Chile, derecha: Habla Hugo Herrera, filósofo, ex jefe de programa de M. Desbordes.

Hugo Herrera: filósofo y ex encargado programático de la campaña presidencial de Mario Desbordes.

“En la derecha hay un contubernio entre plata y política”.

Brutal a ratos, este intelectual de derecha sostiene que la candidatura de Sichel no tiene espesor político porque fue planeada por un grupo de empresarios que se saltaron la institucionalidad del sector. Según Hugo Herrera, ningún candidato presidencial cumple con los requisitos para superar la crisis política en curso. Lea usted por qué.

Hugo Herrera es un intelectual con domicilio ideológico en la derecha, pero que no tiene reparos en despedazar a ese mundo político por su sello economicista y por el peso que ejercen los llamados poderes fácticos. Así lo ha venido haciendo desde hace años, pero ahora ha profundizado el tono afilado de sus críticas.

Filosofo, académico y columnista, Herrera no dispara desde una distancia larga. En las primarias presidenciales cruzó la frontera y entró a la arena política apoyando la candidatura de Mario Desbordes.

La derrota fue dura, pero Herrera dice que no le dio muchas vueltas. Puso su energía en escribir un nuevo libro: “Pensadores Peligrosos”. El foco está puesto en tres personajes claves: Francisco Encina, Alberto Edwards y Mario Góngora. De allí que su análisis político actual tenga como punto de referencia lo que fue la crisis del Centenario.

-Entrar a la política apoyando a Desbordes, ¿tuvo un costo para ti?

-No lo he pensado mucho. Salvo que nos ganaron y que uno puede sentirse derrotado, me parece que Mario puso ideas en circulación. Nunca había habido un candidato presidencial de derecha que planteara la cuestión en términos políticos. O sea, que entendiera que la economía es importante, pero que la principal tarea de la política, y es lo que está fallando hoy, es producir legitimidad.

-Pero ese argumento está totalmente presente en el debate actual…

-Sí, algunos lo dicen, pero están apoyados por los mismos fácticos de siempre. O sea, el clásico argumento de todo cambie para que todo siga igual. En ese sentido, Desbordes hizo un esfuerzo genuino por construir acuerdos y preocuparse, desde la derecha, por la legitimidad del sistema político.

-Pero la derecha social que él planteaba fue un discurso derrotado…

-Cierto. La derrota de Mario significa también la derrota de su relato. Pero es una derrota circunstancial. En términos ideológicos, no está derrotado.

-Ganó Sebastián Sichel. ¿Eso no quiere decir que hay otro relato que conectó mejor?

-Se impuso Sebastián Sichel, pero es una candidatura levantada por sectores empresariales. Y si uno revisa sus postulados, se trasluce la vieja tesis de que un orden económico neoliberal es la base de un orden político adecuado. Y resulta que hoy es justo lo contrario.

-¿En qué sentido? ¿Se impone la política?

-Hoy no se puede hablar de crecimiento económico mientras no haya producción de legitimidad política. Y eso no lo ha tomado ni José Antonio Kast ni Sebastián Sichel. Y yo dudo que lo puedan hacer porque pasa algo súper delicado de decir, algo que tiene costos denunciarlo…

-¿Qué?

-Que en la derecha hay un contubernio entre plata y política. Es bastante primitivo que un grupo de empresarios decida levantar un candidato presidencial por sobre la institucionalidad del sector. O que, de un día para otro, un empresario decida levantarse como candidato presidencial, que fue el caso de Sebastián Piñera. La pregunta es: ¿qué lleva a que la derecha siempre esté atada sospechosamente a los intereses económicos?

-¿Y cuál es tu tesis?

-Es que antes de eso, déjame darte otro ejemplo. La poca transparencia en el financiamiento de los think thank de la derecha. ¿Sabemos quién financia sus centros de estudio? Esto no es menor. Hablamos de grupos de formación de opinión, de columnistas. Entonces, ese contubernio enturbia la discusión. Pone las capacidades intelectuales bajo los intereses económicos y lo que ellos quieren que se diga. La posibilidad de una derecha política es muy baja si hasta los que piensan están financiados por los empresarios.

Se impuso Sebastián Sichel, pero es una candidatura levantada por sectores empresariales. Y si uno revisa sus postulados, se trasluce la vieja tesis de que un orden económico neoliberal es la base de un orden político adecuado.

-¿No será injusto? Hay una camada de jóvenes intelectuales de derecha que están aportando con nuevas miradas. ¿Por qué piensas que podrían estar siendo pauteados por los empresarios?

