Chile convencional: El espejismo constituyente.

por Guillermo Correa Camiroaga/Valparaíso.

Una vez más, las reglas determinadas e impuestas por los dominadores están siendo aceptadas por los dominados, y aún más: creyéndose el cuento y auto convenciéndose que son ellos, los oprimidos, los creadores de este engendro plebiscitario y su proceso constituyente […] En este mundo del ilusionismo, quienes tenemos otra postura, o una visión crítica de este proceso, somos tildados de sectarios, extremistas, de igual forma como se nos motejó cuando denunciamos que el Plebiscito del 88 formaba parte del itinerario fijado en la Constitución del 80 como parte esencial de la perpetuación del sistema de democracia restringida y el modelo neoliberal…

Una de las características más maquiavélicas que tienen los sistemas de dominación es la de convencer a los dominados y dominadas que las actividades o acciones que se realizan dentro de su marco institucional, para la mantención del status quo, se efectúan en su beneficio e incluso muchas veces es capaz de hacer que sean los mismos oprimidos y oprimidas quienes asuman como propios dichos planteamientos, enmascarando las intenciones reales que se esconden detrás de ellas. El Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución es, a mi entender, un ejemplo clarísimo de esto.

Este acuerdo político institucional, se transformó en un verdadero salvavidas para el gobierno de Sebastián Piñera y el modelo en el que se sustenta, que las masivas y radicales movilizaciones iniciadas con la rebelión popular del 18 de octubre habían puesto en jaque.

Con posterioridad a la concreción de este Acuerdo, la clase política institucional comenzó a difundir este hecho como un gran triunfo del Movimiento Popular, construyendo un relato muy bien estructurado, que dejaba detrás del escenario mediático las demandas centrales que reclamaba la rebeldía popular en las calles, como eran la renuncia de Piñera y la realización de una Asamblea Constituyente soberana, con protagonismo de los sectores populares, para redactar una nueva Constitución, puesto que no se reconocía legitimidad a la Constitución del 80 elaborada por la dictadura cívico militar.

La multiplicación de miles de voces proclamando este Acuerdo como un gran triunfo popular fue penetrando subliminalmente en las mentes de las chilenos y chilenos, que poseen en el inconsciente colectivo la legalidad, la institucionalidad, la democracia representativa y los procesos electorales, como las únicas vías posibles para conquistar sus derechos, creencia que ha sido culturalmente incorporada a lo largo de los años por el aparato comunicacional al servicio de las clases dominantes.

Si esto lo graficamos, en forma muy simplista obviamente, con la penetración publicitaria, basta hacer el ejercicio de responder cual es nuestra tendencia cuando se nos pregunta, por ejemplo, ¿qué bebida va a tomar? Una gran cantidad de personas contestará en forma instantánea, sin siquiera razonar ni pensar, el nombre de la bebida que se ha hecho más popular gracias a una continua, potente y efectiva campaña publicitaria.

Guardando la proporciones, naturalmente, la amplificación “publicitaria” del “Acuerdo por la Paz”, de una u otra manera, se instala en esa creencia e inconsciente colectivo formado culturalmente durante años por el sistema capitalista de dominación.

Un pequeño paréntesis se produjo durante el gobierno de la Unidad Popular, cuando el pueblo comenzó a tomar las riendas de su propio destino, pero fue violentamente interrumpido por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, a partir del cual la dictadura cívico militar comenzó a desmantelar los derechos alcanzados por los luchadores y luchadoras populares, para elaborar la Constitución de 1980 que consagra el modelo neoliberal y el sistema político que hoy nos rige, institucionalidad a través de la cual la clase política institucional, las élites y los poderes fácticos han creado este engendro de proceso constituyente, que nada tiene que ver con la demanda de una Asamblea Constituyente soberana con protagonismo popular, exigida  por el pueblo rebelde que se manifestó en las calles a partir del 18 de octubre, transformando sus movilizaciones rupturistas en un verdadero “Plebiscito en Movimiento”, donde dejó claramente establecido con su demandas, que no quiere seguir bajo el actual sistema de dominación.

Este acuerdo político, tuvo, a mi modo de ver, como objetivo central, el de salvaguardar la institucionalidad creada en dictadura y buscar frenar el accionar rebelde del Movimiento Popular, transformándose, como decía anteriormente, no sólo en el salvavidas que la clase política institucional entregó al gobierno derechista de Sebastián Piñera, sino que pasó a ser al mismo tiempo proclamado como la “madre de todas las batallas”, mediante las redes y mecanismos amplificadores de los medios de comunicación tradicionales, buscando encauzar el poderoso río de la rebelión popular en los espacios restringidos de la Constitución vigente, para transformar el espejismo de este proceso constituyente – definido y delimitado desde el “oasis del poder” con reglas precisas y bien delimitadas-  en una imaginaria y atractiva Asamblea Constituyente, al más puro estilo de un producto publicitario.

