México: Feministas y madres de desaparecidxs toman sedes de derechos humanos.

Una activista posa frente a un mural durante la toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en Ciudad de México (México). (Foto: EFE/Sáshenka Gutiérrez)

Feministas se tomaron el CNDH en México y quieren convertirlo en un refugio para mujeres.

Por Redacción Internacional/El Espectador.

Un colectivo feminista se tomó la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en la capital mexicana para protestar contra la violencia machista en el país. Ante la falta de apoyo estatal para enfrentar este problema, las manifestantes han convertido las instalaciones en un “refugio para mujeres víctimas de violencia”.

Desde el pasado jueves, los trabajadores de la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en el centro de Ciudad de México ya no pueden acceder a su oficina para trabajar. Un colectivo feminista, o colectiva, como prefieren denominarse, ha tomado el control de las instalaciones para protestar contra la violencia machista en el país. Las manifestantes, según comunicaron, no dejarán el lugar hasta que las autoridades atiendan sus casos y garanticen un fondo de ayuda para las víctimas de violencia.“Ya no es el (CNDH), ya es nuestra propiedad, no la vamos a entregar. Es un okupa para las víctimas”, le dijo Yesenia Zamudio a Reforma sobre la toma de las instalaciones.

Zamudio, cuya hija fue víctima de feminicidio en 2016, es parte del colectivo mexicano Ni Una Menos, el cual lidera la protesta en el CNDH y planea convertir las instalaciones en un refugio para mujeres víctimas de violencia.“Aquí van a vivir madres de víctimas que tienen niños huérfanos y que no tienen dónde vivir. Esta será su casa. Y que le hagan como se les dé la gana, el Gobierno de la Ciudad de México y el federal, si hablaban de indemnizaciones, pues ahí que se quedé, ya nos cobramos”, dijo Zamudio. “Yo necesitaba un hogar libre de violencia, el Estado no me lo dio así que lo tomé”, justificó Érica Martínez, una de sus compañeras, en testimonio para Reforma.

La protesta comenzó el jueves cuando un grupo de familiares de víctimas de violencia llegó a las instalaciones para exigirle a las autoridades que atendieran sus casos. Un día después, una veintena de feministas llegaron al lugar para poner sobre la mesa sus propias demandas y anunciar que se quedarían por tiempo indefinido en las instalaciones hasta obtener respuestas tanto en las investigaciones sobre casos de violencia como en el apoyo que había prometido el Estado para la supervivencia de las víctimas.

Las manifestantes han llamado la atención del Gobierno con su protesta no solo mediante la ocupación del edificio, sino también con actos simbólicos como colgar trozos de carne en las instalaciones y la vandalización de cuadros de próceres mexicanos, como Miguel Hidalgo o Francisco I Madero, que ahora yacen boca abajo al exterior de las oficinas del CNDH.

Una mujer muestra cuadros intervenidos y denuncia los abusos que han sufrido sus familiares y la falta de justicia a las afueras de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en Ciudad de México (México).
Una mujer muestra cuadros intervenidos y denuncia los abusos que han sufrido sus familiares y la falta de justicia a las afueras de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en Ciudad de México (México). / Agencia EFE

“¡No estén llorando por ese cuadro, ese cuadro no siente! ¡Las mamás que buscan a sus hijas sí sienten!”, gritaba una de las manifestantes.

La CNDH indicó a las manifestantes que las instalaciones, hoy clausuradas, “no son oficinas burocráticas, sino son centros de recepción y atención de quejas para defender los derechos humanos”, y ante los fallidos intentos de diálogo invitó a las representantes de esta lucha “a iniciar cuanto antes un diálogo constructivo y respetuoso, al que podrían sumarse representantes del Gobierno federal para encontrar juntos los mejores caminos de solución”.

Algunas de las manifestantes, como Marcela Alemán, madre de una niña agredida sexualmente en 2017 en San Luis Potosí, y Silvia Castillo, madre de un joven asesinado en la misma entidad en 2019, ya han abandonado la protesta argumentando que la CNDH les comunicó que comenzarían a atender sus peticiones.

Sin embargo, la gran mayoría de las participantes del colectivo permanecen en el lugar para ejercerle presión al gobierno que ha desatendido sus necesidades. Esta, de fondo, no es una protesta contra el CNDH nada más, sino contra la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), la Secretaría de Gobernación, la misma presidencia de Andrés Manuel López Obrador y todas las entidades de las que dependen las víctimas para la fiscalización de los casos de violencia y para emitir los apoyos en cuestiones de comida y alquiler.

