Chile naval: esa mala costumbre de la tortura….

Exmarino y profesor de la Armada denuncia «apremios ilegítimos» a cadetes menores de edad al interior de la Escuela Naval.

por Héctor Cossio López/El Mostrador.

La publicación en El Mostrador de la columna «Cambios urgentes en la formación de las Fuerzas Armadas», del exmarino, doctor en Ingeniería Oceánica y exprofesor –ejerció hasta hace unos meses– de la Academia Politécnica Naval, Sergio Vera Muñoz, abrió una verdadera caja de Pandora. Ante diversas reacciones que tuvo la columna, el exacadémico de la Armada reveló que todavía en la Escuela Naval se difunde transversalmente la noción del «enemigo interno», y que se han llevado adelante prácticas –que se suponían erradicadas en dicha escuela matriz– consistentes en «tratos denigrantes y vejatorios» y «maltrato físico» a cadetes en formación, incluso algunos de ellos menores de edad. Su propio hijo, quien ingresó a la Escuela Naval este año, teniendo 17 años, fue sometido –según denuncia– a castigos «como el túnel de agua». Estas prácticas fueron reclamadas por Vera ante las autoridades competentes de la Armada, sin que hasta la fecha la institución haya hecho nada, acusa.

Sergio Vera Muñoz, exmarino, doctor en Ingeniería Oceánica, profesor de Evaluación de Proyectos de Defensa de la Academia Politécnica Naval hasta abril de este año, OMP (Owner President Management Program) de la Escuela de Negocios de Harvard y uno de los excontroladores de la extinta Universidad del Mar, asegura que, tras publicar en El Mostrador su columna «Cambios urgentes en la formación de las Fuerzas Armadas«, ha recibido ataques desmedidos, respuestas desproporcionadas de excompañeros de armas, por medio de mensajes privados y, también, a través de otras columnas de opinión que hacen hincapié en que sus reflexiones serían antojadizas y carentes de evidencia.

En lo concreto, la opinión de Vera, plasmada en la columna mencionada, señala que el régimen interno de las FF.AA. está actuando en contra de la buena formación de los uniformados, entre otros aspectos, porque parte de esa formación –que se supone erradicada– estaba basada «en el castigo –incluso físico–, más que en la motivación para la formación, [y] terminan por banalizar conductas que conllevan hacer irrelevantes actos que incluso caerían en la ilegalidad. Lamentablemente, se asumen tales conductas como parte necesaria de un proceso y, lo que es peor, también siendo justificadas como base de una ‘formación’ y que, erróneamente, se consideran como triviales y hasta intrascendentes, como también necesarias«.

Exmarino y profesor de la Armada denuncia
Sergio Vera Muñoz, exmarino, doctor en Ingeniería Oceánica, profesor de Evaluación de Proyectos de Defensa de la Academia Politécnica Naval hasta abril de este año.

«Hubo mucha agresión. Y agresiones muy, muy virulentas. En estas reacciones no consiguieron entender que la columna hablaba del presente y el futuro. El futuro comandante en Jefe de la Armada, del año 2050, entró a la Escuela Naval este año, probablemente. Por lo tanto, a ese señor no lo estamos formando para esa época. Estamos buscando formarlo con las herramientas de 50 años atrás», enfatiza Vera a El Mostrador.

Ante estos hechos, accedió a revelar los antecedentes que tuvo a la vista para escribir la columna, y que dan cuenta de apremios ilegítimos a cadetes en formación, algunos de ellos menores de edad, así como de cierto adoctrinamiento, no escrito, que sitúa al «enemigo» al interior del país y no exclusivamente en una amenaza externa. El conocimiento sobre la existencia de estas acciones –según refiere– lo recibió en un principio de manera indirecta, pero luego fueron experimentadas por su propio hijo, que ingresó a la Escuela Naval este 2022, tras cursar tercero medio efectivo, y a quien a los pocos meses debió retirar por «castigos físicos reiterados» y tratos denigrantes, que podrían revestir caracteres de delito, de acuerdo al artículo 150 D del Código Penal, que penaliza a «El empleado público que, abusando de su cargo o sus funciones, aplicare, ordenare o consintiere en que se apliquen apremios ilegítimos u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, que no alcancen a constituir tortura».

