Chile memoria: Los doscientos años de Manuel Rodríguez [+Anexo]

Manuel Javier Rodríguez Erdoíza (Santiago, 1785 - Tiltil, 1818), uno de los héroes más populares de la independencia de Chile. Combativo organizador de guerrillas en la lucha contra el dominio español, y sus hazañas y astucias lo convirtieron en un personaje de leyenda. Varias organizaciones políticas ha llevado su nombre, por ejemplo el MR2 (Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez) fundado por ex miristas a fines de 1969, y el FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez), fundado por el PC y que saltó a la política nacional en diciembre de 1983 [Nota del Editor CT].

por Maximiliano Salinas (*)/R. UdeChile.

El 26 de mayo [recién pasado] se cumplieron los doscientos años del homicidio de Manuel Rodríguez. ¿Qué queda de su memoria? ¿Por qué para nadie fue destacada la efeméride? ¿Es parte de nuestro real ‘patrimonio de Chile’? El día del Patrimonio, ahora dos días seguidos, se ha ido convirtiendo en una recuperación de palacios, mansiones, bancos, templos, cuarteles. Como un recuento de objetos, de antigüedades, de antiguallas, de uniformes viejos (así veo una foto del homenaje de las fuerzas armadas a Rodríguez en El Mercurio).

“La tierra andaba entre los mayorazgos

de doblón en doblón, desconocida,

pasta de apariciones y conventos,

hasta que toda la azul geografía

se dividió en haciendas y encomiendas.

Por el espacio muerto

iba la llaga

del mestizo y el látigo

del chapetón y del negrero.”

(Pablo Neruda, Las haciendas: Canto General).

Es indispensable recordar al popular guerrillero que puso en jaque la dominación patriarcal del estado monárquico y absoluto de los europeos en Chile: el poder de los ‘godos’, es decir, de los ricos, los nobles, los blancos, los privilegiados del estatuto colonial. Manuel Rodríguez supo identificarse con los afectados por el régimen de los godos. Recogió el sentipensar de la plebe, su sofocado inconformismo y su rebeldía. Son sus palabras: “Es muy despreciable el primer rango de Chile. Cada caballero se considera el único capaz de mandar. Muy melancólicamente informará de Chile cualquiera que lo observe por sus condes y marqueses. Más la plebe es de obra y está por la libertad”. ¿Cuánto habrá cambiado Chile de entonces a hoy? A lo mejor, ni tanto. Los caballeros están donde están. Los condes y marqueses de hoy se visten y revisten con otras pompas, títulos y grados. La plebe siempre estará en otra, aspirando a la libertad. La plebe, esto es, el pueblo llano, la gente común, a ras de tierra.

En otra ocasión el parecer de Rodríguez acerca de los chilenos no dejó títere con cabeza.

El régimen patriarcal y moderno colonial de España había degradado de arriba abajo a todos los habitantes de Chile. Son sus palabras: “Los chilenos no tienen amor propio ni la delicada decencia de los libres. La envidia, la emulación baja y una soberbia absolutamente vana y vaga son sus únicos valores y virtudes nacionales […]. El pueblo medio es infidente y codicioso. De todo quiere sacar lucro pronto, en todo meterse y criticarlo […]. La última plebe [está] degradada por el sistema general que los agobia con una dependencia feudataria demasiado oprimente, se hace incapaz de todo”.

Los partidarios del rey no toleraron al joven rebelde. Más de algún abogado lo trató de “hombre pícaro, loco, y turbulento”. El “infame Rodríguez”, dijo la Gaceta Viva el Rey en 1817. “Joven corrompido”, lo llamó el gobernador Marcó del Pont. Lo peor fue que las nuevas y flamantes autoridades republicanas tampoco lo soportaron.  Es “bicho de mucha cuenta” le escribe O´Higgins a San Martín. En 1932 Ricardo Latcham distinguió a Rodríguez de O´Higgins: “Uno era la fuerza libre de la Naturaleza y el desborde rico de los ímpetus espontáneos; el otro significaba la sumisión a las normas consagradas y a las razones de estado.” (Vida de Manuel Rodríguez, el guerrillero).

Manuel Rodríguez encarnó la conciencia más lúcida de su tiempo en términos de comprender los desafíos eternos de la historia de Chile. La miseria del régimen colonial y la necesidad de empezar a crear una verdadera liberación de esa miseria patriarcal.

Manuel Rodríguez pertenece al patrimonio popular de Chile.

