Chile por abajo: Las Asambleas Populares como síntoma del poder popular comunitario.

por Escuela Popular Permanente Concepción.

La lucha de clases está siempre activa, subterránea, invisible a simple vista, latente, aunque no se sienta en la vida pública, aunque se certifique su desaparición en los periodos de “paz social”, de “normalidad democrática”. La lucha de clases siempre reaparece de una forma u otra, bajo ropajes meramente economicistas, de exclusiva lucha salarial, pero resurge públicamente conforme se agudizan las contradicciones del sistema capitalista. Durante esta tendencia al alza asistimos a un creciente malestar popular, a incipientes luchas aisladas, espontaneas, apenas coordinadas, locales, luchas por objetivos inmediatos, defensivos, sin contenido político alguno. Las organizaciones revolucionarias deben estudiar atentamente estas señales para prever su evolución e influir en su interior. Neuberg cita los tres consejos de Lenin para valorar correctamente la marcha de las luchas: la creciente debilidad de la clase dominante para mantener su dominación; el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo del pueblo, el aumento de sus sufrimientos; y el aumento sensible de las luchas de las masas. (Iñali Gil de San Vicente).

Preámbulo necesario

A continuación, presentamos a ustedes algunas ideas para disparar trazos de lo que pudiese ser una política en aras de ir comprendiendo el salto emancipatorio que el pueblo ha dado a partir del levantamiento popular iniciado el 18 de octubre. Este texto emerge de lo discutido en la plenaria de la provincia, en la que se busca dar respuesta al trabajo y el despliegue en la coyuntura actual, considerándose elementos estratégicos que dicen relación con el poder popular comunitario.

LA LUCHA POR LA ASOCIATIVIDAD QUE FUE DESTRUIDA DESDE LA DICTADURA

Si hay algo que siempre le ha incomodado al entramado institucional es siquiera pensar en la posibilidad de que pudiese estar fraguándose en algún escondrijo de alguna ciudad o pueblo, un ente distinto, asimétrico, que quiebre la normalidad acostumbrada, que subvierta la palabra oficial y que haga que hombres y mujeres se junten y comuniquen por canales que escapen a su control y dominio.

O no se habla de eso o les incomoda. Esto no solo le sucede a la burguesía, sino que también a las capas medias, a los sectores ilustrados (politólogos, sociólogos, a esa izquierda boutique, etc.). Lo comentan, eso sí, pero lo miran desde la comodidad de la vidriera y el comedor (como diría Silvio). Por ejemplo, para la izquierda boutique es de moda escribir y mostrarse cerca de “La primera línea”, pero claro, para aparecer en una selfie y quitarle el carácter de pueblo definiéndolos como los “Robin Hood” que hacen el “trabajo sucio” para que ellxs puedan “hablar de política”, al son del cuchareo y el carraspeo de la “lacri” que les llega de lejos.

Para una organización revolucionaria, como estamos intentando serlo, es de suma importancia, comprender a cabalidad (o lo que más podamos) los movimientos profundos que desencadenan una rebelión que está en curso, que se abre el 18/O, que tiene sus momentos de algidez que pueden durar días o semanas (como efectivamente sucedió en Octubre y buena parte de Noviembre), y que aún nadie podría decir con meridiana certeza que se estaría cerrando. Lo único cierto es que se abrió la posibilidad de que el Estado neoliberal- burgués- policial- patriarcal, además de quedar develado en todas sus formas, puede caer, y por otro, que el pueblo haya dado un paso inmenso en su constitución y ha corrido de forma real el cerco del orden burgués que llevaba 47 años.