Hechas las consultas por este medio de manera oficial a la Armada, su secretario general, el contraalmirante Leonardo Chávez Alvear, señaló lo siguiente: «Respecto a las prácticas denunciadas, ya sea apremios ilegítimos o cualquier forma de tratos denigrantes, a cualquier integrante de la Institución, se encuentran absolutamente erradicados en el modelo de formación Institucional de la Armada de Chile. Es importante indicar que La Escuela Naval ‘Arturo Prat’, es una Escuela Matriz».

En esta entrevista, y a través de las denuncias –a las que accedió El Mostrador– que se hicieron por escrito a las máximas autoridades de la Escuela Naval y de la Comandancia en Jefe de la Armada, el exmarino y exprofesor de la Academia Politécnica Naval asegura que su intención –hasta ahora– era que la institución tomara la iniciativa para «evitar una exposición innecesaria», pero que, ante la falta de una investigación sumaria, llevará el caso ante sedes penales chilenas e internacionales.

Escuela Naval, la matriz

-Usted fue marino, ¿cómo fue su paso por la institución?
-Partí en la Escuela Naval en 1974, a los 14 años y meses. Me retiré el 86 como teniente segundo. Soy ingeniero naval. Estudié en la Academia Politécnica Naval y obviamente en la Escuela Naval. Mi experiencia de la Escuela Naval, yo diría que fue muy buena. Tengo grandes recuerdos de la Escuela Naval. De mi época, debo reconocer. Tanto es así que uno de mis hijos le recomendé la Escuela Naval, de lo cual yo estaba muy feliz, y muy orgulloso de haberme formado.

-Fuera de su formación, ha seguido ligado a la institución, ¿de qué forma?
-Por mi especialidad. Soy doctor en Ciencias de Ingeniería Oceánica, orientado al área económica. Cuando cumplí 62 años, me propuse estar diez años de profesor en la Marina, como una forma de devolver a la institución lo que ella me había entregado. Y entré a hacer clases a la Academia Politécnica Naval, a enseñar Administración Estrategia y Evaluación de proyectos de Defensa. Estoy muy orgulloso de ser ingeniero naval, es la base de mi formación de vida. Fuera de eso, me ha tocado hacer proyectos para la Armada. Con dos exalumnos formamos una empresa que sacó el segundo lugar en el primer desafío Avante que organizó la Armada sobre innovación. Se trató de un proyecto para desarrollar un sistema de inteligencia artificial que permitiera automatizar el análisis del tráfico marítimo, que hoy en día se hace manual. Esto permitía detectar tendencias o patrones de narcotráfico, en delitos de pesca ilegal e inmigración ilegal.

-En los años de su formación, la Guerra Fría estaba en pleno desarrollo, ¿recuerda haber recibido algún tipo de adoctrinamiento en esa materia?
-En esa época yo creo que en la Escuela Naval no estaba tan impregnado el tema de la Guerra Fría, sino más bien era el conflicto limítrofe con Argentina el que primaba. Yo egresé justo el año 78. Y ahí, el conflicto ya estaba desatado. Recuerdo que lo que más se me inculcaba era decir la verdad, responder por los actos. Y había mucha preocupación por no denigrar a los subalternos.

-Recientemente, publicamos en el diario una columna suya donde reparaba en que había que hacer cambios urgentes en la formación de los uniformados. ¿Qué antecedentes tiene para justificar ese sentido de urgencia?
-Creo que es muy importante el origen de cómo se gesta esta reflexión. En 2018 empecé a hacer actividades en la Academia Politécnica Naval y advertí, como una señal muy preocupante, que no hubiera tiempo para profundizar en los conocimientos. Noté que la mayoría de mis alumnos tenían dificultades y deficit importantes en sus capacidades de análisis y síntesis. Y, lo segundo, y aquí el punto peligroso, es cuando en la formación militar se introduce y utiliza el contexto interno. Porque las Fuerzas Armadas no son formadas en esa dimensión, el militar por esencia es formado para la amenaza externa.

