Perro mundo, fiero capital: Las guerras híbridas contra los pueblos.

Conversando con Brasil de Fato, el investigador e historiador  indio Vijay Prashad. también habla sobre BRICS, fascismo y organizar a los trabajadores.

por Daniel Giovanaz* /Brasil de Fato, en São Paulo.
«Existe una guerra híbrida en curso en el planeta. Los procesos democráticos están siendo, esencialmente, destruidos al servicio de una forma muy limitada de gobierno de la elite contra el pueblo», sentencia Vijay Prashad. El periodista e historiador indio está en Brasil para el lanzamiento del libro «Estrela Vermelha sobre o Terceiro Mundo«, publicado por la Editora Expressão Popular, que cuenta, a partir de una nueva perspectiva, la Revolución Rusa de 1917. En medio de los compromisos de lanzamiento de la obra, concedió una entrevista exclusiva a Brasil de Fato.

Director del Instituto Tricontinental de Investigación Social, Prashad también habló sobre fascismo, el encarcelamiento de Lula, la ascensión de gobiernos conservadores alrededor del mundo, la organización de los trabajadores y los BRICS, el mercado común entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que puede tomar nueva forma con la ascensión de políticos como Jair Bolsonaro, Narendra Modi y Cyril Ramaphosa, en Brasil, India y Sudáfrica, respectivamente.

«Los BRICS siempre estuvieron limitados por el carácter de clase de sus gobiernos. Y van a continuar así, porque este es importante. Las empresas de Brasil quieren entrar al mercado indio. Entonces, los BRICS no se van a disolver. Las personas creen que los BRICS son un instrumento político, con aquella idea del multilateralismo. Pero ese es un abordaje bastante equivocado», analiza.

A continuación, la entrevista completa:

Brasil de Fato: Vijay, muchas gracias por la entrevista. La primera pregunta es sobre la imagen del gobierno de Jair Bolsonaro en el mundo. Usted viaja bastante, es periodista. ¿Como mira la prensa internacional el fenómeno Bolsonaro? ¿Qué aspectos de su gobierno son los más comentados?

Vijay Prashad: Lo primero que creo que debemos considerar con seriedad es que personas como Bolsonaro son consideradas un tanto cómicas. Se desarrolló una narrativa sobre la naturaleza cómica de los jefes de gobierno contemporáneo. Boris Johnson, Donald Trump, Bolsonaro hacen parte de esa galería de personajes cómicos.

Prashad visitó Brasil la primera semana de agosto - Créditos: Foto: José Eduardo Bernardes
Prashad visitó Brasil la primera semana de agosto / Foto: José Eduardo Bernardes.

Pero una cosa alarma a la gente. No sólo a los liberales, sino al resto también. Existen dos grandes depósitos de carbono en el mundo. Uno está en la isla de Papúa, tanto en Papúa Occidental como en Papúa Nueva Guinea. El otro es la Amazonía. Y creo que la gente está muy asustada con el hecho de Bolsonaro decida abrir la Amazonía para la industria maderera y otras. El básicamente permitió que los lobbys de la industria de alimentos y madera crearan políticas públicas. Incluso un periódico como The New York Times publicó un reportaje muy crítico sobre la política de Bolsonaro para la Amazonía.

Creo que existe ahí alguna preocupación. Una cosa es decir que Bolsonaro es cómico y tiene una posición pésima con relación a cuestiones sociales o a la dictadura. Pero cuando comienza a destruir la Amazonía, eso tiene implicaciones para todo el planeta.

Esa es una gran preocupación para personas decentes y sensibles – y hasta para aquellas que no son tan sensibles así. Eso está dando forma a la visión que la gente tiene de Bolsonaro.

En la última década, nos acostumbramos a oír en el noticiero el término BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica]. Esos países comenzaron a articularse y a amenazar la hegemonía de Estados Unidos en el escenario internacional. ¿Es posible decir que la elección de Bolsonaro, un presidente tan cercano a Trump, puede desmantelar esa organización? ¿O eso ya estaba sucediendo antes de él?