Su padre era de Arequipa. El pueblo a ras de tierra lo comprende y lo arrulla. En Til Til los campesinos saben que Rodríguez es muy milagroso y encienden velas a su animita. En 1863 se coloca una placa de mármol a su memoria en Til Til. Hasta 1894 la placa fue destruida y tres veces colocada. En 1954 se publican unas décimas del cantor popular y obrero ferroviario de Til Til José Riel en honor del defensor de la tierra:

Manuel Rodríguez vistiendo el uniforme de los "Húsares de la Muerte", batallón que se distinguía por una calavera de paño blanco sobre negro, simbolizando la decisión de morir en la batalla antes que permitir el triunfo del enemigo.Manuel Rodríguez patriota

popular por excelencia

porque tuvo consecuencia

hacia el pueblo con ojotas

él no aceptó que la bota

del invasor extranjero

explotara nuestro suelo

saqueara nuestras riquezas

hoy le canto mis tristezas

al popular guerrillero.

(Anales de la Universidad de Chile, 1954).

Entre ojotas y botas. Las botas continuaron el saqueo del siglo XX. La pérdida del patrimonio. ¿Cómo no recordarlo hoy a doscientos años de su muerte? ¿Qué Independencia de Chile podía jurarse en 1818 si ese mismo año asesinaron a Rodríguez? El guerrillero poco cuenta para la olvidadiza memoria chilena. Hay que encontrar los sentimientos apasionados nacidos de la tierra. Es cosa de oír a Violeta Parra:

Quisiera tener un hijo

Brillante como un clavel

Ligero como los vientos

Para llamarlo Manuel.

Y apellidarlo Rodríguez

El más preciado laurel.

De niño le enseñaría

Lo que se tiene que hacer

Cuando nos venden la patria

Como si fuera alfiler

Quiero un hijo guerrillero

Que la sepa defender.

(Violeta Parra, Hace falta un guerrillero).

 

Fuente: http://radio.uchile.cl/2018/05/28/los-doscientos-anos-de-manuel-rodriguez/

(*) Maximiliano Salinas Campos (1956): historiador chileno, dedicado al estudio de la religiosidad popular y el humor. En sus primeras investigaciones se dedicó a reconstruir la historia de la religiosidad popular en Chile, en particular del Canto a lo Humano y a lo Divino. Este interés lo llevó a estudiar la Lira popular, que circuló a fines del siglo XIX y comienzos del XX, y utilizar sus textos para conocer la sensibilidad de los sectores populares. También escribió una biografía sobre Clotario Blest. Más adelante, se especializó en la historia del humor gráfico, utilizando para ello la prensa satítica y la revista Topaze. (Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Maximiliano_Salinas).


Anexo Editor CT.: Extractos del artículo:

Manuel Rodríguez: Historia de su vida y del primer asesinato político del país.

por Héctor Fuentes /Periodista.

Varios autores se pronuncian sobre la muerte del mítico Guerrillero de la Independencia.

[…] Después del triunfo patriota en la batalla de Maipú, Manuel Rodríguez comenzaría a ser considerado un estorbo. Tras la llegada de Bernardo O’Higgins al poder, su personalidad rebelde, la gran popularidad que tenía ante el pueblo y la amistad que lo unía a los hermanos Carrera, lo transformaron en una molestia constante para el joven gobierno, al que siempre tildó de autoritario.manuel rodr

La historiografía nos cuenta que el 26 de mayo de 1818 Manuel Rodríguez, quien a la sazón tenía 33 años y fuera tildado de “alborotador incorregible” por el nuevo gobierno patriota, fue trasladado a la prisión militar de Quillota y asesinado con un disparo por la espalda por el teniente Antonio Navarro, miembro del propio Ejército Libertador, mientras caminaba esposado, en el sector conocido como la Cancha del Gato, en las cercanías de Til Til. Navarro confesaría en 1825 que el argentino Bernardo Monteagudo, uno de los personajes más oscuros y retorcidos de la Logia Lautarina (la organización que buscaba la independencia americana y a la que pertenecían José de San Martín y el mismo Bernardo O’Higgins), le dio la orden de asesinar al intrépido patriota.

Rodríguez, después de la batalla de Maipú, dejándose llevar por su carácter apasionado, ya había cometido una temeraria acción: entró galopando a caballo en el mismo patio del palacio de gobierno junto a una turba, para protestar violentamente por el fusilamiento de los hermanos Juan José y Luis Carrera en Argentina. Esto exasperó en extremo al Director Supremo Bernardo O’Higgins, quien ordenó su prisión en el cuartel de los Cazadores de los Andes.