-¿Cómo así, en un «enemigo interno»?
– Las Fuerzas Armadas son creadas para combatir a un enemigo. La militarización es un concepto que se sustenta ante la agresión extranjera. En la agresión de un externo. Para lo cual yo debo defender a mi comunidad. El punto peligroso que ocurre es cuando la formación militar se introduce en el contexto interno. Eso es muy peligroso, porque en la formación del militar la base es la defensa de los valores de la patria ante un enemigo. El problema ocurre cuando se asume que quienes piensan diferente son parte o apoyan a un enemigo interno, y se le califica irreflexivamente como un enemigo de la patria.  Así el conflicto puede escalar a un nivel que produce mucho daño. Y claramente, todo esto se ha visto exacerbado con los estados de excepción, que son una solución parche ante los problemas de orden y seguridad que la policía no ha podido corregir. Buscar enemigos internos. Alguien que nos quiere destruir pero que es compatriota. Esa relación es muy peligrosa y hay que ser muy prudente para no pasar los límites.

-¿Dice que se trata de un adoctrinamiento?
-No, no lo creo, nunca lo vi como parte de una adoctrinamiento formal, pero efectivamente aún permea el concepto y tomará mucho tiempo para que se deje a un lado, mas cuando vivimos en una sociedad muy polarizada, donde todas las partes deben poner de lo suyo para ponerle freno.  No existe un manual respecto al enemigo interno, pero sí se tiene asumida la existencia de un enemigo interno.

-¿Está presente de manera transversal, según usted?
-Está presente, sí, en una parte importante, claro que sí.

-¿Qué tipo de reacciones ha generado su columna?
-Mucha agresión. Y agresiones muy, muy virulentas. Incluso de personas que no me conocen. A lo mejor nos cruzamos alguna vez en la Escuela Naval. Otras personas que han opinado sin siquiera conocer el contexto de la columna. La respuesta ha sido muy agresiva. Han sido reacciones totalmente irreflexivas y que corresponden a una época distinta, de hace 50 años. No consiguieron entender que la columna hablaba del presente y el futuro. Y ojo con el futuro, porque el comandante en Jefe del año 2050 entró a la Escuela Naval este año, probablemente. Por lo tanto, a ese señor no lo estamos formando para esa época, lo estamos formando con las herramientas de 50 años atrás. Y esas herramientas, de 50 años atrás, son las que estas personas adoran, y ahora acusan traición de mi parte. La existencia de lo que a mi juicio fueron apremios ilegítimos se la hice saber, por escrito, a las autoridades competentes, inicialmente en abril de este año y con más detalle en octubre.

Apremios ilegítimos

-Además de este problema que asume como un tema peligroso en la formación de los oficiales, usted ha hecho denuncias graves a la institución por «tratos denigrantes» contra cadetes, que podrían revestir carácter de delito.
-Es verdad. Hoy quisiera decir dos cosas antes. Primero, jamás me imaginé que podían estar ocurriendo. Yo estudié en la Escuela Naval y a este nivel eso no ocurría. Yo también fui brigadier de alumnos de primer año, cometí errores, pero respondí por mis actos. Pero acá empecé a ver una cosa que se está repitiendo varios años. Primero me informé indirectamente, pero luego me tocó verificarlo con mi propio hijo, que estaba en la Escuela Naval. Esta situación y otras preocupaciones se las hice saber al oficial de División y tuve dos entrevistas con él. Se lo hice saber al subdirector de la Escuela Naval, también en dos entrevistas. Se lo hice saber personalmente y luego por escrito al director de la Escuela Naval. Además se lo transmití por escrito y formalmente al comandante en Jefe de la Armada. Se lo hice saber personalmente al director de Personal de la Armada. Y al director de Educación de la Armada, en una reunión que duró dos horas, donde hablamos de estos mismos temas. Esto fue en abril. Segunda quincena de abril.

-Al enterarse que algo malo le había ocurrido a su hijo, menor de edad, ¿qué acciones tomó?
-A raíz de lo que me enteré, me fui a la Escuela Naval. Pedí que trajeran a mi hijo. Le pregunté si esto definitivamente era verdad. Y lo era. El subdirector me lo trajo a una sala donde hablamos con él. Hablé yo en privado. Y posteriormente él lo repitió frente al subdirector de la Escuela Naval, quien dijo que iba a hacer una investigación al día siguiente. Dos días después fui a reunirme con el director de la Escuela Naval y negaron los hechos, dijeron que nada de eso era efectivo, que habían hecho una investigación el día anterior en la tarde, lo cual lo encontré –por decir lo menos– burdo: pretender hacer una investigación de algo tan grave en una tarde. Textualmente lo que él me señaló, fue: «El jefe del departamento consultó a los involucrados y dijeron que no era cierto». Dado que las denuncias, a mi juicio, podrían constituir delitos, solicité se hiciera una investigación sumaria y que me enviaran los resultados del sumario. Eso fue en abril. Hasta el día de hoy no he recibido nada. Y todo esto es más grave todavía, porque el cadete, mi hijo, era menor de edad.