El presidente López Obrador ha asegurado que las mujeres no serán desalojadas, pero criticó la violencia con la que las manifestantes han dirigido la protesta.

8 de Septiembre, 2020.

Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/toma-del-cndh-en-mexico-feministas-quieren-convertir-la-sede-en-un-refugio-para-mujeres/


«Si no éramos nosotras, nadie iba a hacer nada»: madres de desaparecidos se unen a toma de CNDH.

Por Redacción Desinformémonos. 

Las madres de víctimas de violencia machista y colectivos feministas que mantienen la toma de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) informaron que a la sede, ahora “Okupa. Casa de Refugio “Ni Una Menos”, comenzaron a llegar activistas y personas de diferentes estados del país para mostrar su apoyo y quedarse temporalmente en las instalaciones.

“No dejarán de llegar colectivos de toda la República hasta que todo se cumpla. ¡Ya basta de tolerar al gobierno que nos está engañando, ya es hora de desnudar quién está haciendo el trabajo (de defensa de las víctimas) y quién no!”, señaló en la toma María Guadalupe Narciso, integrante del grupo Padres y Familiares de Desaparecidos, Secuestrados y Asesinados en Guerrero y el País.

Las mujeres que integran la toma explicaron este viernes que, por la represión contra las feministas desalojadas y violentadas por la policía de Ecatepec la noche del pasado jueves, se tomarán más oficinas y sedes en los próximos días.

“Estuvimos mucho tiempo con los ojos cerrados, calladas, y sólo necesitábamos un empujoncito. Ya el Estado mexicano está rebasado en delincuencia, feminicidios, en muchas situaciones muy feas y lo teníamos que hacer: si no éramos nosotras, nadie iba a hacer nada”, dijo por su parte Karla Guerrero, de Mujeres en Búsqueda de sus Desaparecidos.

En la conferencia de prensa, Guerrero añadió que en las primeras horas de este viernes fue tomada la sede de la CNDH en el puerto de Veracruz. “No somos todas y vienen más. Vamos a tomar más”, agregó Yesenia Zamudio, madre de una chica víctima de feminicidio en 2016.

Finalmente, a la sede también acudieron madres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa para manifestar su apoyo a las mujeres que mantienen la toma. “Venimos a acompañarlas un rato y estar acá con ellas, para que vean que no están solas. No las vamos a dejar solas. Es tiempo de la unión, de la fuerza, de la organización, que es a lo que le tiene le miedo el gobierno: a la gente organizada, porque la ve y tiembla”, aseguró.

12 de Septiembre, 2020.

Fuente: https://desinformemonos.org/si-no-eramos-nosotras-nadie-iba-a-hacer-nada-madres-de-desaparecidos-se-unen-a-toma-de-cndh/


La toma de la CNDH en México, vista desde adentro.

Por

La toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en Ciudad de México la semana pasada por colectivas feministas —que ha impulsado protestas en otros estados del país— es el resultado de una cadena de errores de las autoridades mexicanas.

Más que un golpe planeado estratégicamente, la toma por parte del Frente Ni Una Menos y otras colectivas se debe a la inacción del Estado para establecer políticas públicas que frenen la violencia contra las mujeres. En México, al menos 10 mujeres son asesinadas cada día.

Este gobierno ha minimizado la violencia de género desde el principio. Recientemente el presidente Andrés Manuel López Obrador, en el mensaje de su segundo Informe de Gobierno, dijo que los feminicidios han disminuido en el país, lo cual no es cierto. También insistió en que la mayoría de las llamadas a los servicios de emergencia por violencia de género son falsas, lo que tampoco es cierto. En estos casi dos años de gobierno ha sido incapaz de nombrar a una sola de la víctimas de violencia feminicida por su nombre.

No solo hemos sido atacadas desde el discurso, también desde el presupuesto: los recursos del Instituto Nacional de las Mujeres se redujeron 75% este año.

Las feministas llegaron inicialmente a la CNDH en apoyo a los familiares de víctimas de violencia y desaparición, pero su demanda sigue siendo la de siempre: justicia.

