Marcelo Barrios: 36 años de vigencia y memoria.
El día 31 de agosto de 1989, Marcelo se encontraba leyendo en su casa mientras que su polola había salido a comprar. Arrendaban juntos esa casa, ubicada en la población 18 de septiembre en cerro Yungay, desde julio de ese mismo año. A las 18:25 de la tarde llegó a la población un camión 3/4, de color verde, con 18 hombres vestidos de polerón y pantalón azul armados con armados con ametralladoras y fusiles.
Los militares se despliegan a lo largo de la quebrada para evitar cualquier ruta de escape y descienden hacia la casa. Utilizan explosivos plásticos. Marcelo abre la puerta de su casa y sale con las manos en alto. Inmediatamente recibe impactos de bala en las piernas y en el tórax. Los militares rodean la casa y lanzan ráfagas de metralla y un par de granadas para neutralizar el resto de los subversivos alojados en su interior. Luego de unos minutos, se comprueba la muerte del único y desarmado subversivo. Su cuerpo desnudo es retirado por el Servicio Médico Legal ya entrada la noche.
¿Quién era Marcelo? ¿Por qué decidieron matarlo esa tarde? Y quizás más importante aún ¿Por qué debería importarnos su muerte hoy?
Infancia y Dirigencia secundaria en el PS
Marcelo Barrios Andrade nace el 19 de noviembre de 1967 en el Hospital Salvador de Santiago. Es el séptimo hijo del matrimonio de Sara Andrade y Washington Barrios, los que tenían 16 y 19 años respectivamente al momento de casarse. Su madre era dueña de casa y su padre era obrero, convirtiéndose más tarde en jefe de obra; fue por el trabajo de este último que la familia se trasladaría a vivir a Punta Arenas, donde Marcelo viviría gran parte de su vida.

Luego del Golpe de Estado, uniformados allanaron la casa de la familia Barrios Andrade, encontrando panfletos pertenecientes al MAPU que eran entregados a su hermana Carmen por sus compañeros de trabajo de Lanera Austral. El año siguiente, Marcelo inició su enseñanza básica en la Escuela Nº15 y su enseñanza media la realizó en el Liceo Salesiano San José de Punta Arenas, ingresando el año 1982 a dicha institución.
El año siguiente, comenzaron a surgir las consecuencias del modelo económico que instauró la Junta Militar, provocando las primeras Jornadas de Protesta Nacional. Es en este contexto que Marcelo comenzó a participar en la reconstrucción de la Juventud Socialista, ingresando a dicha partido el año 1983 con 15 años de edad. También participó en la creación del Movimiento de Estudiantes Democráticos, instancia levantada por estudiantes socialistas; ante la pérdida de los espacios de representación democrática de los liceos. Su búsqueda política lo llevó a conocer y escuchar a personas que habían sido detenidas en el conocido centro de tortura de Isla Dawson.
Escisión «comandantes»
Por su activa participación política, el joven socialista es expulsado del Liceo Salesiano, por lo que se traslada al Liceo «Luis Alberto Barrera» para realizar su último año de enseñanza media. Ese mismo año, en 1985, la Juventud Socialista finalizó su 21º Congreso Nacional; eligiendo a Marcelo para que formara parte de la Dirección Regional y para ser el encargado del trabajo estudiantil en la Juventud Socialista. Tiene 18 años.
Durante estos años, el Partido Socialista sufrió varios quiebres internos, y Marcelo se hizo parte de estas discusiones; lo que lo llevo a inclinarse el año 1985 por la escisión “Dirección-Colectiva”, llamados comandantes debido a que validaban formas más radicales de lucha.
Del Socialismo al Rodriguismo

En diciembre de 1985, Marcelo se titula y da la Prueba de Aptitud Académica (PPA), para ingresar a la carrera de Historia y Geografía; logrando un puntaje insatisfactorio, dedicando entonces todo el año siguiente a prepararse para repetir la prueba. Es durante su año de preparación para dar nuevamente la PPA, que Marcelo comenzó a vincularse con integrantes del FPMR.
1986 es un año de protestas nacionales, lo que comienza a vislumbrar los caminos para salir de la dictadura, una vía pactada y la estrategia de la rebelión popular. Marcelo pertenecía al sector que no concordaba con una salida pactada a la democracia, al igual que los rodriguistas.
Al mismo tiempo, comienza a sentir contradicciones entre la teoría de su partido y la práctica que éste tiene. Ese mismo año, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) realiza su sexta campaña llamada “No a la perpetuación de Pinochet”. En paralelo, el FPMR se separa definitivamente del Partido Comunista. A principios de 1987, Marcelo habla con el poeta Aristóteles España, uno de los fundadores y miembro del Comité Central del «Partido Socialista Dirección-Colectiva». A él expone sus dudas sobre la situación política del país, eligiendo dejar de formar parte de los «comandantes» para luchar en conjunto con los rodriguistas.
Este mismo año, Marcelo postula con su nuevo puntaje a la carrera de Historia y Geografía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en la Universidad de la Frontera y en la Universidad de Playa Ancha (UPLA); quedando en la segundo en las dos primeras, Pero siendo admitido en la última. Así, en marzo de 1988 comenzó sus estudios de Pedagogía en Historia y Geografía en la UPLA.