La primera cuestión es que nunca debemos exagerar el sentido de que algunos países se unan para crear algún tipo de grupo. Los BRICS siempre acompañarán el carácter de clase de los gobiernos de sus diferentes Estados.

Antes de los BRICS, India, Brasil y Sudáfrica formaron un bloque llamado IBAS. Aún existe. En esa época, los gobiernos de la India, de Brasil y de Sudáfrica eran relativamente socialdemócratas y defendían una agenda de subsidios para medicamentos y para la agricultura. Había una preocupación por la falta de acceso de la población a medicinas y por el impacto negativo de las políticas comerciales sobre los agricultores. En esa época, en 2003, cuando el IBAS nació, eran socialdemócratas.

Cuando se crean los BRICS en 2009, ya había una agenda más contradictoria, o más bien tres agendas. Una de ellas venía del propio IBAS: luchar por mejores acuerdos comerciales, proteger a los agricultores y así. Pero las otras dos son importantes. La segunda fue la defensa del multilateralismo, pero no era una propuesta socialista. Simplemente significaba que las elites de Brasil, de Rusia, de Sudáfrica, de China y de India deberían tener un lugar en la mesa. La tercera era la cooperación comercial Sur-Sur. Negocios de indios con brasileños, exportaciones brasileñas a Sudáfrica y así por el estilo.

Los BRICS siempre estuvieron limitados por el carácter de clase de sus gobiernos. Y van a continuar, porque son importantes. Las empresas de Brasil quieren entrar en el mercado indio. Entonces, los BRICS no se van a disolver. La gente cree que los BRICS son un instrumento político, con aquella idea del multilateralismo. Pero ese es un abordaje bastante equivocado respecto a los BRICS. No son simplemente un instrumento político. Se trata de cuestiones de negocios en esta parte del mundo, temas militares, de armamento, todo tipo de cosas, en esta parte del mundo. No son cosas que nos vayan a hacer felices ni a usted ni a mí .

Claro que el multilateralismo es importante. Pero ahora que India, Brasil y Sudáfrica están siendo gobernados por clases muy próximas de los Estados Unidos, los BRICS van a continuar, pero el otro polo son Rusia y China. Y eso cambió la orientación geopolítica.

El avance de la extrema derecha en diversas regiones impone un debate interesante sobre el uso del término «fascismo». Algunos teóricos dicen que el fascismo sucedió en Italia en un contexto específico del siglo XX y no puede ser comparado con otros gobiernos o regímenes. Otros analistas dicen que las semejanzas son tan grandes que es imposible usar otra denominación. ¿Cuál es su posición en ese debate? ¿Debemos o no llamarlos fascistas? ¿O esa terminología no debería ser una preocupación en este momento?

Esos debates son importantes, pero la cuestión no es llegar solos al análisis correcto. La cuestión es promover un debate para aclarar cómo entendemos conjuntamente la coyuntura actual. La razón por la cual volvemos la mirada a los años 1920 y 1930 es para entender lo que fue el autoritarismo dentro de la democracia. ¿Cómo se expresaba en aquella época? Porque, al final, [Benito] Mussolini y [Adolf] Hitler llegaron al poder a través de la democracia, por las urnas, y luego profundizaron el papel autoritario de la política en la sociedad.

Pero el contexto que produjo a Hitler y a Mussolini, a los fascistas y los nazis, era muy diferente del contexto actual. En esa época, el encargo principal que los capitalistas y la burguesía les dieron era llegar al poder y aplastar al movimiento de los trabajadores. Esa era la tarea principal de los fascistas y nazis clásicos de comienzos del siglo XX. Hoy, los movimientos de trabajadores son mucho más débiles. El encargo de la burguesía no fue: «Eh, fascistas, vuelvan al poder y destruyan el movimiento de los trabajadores.» No es la misma situación. No es correcto argumentar por analogías. Digamos: hoy tenemos líderes que dan declaraciones horribles, que quieren encerrar a los periodistas, se alega que se parecen a los fascistas y, por lo tanto, son iguales. No. Vamos a mirar la coyuntura actual como es.

