Chile Rojo y Negro: Mujeres y Militancia. Entrevista a Ana Orellana y Ester Hernández.

Foto: Revista Ramona. N°75, 3 de abril de 1973. En la Portada, Marta Neira Muñoz de 29 años, militante del MIR, trabajadora de Revista Ramona. Marta, promovía campañas de educación sexual. Detenida el 9 de Diciembre de 1974 por agentes de la DINA. Hasta el día de hoy desaparecida.

por Equipo Editor CT.

Al cumplirse los 60 años de la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile, queremos compartir nuevamente con Uds. un trabajo de entrevistas realizado el año pasado [2024] durante la conmemoración de los 50 años de la caída en combate de Miguel Enríquez. Bajo la consigna De la memoria a la experiencia y de la experiencia al proyecto»se ofrecen 8 capítulos y 16 entrevistas a militantes de base. En éstas, las y los entrevistados comparten facetas claves de la vida militante y el sustrato ético que las sostuvo desde el primer acercamiento al compromiso político hasta los esfuerzos que cada uno, desde diferentes lugares, hacen por impulsar o apoyar las luchas actuales.

Capítulo 6: Mujeres y la militancia.

Tras un mundo convulsionado post guerras mundiales, se llevan a cabo importantes transformaciones en diversas dimensiones de la vida que tienen un impacto significativo  en las mujeres.

En lo sociocultural,  la vida de las mujeres se vio remecida por la regulación reproductiva que ofrecía la píldora anticonceptiva. 

La posibilidad de controlar la reproducción favoreció la ruptura con mandatos tradicionales del orden patriarcal, como el ser madre y la responsabilidad sobre las tareas del hogar, poniendo en cuestión el modelo de familia. 

La inserción en el sistema laboral, educativo y electoral, fueron también expresiones de esa transformación cultural social y política.  

Las mujeres irrumpimos en una serie de procesos políticos sociales desde principios del siglo XX, construyendo una forma de revelarnos ante diversas opresiones que nos cruzan en tanto mujeres y como parte de un colectivo de pueblos que sometidos a diversos yugos no renuncian a la posibilidad de emanciparnos. 

La historia de la lucha de las mujeres tiene larga data. En la Revolución Mexicana, en la Revolución Rusa, en la Guerra Civil Española, en el movimiento afrodescendiente en Estados Unidos, en la lucha en Irlanda, en Vietnam, en el el país Vasco, en El Salvador, en Nicaragua y hoy en los movimientos indígenas, en Palestina y en tantos otros lugares, se evidencia nuestro importante rol en la construcción de caminos para una vida libre de opresiones. 

En  esas luchas no hemos estado ausentes, nuestra participación ha sido activa pero invisibilizada por el patriarcalismo que persiste en borrarnos de los procesos de transformación social. 

En América Latina, la participación de las mujeres en organizaciones revolucionarias fue fundamental. 

Hubo mujeres que desafiando los mandatos patriarcales enquistados en la sociedad cubana, se sumaron al movimiento 26 de julio y lucharon en el Ejército Rebelde que derrocó a Fulgencio Batista en enero de 1959.

Celia Sánchez (1920-1980), Haydée Santamaría (1923-1980), Melba Hernández (1921-2014) y Vilma Espín (1930-2007)  son algunas de ellas. Fidel señaló en 1966: 

“… este fenómeno de las mujeres en la Revolución es una Revolución dentro de otra Revolución. 

Y si a nosotros nos preguntaran qué es lo mas revolucionario que está haciendo la Revolución responderíamos que lo más revolucionario que está haciendo la Revolución es precisamente esto; es decir la Revolución que está teniendo lugar en las mujeres de nuestro país.” (Fidel, 1966)

En las luchas en Nicaragua y El Salvador, las mujeres asumieron en las calles y en la conducción de la acción guerrillera, la lucha revolucionaria. Y en el cono sur, en el ELN, en el ERP y en el MIR, las mujeres se incorporaron como militantes activas.

Sin definirse, quizás siquiera conocer lo que era el feminismo, estas mujeres desafiaron las lógicas patriarcales en la vida cotidiana de las sociedad. Se insertaron en espacios  masculinos, siguiendo la misma lucha de tantas otras que ya décadas atrás, habían enfrentado las limitaciones de un orden político social y cultural discriminador. 

A la luz de sus vidas, vemos como la militancia es una forma de expresión de sensibilidad hacia los problemas generados por la desigualdad social, la exclusión económica y las injusticias de todo tipo, acompañada de una voluntad de cambio político radical. 

Es sin duda, una expresión de amor hacia la vida.

Fuente: Enviado por editora a cctt.cl el 04  de octubre 2024


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