Chile amenidades: Víctor Pérez y Mary Rose McGill, humoradas del día…

“Nosotros queríamos que la gente deje de ser pobre, la izquierda quiere que la gente se mantenga pobre para poder manipularla”.

por Diario UChile.

El ministro del Interior abordó diversos temas en un conversatorio de la Fundación Jaime Guzmán, entre ellos la situación migratoria de nuestro país y el proyecto que busca regularla. «La pregunta es: si lo hemos hecho tan mal, ¿por qué ningún chileno se quiere ir de Chile y por qué miles de latinoamericanos quieren ingresar a Chile?», sostuvo Pérez.

Mary Rose McGill renovada: “No echo de menos los eventos”.

La figura mítica de las páginas sociales no está ansiosa por activar su vida social. Aquí habla de su vida indoor, de su afición al huevo, de su distancia con la tecnología, de política y de un sorprendente emprendimiento con alcohol que hará con su hijo.
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Mary Rose McGill tras firmar por partido de J.A Kast: «Es la única persona en este momento que puede sacarnos a flote» Además, la socialité hizo un llamado a los chilenos para firmar por el partido Acción Republicana. (Fuente: soychile.cl /2019/09/05).

Mary Rose McGill a veces, y dado que se ha descomprimido el encierro, sale a pasear con Sofía, una perra muy adecuada para llevarla en brazos, y otras veces se tiende en su cama a reflexionar preocupada en torno al futuro de la ópera. Elude conceder entrevistas por Zoom porque ella tiene una relación muy estresante con la tecnología. Una vez dio una entrevista por Zoom y el periodista le pidió que subiera el volumen del computador, ante lo cual Mary Rose se paralizó y luego señaló:

-No, mijito, yo no voy a tocar nada.

Y gritó:

-¡Julio!

Julio Subercaseaux vive con ella. Es su hijo mayor, un teenager de 60 años que se dedica a los negocios y tiene ojos de escocés. Julio le sirve el desayuno a Mary Rose. Julio recibe llamados de periodistas. De modo que Julio, que en sus negocios es un señor relevante y con voz de mando, en el departamento que comparte con Mary Rose vive en un estado de alerta continuo. Según parece, Julio es un tipo sensacional que por instantes oficia de mayordomo y está atento a cualquier ocurrencia de su madre. Y Julio es el único que la instruye en computación.

-Julio es maravilloso- admite Mary Rose.

Julio, por su parte, ya ha dicho en la prensa que ser hijo de Mary Rose es una aventura muy simpática. Dijo que su mamá tiene mucho sentido del humor y que, en sus días inspirados, ella habla de Escocia o dice que una vez, en compañía de su padre, Henry McGill, fue a la casa de Churchill y lo vio pintar un cuadro en el jardín, en mangas de camisa y aferrado a un vaso de whisky. Churchill tenía la nariz roja.

-Churchill es fascinante- afirma ahora Mary Rose.

Lo cierto es que Mary Rose no concede entrevistas por Zoom porque, entre otras cosas, aparecer bruscamente en cámara la obliga a pintarse de rojo los labios y planear una tenida. Y, desliza, aparecer en Zoom no es refinado. Tampoco es adecuado acordar una visita en persona, pues Mary Rose es una elegante mujer que en estos días pandémicos debe tomar recaudos: es una ciudadana de primera clase pero que estadísticamente figura en la tercera edad. Es una mujer de signo Libra que este sábado cumple 87 años.

-Cumplo 8-7- dice ella, modernizando el número.

Habla, entonces, desde el teléfono y amenaza con que en un rato la pasarán a buscar para hacer vida social. Lo dice con un asombroso desgano, como si avisara que la llevarán a una notaría.

-¿Acaso no echa de menos los eventos?

-No echo de menos los eventos. Mira, mijito, he ido a tantos eventos en mi vida…

El impacto es mayúsculo: podemos inferir que a Mary Rose la pandemia le extirpó el gusto por los eventos sociales. Tal vez se ha tornado una socialité desganada. No parece ansiosa por revivir la gloria del canapé, ni por lucir una carcajada en las páginas sociales.

-No me desvivo por una copa de champagne.

-¿No hay algo que le interese de un cóctel?

-Mira, por supuesto que si me das un caviar beluga me lo como encantada.