En el período neoliberal, las políticas neoliberales tuvieron dos efectos. Uno fue debilitar mucho el poder de organización de los campesinos y trabajadores, de todos los tipos de trabajadores de la sociedad. No fue sólo su poder de negociación que disminuyó. Su capacidad de auto organizarse disminuyó. En mi opinión, eso es muy importante. Tenemos sindicatos menos fuertes hoy y eso creó una situación explosiva y la burguesía se enriqueció cada vez más en ese período.

Thomas Piketty presentó datos que comprueban lo que ya sabíamos: existe una desigualdad inmensa. La burguesía temía mucho que el aumento de la desigualdad llevase el potencial de convulsión social. Vimos la irrupción de revueltas por comida, el «Caracazo» en Venezuela. Se hicieron levantamientos contra las elites.

En ese momento, se observa la intensificación del giro hacia la derecha. La elite comienza a perseguir determinadas poblaciones, feministas, minorías, refugiados, migrantes, y comienza a culparlos. Diciendo cosas como: «Usted no tiene empleo por culpa de los migrantes.» Fueron los neoliberales que introdujeron esas ideas en el discurso político para mantener el control del sistema.

Pero los neoliberales se agotaron. Todo mundo sabe que ellos fueron los responsables por la desigualdad y por la degradación. Y fue en ese momento, con la izquierda muy debilitada, que la extrema derecha, la derecha autoritaria, aparece y se apropia de lo que los neoliberales introdujeron. Los neoliberales decían que no se podía permitir mucha migración porque amenazaba el empleo. La extrema derecha tomó esa narrativa y la llevó al extremo, hasta una perversidad terrible, y llegó al poder.

Como entiendo el crecimiento de esos neo-autoritarios y neofascistas es que ellos no son fascistas convencionales del siglo XX. Son algo bastante diferente. No necesitan destruir las instituciones de la democracia, sino simplemente vaciarlas. Aún hay elecciones, parlamentos y todo lo demás. No necesitan una dictadura, porque vaciaron el concepto de democracia. Por vías autoritarias e ideológicas, vaciaron la democracia, la prensa, la capacidad de debate de las personas, y es así como crean esa perversidad de extrema derecha. Es diferente de lo que sucedió a comienzos del siglo XX.

Tenemos que aprender de aquel momento para afinar nuestro análisis, pero necesitamos también un análisis de las condiciones concretas del período actual.

El dossier publicado en julio por el Instituto Tricontinental mostró que la informalidad alcanza a cerca del 90% de los trabajadores en la India. El índice de sindicalización también es muy bajo. Aquí en Brasil, los sindicatos fueron blanco de varios ataques por parte de los últimos dos presidentes. ¿Se puede pensar en organizar a los trabajadores por fuera de los sindicatos? ¿Quiero decir, existen alternativas más allá de esa estructura formal de organización?

El objetivo de la sindicalización y de la construcción de sindicatos no es construir el sindicato. El objetivo de toda esa lucha es construir la confianza y la capacidad de las y los trabajadores y campesinos. El objetivo no es que exista el sindicato, sino tener una clase trabajadora y un campesinado organizado que puedan desafiar políticamente a la burguesía. Esa es la cuestión. El sindicato por sí sólo no es suficiente. Entendemos la importancia de los sindicatos, pero ese no es el objetivo. Los sindicatos son simplemente una forma de fortalecer el poder de la clase trabajadora.

Los sindicatos entendieron que es cada vez más difícil organizar a los trabajadores en el lado de la producción. Las fábricas se volvieron casi cárceles. Es muy difícil organizarse en ellas. La jornada de trabajo está tan rígidamente regulada que parece un cuartel. No pueden ir al baño, no pueden levantar la cabeza, no pueden conversar. Parece una cárcel. Las fábricas contemporáneas tienen una construcción muy cruel para lograr hiperproductividad.

Por causa de esta dificultad, los sindicatos comenzaron a pensar: «Vamos a organizar a las y los trabajadores en el lugar donde viven.» Porque la gran cuestión es organizar a los trabajadores. Si se los organiza en el lugar donde viven, ellos pueden llevar la lucha a la fábrica. Entonces los sindicatos se han vuelto muy creativos para construir el poder de los trabajadores. Eso es lo que necesitamos comenzar a mirar, las oportunidades de construir el poder de los trabajadores y campesinos.

