Chile sucio: Crecer en Coronel, en medio de termoeléctricas y metales pesados.

Infancia contaminada en Coronel.

En los últimos años se han detectado al menos 38 casos de niños y niñas cuya sangre presenta altas concentraciones de metales pesados, en especial arsénico y níquel. Quienes viven en Coronel lo atribuyen al complejo industrial de la ciudad, que incluye cementeras, astilleros y termoeléctricas altamente contaminantes.

En febrero del 2016, Constanza Contreras se encontraba con su madre realizando un par de compras en el centro de Coronel cuando recibieron un llamado que las dejó heladas. Era la Seremi de Salud, estaba fuera de su casa, ubicada a 500 metros de la termoeléctrica Santa María.

En el domicilio se encontraban tres funcionarios, quienes tenían que informar algo que cambiaría su vida y la de su familia.

“Llega una directora de la Seremi a mi casa, se sienta conmigo y mi mamá, y me dice mirándome a la cara que en 30 años voy a tener cáncer y que me iba a morir”, recuerda. Se encerró en su pieza a llorar. Constanza tenía 14 años, estudiaba en la escuela República de Francia, era buena alumna y le gustaba jugar a la pelota. No sabía por qué  se iba a morir.

Unos meses antes, entre agosto y septiembre de 2015, ella había realizado exámenes de sangre y orina en su colegio para determinar si presentaba metales pesados en su cuerpo. El estudio demostró que 18 de 288 niños analizados tenían niveles superiores al promedio de algún tipo de metales dañinos como níquel, arsénico, mercurio o cadmio.

Constanza Contreras

Más tarde, en 2018, la entidad sanitaria realizó otro estudio en la escuela Rosa Medel, colindante a Bocamina I y II, donde se encontraron 10 menores contaminados. Este hecho desencadenó la baja sostenida de las matrículas de la escuela primaria, la cual pasó de tener cerca de 1000 estudiantes a solo 84 en la actualidad.

En 2019 se aplicó un tercer estudio en el que se analizaron 807 menores de 15 años, de los cuales 10 tenían altos niveles de metales pesados. En total 38 niños y niñas resultaron estar contaminados entre 2016 y 2019.

“Los estudios realizados ya no sirven porque da cuenta que en ese minuto tenía exposición (metales pesados), pero no quiere decir que ahora lo tenga. Ese niño no merece ser estigmatizado como niño metal”, señala Sandra Cortésepidemióloga ambiental, quien se encuentra realizando un perfil de salud a 1260 adultos de Coronel para ver el incremento de ciertas enfermedades y si estas tienen relación o no con vivir cerca de un parque industrial.

Este estudio entregará sus resultados a principios del 2022 y, tras ellos, el Ministerio de Salud ha adelantado que realizará las acciones necesarias para proteger la salud de la población.

La epidemióloga precisa que “la presencia puede variar en el tiempo”, ya que el cuerpo los disuelve y libera a través de la orina. Cada elemento tiene una vida media dentro del ser humano. Estos se pueden encontrar en el medio ambiente, en el agua, mariscos y productos químicos como cigarros o pinturas. Todo tiene metales pesados en menor o mayor cantidad.

Vivir cerca de una termoeléctrica

Juana Hernández ha realizado toda su vida en las cercanías de Bocamina I y II, su padre era minero y su mamá recolectora de mariscos de la caleta Lo Rojas, ubicada frente a la termoeléctrica. Tiene cuatro hijos adolescentes que estudiaron en la escuela Rosa Medel, emplazada a 100 metros de la empresa.

Gran parte de sus primas y tías vivían en la población Aroldo Figueroa, contigua a la empresa y construida en 1966. De esta solo quedan escombros y el rastro de un par de calles de asfalto. En 2014 la empresa compró estos terrenos y relocalizó a gran parte de la gente, entre ellos a los familiares de Juana.

“Los estudios realizados ya no sirven porque da cuenta que en ese minuto tenía exposición (metales pesados), pero no quiere decir que ahora lo tenga. Ese niño no merece ser estigmatizado como niño metal”, señala Sandra Cortés, epidemióloga ambiental, quien se encuentra realizando un perfil de salud a 1260 adultos de Coronel para ver el incremento de ciertas enfermedades y si estas tienen relación o no con vivir cerca de un parque industrial.

Cuando niña jugaba con un lodo blanco que se acumulaba en la bahía. Hoy sabe que era arsénico. “Antes yo me bañaba en la playa de lo rojas, el agua era calentita, nosotros le decíamos el Cancún del sur”, recuerda Juana Hernández, refiriéndose a lo que desechan las termoeléctricas al mar.