-¿Qué otra cosa come encantada, Mary Rose?

-Carne de Osorno, me fascina.

-¿Y qué echa de menos?

-Lo que sí podría echar de menos es el contacto con la gente. Sobre todo con la gente afín a una. Hablar de cultura, eso es entretenido.

-¿Hace mucho que no va a la inauguración de una exposición de arte, por ejemplo?

-Ufff. Ahora todo es a través de esta cosa virtual. Antes, claro, yo estaba si me convidaban.

Y agrega:

-Pero, al menos, todos los días hablo por teléfono con mis amigos.

-¿De qué hablan?

-De lo que pasa en este país, te fijas tú.

Mary Rose Mcgill. Foto: AGENCIAUNO

De manera que Mary Rose es una gestora cultural que está sin poder gestar cultura. Es, además, una socialité forzada a no sociabilizar. Es una viuda que convive con Sofía, su perra, y Julio, su hijo. Hay momentos en que Mary Rose analiza la situación del mundo y declara, encendida, su fervor por Suecia.

-Los suecos determinan que cada cual sabe lo que tiene que hacer. Y el que no se cuida, se muere no más.

-Dios mío- suspira, sensibilizado, el reportero.

-Es que es así. Y, bueno, es que también los suecos son otra raza, claro.

-¿Usted tiene miedo?

-Me da miedo la situación económica del mundo. Nosotros estamos relativamente bien, pero piensa en África. Allá es fatal.

-¿En qué parte de África, Mary Rose? 

-En África, te fijas…

-¿En el Congo, por ejemplo?

-¡Por supuesto, allá hay mucha guerrilla!

Parte medular de su rutina consiste en abrir los ojos e inmediatamente leer El Mercurio, pues, a su juicio, si no lee El Mercurio es como si no hubiese despertado. Y, luego, se come un huevo a la copa, cargado de nutrientes que la llenan de energía otoñal. Tiene una afición clandestina por los huevos desde hace años.

-Es sumamente importante comerme el huevo.

Ahí se activa y abraza a Sofía, la perra. Mary Rose ha dicho que hace muchos años no da un beso, un beso sentimental, húmedo, y que lo más cercano a eso son los lengüetazos de Sofía, la perra. Pasan el día juntas, las dos, la gestora y la compañera domesticada. Si salen de paseo, Mary Rose se cubre la cara con una mascarilla vulgar.

-Que la mascarilla combine con la ropa es una siutiquería, tú me entiendes, ¿no?

-Sí, claro. 

En algunos pasajes del día, Julio, el hijo, aparece y dialogan. Y si la conversación es francamente amena, Mary Rose y Julio beben un martini. Si la conversación es doblemente amena, Mary Rose y Julio toman otro martini. Mary Rose en este punto aclara que ella es inmune al alcohol, jamás en su vida se ha emborrachado. El martini ha resultado muy leal y a esto sumamos que Mary Rose, la hija de Henry el escocés, dejó el whisky hace algún tiempo a raíz de que le impedía dormir en paz. Todo indica que su vía de escape, en la actualidad, es el martini.

-Me encanta- corrobora ella.

De modo que un día su hijo Julio, que todo el tiempo olfateó aciertos comerciales, y Mary Rose conversaron largamente e inventaron un negocio: repartir martini por delivery.

-Julio es el que está a cargo de todo- advierte Mary Rose.

-¿Y entonces cuál es su misión?

-Yo pruebo los tragos.

Y Mary Rose ríe.

En efecto, en la división de funciones, a Mary Rose le corresponde brindar. “Creo que vamos a tener tres tipos de martini”, informa con entusiasmo. “Son todos diferentes, muy secos”, añade la encargada de los sorbos.

-Estamos por partir…- cuenta. De manera que pronto esta dupla eficaz, con la fiereza alcohólica de los escoceses, podrá tocar su timbre y llevarle un martini hasta el living.

-Se reinventó, Mary Rose- le señala el reportero.

Y ella, la tester, sólo afirma:

-Yo lo he pasado estupendo, jajaja.