-Efectivamente, en esos centros de estudio puedes encontrar personas muy inteligentes, bien preparadas, pero el problema es que al momento de los “quiúbos”, en el momento decisivo, ¿quién va a mandar? ¿Va a mandar la independencia intelectual de esas personas o va a mandar el que pone la plata? Ese es el tema. ¿Qué rango de libertad te permite?  Si el financiamiento de esos centros de estudio de la derecha fuera transparentado, la influencia de los empresarios sería mucho menor.

La posibilidad de una derecha política es muy baja si hasta los que piensan están financiados por los empresarios.

-¿Y por qué el mundo empresarial -que es poderoso por sí mismo- necesitaría de centros de estudios para influir?

-Por una razón de lavado de imagen, porque hablar desde ahí da la impresión de imparcialidad. Es distinto que hable Juan Sutil a través de un think thank a que lo haga como jefe de los empresarios. Es fácil darse cuenta cuando está defendiendo sus intereses… En cambio, si lo hace a través de interpósita persona, es bastante distinto.

¿POR QUÉ SICHEL?

-Has insistido en que Sichel es la carta presidencial de los empresarios. Pero ¿qué información tienes para asegurarlo?

-Es cosa de ver quiénes lo apoyaron para entender que el nivel de institucionalidad de la derecha es bien precario. A mí me despierta suspicacia que, de un día para otro, un grupo de cuatro o cinco empresarios decida apoyar a un individuo que no tiene partido, que es más bien tránsfuga, porque va de partido en partido en un período súper corto de tiempo.  Y lo deciden con tan buena suerte que justo calza con el electorado del sector. Pero el candidato Sichel no gana ni con un nuevo discurso ni con un planteamiento revolucionario. Es lo mismo que Piñera: apuntar a que basta con el crecimiento.

En la derecha hay un contubernio entre plata y política. Es bastante primitivo que un grupo de empresarios decida levantar un candidato presidencial por sobre la institucionalidad del sector. O que, de un día para otro, un empresario decida levantarse como candidato presidencial, que fue el caso de Sebastián Piñera.

-¿Y su discurso, su biografía, no te permiten entender por qué ganó?

-No. Yo no logro entender qué lo volvió, de pronto, tan interesante para la gente. Hay algo que no me cuadra. Sichel no tiene una gran cantidad de activistas detrás de él. Esto se lo armaron. No fue casa por casa buscando adherentes para un nuevo pensamiento, como lo hizo Jaime Guzmán en su minuto.

-El argumento de que para una nueva etapa política se necesitan nuevos líderes, ¿tampoco te cierra? De hecho, los favoritos eran Lavín y Jadue y la sorpresa es que se impusieron Sichel y Boric…

Pero es distinto. Gabriel Boric no va solo. Va con el Frente Amplio. Tiene una trayectoria política desde el 2011 hasta ahora. Son 10 años de construcción de una base política. No fue un grupo de empresarios que se pusieron de acuerdo y dijeron: “ya, pongamos a este cabro que suena bien”. Por el contrario, Boric construyó identidad política, se peleó con mucha gente, armó el Frente Amplio y ahí tienes partidos que están conquistando territorios, ganando alcaldías. ¿Qué tiene de comparable con Sichel?

-Dime tú.

-Aparte de la novedad del nombre, nada. Sichel no tiene bases propias. Ahí es donde veo la precariedad institucional de la derecha. En el FA se ve una fuerza nueva que irrumpe, que se come a la ex Concertación, pero que se construye desde la institucionalidad política. En la derecha nada de eso ocurrió. Fue más fuerte un grupo de fácticos a los que de repente se les ocurre instalar un candidato…

A mí me despierta suspicacia que, de un día para otro, un grupo de cuatro o cinco empresarios decida apoyar a un individuo que no tiene partido, que es más bien tránsfuga, porque va de partido en partido en un período súper corto de tiempo.  

-¿No ves nada bueno, entonces?

-Para ser justo con él, Sichel tiene capacidades. Además, plantea bien su biografía como un tipo sufrido, que conoce lo que le pasa al común de la gente. Eso puede tener alguna fuerza. Pero mi punto es previo: ¿qué es lo que lo lleva a estar donde está? Porque gente inteligente y con méritos personales hay mucha, pero ¿por qué Sichel?

KAST Y LA OTRA DERECHA

-En el mapa de la derecha, ¿cómo visualizas la figura de José Antonio Kast? Desde el comando de Sichel le restan importancia, pero está marcando en las encuestas. ¿Podría ser una amenaza?