En la ciudad existen tres centrales termoeléctricas a carbón: Bocamina I, Bocamina II y Santa María. Las primeras dos son propiedad de Enel, mientras que Santa María es operada por la empresa Colbún del grupo Matte.

Vista de Bocamina I y II desde una de las casas desalojadas por la empresa.

Los coronelinos deben lidiar con el humo que sale de las chimeneas y un ruido parecido a una olla a presión que es provocado por las calderas. Deben convivir con un vertedero de desechos carboníferos, propiedad de Enel, que se confunde con los cerros de la ciudad.

“No puedo concebir que el único vertedero de cenizas emplazado en una ciudad sea en Coronel. No existe otro”, comenta el alcalde de Coronel, Boris Chamorro, quien actualmente se encuentra demandado por Enel, luego que en 2020 clausurará el vertedero de cenizas y detuviera las operaciones de Bocamina I y II. Según el alcalde este “contamina las napas subterráneas y genera intervenciones en el territorio”.

Según un estudio realizado en 2017, la región del Bío-Bío representa un 11% de las emisiones de óxido de nitrógeno a nivel nacional y un 13% de las de dióxido de azufre; compuestos contaminantes. Tan solo Santa María emite 10 mil toneladas de dióxido de azufre y 4 mil toneladas de óxido de nitrógeno al año.

Bocamina I cerró a comienzos de este año, en tanto Bocamina II y Santa María tienen hasta 2040 para cerrar sus instalaciones, según indica el plan de descarbonización del gobierno.

La vida cerca de estas empresas ha traído un costo para Juana, quien, en 2017, luego de una serie de exámenes costeados por la Seremi de Salud del Biobío descubrió que dos de sus hijos presentaban metales pesados en la sangre y que en 30 años más podrían tener cáncer.

Tras esto comenzó a involucrarse en el mundo del activismo, primero participando en marchas y protestas cerca de la empresa; para luego ser una de las fundadoras y vocera de la Agrupación de Familiares de Niños con Metales Pesados en la Sangre. Este cargo la llevó a viajar en 2019 hasta Milán para reunirse con el CEO de Enel a nivel mundial y denunciar la situación que vive su ciudad.

En 30 años más

“Cuando te dicen que en 30 años más pueden tener un cáncer es como un balde de agua fría Es una herencia que no te gustaría dejar”, indica Hernández.

Trata de no tocar el tema con sus hijos, ya que cuando le informaron esto, su madre había muerto de cáncer al colon, duró 45 días desde que la diagnosticaron, por lo que para el cáncer es sinónimo de muerte.

“No puedo concebir que el único vertedero de cenizas emplazado en una ciudad sea en Coronel. No existe otro”, comenta el alcalde de Coronel, Boris Chamorro, quien actualmente se encuentra demandado por Enel, luego que en 2020 clausurará el vertedero de cenizas y detuviera las operaciones de Bocamina I y II. Según el alcalde este “contamina las napas subterráneas y genera intervenciones en el territorio”.

Según el Servicio de Atención Primaria de Coronel, las enfermedades pulmonares se han incrementado en un 32%, el cáncer al pulmón en un 50%, mientras que el cáncer a la piel lo hizo en un 58%.

“Ante cualquier síntoma uno se preocupa y piensa que puede ser cáncer”, comenta Claudia Olivera, madre de tres hijos quien en 2016 se enteró que su hija Catalina de 12 años presentaba un 69% de arsénico en su cuerpo. La noticia la derrumbó, desde ese día no duerme tranquila pensando que su hija se puede morir.

Un año antes su esposo había muerto de cáncer al estómago, motivo por el cual las profesoras del colegio de su hija la habían incluido en el primer estudio.

La familia cree que el responsable es Cementos Polpaico de Coronel, la cual se encuentra detrás del colegio donde estudia. La empresa utiliza arsénico en sus procesos productivos.

En esta zona la gente dejó de soñar y tener metas en la vida. Los niños no quieren ir al colegio, no les apetece estudiar, compartir con sus amigos o familiares. Todo les da igual. Incluso algunos han pensado en quitarse la vida por culpa de la contaminación. Constanza cuenta que en su cabeza ha estado la idea de que su destino está sentenciado. Ha dejado de hacer deportes e ir a la playa porque la bahía está contaminada

Según un estudio realizado por la Universidad de Concepción en 2015, en la bahía de Coronel se puede encontrar aluminio, mercurio, plomo, zinc y cadmio. Este último presentó altos niveles. Componentes que, en altas concentraciones, según Cortés pueden producir “cuadros inflamatorios que se expresan en el metabolismo”. Esto repercute en el hígado, riñón y cerebro.

