Chile dependiente: una elite perpleja por la protección y apriete trumpista.

Chile bajo la presión del “Escudo de las Américas”

por Equipo de Política, El Mostrador.

Hay algo en materia internacional que nos obliga a hacer una breve parada: el discurso en Panamá del jefe del Pentágono, Pete Hegseth, proponiendo a 19 países de Latinoamérica realizar operaciones militares conjuntas, aumentar el presupuesto en defensa y salirse de la Corte Penal Internacional. Además de despotricar contra “ideologías fallidas” y medios de comunicación de izquierda.

La señal de Estados Unidos fue clara y sin rodeos: recuperar la supremacía hemisférica y convertirse en el “nuevo sheriff de la ciudad”, como dijo el propio Hegseth. Una propuesta que obliga a todos los países convocados a preguntarse hasta dónde están dispuestos a llegar, en una relación asimétrica donde –hasta ahora– un solo interlocutor ha rayado la cancha.

La disyuntiva no es menor. José Antonio Kast es parte del ecosistema diseñado por Washington y hasta participó en la foto oficial de la Cumbre de las Américas antes de asumir como Presidente electo, cuando fue desplazado de la primera fila y relegado a los márgenes. Una postal de compromiso político que hoy obliga a tomar determinaciones concretas.

La dificultad para La Moneda es que el paquete viene acompañado de otra presión mucho más tangible: los aranceles. Estados Unidos confirmó para Chile una sobretasa de 12,5% sobre parte de sus exportaciones, pese a la existencia de un tratado de libre comercio y a la cercanía política que se suponía debía facilitar la relación. La realidad, en cambio, dice lo contrario.

El ministro de Defensa, Fernando Barros, lentamente ha intentado poner límites. Sobre los aranceles dijo que eran injustos y respecto a los últimos dichos del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, respondió que “no somos el patio trasero de nadie”, una frase que funciona muy bien para la política interna, de manual, pero que en el actual plano ideológico de la geopolítica global, el mero hecho de estar en la foto oficial, dice otra cosa.

Es por ello que la respuesta de Barros resume muy bien una paradoja que el Gobierno todavía no termina de resolver. Chile puede sentirse particularmente cercano a Estados Unidos en términos políticos y estratégicos pero, al mismo tiempo, debe sopesar el alcance de su cercanía más allá de las decisiones económicas tomadas en Washington.

En este punto, la advertencia de Karen Meier, exjefa de la División de Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa, resulta de toda lógica. Preservar “márgenes de autonomía y capacidad de decisión” es una receta simple de formular y difícil de ejecutar.

La pregunta, entonces, es cuánto podrá resistir el Presidente José Antonio Kast la presión de Estados Unidos, considerando que el Escudo de las Américas, más que un pacto militar contra el crimen, es fundamentalmente una coalición ideológica. La ausencia de Brasil y México constituye una prueba contundente de ello.

Mientras tanto, hay un factor crucial en el horizonte que bien podría cambiar el panorama y convertir el paso del tiempo en un aliado: las elecciones parlamentarias —o de medio término— de noviembre en Estados Unidos. No será lo mismo que Trump y los republicanos mantengan el control de ambas cámaras a que los demócratas logren derrotarlos en las urnas. En este último caso, el nuevo equilibrio de poder podría reconfigurar por completo el escenario global.

Chile bajo presión: lo que está en juego tras el “Escudo de las Américas”

Estados Unidos ya no ofrece solo cooperación antidrogas. Quiere una coalición operativa con Washington llevando la batuta. En Panamá, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, pidió más gasto militar, operaciones conjuntas y que los miembros de Escudo de las Américas abandonen la Corte Penal Internacional (CPI).

Pero el problema va bastante más allá de las drogas. Hegseth reivindicó el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, habló de impedir la influencia “maligna” de China, Rusia e Irán y dijo que el Comando Sur debe llevar capacidades militares contra las amenazas del hemisferio.

El 13 de agosto fue todavía más gráfico: sostuvo que Washington está dispuesto a aplicar contra los carteles las capacidades desarrolladas durante décadas para perseguir redes terroristas.

