Chile y el desacato popular: profesionales se pronuncian frente a la coyuntura.

Estallido Social: balance, encrucijada y proyección.

por Profesionales Convocación por la Transformación (*).

[..] la lucha callejera [..] demostró el irrefutable potencial que encierra en su seno la fuerza del pueblo y que cuando se desata nadie puede controlar, provocando la fisura y crisis que por algunas semanas de octubre hizo que el miedo cambiara de bando [..] Ante la movilización popular, nuevamente el bloque en el poder ha impuesto la “política de los acuerdos”, donde los partidos de todo el espectro se adueñan de la representatividad del pueblo para poner una fachada democrática al modelo neoliberal.  De la misma forma que hace 30 años el plebiscito que prometía “la llegada de la alegría”, contuvo institucionalmente la crisis social de la dictadura y a un movimiento popular en alza.

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Balance del Estallido

El carácter del estallido de octubre fue determinado por la aparición del pueblo como protagonista, quien se tomó las calles para levantar demandas postergadas durante años. Las acciones que comenzaron con evasiones masivas en el metro de Santiago, lideradas por los secundarios, progresaron la noche del 18 de octubre cuando el pueblo movilizado salió a las calles atacando estaciones de metro, tomándose avenidas y saqueando grandes centros comerciales. Esta situación marcó un momento histórico que logró abrir la fisura más grande a la legitimidad del modelo político-económico en los últimos 30 años.

A pesar de ello, es necesario analizar el estado del bloque popular del cual nos sentimos parte. Desde nuestra mirada, existen tres aspectos críticos que han caracterizado al pueblo, i) su falta de conducción y estructura que lo organice, ii) la despolitización en las ideas detrás del malestar y iii) el rechazo transversal a la política. Esta situación se refleja en la dispersión de demandas sin un proyecto en común, así como en la falta de estrategia propia o capacidad de respuesta  ante la iniciativa del gobierno.

Por su parte los actores que conforman el bloque en el poder, aquel cuya función es reproducir el sistema, tales como el gobierno, los partidos políticos tradicionales, el poder judicial y legislativo, las fuerzas armadas y del orden, y los grandes empresarios, no se quedaron impasibles, y reaccionaron de forma cohesionada para contener las protestas y cerrar esta fisura en la hegemonía del sistema. Por una parte, intentaron retomar su “orden y paz social” mediante la represión por parte de  carabineros y FF.AA., con llamados del sector más conservador a endurecer la represión. Por otra, generaron “pactos y medidas sociales” que están lejos de generar cambios estructurales en el modelo y muy cerca de profundizar los cimientos para estabilizar el ya existente. El hito clave de este proceso fue el acuerdo del 15 de noviembre entre los partidos del oficialismo y la oposición por “la paz” y una nueva constitución, que canalizó las demandas  de forma institucional, apropiándose de la conducción de un proceso, a espaldas del pueblo movilizado.

La pandemia vino a reafirmar la brutalidad de todas las injusticias y desigualdades develadas en las demandas del Estallido, cuando en salud el ya colapsado sistema público no dió abasto y las tasas de mortalidad más altas se concentran en las comunas con menores ingresos; en educación las posibilidades de aprender a distancia para las y los niños han estado determinadas por las condiciones materiales y culturales de sus padres; en trabajo se ha hecho imposible cumplir la cuarentena para quienes viven de sus ingresos del día a día y los patrones de aquellos asalariados no han dudado en salvarse a sí mismos mientras sus trabajadores consumen sus pocos ahorros; y un largo etcétera de ejemplos en cada esfera de la vida precarizada por este sistema, en el cual el Estado opera siempre de forma eficiente en favor de mantener las riquezas de las Elites y deja en abandono a las familias trabajadoras. Así también volvieron las protestas por el hambre y la falta de condiciones para cumplir el llamado a la cuarentena, a las cuales el gobierno respondió con cajas de migajas, represión y nuevamente consumiendo los ahorros de los trabajadores con el retiro del 10% de las AFP.

Los medios de comunicación son el principal medio de información y generación de opinión en la población y nunca han sido neutrales, serviles al bloque en el poder resguardan su modelo. Durante el Estallido y posteriormente la pandemia, criminalizan las protestas y difunden ampliamente hechos de violencia, moldean las demandas, dan tribuna al circo de políticos y levantan el plebiscito como la única forma válida de expresión de las masas.