En el sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional se puede consultar este texto en el siguiente link:

https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/76280/1/Acuerdo_por_la_Paz.pdf

Hermosos afiche y pancartas publicitarias bajo el signo del “ Sí, Apruebo” no demoraron en ser difundidos masivamente, ofertando terminar con las AFP; una educación y una salud pública gratuita y de calidad; recuperación  de los recursos naturales y servicios básicos; sueldos dignos y trabajo estable; paridad de género; plurinacionalidad y terminar con el racismo; etcétera. Ofertas que solo son burbujas que reventarán y desaparecerán ante la cruda realidad de la maquillada Constitución del 80 que resultara de esta  “Convención Constitucional”, ya que la Constitución dictatorial seguirá intacta en sus pilares fundamentales, a pesar de los maquillajes que se le agreguen, manteniendo el modelo neoliberal de explotación, desigualdad, marginación y opresión, ya que los mecanismos elaborados que norman legalmente los marcos institucionales de este proceso así lo han estipulado. En efecto, por un lado, limitan la participación protagónica del pueblo, al determinar que las personas (convencionales) que participen en la Convención Constituyente lo harán bajo las normas y espacios de las leyes de partidos políticos de la Constitución del 80, y por otro, limitan e impiden cambios estructurales mediante la dictación de una legislación ad hoc elaborada por una “Comisión Técnica” emanada desde las élites y el poder.

En un extenso reportaje de investigación periodística realizado por CIPER Chile titulado “Los vínculos con el poder político y empresarial de los miembros de la comisión técnica constituyente”,  se pueden conocer los nombres y las características de los “técnicos” que elaboraron esta propuesta, lo que puede ser consultado en el siguiente link:

 https://ciperchile.cl/2019/11/27/los-vinculos-con-el-poder-politico-y-empresarial-de-los-miembros-de-la-comision-tecnica-constituyente/

La modificación del Capítulo XV de la Constitución y la Ley 21.200, propuestas por la Comisión Técnica antes mencionada para el Plebiscito y la Convención Constitucional, promulgada por Sebastián Piñera el 23 de diciembre y publicada al día siguiente en el Diario Oficial, determina las reglas institucionales para dicho evento, una de las cuales fija en 2/3 el quórum para aprobar las normas que se quieran estipular en el “nuevo” texto constitucional. Este altísimo quórum es una especie de candado y en la legislación aprobada se deja claramente explicitado que: «La Convención no podrá alterar los quórum ni procedimientos para su funcionamiento y para la adopción de acuerdos”.

Esta otra documentación puede revisarse en el siguiente link  de la página web perteneciente a la Biblioteca digital del Congreso Nacional:

https://www.bcn.cl/procesoconstituyente/detalle_cronograma?id=f_cronograma-5

El rechazo inicial rotundo, contundente y plural del Movimiento Popular Rebelde  a este Acuerdo fraguado en la cocina institucional, fue poco a poco debilitándose, a medida que militantes de los partidos políticos institucionales presentes en distintas organizaciones populares, fueron  acatando las opciones y definiciones partidarias, buscando distintos relatos y argumentos para adornar de palabras grandilocuentes y expectativas imaginarias, que sobrepasan la realidad de lo permitido y acordado en este proceso constituyente, y comenzar  de esta manera a amplificar la propaganda emitida desde las propias instituciones cuestionadas por el Movimiento Popular.

En un cerrar y abrir de ojos, pasaron del rechazo profundo al gobierno y la Constitución del 80, a la aceptación alegre y trasfigurada de una Convención Constitucional delimitada y enmarcada precisamente en la institucionalidad que antes pretendían desmantelar.

Así, por arte de la ilusión mágica creada desde el poder, las élites y la clase política institucional, el limitado y estructurado proceso constituyente elaborado sin siquiera la participación popular, fue asumido por vastos sectores políticos y populares como la aspiración demandada por el pueblo rebelde en las calles.

Lenta y paulatinamente esta burbuja ha continuado creciendo, y para seguir adelante con este espejismo  cualquier argumento sirve para potenciarlo.

En este último tiempo, las voces destempladas de la ultraderecha pinochetista que busca desesperadamente que el Plebiscito no se realice argumentando motivos como la pandemia -ya que para ellos es una afrenta el solo hecho de que se remoce mínimamente la “obra de la dictadura cívico militar”- se transforman, a su vez, en argumentos para seguir incrementando y posicionando con más fuerza la realización del proceso constituyente.  Este proceso, creado por el propio sistema dominante para su mantención y estabilidad, ha ido lenta pero decididamente siendo asumido por quienes padecen la dominación de este sistema cuyo origen origen es el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Bajo la manga de los prestidigitadores comunicacionales han salido las multicolores cartas marcadas con el Apruebo, potenciando la creación maquiavélica de una Convención Constitucional que crea la falsa ilusión de cambios reales y profundos, para que al final la realidad nos abofetee, una vez más, con un cambio cosmético “en la medida de lo posible”.

Como decía anteriormente, lo que se puede o no se puede hacer en este proceso constituyente quedó muy bien encuadrado y delimitado en la legislación creada para el mismo, que solo permite un maquillaje de la actual Constitución, y si se pretendiera otra cosa, esta misma legislación creada por el ”Comité de Expertos”, entrega la facultad a la Corte Suprema para declararla como ilegal,  por no estar acorde con las reglas establecidas. Nuevamente los amarres y la “letra chica” queda así en evidencia.

