Los sinsentidos del nacionalismo pequeñoburgués de izquierda. Opinión.

por Maximiliano Rodríguez.

El artículo ¿EE.UU. pierde su patio trasero? Rusia y China respaldan a Venezuela y cambian el juego [i] del sociólogo venezolano Álvaro Verzi Rangel, investigador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE), resulta interesante por lo ilustrativo que es de las posiciones que circulan en la izquierda latinoamericana.

Consecuente con el sentido común de la izquierda latinoamericana, el autor adopta el típico enfoque nacionalista para analizar la situación venezolana, y en particular las últimas muestras de apoyo que los gobiernos de Rusia y China han brindado al gobierno chavista.

Es un hecho ya que un estrecho nacionalismo se ha apoderado de amplios círculos de izquierda la latinoamericana al momento de analizar y tomar posición respecto de la situación venezolana. Lo trágico, sin embargo, son la serie de sinsentidos, inconsecuencias y miserias que terminan por quedar al desnudo con dicho enfoque.

¿Antiimperialismo?

Una de las aristas de la crisis venezolana radica en que el país se ha convertido en un teatro de operaciones y punto de condensación del enfrentamiento de los principales centros de acumulación y poder político del capitalismo mundial. He aquí una de las razones por la que la crisis se ha tornado particularmente espinosa.

El chavismo, y tras él la izquierda latinoamericana, ha enarbolado con particular fuerza en toda esta coyuntura es la bandera de la lucha “antiimperialista”. No obstante, se trata de un antiimperialismo entre comillas, sui generis, hecho a la carta y medida de los burócratas chavistas. No es un antiimperialismo a secas. Es uno con apellido: un antiimperialismo norteamericano. Por lo mismo, en esencia no es un antiimperialismo sino un anti norteamericanismo [ii]. No es más que un discurso demagógico levantado por el bloque de clases en el poder que hoy gobierna en Venezuela y su aparato de propaganda.

Bajo ese marco, no resulta extraño que los articulistas e intelectuales afines al chavismo juzguen con distinta vara los acuerdos militares y alianzas políticas que los gobiernos burgueses de la región suscriben con uno u otro bloque imperialista. Así, cuando el gobierno chavista abre de par en par las puertas del país a destacamentos militares rusos se trata de una “cooperación” inscrita en una decisión soberana e independiente, y por tanto legítima. Pero cuando los gobiernos “ultraderechistas”, “fascistas”, etc. (los adjetivos no faltan) realizan acuerdos y alianzas de similar naturaleza con el bloque imperialista rival… ¡Ufff! Peor que las diez plagas de Egipto, aparecen en el acto los Boron & Cía. descargando todo el arsenal de epítetos a la mano, tildando a dichos gobernantes de “cipayos”, “yanaconas”, “traidores”, “vende patria” (los adjetivos aquí son más nutridos).

Se trata de realismo, argumentan. En caso de situaciones dramáticas no se puede caer en moralismos y recriminaciones abstractas de lo bueno y lo malo. Y claro, hasta Lenin, polemizando con la izquierda bolchevique, y haciendo gala del más descarnado realismo político, admitía en la dramática coyuntura de la paz de Brest-Litovsk la opción de que el recién creado gobierno soviético comprara armas al bando imperialista anglo-francés para defenderse de la inminente amenaza que acechaba desde imperialismo alemán, y explicaba por qué esto no era una renuncia al internacionalismo ni a la causa del socialismo.

El problema es que estos intelectuales “olvidan” una serie de “pequeños” detalles que hacen grandes diferencias. En primer lugar, se trataba –y esto es lo esencial– de la defensa de un poder obrero-revolucionario, y no de un pedestre y corrupto gobierno burocrático-burgués. Y, en segundo lugar, nunca el revolucionario ruso escondió ni dejaba de mencionar de cara a las masas que esto significaba adquirir armas a unos bandidos para defenderse de otros bandidos, y no, como hoy en la izquierda, de hacer la vista gorda (o incluso justificar) a las barbaridades de los aliados espurios de la causa de los “pueblos oprimidos”.

