Chile Rojo y Negro: Sujeto, Militancia y Revolución. Entrevista a Juan Carlos Aránguiz y Ema González.

por Equipo Editor CT.

Al cumplirse los 60 años de la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile, queremos compartir nuevamente con Uds. un trabajo de entrevistas realizado el año pasado [2024] durante la conmemoración de los 50 años de la caída en combate de Miguel Enríquez. Bajo la consigna De la memoria a la experiencia y de la experiencia al proyecto»se ofrecen 8 capítulos y 16 entrevistas a militantes de base. En éstas, las y los entrevistados comparten facetas claves de la vida militante y el sustrato ético que las sostuvo desde el primer acercamiento al compromiso político hasta los esfuerzos que cada uno, desde diferentes lugares, hacen por impulsar o apoyar las luchas actuales.

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Capitulo 2: Se activan los pobres del campo y la ciudad. Introducción

Década de los 50, en Chile se vive el segundo periodo presidencial del dictador Carlos Ibáñez del Campo. La apariencia de un país próspero y democrático, solo era eso, una fachada bien maquillada pero que escondía la miseria en que se encontraban los trabajadores y pobladores.

La esperanza de vida no supera los 30 años y la tasa de mortalidad materno infantil es de las más altas de Latinoamérica. Más de la mitad de los niños padecían desnutrición y la mayoría de quienes sobreviven en extrema pobreza no supera los 16 años. Santiago, exhibía los más altos índices de mortalidad en adultos por tuberculosis, influenza, neumonía, cirrosis y suicidios.

La década avanza y el desplazamiento migratorio desde regiones hacia la capital se acrecenta. La crisis del salitre en el norte, la concentración de tierras en latifundios en el campo y el atractivo dado por un incipiente desarrollo industrial concentró las expectativas de las familias en la capital.

El vivir de inquilinos o en conventillos, ya no era respuesta suficiente para un déficit habitacional que se comenzaba a originar. Las ocupaciones y tomas de terrenos cuya propiedad no era clara o que correspondía a bienes nacionales, vinieron a dar la solución habitacional a los desposeídos de la ciudad.

Las riberas de los ríos o de los canales de desagüe sirvieron de punto de inicio de lo que serían las “poblaciones callampas”. Esas casuchas indignas que comenzaron florecer fueron el paso adelante para miles de pobladores que no encontraban lugar donde habitar en una ciudad que se vestía de modernidad.

El fin de los 50 quedaría marcado por la valentía y organización de un grupo de pobladores. Cansados de sobrevivir con mínimas condiciones de higiene y ocultos a la vera del Zanjón de la Aguada, cambiaron los desechos, basura, orines y mierda que iba dejando el avance de un Santiago moderno, por un pedazo de tierra digno. La madrugada del 30 de octubre de 1957, 1.200 familias, bajo la consigna «trabajar sin transar ni descansar, hasta la casa conquistar», se tomaron los terrenos de la chacra La Feria y fundaron el campamento La Victoria, con nada más que unos pocos enseres, tres palos y una bandera chilena.

El ejemplo de los pobladores de La Victoria, no sería el único. Ahora bajo el gobierno del sanguinario de Tarapacá, Jorge Alessandri Rodríguez, también marcado por alzas de precios, reajustes salariales y represión. A pesar del garrote y la metralla, varios decidieron dar batalla a la injusticia.

Al menos tres masacres fueron la solución a las exigencias por mejores condiciones de trabajo y de vida. En 1962 tras una protesta convocada por la Central Única de Trabajadores (CUT), vecinos de la población José María Caro cortaron la vía en apoyo a la huelga. Por su parte, militares y carabineros reprimieron violentamente a los manifestantes. el resultado, seis muertos y cientos de heridos.

En 1966 el desértico paisaje de El Salvador también se tiñó de masacre. Tras un paro que demandaba mejoras salariales en distintas empresas mineras y campamentos, Carabineros y militares ametrallaron a los huelguistas asesinando a ocho personas, incluyendo a dos mujeres embarazadas.

Y si me preguntas por Puerto Montt cantó Víctor Jara en 1969. Tras la vil matanza y asesinatos ocurridos durante el gobierno democratacristiano de Eduardo Frei Montalva. Once pobladores murieron a manos de carabineros incluyendo un bebé de apenas tres meses. Todo por luchar por dónde vivir.

No obstante, nada detiene el aumento de conciencia y organización popular. Los pobres se organizan como pobladores para construir una vida digna en la Junta Provincial Revolucionaria de los Sin Casa. Un ejemplo de ello fue el proyecto del campamento Nueva La Habana.

En aquella experiencia, los pobladores introdujeron cambios profundos en su vida cotidiana y en la forma de resolver los problemas colectivos. Transformando lo individual y peticionista por la solidaridad y participación. Las dirigencias estaban relacionadas con distintos frentes de trabajo: salud, cultura, vigilancia, maternidad, bomberos, áreas verdes, entre otras, conforman el cuerpo ejecutivo de los pobladores quienes se ocupaban de que las tareas acordadas fueran realizadas. Fue un despliegue del poder popular con capacidad de autogobierno, desconocida hasta entonces, la cual les permitió habitar el espacio de la ciudad de una manera digna, creativa, solidaria y transformadora.

Fuente: Enviado por colaboradora 30 de agosto, 2024.


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