-¿A qué prácticas nos estamos refiriendo en específico?
-Hay varias, pero hay una que la encontré especialmente denigrante, vergonzosa. Colocar cadetes a cantar por tiempo prolongado en un túnel con chorros de agua, a cantar marchas militares y el propio himno de la Escuela Naval. Desnudos. Tengo antecedentes de que también cantaron el Himno Nacional en las mismas condiciones. Todo ello mientras se les obligaba a abrir los ojos bajo el chorro de agua. Eso es muy difícil, hay sufrimiento, genera sensación de ahogo, pero se les obliga. Es una vergüenza. Yo no sé qué están formando. Es muy peligroso. Yo hice un muestreo a través de distintas generaciones de excadetes para saber si eso había sido una práctica reciente, y me señalan que esta fue y es hoy una práctica frecuente.

-¿Esto se les aplica como castigo?
-Así es. Se ejecutó porque se habló en el dormitorio a la hora de acostarse y no debían haber hablado. Le contestó una consulta a otro cadete. Y lo llevaron a hacer ese castigo a eso de las 22:30 horas. No soy especialista, así que consulté con expertos en psicología y psiquiatría –consultas médicas– y me señalaron que acciones como esta podrían calificarse incluso de sadismo.

-¿En las reuniones que tuvo con los oficiales de la Escuela Naval expuso todos estos antecedentes?
-En este punto hay otra situación que encuentro muy grave. En la primera reunión con el director y el subdirector de la escuela. También estaba presente el oficial secretario, que era el teniente Carter. El director era el comandante Saelzer. Le pregunté si estaban tomando acta. Me dijo que sí. Le solicité que me enviaran copia del acta. Y hasta el día de hoy no recibo nada. Sin la mínima transparencia. En esa reunión se trataron estos y otros temas. ¿Qué pasó con el acta?

-En la institución aseguran que usted ha sido recibido por todos y que nunca ha presentado una denuncia formal.
-Cuando se dieron estos hechos, solicité al director de la Escuela Naval, por escrito, que hiciera un sumario. Y los hechos fueron denunciados con nombre y apellido. Además, cuando relaté personalmente los hechos, le reitero, había un oficial que tomó un acta. Y esto fue repetido en la carta que le envié al comandante en Jefe de la Armada, Juan Andrés De La Maza, el 16 de octubre, habiendo pasado ya bastante tiempo sin que me enviaran algún tipo de resultados, e insisto, siendo yo el padre, por tanto, responsable legal de un menor de edad que sufrió actos vejatorios. Pero la Armada, a la fecha de hoy, no me ha enviado sumario alguno, ni el acta de la denuncia, a la cual se comprometieron y que por transparencia debieron habérmela entregado. Y repito, los hechos pormenorizados fueron además puestos en conocimiento del comandante en Jefe.

-De la Marina sostienen que él nunca recibió esa carta.
-A ver, esto es la Armada. Esto le llegó a él por correo institucional y por correo personal de la Armada. Además, le llegó al correo del director de Personal, al director de la Escuela Naval y al subdirector de la misma escuela. Están todos los registros y si los hechos se han ocultado al comandante en Jefe, entonces hay que identificar a los responsables porque están haciendo un daño que puede ser irreparable.

