no puede prescindir de la violencia (que, parafraseando al propio Marx, es la “partera de la historia”) y, por lo tanto, reivindicamos la autodefensa de las luchas y la perspectiva revolucionaria. Pero pensamos que sin las masas movilizadas la violencia de pequeños grupos que traman en las sombras está condenada al fracaso. Por eso nos oponemos políticamente a los métodos terroristas.

Pero la saña contra Cesare Battisti no está realmente motivada por su actividad terrorista y no está dirigida contra un solo hombre: es una saña contra toda aquella época de luchas obreras. El arresto al estilo Hollywood –lleno de helicópteros, francotiradores, agentes uniformados, ministros inflados como globos, cámaras de todo el mundo– es, evidentemente, demasiado para el caso al que se refiere. Estamos hablando de una persona que no es más un militante político desde hace décadas y que desde los años ochenta se ha dedicado a escribir novelas negras: el verdadero trofeo de caza no es él. Nadie dotado de razón puede realmente pensar que Cesare Battisti, anciano padre de un niño de cinco años, sea hoy un personaje peligroso. Incluso ha sido defendido por ministros y jefes de Estado burgueses (recordamos que estuvo en Francia bajo la protección de la “doctrina Mitterrand” (3) durante varios años) y ha frecuentado círculos de intelectuales y escritores.

No hemos visto tanta saña contra criminales –¡esos sí!– nazistas y fascistas que quedaron impunes por las masacres de inocentes: incluso el infame Priebke, responsable de la masacre de la Fosa Ardeatina (¡335 muertos!), una vez extraditado a Italia tuvo derecho a un juicio que terminó vergonzosamente con unos pocos meses de prisión convertidos en arresto domiciliario, en un lujoso apartamento romano, con muchos permisos para asistir a eventos sociales. No hemos visto tanta saña contra fascistas como Roberto Fiore, quien ni siquiera ha cumplido un día de las penas a él imputadas por banda armada y asociación subversiva como líder de la Tercera Posición, la banda que organizaba a los sectores más violentos de la derecha militar en los años setenta. (4).

¿De dónde viene, por lo tanto, tanta saña hacia Cesare Battisti –que tendrá que sufrir una “sentencia de por vida” sin ninguna posibilidad de disfrutar de los beneficios concedidos al nazista nunca arrepentido Priebke, ni mucho menos de la impunidad de Roberto Fiore– si no por la voluntad del Estado burgués de vengarse de una época de luchas demasiado incómodas para ser simplemente archivadas?

La verdadera historia de Cesare Battisti

Como hemos reconstruido en numerosos artículos (5), Cesare Battisti no es en absoluto un feroz asesino como se intenta mostrar. Battisti fue arrestado inicialmente por “expropiaciones proletarias” (6). Liberado de prisión en 1977, se unió a los Proletarios Armados por el Comunismo [Pac], una organización que utilizó métodos de conspiración terrorista pretendiendo sustituir las acciones de las masas. El fundador del Pac era Pietro Mutti, luego arrepentido, y principal acusador de Battisti. Battisti fue arrestado nuevamente en 1979, en el marco de una serie de redadas en Milán luego del asesinato de un joyero, Torregiani: se trataba de un caso de delincuencia común que, como sucedía a menudo por entonces, se usaba para golpear al movimiento milanés. Battisti fue acusado de participar en este asesinato y, hecho absurdo, de haber participado también en un asesinato que tuvo lugar el mismo día y casi a la misma hora a cientos de kilómetros de distancia (el asesinato del carnicero Sabbadin, en Udine). También es acusado sin pruebas de otros dos asesinatos y varios robos. En 1981 logró escapar de la prisión en Frosinone, donde fue encarcelado, y huir primero a Francia y luego a México, para retornar a Francia en 1990, que inicialmente negó la extradición a Italia por la doctrina Mitterrand antes mencionada. De Francia huyó a Brasil en 2004, después de que se aceptara la solicitud de extradición de Italia en tiempos del legislador Castelli, ministro de Justicia.

