Confinamiento indiscriminado: Encerradas con un agresor.

La cuarentena por coronavirus aumenta la violencia intrafamiliar.

La ONU Mujeres lo advirtió: la cuarentena por Covid-19 puede aumentar la violencia contra la mujer. En China, Francia, Italia y Corea las cifras mostraban un alza de al menos 30%. En Chile los organismos de la sociedad civil que trabajan estos temas han notado también un crecimiento. Y la línea 1455 del Ministerio de la Mujer ha incrementado su flujo de llamados en un 125% en los últimos 10 días. En estos tiempos de encierro, hay mujeres que viven una silenciosa violencia puertas adentro.

La llamada ocurre de madrugada. La llamada es una súplica que se escucha en voz baja. Es la voz de una mujer. La otra, la que la escucha, reacciona. Se levanta, se viste, hace unas llamadas a otras más. ¿Qué hacemos? ¿Cómo la sacamos de ahí? Santiago aún está oscuro. Hay toque de queda, cuarentena desde hace más de una semana, una pandemia viral. Piden un taxi que tiene un permiso especial. Entonces ella y las otras atraviesan las calles hasta que llegan a una dirección. Entran juntas, como una manada, y la sacan de allí. La sacan de la casa mientras su agresor duerme y se la llevan al hogar de una de ellas. “Aquí te quedas a pasar la cuarentena”, le dicen y ella asiente. La historia me la cuentan así. En secreto y a través de una cadena de mujeres cuyas identidades no se revelan. Dicen que ella, a quien llamaremos G, está bien. Que él, su agresor, que además quedó sin trabajo, podría haberla matado en estos días en los que estaban 24/7 juntos por el encierro y la pandemia. Dicen que menos mal no fue así. Menos mal, repito yo.

La ONU Mujeres dio la alerta los primeros días de marzo. El informe dice que en una cuarentena “aumentan los riesgos de violencia contra las mujeres y las niñas, especialmente violencia doméstica, debido al aumento de las tensiones en el hogar y puede también aumentar el aislamiento de las mujeres”. Según la misma organización, en China ya pasó: hubo un 30% más de denuncias por violencia doméstica durante el período de encierro. En Italia, Corea y Francia también.

Pocos días después, las instituciones que trabajan en torno al fenómeno en Chile empezaron a recibir más llamados pidiendo ayuda y orientación. Sólo en los últimos diez días, el número 1455 -la línea de atención telefónica del Ministerio de la Mujer- aumentó su flujo de llamadas en un 125%; según Loreto Franco, jefa de la Unidad de Violencia contra la Mujer del Sernameg.

La Tercera Encuesta Nacional de Violencia Intrafamiliar contra la Mujer y Delitos Sexuales de la Subsecretaría de la Prevención del Delito arrojó que el 30% de las mujeres en Chile viven o han vivido violencia intrafamiliar y de pareja. Según la trabajadora social María José Herrera Lillo, que en la Fundación Honra trabaja con mujeres víctimas de violencia, frente a la actual de cuarentena no sólo ese porcentaje podría sufrir agresiones. La especialista advierte: “Quienes venían experimentando esta violencia han visto incrementado el riesgo. Pero quienes no lo han experimentado antes, lo pueden empezar a vivir hoy por este contexto especial”.

PELIGROS DEL ENCIERRO

Antes eran una o dos llamadas a la semana. Pero desde que comenzó la cuarentena, en Fundación Honra han recibido al menos entre 3 y 4 llamadas al día por violencia intrafamiliar. En general, son amigos, familiares o cercanos de la mujer que es víctima. Quieren saber qué pueden hacer, cómo pueden ayudar. Ingrid Segura, directora de la Fundación, dice: “Ahora hay muchos agravantes para el tema de la violencia contra la mujer, principalmente el económico. Hay muchos hombres en casa y cesantes, con más tiempo libre, a veces en casas pequeñas donde hay hacinamiento. Va a haber desempleo y a eso se le suma esta ley que se aprobó en la que el empleador no está obligado a pagar el sueldo, el aumento de consumo de alcohol y drogas y de cuadros de ansiedad y depresión por el encierro. También el no tener acceso a fuentes de recreación. Todo eso va a agravar la situación. Creo que se va a disparar la cifra de violencia. Esperemos que no, pero en nuestro reporte ha sido así”.

