Perú trizado: crisis por arriba y debilidades por abajo.

por Sputniknews.

La crisis política que atraviesa Perú ha llevado a que el país tuviera tres jefes de Estado en una sola semana. Ahora, el turno es de Francisco Sagasti, dirigente del Partido Morado (centro-derecha). ¿Qué se sabe sobre el presidente interino de Perú?

A menos de una semana de haber asumido la Presidencia de Perú —luego de la destitución parlamentaria de Martín Vizcarra (2018-2020)—, la renuncia de Manuel Merino tras la ola de manifestaciones sociales dejó vacante nuevamente el puesto máximo en la jerarquía del Poder Ejecutivo.

Agotada la línea sucesoria prevista por la Constitución peruana, el país amaneció sin presidente en ambos poderes Ejecutivo y Legislativo este 16 de noviembre. Tras una segunda reunión, la Mesa Directiva del Congreso logró votar la única lista que se sometió a votación.

El senador Francisco Sagasti (Partido Morado, centro derecha) encabezaba la lista, acompañado por Mirtha Vásquez (Frente Amplio, izquierda) como vicepresidenta de la República; Luis Roel (Acción Popular, centro) y Matilde Fernández (Somos Perú, centro) como segundo y tercera vicepresidentes respectivamente.

De esta forma, Sagasti asumió la Presidencia de la República este mismo 16 de noviembre y se convirtió en el tercer presidente de Perú en una sola semana. Sagasti había sido electo senador en marzo para el periodo 2020-2021, y ocupaba la primera vicepresidencia del Congreso, hasta que pasó a presidirlo cuando Merino ocupó la Presidencia de la República.

¿Quién es Francisco Sagasti?

A sus 76 años, Francisco Sagasti es el principal dirigente del centroderechista Partido Morado de Perú. De profesión ingeniero industrial, es también investigador y profesor universitario de la Universidad del Pacífico y la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Francisco Sagasti, presidente interino de PerúLuego del golpe de Estado de 1968, ocupó el cargo de asesor del ministro de Industria del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del Perú, y también de su Consejo de Investigación Nacional.

Tras la vuelta de la democracia (1980), fue también asesor del ministro de Relaciones Exteriores, Allan Wagner Tizón, entre 1985 y 1987. Además, fue miembro del Consejo Consultivo del Instituto Nacional de Planificación.

Entre 1987 y 1990 fue jefe de la División de Planeamiento Estratégico del Banco Mundial. Durante esa década, realizó diversos trabajos de investigación relacionados con el desarrollo y la ingeniería. Ocupó, también, cargos vinculados al ámbito educativo, como la asesoría del rectorado de la Universidad de La Paz, en Costa Rica.

En 1996 fue secuestrado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, diurante la toma de la residencia del embajador de Perú. Permaneció varios días en cautiverio hasta que fue liberado y regresó a Costa Rica, donde vivía entonces. Asimismo, de 2007 a 2009 presidió el Consejo Directivo del Programa de Ciencia y Tecnología (FINCyT).

Finalmente, en marzo de este año, fue elegido como senador por el Partido Morado para el periodo 2020-2021. Tras la renuncia de Merino, ocupó la única lista que se sometió a votación para la Mesa Directiva del Congreso, en el que se votó su asunción a la Presidencia.

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/america-latina/202011161093515894-francisco-sagasti-quien-es-el-nuevo-presidente-de-peru/


Perú y la insólita saga de sus presidentes – Por Gerardo Szalkowicz» data-bs-srcset=»{«baseurl»:»https:\/\/www.nodal.am\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/»,»sizes»:{«210″:»peru-protesta-210×136.jpg»,»279″:»peru-protesta-279×220.jpg»,»357″:»peru-protesta-357×210.jpg»,»750″:»peru-protesta.jpg»}}»>

La nueva crisis en Perú y la insólita saga de sus presidentes.

por Gerardo Szalkowicz /editor de NODAL.

En un nuevo síntoma de la putrefacción crónica que padece la institucionalidad peruana, el Congreso destituyó al presidente Martín Vizcarra en una maniobra muy floja de papeles y desató una nueva crisis que consolida el altísimo descrédito hacia la clase política. Una enorme movilización popular en todo el país logró la renuncia de su sucesor Manuel Merino y el devenir es una gran incertidumbre. La fragilidad democrática asombra ojeando el decadente ocaso de los últimos seis mandatarios: todos terminaron destituidos y/o presos, a excepción de Alan García que no llegó a la cárcel porque se suicidó minutos antes de ser detenido.