El historiador Benjamín Vicuña Mackenna describió así el diálogo que presuntamente sostuvieron Manuel Rodríguez y Bernardo O’Higgins antes del cobarde asesinato del mítico guerrillero.

O’Higgins: “Rodríguez, usted no es capaz de contener el espíritu inquieto de su genio, y con él va tal vez a colocar al Gobierno en la precisión de fusilarlo, pues que teniendo al enemigo aún dentro del país, se halla en el deber de evitar y cortar los trastornos a todo trance. Es aún usted joven, y madurado su talento puede ser muy útil a la Patria, mientras que hoy le es muy perjudicial, por lo tanto, será mucho mejor que usted se decida a pasar a Norte-América o a otra nación de Europa donde pueda dedicarse a estudiar con sosiego las nociones de su profesión, sus instituciones, etc., para lo que se le darán a Ud. tres mil pesos a su embarque para pago de transporte y mil pesos todos los años para su sostén. En cualquiera de esos puntos puede hacer servicios a su Patria, y aun cuando no estamos reconocidos, podrá dársele después credencial privada de agente de este Gobierno”.

Rodríguez: “Usted ha conocido, señor Director, perfectamente, mi genio. Soy de los que creen que los gobiernos republicanos deben cambiarse cada seis meses, o cada año a lo más, para de ese modo probarnos todos, si es posible, y es tan arraigada esta idea en mí, que si fuese Director y no encontrase quien me hiciera la revolución, me la haría yo mismo. ¿No sabe que también se la traté de hacer a mis amigos los Carrera?

-Ya lo sé, y por ello es que quiero que se vaya fuera.

-Bien, pues, pero póngame en libertad para prepararme.

-No, porque marchará arrestado usted hasta ponerlo a bordo, pues estando comunicado puede hacerlo desde el arresto.”

[Nota del Editor CT: Estos pasajes se encuentra citado en la páginas 25 y 26 del ensayo “Manuel Rodríguez, mártir de la democracia” de Pablo Buono Cuore, publicado en la web Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional. Ver link: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-123090.html].

La muerte de Manuel Rodríguez

El asesinato de Rodríguez en Til Til fue presenciado por el joven campesino Hilario Cortés, quien escondido en la vegetación fue testigo involuntario del drama, por lo que procedió a dar aviso a las autoridades de esa comuna. Cinco días después del asesinato el juez de Til Til, Tomás Valle, informado que el cuerpo de Manuel Rodríguez estaba siendo devorado por aves de rapiña, recogió sus restos en un capacho de cuero y los enterró presuntamente en la capilla del pueblo, sin cajón, en el centro del presbiterio.

Capilla de Til Til, lugar donde fueron enterrados los restos de Manuel Rodríguez.Capilla de Til Til, lugar donde fueron enterrados los restos de Manuel Rodríguez.

En 1894 se abrió en ese mismo lugar en presencia de una comisión y se descubrió un cuerpo con los restos de una casaca, compuestos de un cordón distintivo de los Húsares de la Muerte (el regimiento que había fundado Manuel Rodríguez) y trozos de la parte interior del traje militar. Este hallazgo, por cierto, ha sido motivo de agrias polémicas, por cuanto los relatos históricos describen a Rodríguez vestido con camisa blanca y poncho de color en el momento en que fue asesinado.

Una vez que fueron exhumados los restos, éstos fueron sometidos al examen de una comisión oficial dirigida por Diego Barros Arana, que juzgó las pruebas insuficientes. Sin embargo, los restos igualmente fueron puestos en una urna cerrada y lacrada y trasladados al Cementerio General, lugar donde reposan hasta el día de hoy.

El escritor Jorge Baradit, autor del libro “Historia Secreta de Chile”, debido a lo anterior, no dudó en calificar a Manuel Rodríguez como el primer detenido desaparecido de la historia de Chile. “En el autoritario gobierno de Bernardo O’Higgins, que se entroniza inmediatamente después de la victoria de las armas patriotas en Maipú, se produce el asesinato de Manuel Rodríguez, el audaz guerrillero, quizás uno de los hombres más queridos en nuestro país. Rodríguez, a pesar de ser carrerista, se pone a las órdenes de San Martin en pro de la liberación de Chile, con sus montoneras y su guerra psicológica, preparando la invasión patriota por la cordillera de los Andes ¿Y cómo le pagaron? Lo asesinaron cuando la Independencia del país ya estaba conseguida y él ya no era relevante. Manuel Rodríguez fue el primer detenido desaparecido de una dictadura, porque el destino de sus restos todavía no es claro y el gobierno de O’Higgins definitivamente fue una dictadura”.