Para el año 1988, Marcelo ya no forma parte de los comandantes del Partido Socialista y ya era miembro del Frente. Tiene 20 años. Su decisión lo llevaría a actuar de manera clandestina y muchas veces actuar a espaldas de sus padres y
de sus cercanos. Ese año los rodriguistas lanzan la campaña “Guerra Patriótica Nacional” que busca ser una opción frente a la vía electoral que consideran una farsa. Pero el plebiscito se vuelve una fiesta popular, y a los pocos meses, Patricio Aylwin es electo el primer presidente del retorno a la democracia. Pero el Frente sigue resistiendo a esta vía, con acciones de sabotaje
Asesinato
El año 1989, Marcelo decide congelar sus estudios para dedicarse a tiempo completo a las responsabilidades que tiene como militante. Sus padres creen que sigue estudiando. Ese año Marcelo y su pareja deciden irse a vivir a una casa que encontraron en cerro Yungay.
El Frente Patriótico sigue con sus actividades, ese año que declaran “Día de la Dignidad Nacional”. Hostigan con fuego de metralla y realizan atentados explosivos en diferentes comisarías y cuarteles de Santiago. En junio de ese mismo año realizan una de sus actividades más importantes, en la que dan muerte a Roberto Fuentes Morrison, comandante de escuadrilla de la Fach y responsable de la muerte de numerosos militantes del PC y del MIR. La respuesta de la dictadura no tardaría.
En agosto de 1989, las Fuerzas Armadas realizan un operativo a las afueras de la casa de Marcelo, que ahora se había trasladado a una casa de Cerro Yungay con su pareja. Allí es donde el frentista es emboscado por cerca de 20 efectivos, siendo asesinado. Se encontraron más de 500 disparos en la vivienda para luego colocaron cargas explosivas que hicieron explotar, el cuerpo de Marcelo sufrió 4 impactos de bala.
Los responsables inmediatos de su muerte son los integrantes de la brigada de asalto: Jorge Figueroa Castro, sargento de Infantería de Marina; Silverio Fierro Peña, cabo 2º; Óscar Aspé Aspé, cabo 1º; Luis Ceballos Guerrero, cabo 1º. Todos ellos, al mando del capitán de corbeta, Sergio Schiffelle Kirby, a cargo de la patrulla de combate.Para ejecutar su acción, los uniformados utilizaron escopetas calibre 12, pistolas Remington Colt calibre 45, fusiles HK 33, granadas de mano y explosivos plásticos. Marcelo Barrios, por su parte, se encontraba desarmado, sin ofrecer resistencia.

Lucha por la Memoria y por Justicia
A inicios del año 2000, Ernesto Guajardo, quien vivía en Santiago, asumió el compromiso de escribir un libro sobre la vida de Marcelo Barrios. Esta decisión lo llevó a realizar más de tres meses de intensa investigación para publicar un libro acerca de la vida de Marcelo, que fue publicado en agosto de ese mismo año. Por este reportaje testimonial fue premiado por el Colegio de Periodistas el año 2017.
El libro puede ser leído y descargado en formato PDF en el siguiente link: https://es.scribd.com/document/105587240/El-fulgor-insomne-la-vida-de-Marcelo-Barrios.
Aunque inicialmente no hubo juicio ni reconstitución de escena, ya que el Gobierno dio como versión oficial sobre el hecho que “el delincuente subversivo fue conminado a entregarse, pero respondió haciendo uso de armas de fuego. Dicho individuo parapetado, al ser herido en el intercambio de disparos, procedió a detonar un explosivo, que le causó la muerte en forma instantánea ocasionando además daños en el inmueble”.
En abril del 2015 (a más de 25 años de su asesinato) se hizo la reconstitución de escena del hecho, fue así como la Corte de Apelaciones de Valparaíso, en julio del 2015 decidió procesar a 6 ex-funcionarios de la Armada por el delito de homicidio calificado y un ex miembro de la PDI como encubridor de los hechos, el Ministro Arancibia considero a base de lo clarificado en la investigación, presunciones fundadas de homicidio calificado.
Además, la investigación reveló que el «material de guerra» incautado en la vivienda, eran realmente: un juego de living de mimbre completo (un sofá, dos sillones, tres pisos y una mesa de centro); un televisor blanco y negro, marca Kioto; un equipo minicomponente; una calculadora programable; una estufa automática, a parafina; una máquina de escribir; una plancha, marca Phillips; un sartén eléctrico; loza y cuchillería; artículos de baño; textos y útiles de estudio; ropa de vestir; ropa interior; ropa de cama; un poncho y dos alfombras.

Reconocimientos Póstumos
En septiembre del 2015, la Universidad de Playa Ancha – en una ceremonia organizada por la Federación de Estudiantes y encabezada por el Rector Patricio Sanhueza Vivanco – otorgó el título póstumo a la familia de Marcelo, en esta misma línea, Sanhueza recordó que tuvo dos conversaciones con el joven asesinado, a quien calificó como consecuente y comprometido con su país, enfatizando que «son valores que fomentamos en nuestros estudiantes, quienes son preparados para salir y transformar la sociedad para hacer de este país un mejor lugar donde vivir».