El “realismo” de los burócratas y sus ideólogos nunca podrá asimilarse al realismo de los revolucionarios. No hay punto de comparación posible. El de aquellos es simple oportunismo en pos de la defensa del poder y las prebendas de las clases explotadoras, pura “razón de Estado”. En tanto que el segundo es uno que pone en el centro y subordina todo a los intereses de las clases trabajadoras, habla desde la verdad y de cara a las masas.

Por otra parte, si se fuera consecuente en aplicar la misma vara para uno y otro bando, toda la monserga de que la cuestión en Venezuela se origina y explica por una “lucha contra el imperio” se vendría abajo. Si Maduro y sus amigotes no son –porque efectivamente no lo son– títeres de Putin por aceptar la colaboración militar de Rusia ni de Xi Jinping por el financiamiento que China presta a Venezuela, tampoco Guaidó y la oposición venezolana son meros títeres de Trump por contar con el apoyo del gobierno norteamericano. Ni siquiera los gobiernos del grupo de Lima o del Prosur son eso.

En el imaginario de esta izquierda todo termina reducido a un thriller hollywoodense y delirantes teorías de la conspiración, en donde las crisis en cualquier país del mundo pueden desatarse a piacere desde el despacho oval [iii].

Fenómenos político-sociales tan complejos originados en la dinámica de la lucha de clases no pueden reducirse a explicaciones tan burdas y oposiciones maniqueas como las que construye el nacionalismo izquierdista afín al chavismo.

El catastrófico derrumbe del capitalismo venezolano ha desatado una violenta pugna inter burguesa al interior del país, en la que cada una de las fracciones enfrentadas teje relaciones y establece alianzas con quien mejor se acomode a sus propósitos. Nada tienen que ver aquí “el amor a la patria”, “la defensa de la democracia”, “los intereses del pueblo” o cualquier otro sentimentalismo piadoso. Estas son simplemente las formas veladas en que aparece el conflicto en la superficie.

Y naturalmente, como en el mundo de la realpolitik burguesa nadie da puntada sin hilo, los aliados de uno y otro bando exigen a su vez la parte correspondiente del botín, incluso por anticipado.

Lo que no junta ni pega: nacionalismo y socialismo

Ahora bien, en lo político el nacionalismo plantea un problema insoslayable para cualquier programa auténticamente socialista que se pretenda levantar en Latinoamérica.

En efecto, todo proyecto y acción política tendrá necesariamente un corto alcance en perspectiva socialista si es que descansa sobre una base ideológica tan feble, estrecha y perniciosa como lo es el nacionalismo.

En oposición a este, el internacionalismo es uno de los elementos fundantes del socialismo. Y no por un sentimiento abstracto de fraternidad entre los pueblos, sino porque la configuración misma que adoptan tanto el capitalismo (interrelación entre países, grandes y constantes flujos migratorios, revoluciones en los medios de transporte y comunicación, etc.) como la dominación burguesa (Estado-nación) les plantea a las clases trabajadoras en su lucha contra el capital la necesidad de superar toda estrechez nacionalista.

Es, por tanto, deber y tarea política ineludible de las organizaciones y militantes que levanten el socialismo como proyecto emancipador llevar a cabo una paciente y metódica educación internacionalista entre los trabajadores, así como también declarar una intransigente lucha ideológica contra quienes pretendan inculcarles esa forma del pensamiento burgués que es el nacionalismo, en cualquiera de sus variantes (incluso las “populares”), ya que atenta contra la conciencia y las posibilidades de su organización autónoma como clase.

¿Qué hace entonces la izquierda latinoamericana celebrándole a coro cada exabrupto nacionalista al chavismo? ¿Qué hace escribiendo y difundiendo loas a los “militares patriotas de nuestro continente” [iv]? ¿Qué otro disparate vendrá mañana? ¿Una oda a los recaudadores de impuestos por ayudar a financiar los “gastos de la patria”?

¿Por qué un discurso como el del general Padrino López, que apela a elementos de tal estrechez nacionalista, como lo es en efecto la condición de “venezolano por nacimiento” [v], es tildado como “una pieza notable (sic) del pensamiento militar antiimperialista y antioligárquico” [vi]?