-Dado que los actos descritos podrían ser constitutivos de delitos, presentó usted una denuncia penal?
-Primero, yo esperé durante 5 meses que me entreguen un sumario, por ser padre de un menor de edad. Y si la primera vez, a la primera denuncia, por razones que desconozco, no le dieron curso, esto fue reiterado a la Comandancia en Jefe en una denuncia con nombre y apellido. Y no inicié acciones penales porque estaba dándole la oportunidad de tomar iniciativa a la Armada y evitar una exposición innecesaria. Iniciativa que no tomaron y ahora están en un conflicto. En ese escenario, se hace inminente deducir las acciones penales y estamos evaluando –con mis abogados- la amplitud de las mismas. Ya no sé a dónde va a llegara todo esto. Pero te insisto, el procedimiento usado por mí fue verificado con los principales especialistas en justicia militar y el sumario debió ser realizado. Así que, en un escenario donde personas pudieron haber ocultado información, llegamos a otro plano.

-Volviendo al momento en que tomó conocimiento de que el cadete había sufrido castigos físicos reiterados, llevando pocos meses en la Escuela Naval, ¿qué hizo?
-Imagínate, cuando me entero de eso, me voy a la Escuela Naval y saco a mi hijo inmediatamente. De hecho, el subdirector me dijo que mi hijo tenía que pasar primero por una semana de trámites. «No –le dije–, mi hijo es menor de edad. Yo me lo llevo ahora. Yo no me muevo mientras no me lo entreguen». Así se lo dije al director. ¡Es mi hijo! y en eso no me pierdo.

-¿Temía que pudiera recibir algún tipo de represalia?
-Por supuesto. Con los antecedente que tenía de varios casos. Cualquier cosa, digamos. Tal es así, que para mí fue muy complicado, porque yo apoyé a mi hijo para ingresar. Y se lo dije a su director delante de mi hijo: «Siento una vergüenza enorme y una pena enorme de haber traído a mi hijo a algo que era mi alma mater y encontrarla como la tienen hoy. La han destruido. ¿Qué es lo que usted tiene aquí adentro? –le dije–. ¿Qué es lo que usted controla allá adentro? ¿Cuál es su mandato?». Se quedó callado. El subdirector, en presencia de mi hijo, con el oficial de dirección en la puerta. La madre de mi hijo, mi señora, en la puerta. Una vergüenza. Y esto mismo se lo dije al director de Personal con el director de Educación, quien no le dio ninguna importancia. Ninguna. Y no voy a repetir, pero usó expresiones muy desafortunadas,  que eran para caerse de espalda.

-Hasta ese momento, usted era profesor de la Academia Politécnica Naval, que es como la universidad de la Armada, ¿qué hizo luego?
-Después de retirar a mi hijo de la Escuela Naval, yo inmediatamente fui a la Academia Politécnica a presentar mi renuncia. Ese mismo día fui a mi curso, que estaba haciendo evaluación de proyectos de Defensa, y les dije a mis alumnos que me tenía que ir, que desgraciadamente se me hacía incompatible mi labor de profesor por una situación personal. Y que debía hacerme cargo.

-A su juicio, ¿cuál es el peligro de que sucedan estas cosas y que, además, se toleren sin llevar adelante investigaciones?
-La historia es clara, este es un tema que se ha abordado desde hace muchos años: se trata de la banalidad del mal. Esa frase que acuñó la filósofa judía alemana Hannah Arendt. Cuando en la formación este aprendizaje, prácticamente vicario, se hace parte de lo normal, se llega a subestimar sus impactos en pro de algo que se considera superior. Y ese algo superior, desgraciadamente, puede caer en cualquier visión de totalitarismo, sea del lado izquierdo, del lado derecho, de arriba, de abajo. Pasó en la Alemania nazi, en la Unión Soviética de Stalin, y ocurrió también en Chile.

-Como marino, ¿qué sentimientos le despierta esta situación?
-La Armada de Chile es una gran institución. Ha tenido un rol muy relevante. Muy valioso. Y no podemos permitir que se destruya. Estas instituciones de las Fuerzas Armadas, con estas prácticas, pueden estar además sujetas a acciones de propaganda y de adoctrinamiento, y adolecen de ausencia de reflexión. Yo creo que en algún momento tiene que haber una convergencia de una institución que es parte del Estado. Y debe entender que el mundo cambió.

Lea aquí la carta con las denuncias de apremios ilegítimos enviada al comandante en Jefe de la Armada, almirante Juan Luis De la Maza Larraín

Fuente: https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2022/12/23/exmarino-y-profesor-de-la-armada-denuncia-apremios-ilegitimos-a-cadetes-menores-de-edad-al-interior-de-la-escuela-naval/


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