Riesgo Mundial: India y Pakistán se deslizan hacia una catastrófica guerra.

por Keith Jones/wsws.org.

India y Pakistán, los Estados rivales y con armas nucleares del sur de Asia, se tambalean al borde de un conflicto de plena escala. En las primeras horas del martes, aviones de guerra indios atacaron a Pakistán por primera vez desde la Guerra indio-pakistaní de 1971. Profundamente dentro de territorio pakistaní, destruyeron lo que Nueva Delhi afirma que era la principal “base terrorista de Jaish-e-Mohammed, un grupo islamista involucrado en la insurgencia separatista en la parte de Cachemira controlada por India.

Después de un breve periodo de confusión, mientras evaluaba los daños y las implicaciones estratégicas del ataque indio, Islamabad prometió que habría una fuerte respuesta militar. Pakistán, declaró, no permitiría que India “normalice” ataques ilegales de Estados Unidos e Israel dentro de Pakistán, independientemente de que sean presentados como represalias o bombardeos preventivos contra insurgentes cachemiros.

El día siguiente, los aviones de guerra de India y Pakistán tuvieron una refriega sobre el estado indio de Jammu y Cachemira, después de que Islamabad realizara lo que Nueva Delhi alega que fue un bombardeo sin éxito sobre instalaciones militares indias. Ambos bandos afirmaron que derribaron al menos una aeronave del otro país durante el enfrentamiento del miércoles. Islamabad presentó imágenes de un piloto indio capturado como prueba.

Estados Unidos, China, Rusia y las otras potencias mundiales están ahora apurándose públicamente para prevenir el estallido de una guerra total, reconociendo que tal guerra podría salirse de control y desencadenar un catastrófico intercambio nuclear, incluso si se mantuviera “confinado” al subcontinente. Pero, al mismo tiempo en que abogan moderación y ofrecen mediar el conflicto, las propias grandes potencias están sumidas en lo que el Pentágono llama “una nueva era de competición estratégica”, por lo que intentan utilizar la crisis de guerra en el sur de Asia en beneficio de sus propios intereses geoestratégicos.

Washington, en especial, ha utilizado el enfrentamiento para avanzar sus intentos para cercar diplomática y militarmente a China. De hecho, dio la luz verde a India para que atacara a Pakistán en “defensa propia” y está aprovechando la crisis actual para subrayar la fuerza de la “alianza estratégica y global” de EUA e India.

Las crisis socioeconómicas y políticas que estremecen ambos Estados, encabezados respectivamente por Narendra Modi y su partido supremacista hindú BJP y el populista islámico, Imran Khan, añaden a la explosividad de la situación.

Tras ser electo primer ministro pakistaní hace tan solo siete meses prometiendo empleos, desarrollo y un mayor gasto social, Khan ha visto su popularidad colapsar debido a la implementación de medidas de austeridad exigidas por el Fondo Monetario Internacional. Modi y su BJP están explotando descaradamente la crisis bélica para conseguir votos durante las elecciones generales, las cuales están divididas en múltiples etapas durante abril y mayo. El BJP está acusando a la oposición de poner en riesgo la “unidad nacional” al no cesar toda crítica del Gobierno y por no proclamar que el “caudillo” de Modi ha librado a India de las ataduras de cualquier “moderación estratégica” en sus relaciones con Pakistán.

Con el apoyo pleno del ejército, la prensa corporativa y prácticamente toda la oposición, el Gobierno de Modi ha rechazado la oferta de Khan de sentarse a negociar. Nueva Delhi insiste, como lo ha hecho por años, en que no habrá interacciones de alto nivel, ni hablar de “negociaciones de paz” entre India y Pakistán hasta que Islamabad demuestre su capitulación total a las demandas de Nueva Delhi de acabar todo apoyo pakistaní a la insurgencia cachemira.

¿Una catástrofe nuclear en ciernes?

Nadie debería subestimar el peligro de la que sería la primera guerra entre Estados con armas nucleares. Desde la crisis militar de 2001-2002, cuando India desplegó un millón de tropas a la frontera con Pakistán por nueve meses, ambos países han desarrollado estrategias para estados de alerta, cuya dinámica conlleva una rápida escalada. En respuesta a la estrategia de “Arranque frío” de India, según la cual India movilizaría rápido fuerzas para una invasión de varios frentes de Pakistán, Islamabad ha desplegado armas nucleares tácticas y de campo de batalla. India, por su parte, ha señalado que cualquier uso pakistaní de armas nucleares tácticas cruzará el “límite estratégico” permitiendo que India renuncie a su norma de no ser el primero en utilizar armas nucleares, dando paso a una respuesta estratégica nuclear.