Faltando sólo cinco meses para las elecciones presidenciales, y en un segundo intento, se concretó la moción de vacancia que selló la caída de Vizcarra, quien había asumido en marzo de 2018 luego de la renuncia por corrupción de Pedro Pablo Kuczynski, de quien era su vice. La acusación bajo la imprecisa figura de “incapacidad moral” se basó en presuntas coimas en la licitación de dos obras públicas cuando Vizcarra era gobernador de Moquegua (2011-2014), en una investigación que recién está en etapa preliminar. Quien impulsó la jugada fue el empresario ganadero Manuel Merino, extitular del Congreso y presidente durante sólo seis días, y fue ejecutada por un Parlamento que tiene 68 de los 130 legisladores procesados por corrupción y sedientos de inmunidad. La turbia maniobra express instaló la idea de un golpe de Estado -al estilo de los derrocamientos parlamentarios que sufrieron Dilma en Brasil y Fernando Lugo en Paraguay- y generó un masivo repudio en las calles que derivó en represión y dos manifestantes asesinados.

El episodio no hizo más que acelerar la espiral autodestructiva de un sistema político cada vez más deteriorado, marcado por una corrupción endémica y un constante choque de poderes. Una profunda crisis política, moral, económica y encima sanitaria: Perú es el segundo país del mundo con mayor tasa de mortalidad por coronavirus. Una trama compleja cuya expresión más nítida es el desdichado destino de los presidentes en los últimos 20 años:

* Alberto Fujimori (1990-2000): Símbolo de una época, devenido en dictador con el autogolpe de 1992. En noviembre del año 2000 escapó a Japón desde donde renunció vía fax un día antes de que el Congreso aprobara su destitución. En 2009 fue condenado a 25 años por crímenes de lesa humanidad.

* Alejandro Toledo (2001-2006): Imputado en el caso Odebrecht por recibir unos 30 millones de dólares para favorecer a la constructora brasileña. Estuvo tres años prófugo de la Justicia en California, Estados Unidos, donde fue arrestado en julio de 2019 y cumple arresto domiciliario mientras se espera su extradición.

* Alan García (1985-1990/2006-2011): Afrontó diversas acusaciones de corrupción durante su último mandato. Procesado en la causa Odebrecht por presuntos sobornos en la construcción de un tren, se pegó un tiro en abril de 2019 cuando la policía lo estaba por detener.

* Ollanta Humala (2011-2016): En julio de 2017 fue condenado a 18 meses de prisión preventiva por lavado de activos y asociación ilícita para delinquir, acusado de recibir tres millones de dólares de Odebrecht para su campaña. Pese a estar en libertad condicional a la espera del juicio, anunció recientemente su candidatura presidencial para 2021.

* Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018): Renunció un día antes de que el Congreso votara su destitución y se convirtió en el primer presidente latinoamericano en perder su cargo por la trama de corrupción de Odebrecht. Está bajo arresto domiciliario por presunto lavado de dinero y por recibir 782 mil dólares de la empresa brasileña.

Vencedores vencidos

El capítulo Vizcarra, sexto presidente seguido que cae en desgracia, es diferente al resto y su salida huele más a golpe parlamentario. Si bien su breve gestión no se corrió de la continuidad neoliberal y su política exterior se mantuvo alineada a Washington, intentó impulsar algunas reformas anti-corrupción y en 2019 disolvió el cuestionado Congreso convocando a nuevas elecciones. Sin partido ni legisladores propios, Vizcarra quedó en la mira de una mayoría parlamentaria (electa en enero de este año) que le terminó pasando factura, apelando a la difusa figura de “vacancia por incapacidad moral” que sirve como mecanismo destituyente sin necesidad de largos debates ni mucha solidez argumentativa.

Se cierran dos décadas en las que el Perú fue noticia por los recurrentes escándalos que sacudieron a sus presidentes; espasmos de la crisis orgánica de un régimen moldeado por la Constitución de Fujimori de 1993. Se abre, en el corto plazo, el desafío de que en las elecciones de abril el descontento popular finalmente pueda ser capitalizado por alguna fuerza progresista, como Nuevo Perú liderado por Verónika Mendoza. Se impone, como meta de largo aliento, el deseo de que el pueblo peruano, como en su vecino Chile, pueda tumbar esa pesada herencia fujimorista y empezar a escribir una nueva historia.

Fuente: https://www.nodal.am/2020/11/la-insolita-saga-de-los-presidentes-peruanos-por-gerardo-szalkowicz-editor-de-nodal/

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Perú, rebelión masiva, represión brutal, hacia el triunfo de multitudes.

por Luis Varese/Alainet.

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Cuando el señor Merino y su pandilla decidieron dar el golpe de Estado, ya sabían que el 80% de la ciudadanía estaba a favor de que el Presidente Martín Vizcarra permaneciera en su mandato e ir a las elecciones de abril de 2021. A pesar de ello acordó con los congresistas dar el golpe, un dato importante para entender el porqué, es que cerca de 68 de los 105 que votaron a favor de la vacancia, tienen abiertos juicios penales por crímenes que van desde la corrupción hasta asesinato. Decidieron caminar hacia esa opción, sabiendo que tendrían que enfrentarse a la población mayoritaria que repudiaría esta acción.