Entonces, también es menester, situarnos en tres niveles de análisis que dejaremos para más adelante, pero que mencionaremos por ahora: i) Comprender a cabalidad y ubicar a ese pueblo heroico de “la primera línea”[i][ii] en su justa dimensión, ergo uso de la violencia política de masas,  ii) determinar la composición en términos de  clases, su relación con el trabajo, composición etaria y  el grado de asociatividad de las personas que asisten a las grandes marchas y concentraciones en las distintas ciudades[iii] y iii) la relación existente entre el pueblo de la primera línea, las personas que marchan masivamente y las que asisten y debaten en las asambleas territoriales y/o populares.

Desde la perspectiva anterior, lo que ha ocurrido en estos días, con el boicot abierto a la PSU- neoliberal, no son más que la corroboración de que para el pueblo, y en especial para la juventud que gatilló el levantamiento popular, nada ha cambiado en términos estructurales, el modelo no se ha tocado y la responsabilidad la tiene el arcoíris político que le ha puesto atajos y obstáculos  institucionales al despertar de un pueblo que no le velarán sus ojos a pesar de la intensidad represiva con que se le ha contestado desde el régimen.

Y ahí radica la piedra de tope y de lo que nadie habla. Durante más de cuarenta años se ha construido un andamiaje institucional que se inaugura en las primeras horas de la dictadura cuyo objetivo fundamental era desarticular y eliminar físico- material, moral e históricamente la posibilidad siquiera de que los sectores populares de este país volvieran a constituir gérmenes de poder propios. El objetivo político estratégico del golpe de Estado era más que el derrocamiento de Allende, sin duda. Hasta antes del 73, de hecho, ya se sabía de importantes embriones de Poder de la clase trabajadora, y del inicio de una articulación superior con el campesinado cuyos escenarios territoriales estaban asentados en las poblaciones construidas alrededor de industrias y fábricas. Esta nueva institucionalidad que estaba construyendo el pueblo era la respuesta a la lentitud y/o los obstáculos que encontraban en la institucionalidad burguesa del mismo Allende y los partidos de la UP que se interponían al avance hacia la constitución del Poder Popular. Traer a la actualidad ese proceso del cual ya se ha historizado y chorreado bastante tinta es importante, no solamente como parte de nuestro “arsenal teórico” sino que también, es un insumo más para comprender la dinámica que pudiese incubar el proceso abierto el 18/O.

No obstante, si bien el cliché indica que los pueblos reemprenden sus luchas ahí donde las dejaron, las revoluciones, las insurrecciones, nunca son exactamente igual a las anteriores, aunque guardan en su memoria, ciertas formas que la emparentan, aprendizajes que las reencausan y peligros que la incuban. Pero, sobre todo, cuando el gigante popular decide emprender la marcha, trae oportunidades inmensas y nuevas, potencialidades que retroalimentan nuevos procesos revolucionarios, que combinan nuevas maneras de luchar, y también, de organizarse. Y es ahí donde el accionar del instrumento revolucionario debe aprender a ubicarse y ordenar su política. Es decir, la ubicación del pueblo en el proceso insurreccional o de levantamiento popular (como les gusta llamarle a otrxs) es crucial y todo nuestros esfuerzos humanos y materiales deben ser puestos a disposición de hacer madurar lo más que se pueda, y sin dilaciones ni atajos institucionales, la lucha por el derrocamiento violento del Estado Capitalista (entendido esto en toda su amplitud y no solo como definición de aparataje institucional) y  la constitución (que un levantamiento o proceso insurreccional trae aparejado) relacionado con los órganos de lucha y de decisión política que nace inmediatamente, en este caso, desde el levantamiento de Octubre.