Todo esto se llevaría a cabo en un área relativamente pequeña y densamente poblada. El centro de Lahore, la segunda mayor ciudad pakistaní con más de 11 millones de habitantes, se encuentra a unos 20 kilómetros de la frontera india. La distancia entre Nueva Delhi e Islamabad es significativamente menor a la que hay entre Berlín y París o entre Nueva York y Detroit. Un misil con una ojiva nuclear la viajaría en cuestión de minutos.

Un intercambio nuclear entre India y Pakistán no solo mataría a decenas de millones de personas en el sur de Asia. Una simulación realizada en 2008 por científicos que en los años ochenta alertaron al mundo sobre la amenaza de un “invierno nuclear” determinó que la detonación de cien bombas nucleares a escala de Hiroshima en una guerra indo-pakistaní inyectaría tanto humo y cenizas a la alta atmósfera, dada la destrucción de enormes ciudades, como para causar un colapso agrícola global. Predijeron que ocasionaría mil millones de muertes tan solo en los primeros meses después de una guerra nuclear “limitada” en el sur de Asia.

Sea cual fuere el resultado inmediato de esta crisis de guerra—y los eventos podrían salirse de control en los próximos días o semanas—ejemplifica cómo el colapso del orden geopolítico de la posguerra y los subsecuentes antagonismos imperialistas y rivalidades interestatales están intensificando todos los conflictos y problemas no resueltos del siglo veinte: un siglo en el que el capitalismo solo pudo sobrevivir el desafío de la revolución socialista arrastrando a la humanidad a dos guerras mundiales, fascismo e incontables otros horrores.

La partición y el fracaso histórico de la burguesía nacional

El conflicto indo-pakistaní se remonta a la partición comunal del subcontinente en 1947 en un Pakistán explícitamente musulmán y una India predominantemente hindú. Este fue un crimen perpetrado por los señores coloniales británicos y los representantes políticos de las facciones rivales de la burguesía nativa, el Congreso Nacional Indio y la Liga Musulmana.

La partición desafió toda lógica histórica, cultural y económica y desató una tormenta de violencia comunal que cobró dos millones de vidas y desplazó a 18 millones de India a Pakistán o viceversa. Pero, esto sirvió los intereses cínicos de las élites gobernantes rivales de India y Pakistán, dando un fin sangriento al levantamiento antiimperialista de masas que sacudió el sur de Asia durante las tres décadas anteriores y dándoles, como parte del acuerdo de independencia y partición con Londres, el control sobre la máquina estatal capitalista y colonial británica con la cual podían enfrentar la amenaza de una clase obrera cada vez más combativa.

Al no poder hallar una solución progresista a los problemas de las masas, la burguesía india y pakistaní han utilizado durante las últimas siete décadas su rivalidad estratégica y sus llamados comunales y nacionalistas como mecanismo para desviar la ira social en direcciones reaccionarias.

La herida abierta que conforma Cachemira es testimonio de su bancarrota mutua. La burguesía india ha sometido a la población de Jammu y Cachemira, el único estado indio con mayoría musulmana, a tres décadas de ocupación militar. Se ha mostrado consternada ante la continua desafección popular y masiva hacia el gobierno indio ahí, incluso cuando homenajea a un primer ministro y un partido implicados en pogromos antimusulmanes.

En cuanto a la corrupta élite gobernante pakistaní, ha pisoteado los derechos de los cachemires que gobierna y ha manipulado la oposición en Jammu y Cachemira para promover los elementos islamistas más reaccionarios.

Por un movimiento encabezado por la clase obrera contra la guerra y el imperialismo

Durante las últimas dos décadas, la naturaleza del conflicto indo-pakistaní ha evolucionado. Se ha enmarañado cada vez más inseparablemente con la confrontación entre EUA y China, dándole una nueva carga explosiva de proporciones inmensas y presentando el peligro de que un conflicto indo-pakistaní involucre a las mayores potencias mundiales.

Desde el principio del siglo y tanto bajo Gobiernos demócratas como republicanos, Washington ha cortejado a India, concediéndole favores estratégicos, incluyendo acceso a combustible y tecnologías nucleares y civiles y armas avanzadas estadounidenses, con el fin de vincular a Nueva Delhi a su agenda estratégica.