Como vemos, si bien la grieta abierta en el modelo resiste a cerrarse, el bloque en el poder ha logrado reagruparse y retomar el control del escenario, imponiendo una salida al conflicto bajo sus propios términos e impulsando con fuerza proyectos como la agenda de “seguridad”, la ley anti saqueos y antibarricadas, la comisaría virtual acompañada de la militarización de las calles (bajo la excusa de la crisis sanitaria) , entre otras, lo que nos deja como bloque popular en una encrucijada.

El engaño del proceso constituyente

Ante la movilización popular, nuevamente el bloque en el poder ha impuesto la “política de los acuerdos”, donde los partidos de todo el espectro se adueñan de la representatividad del pueblo para poner una fachada democrática al modelo neoliberal. De la misma forma que hace 30 años el plebiscito que prometía “la llegada de la alegría”, contuvo institucionalmente la crisis social de la dictadura y a un movimiento popular en alza.

Más aún, la Revolución Pingüina en el año 2006 muestra de forma clara cómo opera la institucionalidad y dónde reside el poder. En ese entonces, un consejo asesor con participación testimonial de los “actores sociales” encauzó las demandas de los secundarios y cambió la LOCE  de Pinochet por la LGE de Bachelet, que mantuvo intacta la educación de mercado.

Ambas situaciones son un ejemplo de que el poder real permanece en los grupos económicos, quienes a través de los partidos tradicionales montan un teatro de participación que no altera el consenso estratégico con el modelo.

Hoy vemos repetirse la historia. Frente a un pueblo que denuncia la crisis de legitimidad del sistema político y devela un conjunto de desigualdades sociales, las fuerzas políticas en el poder se esmeran en lograr re-oxigenar la «democracia, sus representantes e instituciones», argumentando que para lograr reformas sociales profundas es necesario cambiar primero las formalidades determinadas por la constitución.  Sin embargo, es la constitución la que está determinada por la instalación del modelo político-económico que realizó la dictadura y se profundizó en democracia, y son sus defensores -elites nacionales e imperiales- los que establecen y establecerán los márgenes de las reformas constitucionales.  La Constitución es un resultado y no un pilar que sostiene al actual modelo capitalista.

Así es como el bloque en el poder copa la agenda pública, y utiliza toda su maquinaria mediática para revalidar su aprobación, con el objetivo de instalar en el pueblo movilizado que la nueva constitución debe ser la demanda ciudadana “más sentida” y que la forma para alcanzarla es votando en esta falsa democracia. De esta manera han centrado el debate en el mecanismo y proceso jurídico del cambio constitucional, limitando la discusión a un apruebo o rechazo, alejándose del análisis sobre dónde reside realmente el poder y del análisis político-económico de la situación nacional.

El actual proceso constituyente, hecho a la medida del bloque en el poder, limita todo cambio sustancial al sistema, por lo que a pesar de dos artículos de más o menos en la constitución, se mantendrán intactos los intereses de la clase empresarial y se volverá a su estado de “normalidad”, cambiando la constitución de Pinochet por la constitución de Piñera. Este proceso es una falsa oportunidad de participación y cambio que le cierra toda posibilidad al bloque popular de tener una verdadera influencia en la conquista de sus demandas.

Por una transformación radical: Organización, proyecto y lucha para alzar el poder popular.

Denunciar el engaño del proceso constituyente al que nos quieren arrastrar los políticos tradicionales está lejos de hacernos parte del “Rechazo”. Al contrario, justamente porque queremos verdaderos cambios no nos haremos parte de la farsa con que pretenden que un “Apruebo” renueve la hegemonía neoliberal y, al final, todo siga igual. Pero entonces, ¿qué proponemos para alcanzar una vida digna y una sociedad justa?

Nuestro esfuerzo está en llevar esta revuelta a un cambio de periodo en el que como pueblo organizado, seamos protagonistas que cuestionemos y refundemos tanto las bases económicas de la sociedad como el lugar donde reside el poder. Para ello creemos que es fundamental aprovechar este escenario y reabrir la fisura en la legitimidad del modelo para contribuir al rearme del movimiento popular.

Con el “Estallido social” quedó demostrado que la fuerza del pueblo reside en su organización, unión y radicalidad, y que el modelo ha buscado anular con atomización, competencia y moderación. A contrapelo de ello, por una necesidad inherente al proceso de movilización, muchas asambleas populares se levantaron en diferentes espacios donde el pueblo vive, estudia o trabaja, como polos de agrupamiento para informarse, discutir y dar continuidad a la protesta. De la misma forma durante la pandemia se desarrollaron diferentes expresiones de solidaridad popular como ollas comunes, redes de abastecimiento, cooperativas de consumo, entre otras, en las que el pueblo se unió para luchar por su subsistencia diaria ante la ineficiencia e indolencia del Estado.