Una primera definición sería, entonces, que las Asambleas Populares y/o territoriales autoconvocadas nacen dando respuesta, en primer lugar, al vacío que se produce cuando el Estado deja de ser un ente que dé respuestas a las necesidades por años incubadas y que son las contradicciones estructurales engendradas del modelo neoliberal. Es una respuesta “instintiva e histórica” del pueblo cuando ve a un gobierno que no gobierna, a un congreso escondido y paralizados por el miedo a la furia popular y la necesidad casi primigenia de las personas de dialogar con sus pares para resolver el qué hacer. Por mucho tiempo estuvimos preguntándonos cuales eran los espacios naturales del pueblo y estas Asambleas Autoconvocadas vienen a dar una primera respuesta a esto. Las Asambleas, son espacios sin una conducción reconocida que convoque (de ahí su nombre) y responden inconscientemente a la reconstrucción del tejido social y a la construcción de conciencia de clases para sí. Se dan en un contexto álgido de la lucha de clases, impensado durante 30 años, y pega un salto cualitativo y cuantitativo en la disposición de lucha política de amplias masas populares, reconstruyendo lazos políticos, pero también afectivos entre un pueblo que se había deconstruido como sujeto colectivo y había puesto cercos a la solidaridad y el compartir espontáneos.  En los hechos cotidianos, el pueblo inició el camino de instalación de un nuevo sentido común, trastocando el sentido común neoliberal, que queda gravemente lesionado.

Por otra parte, el menoscabo hacia lo que el pueblo hace sin el control incluso de la misma izquierda, llámese institucionalizada (domesticada) o no, es real. Existe en estos centros políticos nuevos y viejos (ambos tradicionales y vaciados) un desdén hacia lo que se conversa y resuelve en estas instancias comunitarias de los barrios y plazas de las ciudades. Para ellxs, las Asambleas solo son espacios en que se hace catarsis y aún están en el estadio del peticionismo y recuperación de los derechos sociales. No es político, dicen con menosprecio, y están a años o décadas de ser órganos de poder popular. Este “diagnóstico prejuiciado” tiene un componente real, pero no es el resultado de un análisis marxista sino es más bien una fotografía de un momento que no ve la dinámica del movimiento en curso y sus potencialidades, es decir, lo descontextualiza del momento histórico, no ve su componente o sujetx que lo encarna y solo se limita a rememorar un poder popular que para muchxs es de libros o solo lo recuerdan en sus aspectos “románticos”.

Ahora bien, no podemos dejar de machacar que estamos ante el primer embate de nuestro pueblo después de 30- 40 años de derrotas. La desconstitución fue histórica y, recién en el primer lustro del siglo en curso, se empiezan a ver los primeros indicios de constitución que fueron alimentados por luchas heroicas sectoriales (portuarias, mineras, forestales, públicos y estudiantes secundarixs). Lo anterior, no es majadería, sino que es la corroboración fehaciente de que lo que inicia el 18/O es el proceso constituyente del pueblo, metafóricamente es el parto de la/el hija /o, esperadx. Desde esta óptica se podría entender por qué no debemos minimizar bajo ningún aspecto lo que ha parido el pueblo. Todo parto trae consigo una nueva criatura, parecida a otras, pero esencialmente distinta.

El amanecer del octubre chileno fue único, diverso, violento, masivo, joven y radical. Por tanto, sus formas organizativas debiesen responder a esas nuevas características. Si bien, los analistas de la primera hora compararon el levantamiento de octubre con lo sucesos de la “revuelta de la chaucha”, su distancia es interesante porque a diferencia de ese episodio, lo vivido hasta ahora tuvo características nacionales en pocas horas, mantuvo a un país en vilo por semanas (a lo menos 1 mes), no se trató de un- a sujeta única que puso en práctica su hastío al modelo, sino más bien el- la precariada joven que sale masivamente a la calle a tocar cacerolas y hacer barricadas, junto al- la estudiante secundarix que despliega su arsenal de lucha callejera aprendido en combates anteriores, cuya violencia, desobediencia y cuestionamiento a la propiedad pública y privada fue rápidamente entendida y avalada por el pueblo movilizado.  En esencia y de acuerdo a las características en cuanto a la sujetx del levantamiento de octubre, podríamos aventurar la hipótesis de que las personas que impulsan y dan sustento a las asambleas en curso, son esx precariadx (profesional o no, trabajadxr esporádicx, etc.) que no puede organizarse en su lugar de trabajo, o vive de su autoexplotación, pero que es capaz de manifestarse en las grandes convocatorias, se encapucha con el-la joven popular de la Primera Línea y encuentra en la Asamblea, un reducto donde puede expresar lo que quiere junto al- la vecina que vive las penurias de la precarización de la vida estando organizadxs o no en sindicatos. El rol del y la estudiante popular es dinamizador de estos espacios y aunque no se presentan como secundarixs o universitarixs, su bagaje en experiencia organizativa es diferenciable rápidamente a partir del lenguaje utilizado.