Obviamente, el lugar de la producción es importante, la industria, el agro negocio. Pero si se consigue organizarlos en otro lugar, si construyen confianza en otro lugar, si ellos construyen su propia fuerza en otro lugar, ellos llevarán esa experiencia directamente a la fábrica. Entonces los sindicatos están experimentando cosas nuevas. Por eso estamos interesados en entender qué están haciendo y dónde.

Hablando acerca de organizar a los trabajadores fuera de las fábricas o en el lugar donde viven, en Venezuela tenemos la experiencia de las comunas, por ejemplo. Aquí en América Latina, a menudo decimos que Venezuela se volvió el símbolo de la lucha de clases en el ámbito geopolítico. Somos países vecinos, amigos, y también estamos muy atentos a lo que está sucediendo allá, prestando solidaridad al pueblo venezolano, que ha resistido valientemente a diversos intentos de golpe. ¿Cómo interpreta la situación de Venezuela el Partido Comunista de la India – Marxista? ¿Cómo llegan a la India las noticias sobre el gobierno de Nicolás Maduro y que tipo de información tiene sobre la Revolución Bolivariana?

La primera cosa que quiero decir es que el poder del legado de [Hugo] Chávez es inmenso. Entre las fuerzas de izquierda de todo el mundo, va a ser muy difícil para los imperialistas alejarnos de la revolución bolivariana como proceso, por causa del impacto que Chávez tuvo para nosotros.

No debemos nunca subestimar el poder de individuos. Chávez consiguió absorber la energía del pueblo y se volvió su símbolo. Cuando murió, hubo gente de lejos, hasta de la India, que lloró. No estoy siendo sentimental, sino simplemente diciendo que el legado de Chávez permitió que, personas en lugares como la India, Indonesia y grandes países asiáticos, entendieran la revolución bolivariana como un proceso, no un fin en sí misma.

Sabemos que ese es el campo de la lucha de clases. Sabemos que el imperialismo quiere atacar y destruir Venezuela. Sabemos muy bien que el ataque contra Irán es diferente del emprendido contra Venezuela.  Venezuela está realizando un experimento con el socialismo. Irán no. Sabemos que hay grandes diferencias. Nuestra solidaridad para con pueblo iraní es fuerte y profunda, pero es diferente de la solidaridad con la Revolución Bolivariana. Incluso con todos los errores que cometieron – y fueron muchos –, continúan su experimento hacia el socialismo. Y allí es que yace nuestra solidaridad.

Sabemos que el interés del imperialismo por Venezuela no es para crear la llamada democracia. Todo el mundo sabe eso. Sabemos muy bien cómo opera ideológicamente el imperialismo. En nuestro partido, expresamos nuestra absoluta solidaridad con la revolución bolivariana. Eso está claro, obviamente. Pero, en la India, el impacto de la ideología imperialista es inmenso, y las personas dicen cosas huecas, como «¿ah, por qué no negocian?» Bueno, ¡ellos están negociando! Los hechos son tergiversados contra el proceso.

La verdad sea dicha – y en Brasil también es así –, es difícil convencer a más de la mitad de la población. ¿Cuál es porcentaje de la población que apoya a Venezuela? No es mucha gente. En parte porque la ideología imperialista es muy fuerte y poderosa. Es por eso por lo que nos comprometemos con la batalla de ideas como una parte explícita de nuestra agenda. No basta expresar apoyo a Cuba o a Venezuela, hace falta también explicar los motivos de ese apoyo. Esa es la batalla de ideas.

La solidaridad es insuficiente. Es preciso entender el porqué de esa solidaridad. Eso levanta la cuestión de qué es la batalla de ideas. Es una batalla entre las fuerzas del capitalismo imperialista, esencialmente, y las fuerzas que dicen que necesitamos otra cosa. Usted puede llamar a esa otra cosa «socialismo», «comunismo», «bolivarianismo». Sea cual sea el nombre, el punto es que queremos experimentar cosas diferentes. Ese es el corazón de la batalla de ideas. En eso estamos involucrados. No es sólo prestar solidaridad de forma débil. Estamos luchando contra el imperialismo. Esa es nuestra comprensión principal.