Gilberto Aranda, académico e investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y doctor en Estudios Latinoamericanos, ve en estos hechos una confrontación cada vez más bipolar en la que Estados Unidos busca frenar a China presionando a los países que comercian con Beijing. Chile termina “en un punto intermedio”, casi como un “peón de ajedrez” en una partida mayor.

Aranda pone además una alerta sobre la plata. Washington exige a los socios una inversión militar “sustancial” y advierte contra quienes pretendan beneficiarse de la seguridad sin aumentar sus propios recursos. “Una carrera armamentista en la región sería una distracción y un retroceso de décadas”, sostiene el académico.

El cientista político, exembajador y exsubsecretario de Defensa Gabriel Gaspar aterriza el problema en las capacidades chilenas. “Desde hace algunos años, nuestras FF.AA. han sido sometidas a un proceso de restricción presupuestaria simultáneo al incremento de las misiones no militares”, señala. Y marca una diferencia central respecto de una alianza clásica: Escudo “no está basado en un Tratado y por tanto no ha pasado por la aprobación de nuestro Congreso”.

Su lectura geopolítica tampoco pasa por una reedición automática del siglo XX. Habla de una “recomposición de hegemonía a escala global”, con Washington intentando bloquear la presencia china en áreas tecnológicas, de infraestructura y eventualmente militares. Y Chile no está solo en ese tironeo: Brasil, Perú, Bolivia y Argentina enfrentan, con distintos grados, el mismo problema.

La abogada y especialista en seguridad internacional Karen Meier, exjefa de la División de Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa, coincide en bajar la temperatura del concepto. Para la también presidenta de WIIS Chile (Women in International Security), estamos frente a una “competencia estratégica e integral” entre una China que amplió su peso económico, tecnológico, político y militar y unos Estados Unidos empeñados en conservar su preeminencia.

La diferencia no es menor. No hay dos bloques ideológicos cerrados como durante la Guerra Fría, dice Meier, sino una pelea por comercio, cadenas de suministro, inteligencia artificial, minerales críticos y activos estratégicos. Para Chile, su receta es simple de formular y difícil de ejecutar: preservar “márgenes de autonomía y capacidad de decisión”frente a ambas potencias.

Ahí aparece el famoso “jamón del sándwich”. Washington aprieta por un lado y Beijing responde por el otro. Para Aranda, EE.UU. está privilegiando sus propios intereses de seguridad y prosperidad; China, naturalmente, hace lo mismo. La salida, plantea, es evitar que Chile termine convertido en peón y ampliar sus márgenes mediante cooperación con Europa, Canadá y otros actores.

Hay además un componente político que vuelve más áspero el paquete. Hegseth no habló solamente de carteles. En Panamá atacó a la “izquierda internacional”, los medios de izquierda, el marxismo, el socialismo y el comunismo, y ligó esa ofensiva con su llamado a abandonar la CPI. Su discurso mezcló así seguridad hemisférica, política exterior y enemigos ideológicos de la administración Trump.

La abogada internacionalista y profesora de la Academia Diplomática Paz Zárate tiene una lectura de mayor intensidad. Para la experta la llamada “Doctrina Donroe” expresa una pretensión imperial de Estados Unidos sobre América Latina, visible tanto en el “Escudo de las Américas” —una alianza militar que subordinaría a sus integrantes a las prioridades y al mando estadounidense— como en las acusaciones comerciales contra Chile por sus vínculos con China.

Ante esta presión, la autora defiende que Chile preserve su soberanía y dignidad, mantenga una actitud cautelosa frente a la alianza y responda con coraje, inteligencia estratégica y buen asesoramiento, aun cuando resistirse a ocupar el papel de “patio trasero” pueda acarrear represalias.

El dilema, entonces, no es si Chile debe cooperar contra el narcotráfico. Es hasta dónde. Escudo no es hoy una OTAN americana, pero Washington ya quiere operaciones, recursos y compromisos mucho más concretos que una declaración diplomática.

Y mientras EE.UU. aprieta y China mira cada movimiento, La Moneda intenta hacer algo bastante más complejo que escoger un bando: cooperar sin entregar el volante.

Fuente (extractos): https://www.elmostrador.cl/politica/2026/08/16/chile-bajo-la-presion-del-escudo-de-las-americas/


Descubre más desde Correo de los Trabajadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.