Jugando chueca: Bachelet sobre Venezuela, Cabieses y Roitman sobre Bachelet.

El mañoso informe Bachelet.

por Manuel Cabieses D. /Blog Punto Final.

Más repetido que una teleserie turca, el Informe Bachelet sobre Venezuela repite de la A a la Z las afirmaciones del gobierno norteamericano. O sea: las desventuras del pueblo venezolano se deben a un gobierno que viola sus derechos humanos, lo priva de alimentación y salud, y lo empuja al éxodo.

Para ser el documento de una Alta Comisionada de Naciones Unidas, ex presidenta de la República de Chile, militante del Partido Socialista, ex detenida política e hija de un general constitucionalista que murió víctima de torturas, el Informe Bachelet carece de contexto histórico, utiliza información sesgada y sirve a una política que se orienta a estrangular al proceso de cambio social en Venezuela.

Y no es que en ese país no se violen los derechos humanos. Los protagonistas de su historia contemporánea se encuentran al límite de sus capacidades de encauzar la vorágine que vive el país. Sólo el diálogo -al que de manera permanente llama el gobierno-, puede salvar a Venezuela de una guerra civil atizada por el imperio o de una agresión de Colombia, donde nueve bases militares norteamericanas están listas para apoyar el fratricidio. El Informe Bachelet hace flagrante omisión de las causas de la crisis venezolana. Se convierte así en una herramienta más en la campaña internacional destinada a derrocar al gobierno legítimo de Venezuela. Una campaña que lleva años sin lograr su objetivo.

La historia no conoce otra “dictadura” tan particular como la de Venezuela. La oposición cuenta con más de una decena de partidos legales, posee numerosos medios de comunicación escritos y audiovisuales, controla la Asamblea Nacional, convoca a manifestaciones públicas cuando le da la gana, recibe cuantioso financiamiento extranjero y goza del derecho constitucional -que no ejerce- de revocar el mandato presidencial mediante un plebiscito. Los dirigentes más radicales de la oposición proclaman a través de la cadena CNN y demás medios internacionales la necesidad de derribar la “dictadura” por cualquier medio, incluso una invasión de los marines. Como si fuera poco la oposición cuenta, desde seis meses, con un presidente-fantoche reconocido como tal por una cincuentena de gobiernos aunque no manda ni en la cuadra de su casa.

El gobierno del presidente Maduro no puede ser acusado de permanecer impasible ante los atropellos a los derechos humanos que cometen los órganos policiales. Casi cuatrocientos funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) están siendo procesados por esos delitos. El gobierno, asimismo, fue el primero en reaccionar ante la muerte del ex capitán de corbeta Rafael Acosta, el caso de tortura más explotado en estos días. Fueron detenidos los autores del homicidio: un teniente y un sargento de la Guardia Nacional Bolivariana. No hay crimen más detestable que la sevicia que cometen agentes del estado con hombres y mujeres indefensos. Los chilenos sabemos de esto porque sufrimos horrendas torturas durante la dictadura. Todavía hoy muchos compatriotas son víctimas de excesos policiales que rara vez son castigados.

Confío que el gobierno bolivariano persistirá en sus esfuerzos por contener los desbordes represivos de los cuerpos policiales.

El Informe Bachelet es una mañosa manera de escabullir la responsabilidad de Naciones Unidas en el drama que EE.UU. ha creado en Venezuela. Poco o nada ha hecho la Organización mundial por impedir el objetivo norteamericano de apoderarse a cualquier costo del petróleo y otras riquezas de Venezuela. Enfrentado a su decadencia el imperio desata golpes mortales para asegurar su acceso a fuentes de energía. Iraq, Siria, Libia, Afganistán -y ahora el bloqueo y amenazas de bombardeo a Irán- constituyen el molde de lo que espera a Venezuela si su pueblo y fuerzas armadas vacilan en la defensa de la patria.

El Informe Bachelet hace tabla rasa del despojo de miles de millones de dólares que sufre Venezuela por el bloqueo financiero que le impide comprar los alimentos y medicinas que necesita su pueblo. Millones de venezolanos emigran buscando mejores condiciones de vida. Pertenecen a ola migratoria sacude al mundo como efecto de los atropellos del imperio a la soberanía de las naciones. En Centroamérica los migrantes golpean las puertas herméticas de EE.UU. y empujan al gobierno democrático de México a reprimir a campesinos migrantes de Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En el Mediterráneo los intentos desesperados de los migrantes africanos por cruzar el océano rumbo a Europa dejan miles de muertos, entre ellos más de 3 mil niños.

El Informe Bachelet contribuye al propósito imperial de rendir por hambre a una nación que optó por su independencia, tal como ayer lo intentó Chile del presidente Salvador Allende. No es la primera vez que Bachelet se involucra en turbias manejos. Su segundo gobierno promovió el 2017 la creación del Grupo de Lima para secundar la agresión yanqui a Venezuela. El mismo año prohijó la Operación Huracán, un montaje de los servicios de inteligencia policial para acusar de “terroristas” a líderes del pueblo mapuche y defender los intereses de las empresas forestales y eléctricas que se ven acosadas por la indoblegable resistencia mapuche.

Ahora su apuesta es mayor. Pero al igual que las anteriores esta jugada también terminará en fracaso.

6 de Julio 2019.