EJES DE INTERVENCIÓN

1. Nueva asociatividad

De lo anterior, se desprende también que estas asambleas apuntan a una nueva asociatividad, distinta de los partidos políticos y asociaciones de trabajadorxs tradicionales. Hay que comprenderla en un sentido amplio, como la capacidad que tiene el pueblo de dotarse de una organización y de un sentido de comunidad que le permite compartir de forma eficiente su vida. Esto, entra en diálogo, por ejemplo, con el avance de las formas de organización en clave feminista en que ya no bastaría con pensar en una organización popular de cara a la producción como eje central, sino que las asambleas tal y como se nos viene mostrando se presenta como el primer atisbo de organización que dé repuesta al binomio producción- reproducción de la vida. Ahí debemos situar la base de su importancia radical y de ahí nuestros esfuerzos por relevar su impronta.  En palabras simples, generar infraestructura popular, que propicie economías solidarias y nuevas, que además sean sostenibles y sustentables. Estos dos primeros ejes de intervención de una organización revolucionaria en el Chile actual, debiesen estar centrados en i)la capacidad de plantear y desarrollar nuevas formas de reproducción social ya que en las asambleas se plantea no volver a esa normalidad que nos tenía precarizadxs; y ii)Generar sesiones auto formativas mixtas para plantear temáticas como el patriarcado y las nuevas formas de asociatividad y de reproducción de la vida.

2. Identidad

Construcción cultural en torno a ciertos patrones específicos que nos hacen identificarnos en otrx como un igual, como un par, porque comparte: historia, visiones, vivencias, etc. Nos permite generar lazos y con ello confianzas. En toda actividad de la asamblea, nuestros esfuerzos deben estar puesto en generar en el vecino-a el reconocimiento de ser parte de un proceso que solo ellxs pueden desarrollar para mejorar sus condiciones de vida. Al mismo tiempo que la unión con el- la de al lado es una fortaleza al cual nos habían desacostumbradxs, por ende, somos el conjunto de personas que habitamos todos los días un espacio determinado lxs llamadxs a reconfigurarnos como sujetxs colectivxs. Visibilizar a la vecina, propiciando espacios seguros de intercambio de ideas es crucial. Escuchar a lxs ancianos de la pobla le da memoria a lo que se está desarrollando, involucrando a lxs niñxs en las asambleas es perspectivarlos al futuro, etc.

 3. Asamblea y nuevo Estado

Como apuesta de largo plazo las Asambleas deben tender a convertirse en el órgano mínimo constitutivo de una nueva institucionalidad del (la) precariada. La idea de poder popular comunitario debe ser una adquisición que debemos empezar a dominar para dar perspectiva histórica a lo que venimos emprendiendo como pueblo en marcha. Propugnar la toma de decisiones en forma democrática y directa es una prioridad de las asambleas, así como la revocabilidad y rotación de sus eventuales vocerías. En cuanto a su estructura, no podríamos, a priori, definir un tipo organizacional debido a que esto recién empieza y por supuesto lo determinará el vaivén de la lucha en curso. Las Asambleas Territoriales, deben constituirse piramidalmente, pero a la vez generar trabajo en red[1]. Esto sería una primera idea de articulación, pero puede que no sea la única y definitiva. De ahí, se puede inferir cierta importancia que adquieren los llamados a asambleas provinciales y la coordinación de asambleas a nivel nacional. Estos hitos acarrean peligros ligados a la cooptación y burocratización con tendencia a lo antidemocrático, es verdad, pero no por ello debemos desecharlos a priori, sin definirlos antes como espacios de disputas y acercamientos, de intercambio político y fortalecimiento de lo que cada asamblea desarrolla en territorios determinados. Debemos participar y alentar a la participación de las asambleas donde estemos en estos espacios para ir fogueando y madurando nuestro quehacer que necesariamente debe tener los pies firmes en el desarrollo de la asamblea en lugares concretos y reales.

