Piazzolla, Ferrer y Baltar: Homenaje a tres piantaos [+Video]

“Balada para un loco”, el éxito más popular de la dupla Piazzolla-Ferrer, cumple medio siglo.

Astor Piazzolla, Amelita Baltar y Horacio Ferrer.
Astor Piazzolla, Amelita Baltar y Horacio Ferrer.

Por Irene Amuchastegui.

Lo que distingue a un loco de un piantado, en la personal taxonomía de Julio Cortázar, es que “el loco tiende a creerse cuerdo mientras que el piantado, sin reflexionar sistemáticamente en la cosa, siente que los cuerdos son demasiado almácigo simétrico y reloj suizo, el dos después del uno y antes del tres, con lo cual sin abrir juicio, porque un piantado no es nunca un bien pensante o una buena conciencia o un juez de turno, ese sujeto continúa su camino por abajo de la vereda y más bien a contrapelo, y así sucede que mientras todo el mundo frena el auto cuando ve la luz roja, él aprieta el acelerador y Dios te libre…”.

“Balada para un loco” –que si nos atenemos a la clasificación de Cortázar traza el cabal retrato de un piantado– llegó dos años después de La vuelta al día en ochenta mundos, en 1969. Sería inexacto decir que fue el mayor éxito del binomio Piazzolla-Ferrer. Tal vez sería más apropiado decir que fue el éxito más trascendente del último medio siglo del tango canción. En cincuenta años el género, que ya había resignado largamente su antigua hegemonía popular, no produjo novedades de un nivel de proyección global semejante. Por tratarse de un tipo de música que fue motor de industrias culturales, no es un dato trivial. Pero su interés histórico se cifra no solo en lo que cancela, sino en lo que habilita. “Balada para un loco” representó una auténtica revolución musical y poética: la ruptura con una tradición que seguía admitiendo con más facilidad una “mezcla rara de Museta y de Mimí” con aires decimonónicos (como en “Griseta”, de 1924) que una “mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus” (en el año del alunizaje), y que además perfora los andamiajes musicales del género con la inspiración que no cabía sino esperar de Piazzolla.

Ya habían estrenado “Balada para mi muerte” que, según le confesaría Piazzolla al especialista Oscar del Priore, sería siempre su preferida de la serie, y se propusieron repetir una colaboración en la misma línea para participar en competencia en el Festival Iberoamericano de la Canción y la Danza en el estadio Luna Park, al que habían sido invitados y donde debían presentar una obra inédita.

En el origen de la “Balada…”, convergen un título descartado (“La plastrufia”, antítesis de “la mufa” según el neologismo ideado por Mario Mactas), un verso trunco (“Ayer he visto un beatle mordiendo un bandoneón”) y una melodía “de terraja” compuesta por Astor que no prosperó. Ferrer consintió muchas veces en evocar aquella semana de trabajo: “Con la primera parte escrita, fui a casa de Astor. Allí él tenía el piano y, en una mesa contra la pared, de espaldas a la ventana, yo tenía mi maquinita de escribir comprada en cuotas. Sobre la primera parte, Astor intentó un tanguito gardeliano. Después, otra melodía, muy bella, de la que dijo: ‘¡Pero esto parece de Mariano (Mores)!’ Y era verdad. Entonces, sobre los acordes de “Adiós Nonino” comenzó a sacar la melodía (…) Después vino el puente valseado. Y como él estaba muy cargado de música, y quería saber cómo seguir, yo le dije: ‘Ponele música a ¡Loco, loco, loco..!, hacé la melodía y después yo le pongo la letra’. Y así fue: él hizo la melodía de la segunda parte y yo seguí la línea melódica como un perrito”.

La irrupción de un vals, la ensoñación del baile y “la gente linda”, hay que buscarlas en las escenas de la película francesa Le roi de coeur, que Astor y Horacio habían visto un par de años antes. Ambientada en el fin de la Primera Guerra, los pobladores de un asilo de alienados deambulan, bailan y revolotean por las calles de una ciudad fantasma, tiñéndolo todo de poética locura: a Ferrer le causó enorme impacto esta película de Philippe de Broca (del olvido al culto, fue restaurada y proyectada en el Festival de Cannes en 2016).