Fuente: https://www.puntofinalblog.cl/blog/el-ma%C3%B1oso-informe-bachelet


¿Es creíble el informe Bachelet sobre Venezuela?

por Marcos Roitman Rosenmann (*)/La jornada.

Pensar que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, presentaría un informe sobre Venezuela positivo hacia el gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro sería ingenuo. Creer que su elaboración estaría exenta de prejuicios, temerario. La manipulación, entraba en los cálculos. Así, tenemos un resultado a medida. Para la Alta Comisionada los hechos constatan la violación de los derechos humanos. Hay escasez de productos básicos, un aumento de la violencia, detenciones de políticos de oposición, y un sin fin de problemas que afectan la convivencia de los venezolanos. Faltan medicinas, los alimentos escasean y la corrupción está a la orden del día. Proliferan las manifestaciones, los cortes de luz, las huelgas. Resultado: crisis humanitaria. Culpable del deterioro de los derechos humanos: el gobierno.

Max Weber, sociólogo nada proclive a tendencias izquierdistas, socialistas o marxistas, cuando se encontraba con afirmaciones tan rotundas, dudaba. A tanta contundencia respondía: si bien todo hecho es una realidad particularmente evidente, no toda realidad particularmente evidente es explicación causal de los hechos. Si una persona tiene cáncer, el cáncer no explica cuáles han sido las causas de su emergencia. Si obviamos sus orígenes no adelantamos nada.

Todos los hechos sociales tienen una direccionalidad y apuntan una matriz institucional. Es decir, responden a una construcción política, son expresión de un campo de fuerza, sujetos y voluntades, relaciones sociales, nuevamente Weber, de lucha de clases e intereses antagónicos. Hablar de los derechos humanos al margen de lo político, es un sin sentido. Es tanto como afirmar que saber leer y escribir son hechos naturales y respirar una conquista social. Sin embargo, eso parece estar en la base del argumentario de la alta Comisionada cuando medita sobre el espíritu de su informe: Un sacerdote católico me dijo en Caracas: no se trata de política, sino del sufrimiento de la gente. Este informe tampoco trata de política, geopolítica, relaciones internacionales o cualquier otra cosa que no sea los derechos humanos a los que todo venezolano tiene derecho. (sic) Su papel de árbitro se difumina. Al decir de Simmel, el mediador, si este fuese el caso, debe articular propuestas, abrir espacios políticos, apoyar soluciones negociadas y facilitar consensos. No puede favorecer a una de las partes. Si lo hace, rompe su papel mediador y actúa con intenciones mezquinas y perversas.

Veamos un ejemplo. El informe señala la realización de 558 entrevistas. Debemos presuponer que Bachelet pudo reunirse sin ningún tipo de cortapisa con todas las organizaciones de la sociedad civil y sus representantes políticos en su visita al país. De hecho se fotografió con el autoproclamado presidente Juan Guaidó y también con el presidente constitucional y legítimo Nicolás Maduro. Pero vaya fiasco. De las 558 entrevistas a las que alude el informe, 460 se realizaron en el exterior. Los países elegidos: España, Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Brasil, México y Perú. Es decir, 82 por ciento de los encuestados no vivía en territorio venezolano. Dato que fue ocultado en el informe.

Igualmente se menciona la terrible persecución ideológica y la censura a los medios de comunicación opositores, el cierre de periódicos, radios, medios de comunicación. Ni una palabra de las 32 nuevas licencias de radio a emisoras privadas. Tampoco se menciona que la televisión por cable, opción mayoritaria entre los venezolanos, está en manos de la empresa privada. Se oculta que la prensa escrita privada, ronda 75 por ciento y que las radios públicas no superan 30 por ciento del conjunto nacional. Por otro lado, la Alta Comisionada desestimó las informaciones obtenida a petición propia sobre la situación de los derechos humanos a ministerios, organismos oficiales e instituciones públicas. Mintió al señalar que sólo existe un centro penitenciario de mujeres, cuando en realidad están funcionando 17 en todo el país.

Resulta inexplicable que la Alta Comisionada redactase un cuestionario ad hoc para las autoridades venezolanas recabando datos de las denuncias por violación de los derechos humanos realizadas por los partidos de oposición y las desestimase como información para elaborar su informe. En él no se mencionan las guarimbas, pero si la violencia de las fuerzas de seguridad del Estado.

¡Cómo olvidar que se trata de un informe apolítico, neutral y equilibrado! Y lo más grave: manipula y distorsiona los hechos al no explicar sus causas. Nada del sabotaje, las sanciones, el bloqueo económico y los llamados a las fuerzas armadas a romper el orden constitucional. Esos datos no aplican a la violación de los derechos humanos. Poco creíble un informe donde desaparecen los motivos y no se investigan las causas de la crisis. No se trata de negar los hechos, sino de explicarlos y buscar salidas. Lamentablemente, el informe tiene un objetivo, ser un arma en manos de la oposición y sus aliados internacionales para seguir violando los derechos humanos eso sí, con el aval de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2019/07/06/opinion/022a1mun

(*) Marcos Roberto Roitman Rosenmann es un académico, sociólogo, analista político y ensayista chileno-español nacido en Santiago de Chile, en 1955. Desde 1974, exiliado durante la dictadura del general Augusto Pinochet, reside en España. (Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_Roitman).

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