La sentencia a cadena perpetua (en ausencia, ya que Battisti no participó en el juicio) no se puede entender si no se ubica en el contexto de las leyes fuertemente represivas del período. Hubiéramos esperado que algún periodista “democrático” lo recordase, pero el canon reaccionario parece haber penetrado en estos días incluso en las conciencias más “iluminadas”. Las llamadas leyes especiales, intensificadas particularmente por Cossiga a principios de los años ochenta, previeron y legitimaron prácticas estigmatizadas en tiempos de paz social incluso por la burguesía liberal: desde el uso inescrupuloso de juicios en ausencia hasta el uso en gran escala de declaraciones muy poco confiables de “arrepentidos” que recibían conmutaciones de pena o absolución en caso de que denunciaran a sus ex compañeros (también hay numerosos testimonios de tortura y amenazas para conseguir confesiones). Desempolvando viejas normas del código fascista nunca abolido, cada organización o asociación política de la extrema izquierda se volvió susceptible de la acusación de “asociación subversiva”. Un único testigo (quizás “arrepentido”) se consideraba más que suficiente para condenar a los militantes políticos (piénsese en el conocido proceso “7 de abril” o en el caso Sofri). Era frecuente el arresto por “concurso moral” en homicidio. El significado histórico de todo esto es claro para nosotros: el aparato el Estado se aprovecha del reflujo de las luchas obreras para “hacerles pagar” a algunos protagonistas de las protestas de aquellos años y sobre todo dar una lección, a memoria futura, a todos los trabajadores y obreros que piensen en desafiar con las luchas el sistema capitalista y sus ganancias…

Es en este contexto –y solo a partir de este contexto– que podemos entender la condena y persecución a Cesare Battisti, quien siempre ha negado los asesinatos de que fue acusado y cuyas “culpas” son no haber negado su pertenencia al Pac (del que se alejó en 1978) que reivindica esos mismos asesinatos, y que no hizo abjuración pública de su pasado político.

Decir hoy, como todos lo hacen, a derecha como a “izquierda”, que finalmente “se hace justicia” significa solo una cosa: reivindicar esa época de represión violenta e indiscriminada por parte del Estado burgués contra los movimientos de lucha de los años sesenta y setenta (represión realizada con el pretexto de “lucha contra el terrorismo”). Por nuestra parte, no nos sorprende el hecho de que la burguesía decida armarse hasta los dientes para defender sus intereses. Pero encontramos realmente desagradable este coro unánime de “caza de brujas”.

Las graves responsabilidades de la izquierda

Que los partidos de extrema derecha o racistas celebren el arresto de Battisti y se exalten por Bolsonaro está descontado. Ni siquiera nos sorprenden las declaraciones de representantes autorizados del Partido Demócrata [PD] (Renzi a la cabeza), que siempre han estado en primera línea en la persecución a Cesare Battisti y en los ataques a la clase trabajadora. Pero lo que no era obvio era la actitud servil y rastrera de los miembros de los partidos y organizaciones que se dicen de “izquierda”. Desde Boldrini hasta Fassina, todos brindaron con gran pompa por el arresto organizado por Salvini y Bolsonaro. Paolo Ferrero, de Refundación Comunista, reclama hoy la amnistía pero se olvida de recordar que incluso un gobierno del cual era ministro (cuando Bertinotti era presidente de la Cámara) había exigido la extradición de Cesare Battisti.

Sobre todo, no podemos fingir –como muchos lo hacen– no ver el papel desempeñado por el presidente de Bolivia, Morales, en este caso. Evo Morales, uno de los principales exponentes del “socialismo del siglo XXI” (también celebrado en Italia por organizaciones y partidos estalinistas, reformistas y semi-reformistas), arrojó a la basura la carta que le envió Cesare Battisti el 18 de diciembre: en ese texto, Battisti explicaba la persecución de la que era víctima y solicitaba que se le reconociese su estatus de refugiado en Bolivia (después de que el ex presidente del Brasil, Temer, a través del magistrado Luiz Fux, había dado la orden de extradición). Pero Morales prefirió ponerse de acuerdo rápidamente con el “independiente” italiano: en pocas horas entregó el paquete de regalo al ministro Salvini.

 

Como Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional desde siempre hemos construido la oposición de izquierda y de clase al gobierno de Morales, que no tiene nada de socialista excepto el nombre del partido que dirige. Estos últimos hechos confirman que teníamos razón.

Concluimos este artículo reivindicando el hecho de que nuestra organización internacional está entre las que la prensa y la magistratura han definido, en estos días de delirio mediático, los “partidarios” de Cesare Battisti. El PSTU, la sección brasileña de la LIT- Cuarta Internacional, junto con el sindicato de base CSP-Conlutas, durante estos años de exilio de Battisti en Brasil ofreció apoyo y ayuda al “monstruo”. Lo hicimos con convicción, porque creemos que Battisti es víctima de una vergonzosa operación de venganza histórica. Hemos apoyado campañas internacionales por su libertad y seguiremos haciéndolo. Battisti no es un militante: simplemente tiene el derecho de ser un escritor y un anciano padre libre. En Italia, defender su derecho a la libertad significa defender también la memoria de una época de movilización obrera y de masas que esperamos retorne: no aceptaremos ver esos años de lucha convertidos en un trofeo de caza sobre la chimenea de Salvini.