La figura de Marcelo Barrios no puede ser comprendida si no se conoce ni comprende los horrores y vejámenes que cometió la dictadura, tanto contra el país entero como contra los individuos. Ser testigo de estos crímenes fue lo que llevó a un joven como Marcelo a levantarse en armas. No se tiene que compartir su ideología o sus acciones para comprenderlas y entender que había muy pocas opciones reales con las cuales enfrentar a un gobierno que violaba los derechos humanos de su pueblo día tras día.
Por otra parte, se debe reconocer, que la democracia fue conquistada fue gracias a todo el pueblo chileno que salió a las calles a manifestar su descontento, y también gracias a los que decidieron arriesgar sus vidas y formaron parte de las acciones de sabotaje y ajusticiamiento. Como cristiano no puedo decir que hubiera hecho lo mismo que Marcelo, pero sin duda comprendo y comparto plenamente su hambre y sed de justicia, él conocía los riesgos de su lucha, y decidió aceptarlos porque consideraba que la causa lo valía. Creo que su vida merecía otro final, y si no fue en vida, al menos podemos recordar su memoria.
A continuación comparto con ustedes este video realizado por UPLA TV, una carta audiovisual de Gladys Barrios, dirigida a su hermano Marcelo.
Impunidad institucional: el marino que asesinó a Marcelo Barrios en Valparaíso y que fue protegido por el Poder Judicial
La reciente condena de la Corte Suprema a Sergio Chiffelle Kirby no es un episodio judicial más: constituye un hito que interpela de manera directa a las instituciones que por décadas garantizaron la impunidad de los crímenes de la dictadura. El asesinato de Marcelo Barrios Andrade, joven de 21 años, militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y estudiante de Historia y Geografía en la Universidad de Playa Ancha, no solo marcó a Valparaíso en 1989 como uno de los últimos crímenes políticos de la dictadura, sino que permanece como una herida abierta en el movimiento estudiantil porteño, que lo reconoce como un mártir de sus luchas.
La Corte Suprema ratificó que Chiffelle —entonces capitán de corbeta de la Armada y jefe de la patrulla que ejecutó la operación— planificó el procedimiento no para detener, sino para dar muerte a Barrios. La versión oficial del “enfrentamiento”, con la que se pretendió justificar la ejecución, se derrumbó frente a la contundencia de las pruebas: Barrios fue acribillado a corta distancia, cuando ya no podía reaccionar, tras la detonación de explosivos que habían destruido gran parte de su vivienda en el Cerro Yungay. Los propios detectives de la PDI que llegaron al lugar hablaron de un hecho desproporcionado, de un escenario manipulado y de un relato fabricado para encubrir lo ocurrido.
Lo que otorga a este caso una gravedad mayor es que el autor material del crimen no fue un oscuro agente perdido en el anonimato. Chiffelle fue premiado por la Armada tras la operación con una anotación de mérito en su hoja de vida. Más aún, lejos de enfrentar sanción alguna, en 1996 se incorporó al Poder Judicial como procurador del número, cargo que llegó a desempeñar en la Corte de Apelaciones de Santiago. Por casi tres décadas transitó con normalidad por los pasillos de los tribunales, amparado por el silencio cómplice de la institucionalidad que lo cobijó. No fue sino hasta que el caso tomó curso judicial firme que fue suspendido de sus funciones en 2024, a la espera del fallo definitivo. La trayectoria de Chiffelle, de oficial de comandos a funcionario judicial, ilustra de manera descarnada el modo en que el Estado chileno protegió a los perpetradores, transformando al victimario en garante de legalidad.
La sentencia de 15 años de presidio ratificada ahora es un triunfo tardío y limitado, pues otros implicados fallecieron en la más absoluta impunidad y la cadena de responsabilidades institucionales quedó intacta. La propia familia de Marcelo Barrios lo ha expresado: la justicia llega con 36 años de retraso y “en la medida de lo posible”. No obstante, la condena permite desmontar el manto de olvido con el que se quiso clausurar la memoria de un crimen político y reafirma que Marcelo Barrios no fue un “terrorista” ni un enemigo abstracto, sino un joven estudiante, militante de un proyecto revolucionario, asesinado por el Estado cuando la dictadura se derrumbaba.
Valparaíso lo recuerda no solo como víctima de la represión, sino como parte de una generación que pagó con su vida la osadía de desafiar al régimen de Pinochet. La condena a Chiffelle, al mismo tiempo que desenmascara la impunidad institucionalizada, devuelve a Marcelo Barrios su lugar en la historia: el de mártir del movimiento estudiantil y popular, símbolo de la lucha contra la dictadura y de la resistencia a un orden que pretendió borrar a sus opositores a balazos y explosivos.
15 de septiembre, 2025.
Fuente: https://elporteno.cl/impunidad-institucional-el-marino-que-asesino-a-marcelo-barrios-en-valparaiso-y-que-fue-protegido-por-el-poder-judicial/
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