La sicóloga Francisca Pérez Prado, directora de la Corporación La Morada, coincide. “Estamos en una situación doble o triplemente grave: mayor encierro, mayor agudización de las tensiones al interior de la vida de pareja y familiar y la disminución de recursos públicos y sociales disponibles para las víctimas: los centros de mujer y organizaciones que acogen estos casos están trabajando a distancia, igual que la policía y tribunales. Las redes de apoyo están lejos también”.  La trabajadora social María José Herrera Lillo agrega: “En general lo que hacemos en estos casos es aumentar los factores protectores para esa mujer, su red la apoyo. Pero ahora esas redes no están operativas por el confinamiento. Y nosotros no tenemos la posibilidad del contacto directo para generar contención y apoyo. El teléfono y la videollamada ahora son las maneras para trabajar en reparación y maltrato”.

Foto: Agencia Uno

Debido a esta contingencia, la mayoría de los países tomaron medidas. En España y Francia, los respectivos Ministerios de Equidad de Género habilitaron hoteles para recibir a las víctimas durante la cuarentena después de comprobar que había alrededor de un 30% de aumento de denuncias desde que había comenzado la pandemia y el encierro. En Chile, el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género junto con Sernameg reforzaron la línea de atención 1455 que atiende las 24 horas. “Es un teléfono de orientación e información para personas que puedan estar viviendo violencia intrafamiliar ejercida por su pareja o ex pareja. Damos la información y hacemos derivaciones pertinentes con Carabineros, PDI o quien corresponda. Los centros de la mujer están atendiendo de manera remota por turnos de atención con nuestros psicólogos, asistentes sociales y abogados. Las casas de acogida siguen funcionando normalmente. Actualmente la ocupación es de 52%, así es que tenemos disponibilidad”, afirma Loreto Franco, de la Unidad de Violencia contra la Mujer de Sernameg.

Con esta misma inquietud, la presidenta del Senado, Adriana Muñoz, introdujo una indicación al proyecto de ley acerca del funcionamiento del Poder Judicial en estos días para que las causas por violencia de género no fueran aplazadas y fueran atendidas al ritmo de siempre. Finalmente, en la comisión constituyente no aprobaron esta indicación. Dice la senadora: “Las mujeres tenemos la experiencia de que el hogar no es un espacio seguro. Este aislamiento puede provocar hostilidad, no saber cómo controlar la monotonía diaria, los adolescentes que quieren vivir más fuera que dentro, se generan roces con los padres, se trastoca la vida cotidiana de la familia. Es otro impacto de esta crisis sanitaria”.

En la Asociación de Abogadas Feministas, Abofem, que otorga asesoría legal gratuita a mujeres por diversos temas, también han notado más inquietud por este asunto. Sólo en las últimas semanas, la abogada María José Bruno, especializada en temas de género y políticas públicas con igualdad, ha recibido varios correos de mujeres que preguntan qué hacer en caso de violencia. “Lo que más quieren saber es qué hacer, qué pasa si Carabineros no les quiere tomar la denuncia y la mayoría pregunta qué sacan con denunciar. Obviamente las oriento que denuncien para que tengan una medida cautelar”, dice.

Aunque no está yendo a trabajar presencialmente, la asistente social María José Herrera Lillo se ha mantenido en contacto con las mujeres que ha atendido por temas de vulnerabilidad social y violencia. Así, supo que en estos días de pandemia todas quedaron desempleadas. En general, son vendedoras ambulantes de ferias libres, trabajadoras de casa particular, aseadoras. “Ahora dependen del aporte económico del hombre que puede estar o no con ellas. Ahí hay otra forma de violencia: la económica y que se puede mantener incluso después de la separación. Las mujeres tenemos trabajos más precarizados que los hombres y eso acrecienta nuestra vulnerabilidad”, explica.