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Notas

(1) El ministro del Interior, Salvini, citó en julio a Mussolini en un provocativo tweet: “Tantos enemigos, mucho honor”, escribió, refiriéndose a sus críticos.

(2) Remitimos a los artículos sobre el tema, publicados en nuestra revista teórica Trotskismo Oggi.

(3) La “doctrina Mitterrand” permitió a muchos refugiados de los “años de plomo” obtener un permiso para residir en Francia a cambio de hacerse visibles ante las autoridades y de la renuncia definitiva a la “violencia política”.

(4) Remitimos a la lectura de un artículo del Espresso donde se cuenta la historia de Roberto Fiore: “fue condenado por banda armada y asociación subversiva, como jefe de la Tercera Posición, la organización que hacia finales de los años setenta reunía a algunos de los criminales más violentos del ala derecha. De las filas de la Tercera Posición ha salido una generación de asesinos en masa, asesinos, ladrones, secuestradores. Declarado culpable en todos los niveles del juicio, Fiore debería haber cumplido una condena de al menos cinco años y medio en prisión. En cambio, se escapó al extranjero. Y en Londres hizo mucho dinero con apoyos sospechosos. Cuando regresa a Italia, cuatro días después del 25 de abril de 1999, es un hombre libre. Rico. Listo para liderar un nuevo movimiento político. Neofascista, racista, lleno de criminales violentos. Como el anterior, pero con un símbolo diferente”.

http://espresso.repubblica.it/inchieste/2017/12/15/news/soldi-oscuri-servizi-e-delinquenza-tutti-i-segreti-di-roberto-fiore-il-fascista-a-capo-Foza-de-nueva-1.316175. [traducción nuestra]

(5) Remitimos aquí a algunos de nuestros artículos anteriores, publicados en el sitio web de Alternativa Comunista (y traducidos al español y al portugués): https://www.alternativacomunista.it/politica/libert%E0%A0-per-cesare-battisti; https://www.alternativacomunista.it/politica/cesare-battisti-il-mostro-in-prima-pagina

(6) La práctica de la llamada expropiación proletaria, consistente en robos funcionales a la autofinanciación de organizaciones políticas, fue muy generalizada y practicada en los años setenta.

Artículo original en italiano, en: www.alternativacomunista.org

Traducido al castellano por Natalia Estrada.

 

Fuente: https://litci.org/es/menu/mundo/europa/italia/caso-battisti-la-justicia-burguesa-esta-hecha-los-verdaderos-motivos-la-persecucion-mediatica-policial/


Bolivia: La entrega del miliciano Battisti a Italia sorprendió y desató protestas.

por Sullkata M. Quilla (*) /Resumen Latinoamericano.

Cesare Battisti, miliciano de izquierda capturado casi tres décadas después de ser haber sido condenado por cuatro muertes, fue entregado este domingo por Bolivia a las autoridades italianas, en un operativo express que causó no solamente sorpresa sino también desató protestas contra la actitud tomada por el gobierno de Evo Morales.

Battisti, de 64 años, fue detenido el sábado en la región de Santa Cruz, unos 590 kilómetros al este de La Paz, y fue enviado a Italia bajo custodia de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) en un avión Falcon enviado por el gobierno italiano, informó el coronel Paul Saavedra, director de Interpol en Bolivia.

Battisti fue miembro del grupo autonomista de los Proletarios Armados para el Comunismo, fundado en 1976 y desarticulado tres años después durante la época de agitación social (los llamados años del plomo). El grupo, acusado de terrorismo político, fue tildado de ser responsable de crímenes en Italia a finales de la década de los 70.

La entrega de Battisti a las autoridades italianas no cayó bien en Bolivia. El defensor del Pueblo, David Tezanos, y el exministro Hugo Moldiz son algunos de los que cuestionaron la decisión del Gobierno. “La Comisión Nacional de Refugiados (Conare) viola derechos de Cessare Battisti al entregarlo a Brasil o Italia, y el costo político para el gobierno boliviano será alto”, escribió  Moldiz.