Estas son además manifestaciones de “antiimperialismo” quedan incluso por debajo de las que en su momento mostraron las propias oligarquías criollas en sus rebeliones separatistas contra el Imperio español, y que tanto se reivindican en el nacionalismo pequeñoburgués de izquierda en su mitológica visión de la “primera independencia”. El Cabildo de Santiago, por ejemplo, que no era para nada un órgano de poder de las clases populares ni estaba imbuido de nada parecido al internacionalismo proletario, no tuvo problema alguno en ofrecer primero el cargo de Director Supremo a San Martín, a pesar de no ser este en ningún caso “chileno por nacimiento”.

Y sin ir más lejos en la historia, ¿qué hubiese pasado si al triunfar la revolución en Cuba se le hubiese negado la posibilidad al Che de asumir cargos de responsabilidad política al frente del Estado por no cumplir la condición de “cubano por nacimiento”?

Por lo mismo, es una vergüenza que otro adalid y ejemplo de la lucha “popular” y “antiimperialista” levantado por la izquierda latinoamericana, como Evo Morales, celebre, como una muestra de “compromiso con su querida Bolivia” (sic), la renuncia a la nacionalidad chilena que se vio obligada a realizar la senadora y militante del MAS Adriana Salvatierra [vii]. Y más vergonzosa resulta la celebración cuando dicha nacionalidad le venía dada en su condición de hija de una militante de izquierda exiliada en Bolivia [viii].

Todas estas expresiones de estrecho nacionalismo no constituyen “errores” comunicacionales o desvaríos individuales. Antes bien, se entroncan en la propia naturaleza social pequeñoburguesa (y no tan pequeña a veces) de todos estos gobiernos “populares”, “revolucionarios” y “socialistas” que surgieron en la región en las últimas décadas.

¿Qué destino le puede esperar al socialismo en la región si la izquierda se empeña en ensalzar y defender a tan dudosos campeones de la “causa de los pueblos” y de la “lucha antiimperialista”? Absolutamente ninguno, solo nacer muerto.

De hecho, el ascenso de los gobiernos de derecha bien puede ser visto como la contracara necesaria de todo el discurso nacionalista levantado por los gobiernos “progresistas” en sus luchas “antiimperialistas”, y que tanto gusta ensalzar a la izquierda latinoamericana. No hay derecho a quejarse después si personajes como Jair Bolsonaro, José Antonio Kast y otros empiezan a pulular como callampas después de la lluvia. Es natural que bajo la intoxicación nacionalista imperante e intencionalmente promovida, sectores populares terminen viéndolos como alternativas válidas ante el más mínimo traspié de este tipo de gobiernos.

Es por esto que la lucha ideológica contra el nacionalismo y el desmarque de las expresiones pequeñoburguesas que levantan este discurso en el seno de la izquierda constituye una tarea ineludible de una política socialista.

El nacionalismo pequeñoburgués y su defensa abstracta de la “soberanía nacional” no ofrecen ni siquiera una guía práctica coherente para una eventual política socialista, planteándole solamente una serie de antinomias y problemas insolubles.

Así por ejemplo, la izquierda latinoamericana rasga vestiduras por la confiscación de los activos de la filial de PDVSA en territorio norteamericano (Citgo), tildándola de “captura” y de sepultación “de todos los principios de la seguridad jurídica” [ix] (sic). ¿Pero acaso no se trata de una decisión libre y soberana del gobierno estadounidense sobre temas que competen a su propio territorio? ¿Cómo es la cosa entonces? ¿Qué se puede alegar allí si no es apelando al derecho burgués de propiedad en desmedro de la “soberanía nacional”? Y, por otra parte, ¿acaso la clase trabajadora no expropiará al capital allí donde acceda al poder, violando sin tapujos ni remordimientos “todos los principios de seguridad jurídica” imperantes hasta el momento?