Por otro lado, en las normas fijadas para  esta Convención Constituyente se deja claramente establecido la protección de los Tratados Internacionales, que son verdaderos “supra poderes” que pueden demandar al Estado chileno si consideran que sus privilegios son vulnerados. Y dichas transnacionales tienen intereses sobre los recursos naturales, la educación y la salud, por ejemplo. En dicho texto legal se expresa: “El texto de Nueva Constitución que se someta a plebiscito deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile, su régimen democrático, las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas y los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.”

Una vez más, las reglas determinadas e impuestas por los dominadores están siendo aceptadas por los dominados, y aún más, creyéndose el cuento los oprimidos y auto convenciéndose que son ellos los creadores de este engendro plebiscitario y su proceso constituyente.

Parecía ser que los tiempos  de “en la medida de lo posible», «el mal menor» y «los triunfos morales” habían quedado en el pasado, siendo borrados completamente por la irrupción volcánica de la rebelión de octubre, pero  han reaparecido  reinventándose bajo este nuevo maquillaje de participación popular.

Como decía al iniciar esta reflexión, muy personal por lo demás, las capacidades que tiene el sistema de dominación para perpetuarse, envolviendo en papel de regalo los mecanismos diseñados y delimitados por el mismo para que sean aceptados como propios por los sectores oprimidos, convenciéndose estos últimos de que este será el mecanismo adecuado para alcanzar los planteamientos levantados como bandera de lucha en la rebelión de octubre, los que podrán así ser conquistarlos dentro de la institucionalidad vigente.

La ilusión así creada magistralmente por el sistema de dominación se transforma en una realidad virtual para todos y todas quienes aceptan participar de esta pantomima, buscando infinitos argumentos para justificase.

En este mundo del ilusionismo, quienes tenemos otra postura, o una visión crítica de este proceso, somos tildados de sectarios, extremistas, de igual forma como se nos motejó cuando denunciamos que el Plebiscito del 88 formaba parte del itinerario fijado en la Constitución del 80 como parte esencial de la perpetuación del sistema de democracia restringida y el modelo neoliberal, y que recién ahora, después de 30 años, con el reventón social de octubre, le abrió los ojos a millones de chilenos y chilenas convencidas que con el triunfo del NO se había terminado la obra de la dictadura. Pero lo único que efectivamente se cambió fue un modo de gobernar sin Pinochet, pero los civiles que gobernaron mantuvieron intactos los pilares sobre los que se fundamenta el modelo consagrado en la Constitución del 80 que aún continúa, con algunas reformas, vigente.

¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para asimilar que este nuevo Plebiscito y los resultados institucionales que desde allí se deriven no obedecen a las demandas y derechos del pueblo?

Acostumbrados a vivir bajo un sistema democrático restringido, en donde la participación popular se limita a intervenir periódicamente en procesos electorales, debemos comenzar resueltamente a plantearnos construir una sociedad distinta con otro tipo de democracia, en donde la participación y el protagonismo popular estén en la base de la misma.

Normalmente, ante reflexiones como esta en que cuestiono la Convención Constituyente diseñada por el sistema de dominación imperante, la pregunta que se hace es: “¿y entonces qué hacemos?” Obviamente que la respuesta no la puede  entregar ningún iluminado, sino que debe ser elaborada por los mismos sectores rebeldes que hastiados del abuso, la desigualdad, la explotación y la opresión, se levantaron resueltamente en contra este modelo el 18 de octubre, y que en esta emergencia sanitaria que estamos viviendo siguen organizándose y movilizándose para resistir la pandemia y enfrentar la lucha por la vida. Ellos y ellas debieran ser los encargados de entregar una respuesta a esta interrogante, creando los instrumentos y levantando las propuestas necesarias para avanzar en la conquista de los derechos del pueblo y la construcción de una nueva sociedad basada en el poder popular.

Esto se contrapone rotundamente con los caminos diseñados y propuestos por las élites y el poder, por lo mismo no podemos seguir acatando ciegamente situaciones contrarias a los intereses del pueblo, ni menos aceptarlas argumentando que “es lo que hay”, para no seguir con la validación, fortalecimiento y consolidación del mismo sistema que estamos cuestionando. Más aún, llegar a asumirlas incluso como si hubiesen sido propuestas y diseñadas por los sectores populares, que es, a mi modo de ver, una forma autocomplaciente que, con una carga emotiva publicitaria potente, llega incluso a transformarse en el “caballito de batalla” de los propios dominados. Esto, a mi entender, se transforma en un verdadero espejismo.

El camino propio, el camino que recorren los luchadores y las luchadoras populares, el camino de la organización popular, el camino de la educación popular, el camino de ir creando el poder popular, por muy largo y doloroso que sea, es el camino que debemos recorrer con una propuesta programática nacida desde los propios sectores populares, para llegar a obtener la victoria y avanzar en la conquista de los derechos del pueblo.

En aquel momento se podrá realizar una verdadera Asamblea Constituyente libre y soberana, muy diferente de este espejismo constituyente que está por concretarse.

Valparaíso 20 agosto de 2020.

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