-Kast le puede dar un mordisco importante a la candidatura de Sichel. Pero Kast tiene un problema similar: tampoco ha construido institucionalidad partidaria. Sus republicanos son un grupito, no es un verdadero partido. Tampoco tiene cinco economistas de peso como para concluir que tiene un equipo económico. Sin embargo, lo que sí tiene Kast es un planteamiento político. Puede que sea medio rústico en algunos sentidos, pero es un planteamiento político claro y con el que mucha gente puede identificarse, sobre todo en una época de cambios.

Gabriel Boric no va solo. Va con el Frente Amplio. Tiene una trayectoria política desde el 2011 hasta ahora. Son 10 años de construcción de una base política. No fue un grupo de empresarios que se pusieron de acuerdo y dijeron: “ya, pongamos a este cabro que suena bien”.

-¿Podría recoger mejor el temor a la incertidumbre? ¿En ese sentido lo dices?

-Claro, porque cuando las cosas están cambiando, a la gente le da miedo y tiende a ir a lo conocido. En ese sentido, Kast puede ser un refugio. Yo no lo menospreciaría. Es un clásico que cuando se mueve la batea y empieza un proceso de ebullición popular, siempre llega un Napoleón… Y aquí él podría reaparecer como una especie de Napoleón. O sea, un tipo que tiene clara la cuestión del orden en política y que va a abogar por eso frente al riesgo de descomposición. En ese sentido, no lo miraría en menos porque, además, la crisis no ha terminado…

-¿Cuál crisis? ¿La política, la económica…?

La base de esta crisis es política. Y no se soluciona mientras no se recomponga lo que se rompió, que es la relación entre las elites y sus discursos con la base popular. Eso es lo que está quebrado. Mientras no lo recompongas, no habrá una reconstitución de las legitimidades. No hay otro modo de superar esta crisis. Por eso me sulfura la irresponsabilidad de un sector de la derecha que piensa que insistiendo en la fórmula de un Piñera 2010 vamos a salir de esta profunda crisis de legitimidad.

-¿Y Sichel no podría estar configurando una nueva derecha?

-Chuta. No. Definitivamente no. Sus planteamientos no son más que esa vieja idea de Friedman: que un orden económico neoliberal es la base de un orden político adecuado. No sé como se puede construir algo nuevo con eso…

Cuando las cosas están cambiando, a la gente le da miedo y tiende a ir a lo conocido. En ese sentido, Kast puede ser un refugio. Yo no lo menospreciaría. Es un clásico que cuando se mueve la batea y empieza un proceso de ebullición popular, siempre llega un Napoleón… Y aquí él podría reaparecer como una especie de Napoleón.

-Si de verdad estamos en un nuevo Chile, más diverso. ¿La figura de Sichel no podría ser un reflejo de ese cambio?

-Lo que conozco de Sichel, aparte de un rostro sufrido, es que no hay un diagnóstico político sobre la crisis. Tampoco hay una propuesta política. Entonces, no sé a partir de qué se podría decir que él representa una nueva derecha.

FIN DE CICLO

-¿Hay espacio para un nuevo gobierno de derecha?

-Siempre y cuando sea un gobierno que tenga claro que su principal desafío será recomponer la institucionalidad política. El próximo gobierno tendrá que hacer andar la Constitución, instalarla y volver a generar confianza. Si eso queda claro, un gobierno de la centro derecha podría ser un aporte, pero si no existe esa claridad, entonces será un Piñera 3. Y eso nos va a llevar quizá dónde…

-¿A dónde nos podría llevar?

-… A una mayor descomposición del orden. Imagina a Sichel transmitiendo sobre el mérito, el crecimiento económico, la prosperidad en un escenario donde las confianzas políticas están rotas. Eso sería como pedalear en el aire.

-¿Y qué candidato está en buenas condiciones para pedalear haciendo pie en la realidad?

-Ninguno. La izquierda tiene más conciencia política, pero desdeña un poco la economía. Ese es su problema. Y la derecha pone todo en el crecimiento económico, pero poco en la política. No veo una propuesta integral que esté planteando la reconstitución de la legitimidad a la par con el crecimiento económico. Ahí radica el problema de este fin de ciclo en el que estamos.

Lo que conozco de Sichel, aparte de un rostro sufrido, es que no hay un diagnóstico político sobre la crisis. Tampoco hay una propuesta política. Entonces, no sé a partir de qué se podría decir que él representa una nueva derecha.