MUJERES ORGANIZADAS

Lo que más preocupa a la asistente social María José Herrera Lillo es que el aumento de violencia doméstica se pueda extender hacia hogares donde antes no había antecedentes. Hace unos días, una dueña de casa de 45 años le contó que por todo el contexto había estado deprimida, angustiada y sin ganas de hacer las cosas de la casa. Entonces su marido, trabajador de la construcción, también estresado por todo lo que está pasando y sin saber si va a tener sueldo, llegó a la casa y se enfureció porque no estaba todo listo. Golpeó las puertas y las paredes. La insultó: “¡Puta que erís floja! ¡No sabes hacer nada!”. “Claro, no ejerció violencia física. Pero es violencia psicológica y simbólica. Alguna vez atendí a una mujer que durante siete años su pareja no le tocó un pelo, pero él dormía con un cuchillo en el velador. Eso es violencia simbólica”, dice ella. Hace poco leyó de otro caso muy parecido al caso de G: ante la alerta de violencia, un grupo feminista se organizó por Facebook y juntas sacaron a la afectada del lado de su agresor. Eso ya lo había visto antes: cómo grupos de mujeres organizadas rescataban a una víctima y luego juntaban ropa de bebé, comida, dinero para ella. “Son grupos donde no te conocen, pero todas se apañan solo por el hecho de ser mujer”, cuenta.

Foto: Agencia Uno

A Francisca Pérez Prado, de La Morada, esto no le llama la atención. Desde hace un tiempo está viendo cómo las mujeres recurren más a organizaciones de la sociedad civil para resolver este tipo de problemas: “Hay una crisis de confianza con el aparato público; la gente siente que el sistema en vez de proteger a las personas, las pone más en riesgo. Todo lo que constituye el sistema público de recepción, atención, acompañamiento en casos de violencia contra la mujer es deficitario. Eso se planteó en la interpelación a la ex ministra Plá y es de larga data. Chile no ha cumplido con sus compromisos nacionales e internacionales en temas de violencia de género. No existe un trabajo eficiente del punto de vista de otorgar condiciones mínimas de seguridad”. María José Herrera Lillo está de acuerdo: “Las mujeres no confían en el Ministerio de la Mujer ni en la policía. Las derivaciones que hace Carabineros son voluntarias, no obligatorias, y muchas instancias oficiales no cuentan con profesionales calificados para atender estas problemáticas. Las medidas como llamadas de emergencia, alarmas de ruido que no sirven para nada y medidas cautelares de alejamiento en la práctica no se aplican porque los pacos no entran a sectores vulnerables. La comunidad LGTBQ no existe para la institucionalidad”. La especialista trabajó en casas de acogida para mujeres. “Para lo único que sirven es para disminuir los números de femicidio. Es importante, pero también generan dinámicas de dependencia que desarrollan con los agresores. Las mujeres no usan llaves, les revisan las piezas, funcionan como una cárcel. Ellas mismas les decían: módulo 1 y módulo 2”, relata.

Para la abogada María José Bruno, los operadores de justicia – fiscalía, defensoría, magistrados y las policías – no tienen enfoque de género. “Por eso siempre están estos prejuicios: que a las víctimas les gusta que les peguen, de nuevo está acá, va a volver con el agresor. No entienden la situación y su dinámica. Una mujer que está sin trabajo, es inmigrante y tiene hijos, va a volver con el agresor porque no es autónoma. Los fiscales muchas veces siguen tirando medidas cautelares. A veces es la cuarta denuncia, pero no les importa: siguen matando la causa porque el hecho no es tan grave. Muchas veces las mujeres tienen que exagerar el relato para que las escuchen y las cuiden, y eso es triste. El sistema no está preparado para las víctimas. La unidad de víctimas de la Fiscalía y el Sernameg funcionan sólo cuando hay violencia extrema”, asegura.

Sobre esta desconfianza, Loreto Franco del Sernameg asegura: “Desconocemos esa información. No nos ha sucedido ese fenómeno. Las denuncias y llamadas están en alza y no hemos tenido ningún inconveniente. Nuestro sistema funciona como corresponde. Carabineros y la PDI funcionan como corresponde y el Poder Judicial está con modalidad de videoconferencias en audiencias de control de detención de delitos graves. Nuestra directora mandó un oficio para que se renueven por seis meses las medidas cautelares. Hemos sido precavidos para que nuestras mujeres estén protegidas”.

Mientras, la Corporación La Morada y Abofem se están agrupando con otras organizaciones feministas parar hacer frente a este problema puntual durante la cuarentena.