3/2019

Notas:

[i] Disponible en http://estrategia.la/2019/03/26/eeuu-pierde-su-patio-trasero-rusia-y-china-respaldan-a-venezuela-y-cambian-el-juego/

[ii] Así, por ejemplo, lo reconoce sin empacho alguno Iramis Rosique en su columna ¿Por qué apoyo a Maduro? publicada en el portal electrónico de jóvenes “marxistas” (sic) cubanos La Trinchera. Véase http://www.desdetutrinchera.com/politica/por-que-apoyar-a-maduro/

[iii] Véase, por ejemplo, el análisis sobre la crisis venezolana realizado por el alto dirigente del MST brasileño Joao Pedro Stedile. http://cctt.cl/2019/03/22/analisis-politico-notas-para-debatir-lo-que-esta-aconteciendo-en-venezuela/

[iv] Véase, por ejemplo, http://prensairreverente.cl/carta-abierta-a-los-militares-latinoamericanos/

[v] Véase https://www.youtube.com/watch?v=3XXC_FzhRHM&feature=youtu.be, 7’15” en adelante.

[vi] Véase http://prensairreverente.cl/es-el-imperialismo-estupido/

[vii] https://www.emol.com/noticias/Internacional/2019/02/16/938098/Morales-celebra-la-renuncia-a-la-nacionalidad-chilena-de-Salvatierra-en-medio-de-las-criticas-de-la-oposicion.html

[viii] https://www.emol.com/noticias/Internacional/2019/02/15/938022/Presidenta-del-Senado-de-Bolivia-renuncia-a-nacionalidad-chilena-tras-polemica-Siempre-sere-boliviana.html

[ix] Este es el juicio del economista “marxista” Claudio Katz. Véase http://cctt.cl/2019/02/07/venezuela-define-el-futuro-de-toda-la-region/

1 Comment

  1. Curioso artículo parece claramente uan defensa soslayada del imperialimso estadounidense… bajo el pretexto de luchas contra un absurdo nacionalismo de la izquierda latinoamericana.

    En primero lugar hay muchos que se dicen de izquierda y que están contra el «regimen» de Maduro» hasta tildándolo de dictador, que viola los DDHH, etc. Por lo tanto hay una gran división de esa izquierda respecto a Venezuela.

    No creo que se trate de una pugna interburguesa, como lo hace creer el autor, lo que está pasando en Venezuela, tanto en la lucha de la burguesía interna contra los chavistas con su guerra económica y acaparamiento de productos como sabotaje a la producción, y ahora junto al imperio estadounidense a la electricidad, ni menos entre el imperialismo estadounidense a los chavistas, hay claramente una corriente al menos progresista, sino incluso revolucionaria del gobierno venezolano, contra la burguesía local y los imperialismos estadounidense y europeos.

    No hay parangón entre lo que hace el imperialismo estadounidense y europeo contra Venezuela y el Ruso y Chino, que el autor pone al mismo nivel, lo que es una locura de todo puunto de vista. Se parece mucho al pensamiento de algunos o todos los troskistas venezolanos, que pensando lo mismo o similar, aplauden a los estadounidenses imperiales y se sientan a conversar con lo más rancio de la oposición. Es como no darse cuenta de las actuaciones del imperilsimo estadounidense a través del mundo en la historia desde hace n años, arrazando países y no conquistandolos sólo desde el punto de vista económico como lo hacen los Rusos y Chinos, en condiciones (financieras) mucho más ventajosas que los otros imperios occidentales.

    El autor pretente que Guaidó no es un titere de EEUU, que curioso, sin embargo todo indica que fué un plan de EEUU el haberlo sacado casi del anonimato total en que estaba, para ponerlo de presidente encargado… Para darse cuenta de esto, basta ver las declaraciones del mismo Guaidó y de los altos responsables estadounidenses. No es por casualidad que el gobierno venezolano goza de un gran apoyo de los humildes de su país, a pesar de errores problemas que viven cotidianamente, el pueblo sabe que la mayor responsabilidad cabe en ls imperios occidentales de lo que están padeciendo, no se equivocan como el autor de este panfleto.

    Si bien en algunos izquierdistas hay manifestaciones nacionalistas en América Latina, no es la generalidad, como lo pretende el autor, parece que mira con un filtro nuestras realidades.

    Para ilustrar mejor la necesidad de una fuerte alianza con Rusia y China, pongo un enlace con la respuesta que le hizo Atilio Borón a Dorfman, sobre un escrito que este hizo pasandose por Salvador Allende, donde se muestra crudamente lo que está haciendo el imperialismo estadounidense a Venezuela, mucho peor que lo que hizo con Allende.

    https://sergiomedinaviveros.blogspot.com/search?q=no+en+mi+nombre

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