Recibieron la bendición de los poderosos mineros, madereros y los grandes terratenientes nacionales y extranjeros. Los empresarios agrupados en la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP), el fujimorismo y el APRA, e indudablemente sectores de la Fuerza Armada y la Policía Nacional, que están vinculados de una u otra manera a sus negocios (eso sí con pésima información de inteligencia). A estos hay que añadirle los intereses del crimen organizado a la cabeza el narcotráfico, que atraviesa tangencialmente casi toda actividad productiva en el país, sea vía la inversión directa y/o el lavado a través de la banca nacional y extranjera (Perú es el segundo productor de cocaína del mundo, después de Colombia).

Todos ellos previendo que unas elecciones cercanas podrían dar espacio a fuerzas progresistas o al menos restarle el poder que actualmente creen tener. Temor real o infundado, lo que les daría el gobierno de Merino, es la certeza de continuar gobernando en impunidad otro periodo. De todos ellos llaman la atención de los entendidos, el diputado Chacón, hombre de vieja trayectoria y el ex cura Arana del Frente Amplio, que con esta movida se evidenciaron, como uno más del montón que mueren por “el podercito” y que están envueltos en la corrupción.

Para mantenerse en el gobierno, Manuel Merino y compañía, utilizarán todos los recursos, incluyendo inventar el retorno de “terroristas”, lo que les permitiría profundizar hasta lo más duro la represión. Incluso pueden llegar a colocar coches bombas u otros inventos, tal como hicieron las fuerzas represivas durante el fujimorismo permitiéndoles reprimir, con toda impunidad, a las miles de peruanas y peruanos que han salido espontáneamente a protestar contra el Golpe de Estado. Es muy probable que ni ello les funcione porque estas multitudes pertenecen todas las clases sociales y están en todos los barrios desde la alta clase media hasta los populares desde donde han salido a repudiar el golpe.

Les va saliendo el tiro por la culata. El pueblo peruano, todas las clases sociales menos la oligarquía mencionada, le han dicho no a la impunidad.

Dos: ¿Por qué se fue sin batallar Martín Vizcarra?

En primer lugar por la falta de dimensión política e histórica. No saberse poner a la defensa de los intereses mayoritarios, al lado de la defensa de la Patria y la Soberanía. Quedándose tenía todas las de ganar o por lo menos de batallar con muchas probabilidades de éxito, incluso llegar con mejor pie a sus juicios por presunta corrupción. El otro tema y muy probable, es un tremendo temor sobre las acusaciones que tienen visos de chantaje con hechos mayores que no conocemos.

Para recordar a los lectores de Nuestramérica, seis presidentes peruanos comprometidos con crímenes y corrupción y ninguno ha sido capaz de evidenciar inocencia. Fujimori preso y condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción; Toledo, preso en EEUU esperando extradición; Alan García, tuvo como último acto, el coraje de quitarse la vida; Ollanta Humala y esposa, con juicios pendientes luego de pasar por prisión; Pedro Pablo Kuczynski (hombre de los EEUU, ex Gobernador del BID) extremadamente rico y en prisión domiciliar; y ahora Martín Vizcarra, a quien aún no se le probó nada, pero quien calla y sale huyendo parece que otorga. No dejamos de mencionar a la Candidata Keiko Fujimori, también comprometida con su marido estadounidense a actos de corrupción y lavado.

Tres: ¿Qué opciones hay por delante?

La opción legal es la intervención del Tribunal Constitucional, que puede desconocer la decisión del Congreso de mafiosos, y reponer a Martín Vizcarra como Presidente hasta el final de su mandato y las elecciones de abril de 2021. Requiere del sector patriótico y honesto de la Fuerza Armada, y de la decisión de Vizcarra de jugar a esta opción, aunque no parece probable dada su falta de coraje. La opción popular y democrática de continuar en la calle, con el alto costo en vidas humanas (un sector de la Policía está comprometida con la represión brutal, sembrando pruebas e inventando terroristas, ya hay tres asesinados y 40 desaparecidos) y no solamente por esta brutalidad, sino por la pandemia que se desarrollará inevitablemente.

Esta rebelión popular masiva y contemplada en la Constitución ante un gobierno ilegítimo, puede tener un final con la restitución de Vizcarra y la convocatoria a las elecciones de Abril y a convocar una Asamblea Constituyente o con la constitución de un gobierno de transición con los asambleístas que votaron en contra de la vacancia.

Alrededor de esta última opción es fundamental la UNIDAD de las fuerzas patrióticas y progresistas y por supuesto de la Izquierda honesta, capaces de encabezar el movimiento y dar la cara para las negociaciones que se requieren antes de llegar a la culminación de la creación de un gobierno de transición hasta las elecciones programadas. Esto se puede manejar desde el propio Congreso u otras fórmulas inéditas que aparecerán de la frágil institucionalidad peruana. Por ahora la consigna de que se vayan todos con Merino a la cabeza es la más inmediata.

15 de noviembre de 2020

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/209777

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