Los 87

Dice que tener 87 años no la perturba. Y opina que ha tenido una vida plena. Es hija única, su papá era un gigante buenmozo, su mamá una chilena sofisticada. Su papá, Henry, le dio una cachetada a los tres años porque ella le levantó la voz a Alicia Herrera, su mamá. Mary Rose McGill una vez compartió una comida con Elizabeth Taylor. En otra oportunidad estuvo con la Reina Isabel y le hizo una reverencia ajustada a la normativa. Estuvo casada con el señor Subercaseaux y enviudó. Estuvo casada con el señor Jarpa y enviudó. Tiene cuatro hijos. Se pone melancólica al recordar el accidente automovilístico en que murió su mamá, justo cuando ella esperaba a Julio, su primer hijo. Trabajó en una librería. Estudió un poco de periodismo. Sabe de caballos, de ópera, de arte, de whisky y de huevos. Y comprime casi nueve décadas en tres palabras y una fórmula social.

-Una vida maravillosa, te fijas tú.

Cree en Dios, le reza con devoción. No sacó el 10% de la AFP porque consideró que no era lo apropiado. Votó a Piñera y es de derecha. Y desde hace un tiempo, ya es sabido, adscribe a José Antonio Kast, el señor de la derecha enfática.

-Es un político muy serio. Todo lo que dice es cierto. El día que ganó Piñera, él ofreció ayudarlo, pero no le hicieron caso.

-¿Cuál es la mayor virtud de Kast?

-La tenacidad. Formó un partido. Y eso no es algo menor.

-¿Qué opina del Parlamento?

-Ay, Dios mío santo…¡Terrible, pues mijito! ¡Qué quieres que te diga! Es sumamente mediocre, precario. Y ellos se deben a todos nosotros, el pueblo.

-¿Cómo es ser pueblo?

-Mira, lo primero que uno necesita es tener un buen Parlamento. Y luego, bueno, este es un país con una miseria cultural espantosa. Hay mucho por hacer. Fíjate que yo tengo mucho respeto por las etnias. Por los mapuches. Por todo lo que han tenido que vivir.

-¿Cree en la tolerancia, Mary Rose?

-¡Por supuesto! Tenemos que generar vínculos.

-Tengo entendido que usted una vez tuvo una grata experiencia con un comunista…

-¡Pero claro! Conocí a un chiquillo comunista encantador en una actividad en la Universidad de Chile. Me llevó del brazo hasta mi auto. Era un comunista muy agradable.

-¿Cómo ve la posibilidad de un nuevo estallido social?

-Con pavor. Y la respuesta del Gobierno en su momento fue penosa. Y creo que si hay otro estallido eso se va a repetir.

-¿Qué habría que hacer?

-Tener más carácter. Es como cuando un niño chico empieza a berrear. Si no lo paras en su momento, después ya no para más.

Y despliega sus pensamientos:

-Aquí cada cual hace lo que quiere.

O bien:

-Todos atacan a las Fuerzas de Orden.

También se enoja:

-¡Y lo que están logrando es que ahora muy poca gente postule a Carabineros!

Da un aviso:

-Que todos vayan a votar.

Se torna mística:

-Lo único que nos queda es rezar.

Medita:

-Todas las religiones son admirables…

Y en ese momento, por alguna razón, explota en una fuerte tos.

-COOOF…

Y ya sabemos que todas las personas que tosen hoy generan impacto.

-¿Se encuentra bien?

-¡Estoy muy bien! ¡Oye, ya, me pasaron a buscar!

Y somos testigos de un momento histórico y alentador del 2020. A un día de los 87 años formales, Mary Rose corta con hidalguía el teléfono. Emite un Chao entusiasta y sale entonces de su casa. Y Mary Rose McGill, nuestra socialité, después de todo un año, vuelve a hacer vida social.

Fuente: https://www.theclinic.cl/2020/10/09/mary-rose-mcgill-renovada-no-echo-de-menos-los-eventos/

1 Comment

  1. De todas las tonteras que dijo Víctor Pérez, una, es verdad: “Nunca Chile creció tanto como entre el año 86 y a principios de la década del 2000 y esto producto de nuestras ideas, producto de nuestras políticas”. Es verdad, en la medida que Chile, se traduzca por el grupo de plutócratas que se han apoderado del Estado y gobierno. Sus políticas se resumen en “no hay para todos”. En Cuanto a Mary Rose, me recuerda el film “Sunset Boulevard”…

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