Haití sigue hundiéndose en la miseria ante la pasividad internacional.

Fotografía muestra a los habitantes de la ciudad de Jeremie, una de las más afectadas en Haití por el paso del huracán Matthew (2017).

por Oier Zeberio/Redacción, Eulixe.

Mientras que todos los noticieros tienen puesto su foco en Afganistán, casi en el otro lado del planeta, a 12.000 kilómetros de distancia, la República de Haití se enfrenta a una grave crisis humanitaria. El terremoto de magnitud 7.2 que golpeó el país el pasado sábado ha dejado más de 2.200 muertos y 12.000 heridos y más de 50.000 viviendas destruidas. Además, para complicar aún más la situación, el pasado lunes la tormenta Grace golpeó el país caribeño dificultando aún más la situación de los haitianos y las labores de rescate. Haití es el país más pobre e inestable en términos políticos del hemisferio occidental. Los factores estructurales hacen que el país sea muy vulnerable a las catástrofes naturales.

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Daños registrados en un barrio pobre debido al terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter que sacudió Port-au-Prince, Haití, en 2010. Fuente: Foto de la ONU / Logan Abassi Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo / Flickr – Clindber / Wikipedia

El silencio envuelve a la frágil República de Haití. Los graves problemas estructurales que sufre el país más pobre e inestable en términos políticos del hemisferio occidental solo salen a la luz brevemente cuando los desastres o los magnicidios hacen acto de presencia. El resto del tiempo el país sigue sumido en la oscuridad informativa. Vilipendiados e intervenidos por ciertos países occidentales, maltratados y saqueados por los caudillos autóctonos y golpeados por las fuerzas de la naturaleza, los haitianos sufren en soledad.

Por desgracia, la República de Haití ha sido golpeada recientemente por un nuevo terremoto y una depresión tropical. El balance de víctimas es abrumador y los daños registrados son considerables. El impacto de ambos fenómenos naturales ha provocado una de las crisis humanitarias más grave de los últimos años, abonada eso sí por la inestabilidad política y la pobreza que asolan el país. 

El impacto combinado de un terremoto y una depresión tropical

Eran las 8:29 hora local del 14 de agosto cuando el suelo de la frágil República de Haití comenzó a temblar con violencia. Acostumbrados por desgracia a sufrir el impacto de los terremotos, los haitianos observaron con temor el sacudir del suelo, hecho que en numerosas ocasiones ha actuado como preludio del caos y el horror. Y así sucedió también en esta ocasión.

Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), el terremoto de magnitud 7.2 tuvo su epicentro a 13 kilómetros al sur-sureste de Petit Troup de Nippes, y se sintió ampliamente en toda la región, incluida toda La Española (Haití y la República Dominicana) y las islas de Jamaica, Cuba y Puerto Rico con estimaciones de más de 1 millón de personas expuestas a niveles de temblores muy fuertes o severos.

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Fuente: USGS

Así relató a la BBC la terapeuta chilena Consuelo Alzamora, que vive desde hace 10 años en la ciudad de Les Cayes, la tercera más grande de Haití y la más afectada por el sismo, aquellos primeros instantes:

Cuando comenzó el terremoto, yo estaba con mi hijo de 2 años en casa, que está en un segundo piso, arriba de la clínica de rehabilitación. No alcanzamos a bajar ni a hacer nada. Nos caíamos al suelo, era imposible mantenerse en pie. Cuando el movimiento cesó, me vestí rápido y salimos corriendo al patio. […] No sabíamos que hacer porque comenzaron un replicas muy fuertes – Consuelo Alzamora, en declaraciones publicadas por la BBC el 18 de agosto

El terremoto del pasado sábado fue más potente y superficial que el de 2010, que dejó 300.000 muertos y un trauma nacional que revive con cada nueva tragedia. No obstante, según los expertos en la materia, el hecho de que el último seísmo tuviera su epicentro en la costa sureste, en un área mucho menos densamente poblada que la capital (donde ocurrió el temblor hace 11 años), lo ha hecho menos mortal.