Ampliar la participación en todas estas instancias, dotarlas de estructura, volver la organización algo cotidiano es fundamental si queremos desarrollar nuestro poder. Tendremos que poner mucho cuidado en blindarlas de quienes quieren entregar esa incipiente fuerza a la institucionalidad neoliberal y la dinámica electoral, que no nos llevará a acabar con las injusticias, sino que, servirá a quienes buscan perpetuarlas.

Como trabajadores profesionales, si queremos cambiar nuestras condiciones de vida como pueblo,es fundamental participar de este proceso social, más allá de ser espectadores por las redes virtuales, individualidades en la marcha de los viernes o lo acotado del voto, para dedicarnos a crear y fortalecer espacios de organización en el día a día.

Si bien con el estallido quedó de manifiesto el descontento transversal con el modelo, también quedó en evidencia que como pueblo tenemos la necesidad de cohesionar un proyecto alternativo de sociedad, que reúna nuestras diversas aspiraciones de justicia en un todo coherente para vivir dignamente.

La tarea es pasar del pegoteo de demandas dispersas a levantar un proyecto de sociedad que transforme a nivel económico, el modo de producción y las relaciones sociales que se derivan de él; a nivel político, que promueva la real participación de los actores populares en las decisiones de la sociedad y a nivel social, que brinde todas las condiciones para que las personas podamos desarrollarnos integralmente por igual.

También, como trabajadores profesionales, podemos aportar al desarrollo del proyecto popular con nuestros conocimientos para una nueva sociedad, puesto que en eso la clase dominante nos lleva la delantera con sus cuadros técnicos y centros de pensamiento para reproducir el modelo.

Por último, otra de las lecciones que nos deja el “Estallido social” y la historia es que aún cuando los poderosos quieren instalar a fuerza de repetición que la protesta violenta no es la forma,  por medio de la lucha callejera y el sabotaje se demostró el irrefutable potencial que encierra en su seno la fuerza del pueblo y que cuando se desata nadie puede controlar, provocando la fisura y crisis que por algunas semanas de octubre hizo que el miedo cambiara de bando.

Sin duda las jornadas de protesta que el pueblo protagonizó con audacia y rebeldía nos mostraron la vía para vencer, la que está lejos del parlamento y la institucionalidad- entendida como este entramado de aparatos que buscan reproducir el patrón de acumulación para beneficiar a unos pocos-, sino más bien cerca del estudiante, la vecina y el trabajador que prende la barricada en la esquina. Debemos mantener y proyectar la protesta con demandas populares que nos den experiencia y eleven nuestras condiciones políticas. Como trabajadores profesionales debemos ser parte de ellas y sacudirnos la moderación que arrastra a nuestro sector a contener a quienes luchan por los verdaderos cambios.

Solo la organización, el proyecto y la lucha de todos los sectores del pueblo en contra de nuestros enemigos, que hoy sostienen el modelo, nos permitirán ejercer nuestro propio poder para transformarlo de forma radical por uno justo y digno para todas las personas por igual.

Porque solo habrá una nueva constitución que represente los intereses de nuestra gente si el pueblo construye su poder, seguiremos andando en esa senda sin perder la dirección, porque mucho camino queda por delante para que el estallido se convierta en revolución.

12 octubre 2020.
(*) Profesionales ConVocación es una organización integrada por profesionales de diversas disciplinas que buscan construirse en actores revolucionarios. Pretendemos tensionarnos como profesionales, para fomentar y encauzar la organización popular, desde una mirada clasista, hacia la transformación social. 
Fuente: http://profesionalesconvocacion.cl/balance-estallidosocial/
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Conversatorio: “A un año del estallido: Plebiscito, ¿avance o retroceso?»

Trabajadoras y trabajadores profesionales nos juntamos este miércoles 21 de octubre a conversar, desde una mirada crítica, sobre el plebiscito y el «acuerdo por la paz» de el próximo 25 de octubre.

 ¿Cuándo? Miércoles 21 de Octubre de 2020
¿A qué hora? 19:00 a 20:30 horas
¿Dónde? Plataforma zoom

LINK INSCRIPCIÓN > https://forms.gle/txEWxTP6BE3qCYoa7

Inscríbete y te enviaremos el enlace zoom para que te puedas conectar ese día a la actividad.

¡Nos vemos!

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