“Conforme a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Ley de Protección a Personas Refugiadas. (Por tanto se) vulnera los principios de ‘no devolución’ y ‘no expulsión’” afirmó por su parte Tezanos.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero indicó que se dio una “salida obligatoria” puesto que su situación migratoria era irregular. “En aplicación de la Ley 370 de Migración, se emitió la resolución con la que se dispone su salida obligatoria de Bolivia por su condición ilegal“, señaló..

El periodista Pablo Stefanoni dijo que el ciudadano italiano tiene derecho a un proceso de extradiciónque “es un derecho básico en todos los casos. No hace falta simpatizar con Battisti y no simpatizo, pero se trata de alguien ya asilado en Francia y Brasil, una entrega en 24 horas impide cualquier evaluación del caso”

Añadió que el presidente Evo negoció el tema Battisti en su viaje a la asunción de Jair Bolsonaro. “La entrega en 24 horas, parece un método de Plan Cóndor, no de una decisión de un gobierno popular. Más aún si es cierto que había pedido refugio”, publicó Stefanoni.

La politóloga y presentadora de televisión, Susana Bejarano también cuestionó la medida: “La red de extrema derecha mundial hoy recibe un regalo. ¿Dónde quedó nuestra soberanía? ¿Y la solidaridad? ¿Y la ideología?”, preguntó.

Un largo camino a la extradición

Condenado en ausencia a cadena perpetua en Italia, Battisti, de 64 años, pasó antes por México, Francia y Brasil, cuya justicia rechazó en un primer momento la extradición a su país y luego la autorizó.

El ex presidente brasileño Michel Temer firmó en diciembre un decreto ordenando su extradición, ante lo cual el italiano habría hecho un último intento por evitar cumplir su captura. Tras pasar varias veces por la prisión acusado de delitos comunes, a finales de los años 70 se unió a la lucha armada de los Proletarios Armados Por el Comunismo.

Tras ser detenido en Milán fue encarcelado en 1979 y escapó en 1981. En 1993 fue condenado en ausencia a cadena perpetua por dos asesinatos y por complicidad en otros dos, cometidos en 1978 y 1979; él dice ser inocente. Tras pasar por México encontró refugio en Francia entre 1990 y 2004 gracias a la protección del ex presidente socialista François Mitterrand, quien se comprometió a no extraditar a ningún militante de izquierda que hubiera renunciado a la lucha armada.

Igual que un centenar de militantes italianos de aquella época, Battisti rehizo su vida en París. Sin embargo, en 2004, el gobierno derechista de Jacques Chirac decidió poner fin a la jurisprudencia Mitterrand y extraditarlo. Battisti huyó entonces a Brasil con una identidad falsa, según él, ayudado por los servicios secretos franceses.

Después de tres años de clandestinidad, en 2007 fue detenido en Río de Janeiro y pasó cuatro años en prisión, donde mantuvo una huelga de hambre porque decía preferir morir en Brasil antes que volver a Italia. En 2009 el Tribunal Supremo de Brasil autoriza su extradición, pero deja la decisión final en manos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que en el último día de su segundo mandato decidió no expulsarlo. Como represalia, Italia llama a consultas a su embajador en Brasilia.

En junio 2011 Battisti fue liberado y logró un permiso de residencia. Después de la elección en octubre pasado del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien prometió su extradición, Battisti volvió a la clandestinidad hasta el sábado, cuando fue detenido en Bolivia.

Battisti intentó conseguir asilo en Bolivia el 21 de diciembre, informó el Defensor del Pueblo, David Tezanos, solicitud que no fue respondida, por lo que consideró que se violaron los derechos del ciudadano italiano como solicitante de asilo. Romero aclaró que Battisti no fue extraditado, sino obligado a salir del país por ingresar de forma ilegal, su salida tuvo que ser obligatoria en un puesto migratorio cercano, en este caso el aeropuerto.

En Roma, la policía italiana publicó un video en el que se veía a Battisti horas antes de su captura, al parecer sin percatarse de que era vigilado mientras caminaba por la calle con pantalones vaqueros, camiseta azul y lentes oscuros, una imagen posterior mostraba la foto de la ficha del extremista con el sello de la policía boliviana.

14 de enero de 2019.

(*) Sullkata M. Quilla: Antropóloga y economista, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/01/14/la-entrega-del-miliciano-battisti-a-italia-sorprendio-y-desato-protestas-en-bolivia/

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