Solo considerar algunos resguardos:

i) los niveles de conciencia de las personas participantes de las asambleas, en general, son incipientes;

ii) Hay una nueva subjetividad;

iii) estamos en un momento en que la gente está volviendo a participar y aunque se mire con desprecio a los políticos, las personas se están convirtiendo en sujetxs políticxs;

iv) hay desarrollo desigual entre asambleas y no se ha establecido un correlato claro entre las demandas reales y las soluciones reales que emerjan del esfuerzo colectivo y no del peticionismo al estado;

v) siempre y cuando la movilización se intensifique en las próximas semanas, las asambleas podrían oxigenarse y adquirir un desarrollo ascendente que podría tomar otro tipo de forma.

4. Alimentar la nueva subjetividad

Algo cambió en las formas de pensar de millones de personas en Chile. El después de octubre es a lo que hay que enfocarse. Hay una mayor inclinación a hablar de política, pero sin considerar tanto lo que diga el- la política de la tele. Se acabaron los programas de farándula y cada vez que a una persona se le da el espacio para hablar en TV aprovecha de decir que está de acuerdo con la movilización en curso y plantea alguna demanda del pueblo ampliamente divulgada, de paso fustigando a lxs políticxs de siempre. Todo lo que represente al gobierno y a sus órganos represores es repudiado ferozmente por el pueblo que se ha movilizado, etc.

¿Cuánto durará este nuevo sentido común? Es incierto. El enemigo trabaja en ello desde la noche del 15 de noviembre con su “acuerdo de paz” entre lxs políticxs.

¿Cómo se podría “aprovechar” esta nueva subjetividad? Interviniendo como revolucionarixs. Nuestro rol debe ser de dinamizador y articulación de todo lo que se encamine a la constitución de sujetx y poder del pueblo aquí y ahora. Implementando nuevas metodologías para que la vecina-o sea capaz de hablar, de expresarse en forma artística, cultural, ensayando y dinamizando formas de comunicaciones seguras, haciendo talleres sobre las temáticas emergentes, fomentando y explicando formas embrionarias de intercambio económico, haciendo talleres sobre cooperativas de consumo, perspectivando la crisis económica y formas de ayudas y solidaridad colectiva  (comprando juntxs, ollas comunes, onces/ cenas comunitarias, truques, etc.); formando círculos de hombres y mujeres a partir de las mismas asambleas para hablar sobre patriarcado y violencia machista, de la doble explotación hacia la mujer, de los DDHH, de nuestra relación entre el bienestar humanos y la naturaleza, en definitiva, comenzar desde ya a sentar las bases de la mujer y hombre nuevos, de la nueva humanidad. Pero, es fundamental que esto se impulse o nazca de las asambleas realmente existentes y no sea la imposición o sustituismo desde afuera. Esto último tarde o temprano se cae y se quedan mirando lxs mismxs militantes políticxs o sociales de siempre. Tampoco, las asambleas pueden reducirse a un sector de una orgánica por muy revolucionaria que se presente en el papel. Esto sería un error político estratégico si se piensa que, de acuerdo a las características esbozadas anteriormente y su capacidad de respuesta, la Asamblea es esencialmente multi- sectorial, tal y como debe ser el poder del pueblo.