La importancia que los estrategas de guerra estadounidenses le dan al sur de Asia y al océano Índico —las aguas por las que pasan el petróleo, otros recursos que alimentan la economía China, así como sus exportaciones a Europa, África y Oriente Próximo— se refleja en el cambio de nombre reciente del Comando del Pacífico de EUA a Comando del Indo-Pacífico.

Bajo Modi, como lo refleja la apertura de las bases indias a aviones y buques de guerra estadounidenses y su cooperación estratégica bilateral, trilateral y cuadrilateral cada vez mayor con EUA y sus principales aliados regionales (Japón e India), India se ha transformado en un verdadero “Estado de primera línea” en la ofensiva estratégico-militar de EUA contra China.

Islamabad, el antiguo aliado principal de EUA en el sur de Asia durante la Guerra Fría, ha advertido en un tono cada vez más agudo, pero sin resultados que las acciones de EUA han destruido el “equilibrio de poder” en la región y envalentonado a India.

Consecuentemente, Pakistán ha fortalecido dramáticamente su alianza estratégico-militar con China, la cual ha existido por mucho tiempo. China también teme la emergente alianza entre EUA e India.

Incluso mientras busca enfriar las actuales tensiones indo-pakistaníes, debido a cálculos que una guerra total en el sur de Asia socavaría en este momento sus objetivos globales, EUA lo hace dentro del marco de su campaña de hegemonía mundial, la cual incluye a fin de cuentas subyugar China.

Como parte de este objetivo, Washington ha hecho clara su determinación de prevenir que China convierta a Pakistán en un ancla para su Iniciativa del cinturón y ruta, y particularmente que utilice el Corredor Económico entre China y Pakistán para contrarrestar el bloqueo planeado por EUA contra China por medio del control de los “cuellos de botella” estratégicos en el océano Índico y el mar de China Meridional.

Los trabajadores y las masas oprimidas de India y Pakistán deben unir fuerzas en oposición a los preparativos re una guerra criminal por parte de la élite gobernante.

En el sur de Asia, así como en el resto del mundo, la lucha contra la guerra es inseparable de la lucha contra el capitalismo, lo que significa contra las camarillas rivales capitalistas y nacionales cuya competición rapaz por mercados, ganancias y ventajas estratégicas se encarna en la repartición del mundo. En el caso del sur de Asia, es una lucha contra el sistema del Estado nación entrelazado con divisiones comunales sobre el cual está basado históricamente el capitalismo.

En oposición al programa de guerra, austeridad y reacción comunalista de la burguesía, los trabajadores y jóvenes de tendencia socialista en el sur de Asia deben luchar por la construcción de un movimiento encabezado por la clase obrera contra la guerra y el imperialismo, como parte de un movimiento global contra la guerra.

Tal movimiento solo se construirá por medio de una lucha política contra los partidos parlamentarios estalinistas en India, el Partido Comunista de India (Marxista) o CPM y el Partido Comunista de India o CPI, junto al conjunto de agrupaciones maoístas. Como lo ha demostrado nuevamente su participación en las reuniones de crisis militar “de todos los partidos” organizados por el BJP, han demostrado que son partidos chauvinistas y promilitares que están ayudando a vendarle los ojos a las masas acerca del peligro de una catastrófica guerra. Por décadas, han funcionado como una parte integral de la élite política india, apuntalando a Gobiernos —muchos de ellos encabezados por el Congreso Nacional Indio— que han implementado ajustes neoliberales, profundizado la alianza indo-estadounidense y expandido rápido el poderío militar indio en pro de las ambiciones de gran potencia de la burguesía. Los maoístas están empapados de nacionalismo y son hostiles a la lucha por la independencia política de la clase obrera.

Es en el socialismo internacional de Lenin y Trotsky, representado hoy día por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, y la lucha por deshacer la partición desde abajo y a través de la lucha por el poder obrero y el establecimiento de los Estados Unidos Socialistas del Sur de Asia que los trabajadores en India y Pakistán encontrarán la alternativa a la guerra y reacción capitalistas.

(Publicado originalmente en inglés el 2 de marzo de 2019)

4 marzo 2019.

Fuente: https://www.wsws.org/es/articles/2019/03/04/pers-m04.html

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