Entender lo que pasa adentro del edificio implica entender que no hay un solo movimiento feminista. Son muchos y se sustentan en las experiencias particulares de cada grupo, incluso de cada mujer: no es la misma experiencia de vida la que tiene el feminismo negro, que el indígena, el blanco o el que se vive en cada país y cada región.

Sin embargo, todos los feminismos, a través de sus distintos acercamientos, se unen en la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres. Y específicamente en México, con nuestra violencia cotidiana y aterradores números feminicidas, para poner un alto a la violencia en contra de las mujeres.

Para escuchar los motivos de quienes tomaron la CNDH y la convirtieron en la Casa Refugio Ni Una Menos, pasé casi veinticuatro horas al interior para hablar con ellas, conocer sus historias y ver desde sus entrañas al movimiento.

Ahí conocí a Maribel, quien formaba parte del grupo de familiares de víctimas de desaparición. Hay más de 73,000 personas desaparecidas en el país.

En la cocina de la CNDH me contó una anécdota que parece simple, pero refleja la forma en que han sido tratadas las personas que acuden a la institución: “Tuvimos una reunión y me ofrecieron café. Les dije que yo no lo tomo negro. Respondieron que lo sentían, que no había más”. Mientras lo contaba, me señalaba los litros de leche que había al interior de un enorme refrigerador de puertas transparentes. Después, apuntó a la crema en polvo que había en la mesa de la cocina. El refrigerador y la despensa del organismo estatal estaban repletos de comida que estaba ahí antes de la toma, mientras los grupos de mujeres usaban una cubeta para pasar por la ventana alimentos a quienes se encontraban atrincheradas.

El 4 de septiembre, día en que tomaron las instalaciones, Maribel estaba afuera del inmueble y quería entrar, pero los guardias de seguridad no se lo permitieron. Les pidió que le dieran acceso para usar el baño, pero tampoco se lo permitieron. El guardia se río de ella, y su risa provocó el enojo de las feministas que la apoyaban en la calle.

También conocí a Erika, quien busca justicia para su hija menor de edad, víctima de abuso sexual. Y a Yesenia, cuya hija murió al caer de un quinto piso y, aunque había razones lógicas para pensar que había sido aventada, las autoridades ni siquiera citaron a declarar a los probables responsables.

“Dicen que yo las mando a todas”, me dijo Yesenia riendo. Pero cualquiera que conozca de movimientos feministas sabe que eso es imposible, que no hay una sola voz y los desacuerdos son parte de su esencia, y que eso no significa por ningún motivo que el movimiento no avance unido.

Al interior del recinto conviven diversos feminismos: el Bloque Negro, las Crianzas Feministas, las mujeres de las distintas colectivas que se aparecieron para acuerpar, las que han donado comida o dinero para mantener la toma, las que han ofrecido sus manos para trabajar, las fotógrafas, las que hacen arte con aerosol o con fuego, y las que pintaron sobre los cuadros de los héroes nacionales —Madero, Juárez, Hidalgo y Morelos—dándoles un nuevo significado.

Por la noche, en la oficina que hacía las veces de cuarto, platiqué con una de mis compañeras de habitación sobre estas pinturas y su valor. Hablamos de su supuesta subasta. Yo le dije que se estaría subastando un bien que no les pertenecía, y que legalmente era imposible. Ella me respondió: “Es un bien del Estado, pero el Estado no está cumpliendo con su función, por lo tanto también me pertenece. Es exactamente como el avión presidencial, es del Estado, entonces el presidente tampoco lo podría vender”.

Me gusta más este cuadro de Madero intervenido. El original hablaba de la construcción de la historia de un país narrada a través de los hombres y de sus partidos políticos que decidieron a qué figuras resaltar. El Madero del nuevo cuadro, feminizado, cuenta la historia de las mujeres y su lucha por ser tratadas como seres humanos.

La toma de la CNDH representa un punto de quiebre para el movimiento y sus demandas. Hoy no solo se trata de la toma de un inmueble, sino de la amenaza de tomarlos todos. ¿Y qué tiene que hacer el Estado para resolver la situación? Suena simple y, a la vez, se antoja complicado: en principio, entender. Eso ya sería un gran avance.

Pamela Cerdeira es periodista y escritora mexicana.

14 de Septiembre, 2020.

Fuente: https://www.almendron.com/tribuna/la-toma-de-la-cndh-en-mexico-vista-desde-adentro/

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