Y las noticias sobre el encarcelamiento de Lula, ¿cómo llegan a la India? ¿Es más fácil convencer a la población india de la importancia de la solidaridad con el que en el caso de Maduro, por ejemplo?

Vamos más una vez hablar de una cosa muy difícil. Es muy difícil entender el proceso judicial brasileño. Nadie entiende eso bien, realmente. Segunda instancia, tribunal de eso y de aquello… ¿Fue acusado? ¿Hubo un juicio? ¿Fue condenado? ¿Qué dijo el juez? Leímos los documentos de The Intercept, y fue más fácil leer el resumen, porque es difícil de entender lo que está sucediendo. Es una barrera real. Cada país tiene un sistema jurídico diferente, diferentes entendimientos.

Lo que está quedando cada vez más claro es este concepto de guerra híbrida. Hay una guerra híbrida en curso en el planeta. Ese es un concepto que queremos reforzar mucho en todo el mundo. La gente necesita entender que hay una batalla contra la democracia.

Visité la Vigilia [Lula Libre] en Curitiba el domingo [4], y me pidieron hablar. Dije que la democracia está presa. Lula es un ser humano. Lula lideró un gobierno cuando había una cierta correlación de fuerzas entre las clases. La cuestión no es si a usted le gusta o no Lula. Esa discusión es ridícula. La cuestión real es que la ofensiva contra el derecho de Lula de participar en las elecciones a la presidencia fue un ataque contra la democracia. Eso es lo que necesitamos entender y explicar a la población.

Eso está sucediendo en todo el mundo. Los procesos democráticos están esencialmente siendo destruidos a servicio de tener una forma muy limitada de gobierno de elite contra el pueblo. Esa es la cuestión primordial. Si nos quedamos en la minucia de los hechos sobre la Lava Jato, un apartamento, alguien dijo eso, alguien hizo lo otro, nadie va a entender. Pero se puede entender que los derechos democráticos están siendo eliminados.

Usted mencionó que en la India el proceso es diferente. Para nosotros, es importante trazar esos paralelos. Sabemos que algunos desafíos que enfrenta la clase trabajadora desde las últimas elecciones son comunes en Brasil y en la India. En los últimos años, la derecha nacionalista se consolidó en los dos países y viene adoptando políticas de austeridad con trazos de autoritarismo. ¿Se puede comparar al [primer ministro indio Narendra] Modi con Bolsonaro? En su opinión, ¿cuales son las principales semejanzas y diferencias entre ellos?

En cierto sentido, los dos países tuvieron trayectorias de subdesarrollo parecidas. Son países muy grandes, dominantes en su propia región en términos de tamaño y economía. Los dos pasaron por «revoluciones verdes» parecidas. En Brasil, hubo una dictadura, nosotros no la necesitamos. Se implementaron el mismo tipo de políticas sin un régimen dictatorial. Ustedes destacan como la dictadura fue terrible, pero nosotros enfrentamos el mismo tipo de cosas en una democracia.

Esas son las limitaciones de la democracia y también de mirar sólo un país. Ustedes creen que el problema fue la dictadura, pero no. La dictadura fue simplemente la forma que adquirió el poder de las elites. Si no hubieran tenido una dictadura, tal vez habrían llegado a las mismas políticas de cualquier forma. Dominación del agro negocio, expulsión de los campesinos de sus tierras, nosotros tuvimos todo eso. Acuérdense que 400.000 pequeños agricultores indios cometieron suicidio desde 1995. Esa es una consecuencia de la revolución verde, que sucedió antes y también en Brasil.

Brasil tiene una trayectoria propia también. Tiene una historia propia, un largo período de esclavitud, y nunca pasó por una revolución. La independencia de Brasil sucedió porque el rey le dijo a su hijo: «Toma, es tuyo.» Eso no es una revolución. En Venezuela y en otras partes de América Latina, hubo diversas experiencias de lucha. En la India, luchamos contra los británicos.

