Chile: La venganza de Salem (*).

por Andrés Bianque Squadracci.

Alrededor de casi dos siglos atrás, las injusticias sociales pudieron ser expresadas y reclamadas de manera medianamente clara, a través de respectivos manifiestos humanistas. Se peregrinó desde la teoría a la práctica, en ello, con todo, hubo muchas ausencias e inexactitudes, amén de acciones que contradecían los propios principios expuestos. A raíz de eso, entre otros, la concretización de los proyectos colapsó aparatosamente, a finales del siglo 20.

En un principio, como si de un amante se tratara, la clase trabajadora idealizó el nuevo idilio. No sólo todo lo que se ofrecía era hermoso y prácticamente perfecto, además esa misma clase o casta o masa, miró para otros lados y perdonó bastantes deslices de la nueva relación. (El amor ideológico también es ciego).

Y así, de sólo encontrar maravillas en las primeras estaciones, vino el fin del romance, y no ocurrió en buenos términos. Quien antes era reflejo de perfección, pasó a lucir monstruoso ante la claridad histórica de varias huellas obscuras y sangrientas que dejó su paso. Lo negativo pesó el triple, aunque no todos los claveles, rosas y espigas fueron obtenidos malamente.

La clase emigró hacia otros rumbos y varios candidatos esgrimieron su estirpe. Honestos algunos pocos, los más, prefabricados y promovidos por los dueños del planeta, quienes vigilando la manada, terminaron por conquistarla con bisutería tecnológica e individualista, sin necesidad de garrotes.

Después de un estornudo de años vinieron los pueblos originarios, vino todo lo verde y silvestre. La autoridad o caudillajes recordaban maneras opresivas ya experimentadas, entonces reaparecieron las viejas asambleas y los tratos horizontales, entre talleres ancestrales o conversaciones de género…

El pretendiente perdedor comenzó a realizar piruetas estratégicas. Se abandonaron o modificaron ciertas palabras y conceptos que no molestaran a los ganadores. Producto de aquellas maromas dialécticas, quedaron a la veda histórica miles de huérfanos ideológicos que sin tener quien les propusiera nuevas maneras, se adhirieron más y más a algunos conceptos tergiversados grotescamente.

La ausencia de un debate profundo y autocritico al interior de los postulados de izquierda, pasó la cuenta. Hoy, nuevamente se suscitan casi idénticas prácticas de antaño. Los medios de comunicación de izquierda censuran cualquier tipo de crítica contra los nuevos paradigmas. Idealizan un proyecto que no tiene bases serias, ni rigurosas, a falta de tener ellos mismos, algo mejor que ofrecer.

Hubo un tiempo en que ser revolucionario o comunista era una moda imperante que resarcía bastantes réditos para quien se proclamase adherido al movimiento sobresaliente. ¿Cuánto artista o intelectual mediocre tuvo/tiene tribuna sólo porque milita-ba o simpatiza-ba con el estandarte en boga?

Hay inexactitudes e injusticas ridículas cometidas por los nuevos evangelistas. Y ni siquiera todo lo incoherente que se plantea, es capaz de estremecer a un importante sector de la izquierda, donde algunos han mostrado ser cobardes y rastreros que guardan silencio cómplice, con tal de malversar un par de adeptos o votos. Son fanáticos, irracionales, dogmáticos, mercaderes de ideales según cómo fluctúe la bolsa de valores éticos en la orbe impuesta por el mercado internacional.

Qué mejor que sumarse a la cresta de la ola donde el cardumen electoral salpica y crispa todos los medios de comunicación. Qué mejor que una red donde se obtengan mercedes de las espumantes cuadrillas, aún acosta de injustas generalizaciones o idealizaciones insultantes donde se supone que todos nuestros problemas, resulta, después de miles de años de historia, ha sido siempre; ¿un tema de género? Un cuento de falacias lleno de princesas y príncipes, olvidándose adrede de varios oficios donde da exactamente lo mismo el género. Empezando por los maestros, los albañiles, los aseadores, los jornaleros, los menestrales de meses con moretones económicos. Los vasallos, los sin tierra, los sin casa, los sin agua, los sin salud o educación, los presos políticos, los independentistas, los que viven entre docenas de penas que no son interpretaciones subjetivas sino que realidades tangibles como el garrotazo de pagar un arriendo o una renta o las cuentas a fin de mes.