Sin embargo, al estar compuesto por infraestructuras muy frágiles, el país no está preparado para hacer frente a los terremotos de moderada o considerable intensidad. Debido al temblor inicial y a las réplicas subsiguientes, miles de edificios han colapsado, atrapando entre los amasijos a cientos de ocupantes y dejando a miles más sin sus hogares, sus negocios o sin la infraestructura necesaria para el desarrollo de la vida diaria. 

Justamente cuando el país comenzaba a valorar los daños causados por el terremoto, llegó Grace. Las fuertes lluvias de la depresión tropical azotaron el suroeste de Haití el lunes por la noche. Además, lluvias intermitentes cayeron en la ciudad de Les Cayes, la zona más afectada por el terremoto, y en Puerto Príncipe, la capital. Grace dejó hasta 38 centímetros de agua en algunos lugares, provocó inundaciones y ha obstaculizado el trabajo de los habitantes y rescatistas nacionales y extranjeros que se afanan en buscar más supervivientes.

Grave crisis humanitaria

El impacto de ambos fenómenos ha provocado una grave crisis humanitaria donde a los fallecidos y heridos se les une una legión de personas que se han quedado sin hogar, sin sus enseres y sin los servicios básicos. Por ejemplo, son miles los que duermen en la intemperie mientras que el sistema sanitario de la zona más afectada está colapsado. La falta de medicamentos y profesionales de la salud minan todavía más la precaria situación.

Los recursos solo llegan para unos pocos mientras que la ayuda internacional es escasa y su distribución va a marchas forzadas. Son muchos los que no han podido siquiera obtener un plato de comida en la última semana. Estos hechos han aumentado la inestabilidad social. Se registraron escenas caóticas por ejemplo en Les Cayes la semana pasada, cuando cientos de ciudadanos, movidos por la desesperación, asaltaron varios camiones con ayuda humanitaria. 

Al respecto, los testigos de la tragedia dan fe de las pésimas condiciones a las que se ven sometidos.

La gente camina mojada y no pueden dormir en sus casas, entonces están en la calle, en carpas, o simplemente hasta arriba de plásticos. Nadie duerme. […] Los hospitales están colapsados y en muy malas condiciones. Uno de los niños que me tocó atender había ido al hospital, pero allá no tienen yeso entonces les ponen cualquier cosa. Tiene una fractura grande y necesita operarse. Pero le habían puesto un vendaje nada más – Declaraciones de Consuelo Alzamora publicadas por la BBC el 18 de agosto de 2021

No tenemos agua potable, no tenemos con que lavarnos. No hay qué comer, incluso si tienes dinero porque el mercado también está destruido – Declaraciones del habitante Charly Gonouse publicadas por El País el 19 de agosto 2021

Innumerables familias de Haití lo han perdido todo debido al terremoto y viven ahora literalmente con los pies en el agua debido a las inundaciones. […] En este momento, alrededor de medio millón de niños y niñas haitianos tienen acceso limitado o nulo a refugio, agua potable, atención médica y nutrición – Declaraciones de Bruno Maes, representante de UNICEF, publicadas por France 24 el 18 de agosto de 2021

Las casas residencias están destruidas o dañadas. Las que aún permanecen en pie prohíben el paso a las familias por temor a las réplicas posteriores al terremoto. Se han registrado más de 500 desde el 14 de agosto. Así que el terremoto les hizo la vida más difícil. Actualmente las familias viven en un estado de ruinas. Construyen casas improvisadas con láminas de plástico o esteras para albergar a sus hijos e hijas. Carecen de agua, comida y ropa […] Los precios de los artículos de primera necesidad han aumentado debido al cierre de bancos y cajas de ahorro, por tanto, nadie tiene acceso a su dinero– Declaraciones de Faimy Carmelle Loiseau, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS en Haití, publicadas por Europa Press el 21 de agosto de 2021

