Atentado a memorial: El huevo de la serpiente y sus síntomas en Valparaíso.

Varios acontecimientos en las últimas semanas nos van mostrando con claridad el avance de un proceso subjetivo que se tiñe de ultraconservadurismo, el que pudiera leerse como una respuesta,  ante la crisis social, ética, en definitiva humana que se ha instalado como consecuencia de una acentuación al extremo de las lógicas mercantiles del capitalismo y de un Estado democrático de corte liberal que en complicidad, es incapaz de “administrar” dicha crisis.

Entre los hechos a los que hago alusión, se encuentran el rallado con la frase “Viva Pinochet” que escribieron sobre el monumento de derechos humanos en Valparaíso y los resultados del estudio sobre educación Cívica y Ciudadana de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA), aplicado a niños de octavo básico de México, Colombia, República Dominicana, Perú y Chile, en el que mayoritariamente los y las adolescentes manifestaron su acuerdo con un posible gobierno dictatorial (en Chile dicho ítem obtuvo un 57% de aprobación).

Estas señales insertas en un orden mundial fragilizado por una lógica de guerra producida y reproducida por los gobiernos de EE. UU., acentuada por Trump, quién además ha logrado el apoyo del mandatario francés y la primera ministra del RU., generan un panorama en que los discursos fascistas y neocoloniales, van ganando terreno, generando con ello todo una producción subjetiva en la que se rompe con lo diverso y lo multicultural, nociones  tan avaladas financieramente por el FMI hace poco tiempo.

Del “Viva Pinochet” y del 57 % de estudiantes que aceptarían un gobierno dictatorial en Chile, no tienen sólo responsabilidad la impunidad con la que se mantienen los crímenes cometidos por los aparatos del Estado represivo de la Junta Militar y la  insanable herida que dejó la propia dictadura, sino también – parafraseando a Félix Guattari – la amarga decepción que nos ha reservado hasta ahora la recuperación democrática.

Del avance de esta subjetividad con tintes fascistas, también somos responsables los sectores críticos, disidentes, los progres, los de izquierda, los revolucionarios, nosotras las feministas, toda vez que hemos sido incapaces de asumir la gravedad de la crisis social, ética y humanitaria actual, y eso se evidencia en nuestra imposibilidad de pensar, proyectar y con ello perfilar otras realidades. Tampoco nos enfrentamos a los fracasos, errores y con ello, nos empantanamos y nos hundimos lentamente, viendo como se masifican las marchas pero se acortan las ideas con densidad transformadora que disputen la producción de sentidos. Poco falta para que la trinidad perversa se instale en las mesas: tradición, familia, propiedad. Por ello, es fundamental que se escriban y reflexionen con profundidad los planteamientos como los que hace el autor de la columna que compartimos con uds. mas abajo, dado que a la luz y a la sombra de los acontecimientos, si no existe un giro radical en nuestra forma de pensar la política de hoy y para el mañana, sólo dejaremos la posibilidad de la catástrofe. (Nota Natalia Pravda, Editora CT)

Por Ernesto Guajardo 

«El huevo de la serpiente» es una película de Ingmar Bergman, realizada en 1977. En ella, su director presenta la vida cotidiana en Berlín, a inicios de la década de los años 20 del siglo pasado. Son los momentos previos al ascenso de Adolf Hitler al poder, la depresión económica, el miedo extendido en todas las rendijas de la sociedad, la indiferencia ante la injusticia. Quienes vimos la película en los años ochenta, en Chile, no podíamos dejar de salir a la calle y observar los detalles, los gestos, los mecanismos que evidenciaban que en nuestro país la serpiente reinaba.

Desde entonces han transcurrido décadas, pero existen cosas que aún perduran, una de ellas, es precisamente la atención a los síntomas, a su reiteración, a su resurgimiento. Lo ocurrido con la agresión realizada al “Monumento a los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos por la Dictadura Militar en la Región de Valparaíso” vuelve a visibilizar esto.

Sin embargo, uno sería del todo descuidado si creyese que estas evidencias, estas provocaciones groseras son la expresión sustancial de lo que se incuba en los intersticios, en las rendijas, pero también en las azoteas de la ciudad puerto. Lo más relevante de este proceso no es visible aún, son aquellos discursos que subyacen a lo que emerge ante los ojos, que lo sostienen, rumorosamente.

Esto plantea desafíos, demandas, al movimiento de derechos humanos en la región de Valparaíso. Estas pueden ser de diversa índole, algunos se refieren hacia el resto de la sociedad, otras son tareas que deben cumplirse en el interior de las propias organizaciones. Es en relación a estas últimas que queremos sugerir un par de reflexiones. La primera de la ellas dice relación con la imperativa necesidad de que el movimiento de derechos humanos busque caminos para salir de los márgenes “naturales” en los cuales se ha desarrollado –o más bien mantenido– en las últimas décadas. La segunda, tan imperativa como la primera, es el resolver el requerimiento que es imprescindible para la mantención de un movimiento como este: generar las condiciones para un necesario recambio generacional, que entregue nuevas energías y miradas al movimiento pero, por sobre todo, permita que el mismo pueda perdurar en el tiempo, más allá de las posibilidades biológicas de quienes ahora lo integran.

Existe, incluso, una tercera problemática que podría agregarse, pero sus características y dimensiones ameritan el desarrollo de una reflexión específica la cual, sin embargo, queremos dejar enunciada: la necesidad de que el movimiento de derechos humanos realice una profunda discusión ideológica en relación a los contenidos y a las formas de desarrollarlos. Esto no solo implica un debate en torno a los derechos humanos de tercera y cuarta generación, sino, de alguna manera, una suerte de revisión epistemológica en relación al movimiento de derechos humanos chileno en la actualidad.

En la ciudad puerto, existen, cómo no, muchos índices, vestigios, testimonios de la violación de los derechos humanos realizada de manera individual o colectiva. También existen diversas organizaciones e instituciones asociadas a la difusión, promoción y defensa de dichos derechos. Sin embargo, no pareciera que se han logrado desarrollar articulaciones más sólidas, diversas y de carácter estratégico entre todas ellas. Del mismo modo, pareciera que tampoco sus respectivas actividades pudiesen irradiar o expandirse más allá de los límites naturales de sus zonas de acción o de influencia. En buen cristiano, se diría que, en términos generales, suele convocarse a los mismos de siempre. En ese sentido, lo ocurrido en el monumento emblemático de los derechos humanos en la región podría ser una oportunidad, una excelente y urgente oportunidad, para realizar las preguntas que sean necesarias, en función de posibilitar que el movimiento de derechos humanos pase de la reacción a la acción, de la ritualización a la planificación estratégica, de la victimización a la elaboración de propuestas programáticas; en definitiva, que se plantee no solo la defensa de la memoria, sino también –y fundamentalmente– la disputa del sentido común, la imprescindible lucha contrahegemónica.

17 de abril 2018

Fuente: https://sicnoticiaschile.wordpress.com/2018/04/17/atentado-a-memorial-el-huevo-de-la-serpiente-y-sus-sintomas-en-valparaiso-por-ernesto-guajardo/

 

 

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