Quienes censuran las críticas, deben ser parientes de esos mismos que enmudecieron con las torturas y desapariciones en nombre de algunas banderas. Los mismos del mutis intelectual o poético frente a las atrocidades de quienes los financiaban. Los mismos que callaron los Gulag, los mismos que callaron ciertas matanzas o los sindicalistas asesinados o los accidentes burocráticos a los no cotizantes o la corrupción de dineros y cargos o la nula libertad de debate o disentir.

Los mismos que ante cualquier crítica al ismo de moda, tildaban al otro de fascista, de traidor o alienado o infiltrado y no tuvieron y no tienen la decencia de reflexionar diatriba o crítica alguna.

Gracias a charlatanes como estos, se vinieron abajo los proyectos. En 100 años, eso sí, han aprendido a repetir de memoria sus privilegios y derechos y de obligaciones brillan por su ausencia.

Testaferros que ahora son cancerberos y conserjes de puertas atractivas, pero de casas de remolienda y conventillos miserables.

Estas palabras, una taza de agua en contra de un edificio en llamas.

Al tiempo, ya vendrán nuevas sequías y recordarás ese mismo vaso.

Qué callado que andan los poetas. Qué introvertido que van los escritores en estos tiempos, parece que opinaran de acuerdo al viento que adorne sus hojas.

(Fragmento. Adaptación especial para lectores precoces)

𝑨𝒏𝒅𝒓é𝒔 𝑩𝒊𝒂𝒏𝒒𝒖𝒆 𝑺𝒒𝒖𝒂𝒅𝒓𝒂𝒄𝒄𝒊.


Nota del Editor CT:

Consultado el autor sobre la referencia a Salem que evoca en el título de su artículo, nos confirmó que se trata del trágico episodio ocurrido a fines del siglo XVII en el pueblo del mismo nombre en EE.UU. y recreado en los años 50 del siglo XX por el escritor Arthur Miller. Y lo utiliza para ironizar con el oportunismo ideológico de cierta izquierda y de otros sectores que, a pesar de haber negado otrora sistemáticamente los «problemas de género», hoy se muestran como los campeones del feminismo sin dar minguna explicación ni menos hacer los distingos teóricos o politicos que reclama una interpretación de este complejo movimiento. Y dicho sea de paso, no está demás recordar algunos detalles de los sucesos acaecidos en la aldea de Salem. [Nota del Editor CT].

(*) Juicios de Salem:

Los juicios de Salem por brujería aluden a un famoso episodio del período de colonización de los Estados Unidos en 1692 en la aldea de Salem (actual estado de Massachusetts), en el que, como efecto colateral de luchas internas de las familias coloniales y fanatismos puritanos revestidos de paranoia, fueron condenadas a muerte 19 personas acusadas de brujería, todas mujeres, y se encarceló a un número mucho mayor. El número de acusados por brujería en estos juicios pudo fluctuar entre 200 y 300.

Muchas teorías han intentado explicar por qué la comunidad de Salem explotó en ese delirio de brujas y perturbaciones demoníacas. La más difundida insiste en afirmar que los puritanos, que gobernaban la colonia de la bahía de Massachusetts prácticamente sin control real desde 1630 hasta la promulgación de la Carta Magna en 1692, atravesaban un período de alucinaciones masivas e histeria provocadas por la religión. La mayoría de los historiadores modernos encuentran esta explicación cuando menos «simplista». Otras teorías se apoyan en analizar hechos de maltrato de niños, adivinaciones invocando al maligno, ergotismo (intoxicación con pan de centeno fermentado que contiene elementos químicos similares al LSD), el complot de la familia Putnam para destruir a la familia rival Porter, y algunas otras aluden al tema del estrangulamiento social de la mujer. (Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Las_brujas_de_Salem).

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