TRAICIONES

-La elección presidencial ya partió. Algunos dicen que está totalmente abierta y otros señalan que la elección se va a jugar entre Sichel y Boric. ¿Dónde pones las fichas?

-Pareciera que ya hay dos candidatos principales y el resto es más que nada comparsa. Yasna Provoste ya no entró. No solamente porque entró tarde, sino también porque la Concertación no ha hecho un diagnóstico a fondo de la crisis. Y como no tienen diagnóstico, no pueden tener una propuesta propia. En la práctica, la ex Concertación se mueve como comparsa del FA. No tiene aire propio.

-Es claro que no te gusta Sichel, pero desde la perspectiva de la crisis que señalas, ¿quién tiene más margen para conducir y dar gobernabilidad?

-Para responder seriamente, Sichel me parece más competente para llevar adelante la reconstrucción económica. Esa será una tarea urgente. Si nos hundimos económicamente, por más talento político que tengas, no salimos de la crisis. En ese sentido, creo que los equipos economicos de Sichel tienen una mirada más responsable. En el caso de Boric, hay más talento político, pero no han hecho visible una propuesta económica que suene plausible y que genere confianza en grandes grupos.

-¿Los dos tendrán que cargar con mochilas viejas: Boric con el PC y Sichel con una derecha tradicional?

-Totalmente. Y ambas mochilas pesan. La vieja derecha dura y el PC son, efectivamente, pesos muertos. Pero los políticos son hábiles en cómo incorporarlos de tal manera que no luzcan demasiado y queden en el patio trasero.

Pareciera que ya hay dos candidatos principales y el resto es más que nada comparsa. Yasna Provoste ya no entró. No solamente porque entró tarde, sino también porque la Concertación no ha hecho un diagnóstico a fondo de la crisis. Y como no tienen diagnóstico, no pueden tener una propuesta propia.

-¿Hay espacio para seguir dejando cosas en el patio trasero? Porque, por otro lado, para dar gobernabilidad necesitas sumar a esos actores…

-Para épocas de crisis tan graves, lo mejor son los gobiernos de coalición, pero si eso no sucede, tendrán que darse otras fórmulas. Alguna vez dije que era la hora de los traidores. O sea, de gobiernos que se den vuelta la chaqueta.

-Ya. ¿Y cómo se cristalizaría eso?

-Mira el caso de Napoleón… Todos los grandes solucionadores de crisis son traidores en cierto sentido. Napoleón fue un traidor. Iba por los revolucionarios, de pronto toma el poder y se transforma en emperador. Logra imponer el orden. En Chile, la crisis del Centenario la solucionó primero la dictadura de Ibañez, pero la solución definitiva la dio Alessandri. Pero no el Alessandri de la plebe, el león de Tarapacá. No. Fue el Alessandri que pactó con la derecha. O sea, un traidor. Pero gracias a esa traición, fue capaz de hacer viable un orden político que contara tanto con el apoyo de la izquierda más moderada como de la derecha más moderada.  

-¿Y ahora se necesita de un traidor?

-Digamoslo así: necesitamos a un Boric que esté dispuesto a traicionar al PC o a los más recalcitrantes de la izquierda, o a un Sichel que esté dispuesto a traicionar a las huestes más duras de la derecha, incluidos a los economicistas. Y eso lo veo difícil en la derecha. Del mismo modo que para Boric va a ser muy difícil traicionar a los comunistas. Pero mientras no lo hagan, será muy difícil que ellos sean capaces de conducir el nuevo ciclo.

Para épocas de crisis tan graves, lo mejor son los gobiernos de coalición, pero si eso no sucede, tendrán que darse otras fórmulas. Alguna vez dije que era la hora de los traidores. O sea, de gobiernos que se den vuelta la chaqueta.

-¿Por qué?

-Porque, si no queremos conflicto en todas sus fases de descomposición, tiene que darse un orden en el cuál todos puedan sentirse reconocidos. Y ese orden no se construye sin traición.

-¿Justo en el momento donde el purismo está tan de moda?

-Sí, y eso lo hace más complejo todavía. Pero si lo pones en términos positivos, esos así llamados traidores son también los más leales con el país, con la patria, con que esto funcione de manera ordenada y pacífica. Al final, de eso se trata.

Digamoslo así: necesitamos a un Boric que esté dispuesto a traicionar al PC o a los más recalcitrantes de la izquierda, o a un Sichel que esté dispuesto a traicionar a las huestes más duras de la derecha, incluidos a los economicistas.

Fuente: https://www.theclinic.cl/etiqueta/sichel/

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