Lo que estoy diciendo es que hay diferencias y semejanzas. Esas cuestiones deben ser consideradas, pero el análisis no puede ser superficial. Solo porque Bolsonaro es un payaso y Modi es otro, no significa que existan semejanzas. Al mismo tempo, están [Recep Tayyip] Erdogan en Turquía, Trump… Tenemos que considerar tanto la teoría que explica por qué ellos surgieron – y creo que eso es común – como la naturaleza específica de la historia de cada país que es diferente.

Es el entendimiento común sobre la ascensión de un cierto tipo de política lo que nos ayuda a comprender con más profundidad el surgimiento de esa política. Pero para derrotar a esa política, se necesita entender esas cuestiones en común y también tener una comprensión profunda de la historia de su país.

En ese contexto, ¿dónde encuentra esperanza? ¿Cuál es el papel de los medios alternativos y de la intelectualidad en Brasil y en la India en una coyuntura tan desfavorable para la clase trabajadora?

Como periodistas, nuestro papel involucra una serie de cosas. Una es exponer la naturaleza de la realidad. Debemos mostrar cuan terribles están las cosas, pero también destacar casos en los que las personas hacen cosas increíbles. A veces, la izquierda no lo hace suficientemente.

No estoy ni siquiera hablando de hacer noticias sobre tal asentamiento que hizo tal cosa especial. Cuando una joven de clase trabajadora, contrariando todas las estadísticas, consigue ir a la universidad y terminar un doctorado, ¿por qué no escribimos sobre esa joven? ¿Por qué no promovemos historias sobre las enormes conquistas de las personas de la clase trabajadora y campesina? Permitimos que la burguesía cuente esas historias como si fueran un caso de éxito del sistema. Deberíamos ir allá a entrevistar a esa joven que creció en un campamento o asentamiento del MST [Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra], estudió allá y consiguió terminar el doctorado. Debemos escribir sobre las dificultades que ella enfrentó en la vida. Es una inspiración.

Por algún motivo, sentimos vergüenza de la inspiración. Solo queremos escribir sobre imperialismo y lo que acontece en lo macro.

Solo malas noticias…

Si. Y son las pequeñas cosas de la vida que, a veces, despiertan el sentimiento de que conseguimos seguir adelante.

La izquierda necesita mostrar a las masas que, con nuestras luchas y con nuestro trabajo, producimos soluciones inmediatas a los problemas y también tenemos una visión de largo plazo. Y no debemos tener vergüenza de esas soluciones inmediatas.

Visité un campamento bautizado en homenaje a Marielle Franco, cerca de Campinas. Allá existe una dificultad de acceso al agua y nos mostraron donde había una fuente de agua. Dos chicas nos acompañaron. En medio de la conversación, ellas comenzaron a contarnos que están estudiando inglés. Son dos chicas en un campamento, en Brasil, felices contando sobre sus clases de inglés. Me quedé aún con más ganas de abrazarlas. ¿Por qué? Por que ellas no miran al mundo y dicen: «Todo se está yendo al diablo». Ellas lo miran y dicen: «Que felicidad estar viva. Estoy en clases de inglés. Voy a aprender alguna cosa, me gusta pasear con ustedes por mi campamento, donde no tenemos agua.»

Cuando escriba el reportaje sobre esa visita, voy a incluir eso en la historia. El reportaje no es sólo sobre el hombre que murió atropellado, lo terrible que fue eso y como todos están sufriendo. No es eso. Allá están esas dos chicas que están aprendiendo inglés, porque ellas pueden querer leer alguna cosa y sentir que pueden hacer del mundo un lugar mejor.

Incluso el militante que murió, a los 72 años, tenía muchos sueños.

Así es. Estaba estudiando, intentando sacar la licencia de conducir – lo que es irónico y triste. Pero también se estaba alfabetizando. Ahora el murió, pero ellas están vivas. No podemos contar sólo su historia. La historia de ellas también necesita ser contada.

15 de agosto de 2019.

(*) Traducción del inglés al español: Pilar Troya / Edición: José Eduardo Bernardes.

Fuente: https://www.brasildefato.com.br/2019/08/15/guerras-hibridas-estan-destruyendo-las-democracias-dice-historiador-vijay-prashad/

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