El abogado Juan Pablo Buono Cuore, autor del libro “Manuel Rodríguez, mártir de la democracia” (que escribió tras trabajar con el tanatólogo de la Policía de Investigaciones, José Belleti, y el tataranieto del guerrillero, Juan Esteban Rodríguez Besa), en un entrevista concedida al diario “La Nación” afirmó por su parte que la muerte de Manuel Rodríguez fue el primer asesinato político en la historia republicana de Chile. Además, aseguró que, mientras no haya certeza de que el cuerpo sepultado en el patio Arriarán del Cementerio General pertenezca al guerrillero, también se trataría del primer detenido desaparecido del país.

“O’Higgins y José de San Martín, ambos miembros de la Logia Lautarina, querían instaurar un sistema monárquico en Chile. La idea de la Logia era ir a Europa, contratar un príncipe, pagarle y traerlo para que se hiciera cargo del país. La lucha de San Martín, O’Higgins y la Logia era contra la monarquía española, no contra el sistema monárquico, aunque después O’Higgins prefirió un régimen dictatorial. En cambio, la lucha de Manuel Rodríguez era aplicar una república democrática liberal. Estos proyectos políticos entraron en pugna y Manuel Rodríguez fue asesinado por la Logia Lautarina. En 1823, luego de la abdicación de O’Higgins y cinco años después del crimen, se inició una investigación. Al analizar el testimonio de varios testigos presenciales, todo indica que el que le dio muerte no fue el teniente Navarro, sino que el argentino Rudecindo Alvarado, capitán del batallón Cazadores de Los Andes, miembro de la Logia Lautarina y muy amigo de San Martín y O’Higgins. También estuvo encargado de una cárcel en que Rodríguez escapó en abril de 1817. Alvarado le tenía sangre en el ojo. Cuando se decidió en la Logia Lautarina quién tenía que ser el autor material, Rudecindo Alvarado, jefe del batallón que llevaba escoltado a Rodríguez, se ofreció”.

Buono Coure agrega que “el doctor Belleti se basó en un informe documental de 1823 y determinó que Rodríguez no murió de un disparo en la espalda, por la razón de que ese proyectil no era mortal. El guerrillero falleció por un traumatismo encéfalo-craneano producto de los golpes con culata de fusil. Sin embargo, para tener certeza científica de eso se requiere constatar que el cuerpo que se desenterró pertenecía a Manuel Rodríguez.

En 1895 el Presidente Pedro Montt autorizó la exhumación de los restos que estaban en la Iglesia de Tiltil. Un comité estableció que era el cuerpo de Manuel Rodríguez, pero una comisión que encabezaba Diego Barros Arana determinó que no era posible llegar a esa conclusión. Hubo un conflicto, pero el gobierno ordenó enterrar ese cuerpo con honores como si fuera de Manuel Rodríguez. Entonces, para obtener la certeza es sumamente importante una nueva exhumación, algo a los cual los descendientes de Manuel Rodríguez se han manifestado de acuerdo, pero esta exhumación fue negada en el año 2008 por el Servicio de Salud y después por la Contraloría por razones técnicas y jurídicas, ya que sólo pueden exhumarse restos por una investigación criminal y, en este caso, estamos hablando de un homicidio que ocurrió el 26 de mayo de 1818 y que hoy está prescrito.

Hoy, la calificación jurídica de este delito sería “Secuestro con homicidio”, pero como no hay certeza con el cuerpo, podría ser el primer detenido desaparecido del país. Lo que sí es indiscutible es que se trató del primer asesinato político del país. La Logia Lautarina siempre utilizó formas legales para matar. A los hermanos Carrera, fusilados un mes antes, les inventaron un juicio y a Rodríguez se le aplicó la Ley de Fuga. El informe oficial dice que quiso escapar, pero después los mismos militares del batallón señalaron que jamás hubo una fuga. Es un crimen que quedó en la impunidad y nadie fue condenado, aunque todas las personas que estuvieron involucrados en su asesinato no murieron bien. A Bernardo Monteagudo lo mataron en 1825 en Perú y O’Higgins falleció exiliado en ese mismo país. San Martín también murió en el destierro, en Francia. Es como la “maldición del Guerrillero””.

Octubre 2016.

Fuente (extractos: https://www.guioteca.com/mitos-y-enigmas/manuel-rodriguez-historia-de-su-vida-y-del-primer-asesinato-politico-del-pais/

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