VENTE PARA ACÁ

Llevaba cuatro días encerrada en su casa haciendo cuarentena, cuando a las 9 de la noche volvió a escucharlos. Era la pareja de arriba. Gritaban. Se arrojaban cosas. No pudo entender lo que decían porque son extranjeros. La periodista Carolina Nahuelpi ya los había escuchado varias veces antes. Desde que llegó a ese edificio de Santiago centro escucha muchas peleas, desde varios departamentos.

Carolina, que además hizo su tesis sobre cómo los medios tratan la violencia contra la mujer, pensó en lo difícil que era para su vecina estar ahora encerrada 24/7 con su agresor y que esta vez no podía quedarse de brazos cruzados. Tomó lápiz y papel, y escribió en grandes letras: “Mujer, vente pa acá al 207” y colgó el cartel en su terraza. Luego comenzó a gritar. Sus vecinos salieron a los balcones a mirarla. “Estoy cansada de escuchar violencia contra las mujeres en este edificio. No quiero víctimas por coronavirus ni tampoco mujeres agredidas. Pongo mi casa para la que lo necesite”, dijo. Las palabras le habían salido desde la guata, con una fuerza que desconocía. Entonces escuchó la reacción: aplausos. Desde sus balcones, los vecinos la aplaudían. “Yo también ofrezco mi casa”, dijo uno. “Y yo la mía”, dijo otra. Y se quedaron conversando un rato de balcón a balcón.

Con esto los vecinos daban en el clavo: estaban activando redes de protección para las posibles víctimas. “Hay que ocupar todos los medios para mantener contacto virtual, por teléfono, videollamadas, mensajes, lo que sea. Ahora todos tenemos un teléfono. Y llamar, preguntar en las mañanas, cómo estás, estás bien. Estar presente y pendiente es primordial”, dice Ingrid Segura, de Fundación Honra.

“Las mujeres que viven violencia siempre viven en cuarentena porque la pareja las mantiene aislada y ahora eso se ve intensificado. Por eso es importante que las redes de apoyo se mantengan en contacto. Si la mujer denuncia, pueden exigir que Carabineros le aplique la pauta de riesgo y dé aviso al tribunal para que les dicten una medida cautelar”, recomienda la abogada María José Bruno. A las mujeres que asesora también les aconseja que se anticipen a cualquier escenario, incluido el peor. Que tengan preparado un bolso, saber a quiénes podrían recurrir en caso de emergencia o contarles lo que están viviendo. “Siempre hay que anticiparse a la violencia extrema. Es mucho mejor pensar en esa situación en frío y tener un plan de seguridad anticipado”, dice.

Loreto Franco, de Sernameg, llama a hacer uso de las herramientas disponibles y del número 1455. “El Ministerio Público ha sido enfático en decir que se puede denunciar vía web y correo electrónico. Las comisarías también están abiertas para hacer denuncias presenciales”, afirma.

Para Ingrid Segura, el trabajo real recién comienza con la denuncia. “Lo importante con las mujeres víctimas de violencia es trabajar terapias reparatorias. Puede haber muchas redes, licitaciones, proyectos y fondos, pero sin proyectos de reparación eso no sirve de nada y el círculo no se rompe nunca. Esa es la vida que esa mujer conoce. Y sin terapia reparatoria, por cualquier motivo, va a seguir estando vinculada a perfiles de agresores”, advierte.

En su departamento en el centro de la ciudad, Carolina todavía tiene su cartel puesto en la terraza. Desde allí, dice: “Este tipo de violencia es silencioso, se vive con soledad y mucha vergüenza, por eso es importante que todos estemos alertas y no quedarnos callados. Decir que estamos atentos como vecinos puede ser de ayuda para que al menos los tipos tengan más cuidado y sepan que la mujer no está sola”.

Desde ese día, Carolina no ha escuchado más peleas ni gritos en el edificio. En casa ajena, dicen que G está mejor. Menos mal, dicen. Menos mal.

***

Si tú o una mujer que conoces está viviendo una situación de violencia, puedes acudir a estos contactos:

Fundación Honra: contacto@fundacionhonra.cl / + 56 942789841

Corporación La Morada:  lamorada@corporacionlamorada.cl

Abofem: abogadas@abofem.cl

Línea 1455 del Ministerio de la Mujer.

 

Fuente: https://www.theclinic.cl/2020/04/03/encerradas-con-un-agresor-la-cuarentena-por-coronavirus-aumenta-la-violencia-intrafamiliar/

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