La agenda del pueblo

Las movilizaciones se mantienen en varias ciudades de Chile y en días predeterminados. El movimiento feminista trascendió las fronteras con su denuncia al estado opresor y luego vinieron lxs secundarixs otra vez a abrir la educación como conflicto. Esto demuestra que la agenda del pueblo debe enfatizar fechas distintas al itinerario institucional, poniendo énfasis en que la constituyente popular está en su curso. Ahí está la importancia de El Encuentro de las mujeres que luchan, de la lucha contra la PSU, del inicio del año escolar en marzo, del 8 de marzo, del día del joven combatiente, etc. Es decir, si oponemos a la coyuntura que quieren imponernos desde arriba, escenarios de luchas, el pueblo no esperará la constitución nueva de lxs poderosxs.  No olvidemos que todos los sectores políticos con representación en el parlamento ya cerraron filas detrás del calendario del gobierno, incluidos organizaciones por fuera de la domesticación institucional. El bombardeo comunicacional será potente e intenso. No obstante, solo habría que recordar cuál es el grado de legitimidad que tienen esos conglomerados políticos y cuál fue la real participación en esa insípida consulta de los alcaldes. Quizá, y habría que afinarlo mejor, mantener una política ordenada alrededor de Fuera Piñera, ninguna confianza en el parlamento, cárcel a Piñera. Chadwick, Blumel, Rozas y cómplices, no más alzas, que la crisis la paguen los ricos, etc, podría ayudar a ordenar algunas respuestas por abajo y a articularnos de mejor manera con otras organizaciones hermanas.

Escuela Popular Permanente

Concepción, enero de 2020

 

Notas:

1Se recomienda leer: Retrato de un clan de la Primera Línea: https://ciperchile.cl/2020/01/06/retrato-de-un-clan-de-la-primera-linea/

2Es pertinente leer una nota de “El Mostrador” ,  Encuesta “Zona Cero”: radiografía de los manifestantes de la Plaza de la Dignidad: https://m.elmostrador.cl/noticias/pais/2020/01/03/encuesta-zona-cero-radiografia-de-los-manifestantes-de-la-plaza-de-la-dignidad/amp/?__twitter_impression=true

… dato relevante es que mayoritariamente el manifestante no pertenece a un grupo organizado, lo que ocurre en el 64,2% de los casos. Solo el 35,2% dice estar vinculado a un centro de estudiantes, juntas de vecinos o partidos políticos.

Asimismo, para casi la mitad de los encuestados, la participación en las convocatorias de la denominada “Plaza de la Dignidad” ha sido su primera experiencia constante en protestas, porque un 43,21% de los casos sólo a veces y rara vez habían participado en manifestaciones en los últimos 10 años y un 8,9% nunca se había manifestado antes del estallido social.

3 i. Piramidalización: Para generar instancias asociativas que logren auto representar a sus integrantes cuando son muchxs y de diversos territorios, es necesario complejizar su estructura, es decir, establecer nuevas reglas y actores que permitan un diálogo efectivo entre diversos espacios asamblearios. Para ello se eligen vocerxs, que son representantes de la asamblea, cuya única facultad es comunicar lo que la asamblea delibera. Este vocero puede actuar junto con otrxs representantes de otros lugares, generando una estructura que finalmente (por cuestiones mayoritariamente logísticas) se tornan piramidales. Debemos garantizar que la cúspide de la pirámide no debe gozar de ningún privilegio del que no goce la base y generar espacios democráticos.

ii. Trabajo en red: posibilidad de articular franjas más extensas para políticas concretas. Nos va a permitir tener un organismo vivo, con una vida que sobrepase a una asamblea en particular y que sobrepase incluso el espacio asambleario mismo. Es una sumatoria de fuerzas. Si se articula el trabajo de muchas personas que desarrollan la educación popular, por ejemplo, pueden ser capaces de generar muchos cambios en muy poco tiempo.

 

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