¡Pacos asesinos!: 62 casos de violencia policial contra disidencia sexual.

Violencia político-sexual: Lanzan 2°Reporte de violencia policial a cuerpxs disidentes sexuales.

Por Iris Hernández.

El Segundo Reporte de Violencias a Cuerpxs Disidentes Sexuales en el Pre, Durante y Post Estado de Emergencia de Sebastián Piñera, registra los hechos de violencia cometidos por las agentes de orden y seguridad desde octubre de 2019 a marzo del 2020. Dichos hechos fueron denunciados posterior a la circulación del Primer Reporte, realizada en noviembre.

El 1er y 2do reporte registran, entre ambos, 62 hechos de violencia injustificada, abusiva y no atenida a la ley, cometida por distintas instancias de orden policial. De éstas la mayoría afectó a lesbianas de apariencia masculina, como fue el caso de Karen Ulloa que estuvo encarcelada durante tres meses en la Cárcel El Manzano de Concepción. Las violencias que registra el Reporte destacan su carácter de Odio y cómo éste se expresa a través de discursos y crímenes.

Lxs activistas  que trabajaron en su desarrollo, destacan que éste Reporte intenta ser un aporte a la construcción de memoria, de tal forma que no ocurra lo mismo que ocurrió en la Dictadura de Pinochet, en donde no se registró ni un caso de violencia a disidencias sexuales y también pretende aportar a la reflexión sobre los procesos de reparación y justicia que estas violencias demandan.

Fuente: https://lazarzamoracolectivalesbofem.wordpress.com/2020/04/24/violencia-politico-sexual-lanzan-2reporte-de-violencias-a-cuerpxs-discidentes-sexuales/


 

Segundo Reporte de violencias a cuerpxs disidentes sexuales: Introducción.

¿Cómo creer que lxs pacxs son capaces de violar, de pegarles a las personas, así como lo han hecho? Es la pregunta que nos formuló la madre de una joven lesbiana violentada por carabineros, el día que fuimos a visitarla para insistir en que la joven formalizara la denuncia. Ella no nos habló de la violencia sufrida por su hija y durante la conversación ninguna de nosotras mencionó palabra alguna asociada a lesbianismo. Si ella no lo hacía, no lo haríamos nosotras, aun cuando sabíamos que su hija no lo ocultaba. Pensamos en la densidad de ese silencio y en cómo éste era parte de una trama más amplia de poder que colaboraba con que este tipo de violencias se desdibujara.

Por ese silencio es que estábamos allí. No obstante, no podíamos imponer nuestros términos, pues debíamos respetar la historia particular de la compañera conectada con su propio territorio. “No-nos dijo. A mi mami le da miedo que esto traiga cola y yo no quiero preocuparla más. Ya harto ha tenido que aguantar. Vivimos solas, en un barrio en donde ser lesbiana es webiado. No. No quiero denunciar –agregó-, porque además no me pasó nada y si se sabe capaz que me pueda pasar algo, qué sé yo… De verdad que le tengo miedo a lxs pacxs. Así estoy más tranquila”- finalizó.

Decisiones como éstas aumentaron en el proceso de escritura y desarrollo de este Segundo Reporte de Violencias a Cuerpxs Disidentes Sexuales. De hecho, cinco personas violentadas, todas lesbianas, no quisieron denunciar de ninguna manera su situación. Ocurrió lo mismo con otros tres casos –dos trans y uno lésbico- de los cuales se tuvo información, se contactó a redes de apoyo, prevaleciendo un carácter reparador por sobre el de denuncia. Comentamos lo ocurrido, pues respalda lo que ya todxs sabemos: los casos de violencia registrados en el Primer y Segundo Reporte, no corresponden a la totalidad de las violencias que han afectado a la comunidad disidente sexual en este periodo.

¿Cómo no comprender el silencio que habita en lo anterior si desde el 18 de octubre del 2019 la violencia de  carabineros ha generado un profundo miedo en la gente y consecuencias asociadas a la salud física y mental? Si bien, el discurso insurreccional es de resistencia a la violencia, esto tiene efectos que en distintos espacios se transforma, por ejemplo, en la incertidumbre que provoca encontrarse con algún carabinero, cuyas violencias delictuales son amparadas por la radicalizada agenda de seguridad aprobada por el Parlamento. De hecho, las cifras de personas heridas, mutiladas y asesinadas han seguido incrementándose

El incremento recién comentado se abulta si se consideran los datos de las Brigadas de Salud, cuyas atenciones no son necesariamente reportadas a organismos oficiales. Así, se vuelve a evidenciar cómo la incapacidad de escucha estatal persiste y se colude con una conducta policial que actúa al margen de las disposiciones de derechos humanos. Esto amplía las distancias entre el estado y las demandas de chilenas, chilenes y chilenos que defienden la dignidad y la esperanza de construir un Chile más justo y humano. Dicha conducta delictiva, para los casos de violencia a cuerpxs disidentes sexuales, encuentra antecedentes, entre otros, en un ranking de violencia homofóbica y transfóbica que una organización LTGBIQ+ difundió en marzo del 2019, y que inscribió a Carabineros de Chile en el primer lugar.

La no validación del gobierno de Piñera de varios informes internacionales, en torno a la vulneración de los DDHH en tiempos de Insurrección social, como los de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, es otro argumento a favor del silencio. Todo lo señalado causa que la violencia persista y adquiera nuevas formas, como las amenazas que han recaído sobre quienes han decidido denunciar. Es el caso, por ejemplo, de Josué Maureira, un joven gay que posterior a su denuncia sobre las torturas sexuales a las que fue sometido por carabineros de la 51 Comisaría de Pedro Aguirre Cerda, fue amenazado de muerte por personas de la misma entidad. De esta forma, podemos decir que bajo la violencia que ha salido a la luz, existe otra más oculta que se nutre del miedo que se desprende de un contexto más amplio y de una historia más larga que se sigue desarrollando.

Esto último se vincula a los imaginarios impuestos por una subjetividad administrada por el estado que justifica la violencia perpetrada por las agencias de seguridad, amparando aquellas que surgen en manos de la aparición de grupos de derecha y ultra derecha homofóbica, racista, sexista y clasista. Y este accionar es parte de la historia de violencia que han sufrido no solo lxs cuerpos disidentes sexuales. Con ello, destacamos que la violencia policial defiende la subjetividad que produce el control estatal. Esta naturaliza e invisibiliza la lesbotranshomofobia, el racismo y el clasismo, desagregando los análisis de la realidad y homogenizando a quienes confrontan su injustificado accionar. Así, omite que sus violentas respuestas afectan de manera distinta -aunque con similares consecuencias- a quienes poseen características asentadas en las variables mencionadas. Dicho de otra forma: la violencia perpetrada a un manifestante blanco heterosexual no es la misma que la que se perpetra sobre un cuerpo femenino lesbiano pobre. Omitirlo favorece la injusticia.

Lea aquí reporte completo: Reporte2_DisidenciasSexualesChile_Abril2020

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