Entre aplausos y abucheos

La inclusión de un pasaje valseado fue uno de los argumentos con los que se intentó frenar el avance contundente de “Balada para un loco”, cantada por Amelita Baltar en el concurso del Luna Park, avance alentado por un jurado que incluía a Chabuca Granda y Vinicius de Moraes. El desenlace es conocido: en la ronda final la decisión quedó en manos de un jurado sorteado entre el público, y “Balada para un loco” terminó en segundo lugar, en medio de un escándalo de aplausos y abucheos, por debajo de “Hasta el último tren” ( de Julio Ahumada y Julio Camilloni, cantado por Jorge Sobral).

Baltar, como intérprete, completaba la tríada de “Balada…”. En 1967 había llegado para reemplazar a Egle Martin, la heroína que Astor había imaginado originalmente para la operita María de Buenos Aires. Amelita suele recordar la final del Luna Park, la noche de la derrota y la consagración al mismo tiempo, casi como una batalla campal. “El griterío de gente a favor y en contra casi no me dejaba oír la orquesta. Unos me tiraban monedazos y me gritaban ‘andá a lavar los platos’, entre las cosas reproducibles; otros se levantaban de las butacas aullando ‘¡Viva! ¡Bravo!’”.

El impacto singular de “Balada para un loco” implicó la consagración para Ferrer. Para Piazzolla, que ya había librado su revolución solitaria en el instrumental, se abrían las puertas de una popularidad que tal vez ni él sabía que anhelaba tanto. “Quiero mucha gente escuchándome. Como si Perón entrara a la cancha de Boca”, le confesó a Bernardo Neustadt a comienzos de 1970, en plena fiebre de “Balada…”, en una entrevista para la revista Extra. Se ilusiona porque otras orquestas tocan “Adiós, Nonino”, “Lo que vendrá”, “Verano porteño…”. Pero revela también cierta amargura: “Ahora me descubren…” Antes de que termine 1969, “Balada para un loco” circulaba en partitura con tapa pop ilustrada por Carlos Alonso y el compositor la había grabado con Amelita y también con Roberto Goyeneche. Poco después se sumaba una grabación con Ferrer recitando. Entre la proliferación de versiones de esos meses, hubo una adaptación “beat” de The Walkers, hoy olvidados, una grabación de Daniel Riolobos, y una versión instrumental de la orquesta del gran Osvaldo Pugliese, que se diría un innecesario combate de estilos. Con el propio compositor la cantaron después José Ángel Trelles, la italiana Milva, Raúl Lavié, entre muchos otros.

El camino más alto

Como celebración del cincuentenario (con exactitud, se cumple en noviembre), en Tango Buenos Aires. Festival y Mundial, que comienza el jueves, Amelita Baltar volverá a cantar “Balada…” en un concierto en la Usina del Arte compartido con el Sexteto Mayor –cuyo legendario violinista Eduardo Walczak conmueve en escena a los noventa años. En el Luna Park, en el marco de la final del Mundial de Baile, también volverá a escucharse el clásico de Piazzolla-Ferrer, para una puesta coreográfica de Hugo Mastrolorenzo (campeón mundial de Escenario en 2016 junto a Agustina Vignau, bailando la canción en la grabación de Goyeneche).

A la cabeza de un nuevo canon, omnipresente en los repertorios, “Balada para un loco” llegó todo lo lejos que alcanzó el , incluso al Borda. El propio Astor y su Quinteto, junto con Amelita, la llevaron al hospital en los días posteriores al estreno. Unos doscientos pacientes, recordó Piazzolla en sus memorias compiladas por Natalio Gorin, corearon “Yo sé que estoy piantao”. El músico no olvidaba al hombre que se le había acercado al final, “un hombre de mirada transparente”, para recitarle unos versos. Era el poeta Jacobo Fijman, que pasó parte de su vida internado en el Borda. Y escribió “Demencia: el camino más alto y más desierto”.

2 de agosto, 2019.

Fuente: https://www.clarin.com/revista-enie/escenarios/piazzolla-ferrer-baltar-balada-loco-aniversario-50-anos


Estreno de Balada para un loco año 1969 en el Luna Park.

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