La OMS advierte que una exposición crónica al cadmio puede producir problemas renales. Este puede vivir en el cuerpo 40 años. La alta presencia se debe a la quema de carbón, la incineración de combustibles fósiles, vertederos existentes en el lugar y la exposición al tabaco.

Borde Costero de Bocamina.

Constanza con el tiempo ha comenzado a desarrollar una serie de problemas de salud. En tres ocasiones se le ha paralizado el lado izquierdo de su cuerpo; constantes sangramientos de narices; sus encías se han ido ennegreciendo; presenta manchas blancas en el cuerpo y sus huesos se han enchuecado. Lo atribuye a los metales pesados emitidos por las termoeléctricas.

“La causalidad de las enfermedades requiere más que esta exposición”, advierte la científica Sandra Cortés quien espera con su estudio poder comprobar si es que el arsénico o el plomo tienen relación con el aumento de ciertas patologías para hablar con mayor seguridad.

Por su parte, la directora de salud pública del Biobío, Cecilia Soto, al ser consultada sobre este tema descarta de plano que en esta zona exista una exposición crónica a metales pesados, ya que “no identificaron ningún signo o síntoma asociado a exposición de estos”.

A través de un comunicado, Enel Generación, propietaria de Bocamina I y II, indicó que “los estudios e información que actualmente dispone, puede concluir que no le asiste ningún tipo de responsabilidad al respecto”.

Según un estudio realizado por la Universidad de Concepción en 2015, en la bahía de Coronel se puede encontrar aluminio, mercurio, plomo, zinc y cadmio.

Sin embargo, en 2017, un grupo de ejecutivos fueron formalizados por la por daños en la bahía de Coronel y propagación de elementos contaminantes en el suelo de la ciudad. Y, el pasado 10 de septiembre, la Corte de Apelaciones de Concepción acogió el recurso de protección interpuesto por vecinos de la comuna de Coronel en contra de la Seremi de Salud por supuesta falta de fiscalización del organismo sobre los impactos ambientales y a la salud de las personas provocadas por las centrales Bocamina.

Por su parte, Colbún señaló por escrito que, tras estudios internos y externos sobre esta materia, “se han descartado incidencia en una eventual
presencia de metales pesados en la comunidad o contaminación en Coronel
producto de nuestra operación”.

Ratones de laboratorios

“Me da impotencia porque nadie hace nada, nos toman como ratones de laboratorio”, cuenta Constanza quien ha intentado canalizar su rabia a través del activismo y convertirse en la voz de decenas de niños a los que la autoridad sanitaria les dijo que se podrían morir.

Se siente como un “ratón de laboratorio” porque, dice, un sinnúmero de científicos la han estudiado y han realizado experimentos para ver cómo su cuerpo reacciona al ser expuesto al agua de Coronel u otros elementos. Ninguno de ellos ha logrado responder a qué se debe el aumento de cáncer y otras patologías que han desarrollado las personas.

“Lo que nos financian es una fotografía del momento, la cual nos permite sospechar algunos daños en el futuro”; señala Sandra Cortés. Según ella para poder determinar si es que la contaminación persiste en estos 38 niños y tienen algún impacto en las enfermedades que presentan se requiere un estudio que haga un seguimiento caso a caso para medir la prevalencia de cada metal y las fuentes emisoras que lo acrecientan. Este tipo de estudio el estado no los ha realizado.

Cecilia Soto, Jefa de Salud Pública del Seremi de Salud del Biobío, afirma vía correo electrónico que “se realizan con fines de investigación principalmente por las universidades y/o academia” y da a entender que no se justifican, ya que se la autoridad sanitaria ha realizado un seguimiento caso a caso.

Seguimiento que la agrupación de Familiares con Niños Metales en la Sangre descarta. Juana Hernández asegura “no se si han aumentado o disminuido la presencia de metales en la sangre de mis hijos”.

Denuncia que el seguimiento por parte del hospital de Coronel y del sistema de salud regional ha sido nulo. Entre risas muestra un tríptico en el que le recomendaron que alimentara a sus hijos con ajo y perejil para ayudar a la desintoxicación de metales pesados.

A pesar de esta denuncia, la encargada de Salud Pública del Biobío asegura, vía correo electrónico, que “a través del Hospital San José de Coronel, se han realizado los seguimientos clínicos toxicológicos, de acuerdo con las guías clínicas vigentes para la exposición a cada metal. Lo anterior, tanto para los participantes expuestos, como para sus contactos domiciliarios”.

Constanza siente que el Estado no se ha puesto los pantalones con respecto a este tema, ya que no hay especialistas expertos en toxicología y no se han realizado

Fuente: https://www.theclinic.cl/2021/09/22/infancia-contaminada-crecer-en-coronel-en-medio-de-termoelectricas-y-metales-pesados/

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