El 22 de agosto el número de muertos registrados era de 2.207. El dato oficial previo era de 2.189 fallecidos. La cifra de heridos se mantenía en 12.268 personas en el último balance mientras que la de desaparecidos aumentó a 334. El movimiento telúrico también ha destruido 52.923 viviendas y ha causado daños en otros 77.006 edificios, hecho fatídicamente habitual en un país donde la calidad de las construcciones es nefasta. Las autoridades calculan que 650.000 personas necesitan de ayuda humanitaria urgente, es decir, cerca del 40% de la población de los tres departamentos afectados por el terremoto y situados en la península suroeste del país.  

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), alrededor de 1.2 millones de personas, incluidas 540.000 personas de corta edad, han sido afectadas por el terremoto y medio millón de personas de corta edad tienen acceso limitado o nulo a servicios básicos. Por ejemplo, en un comunicado UNICEF señaló que 94 de las 255 escuelas del Departamento Sur de Haití están completamente destruidas o han sufrido daños parciales.

La tasa de niñas y niños no escolarizados aumentará. La tasa de desempleo incrementará drásticamente debido a la destrucción o el daño de los establecimientos comerciales. Más familias se encontrarán en situación de inseguridad alimentaria, aumentarán los casos de embarazos en la adolescencia; michas niñas y niños corren el riesgo de perder el cuidado de sus padres, subirá la tasa de delincuencia juvenil; y habrá un repunte de los casos de inseguridad – La directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Haiti Faimy Carmelle en declaraciones publicadas por Europa Press el 21 de agosto de 2021

Factores que explican el hundimiento político y económico

Haití es el país más pobre e inestable en términos políticos del hemisferio occidental. Sin embargo, tanto la pobreza como la inestabilidad política y social no son frutos de casualidad o del azar, sino que tienen su explicación: una historia convulsa caracterizada por una dominación extranjera que se alarga hasta el día de hoy, una galopante corrupción y una débil estructura económica. Para entender esto, debemos analizar la historia del país desde el punto de vista político y económico. 

Cuando Cristóbal Colón llegó a la isla de La Española en 1492 se calculaba que habitaban la isla medio millón de nativos, los taínos. Para su desgracia, disponían de oro. En 1519 quedaban solamente unos 11.000 nativos con vida. Es decir, en poco más de 25 años, los colonos españoles aniquilaron casi a la totalidad de los nativos. Debido a este hecho, el Reino de España decidió importar mano de obra esclava. Sin embargo, el país pronto encontró lugares de “mayor interés” en el continente americano. A principios del siglo XVII, los franceses establecieron una presencia en La Española. En 1697, España cedió a los franceses el tercio occidental de la isla, espacio que, posteriormente se convirtió en Haití. El cultivo intensivo de la caña de azúcar, acompañado de una salvaje deforestación y la perdida de fertilidad del suelo, convirtió a Haití en la colonia más productiva de Francia en 1785. En aquellos momentos, su población esclava ascendía a 700.000 personas, el 85% del total, frente a los 30.000 de la parte de la isla que seguía siendo española.

A finales del siglo XVIII, Toussaint Louverture lideró una revolución en la que participaron medio millón de esclavos en Haití y que consiguió acabar con el dominio francés. Después de una larga lucha, y bajo la dirección de Jean-Jacques Dessalines, Haití se convirtió en el primer país del mundo liderado por antiguos esclavos después de declarar su independencia en enero 1804. Las nuevas autoridades haitianas legislaron para que nunca se repitiera el horror de la esclavitud. Decidieron que no habría más plantaciones, sino pequeñas parcelas de tierra para la subsistencia de cada familia, y se prohibió el establecimiento y las inversiones de los extranjeros. Durante los próximos años, sin embargo, los haitianos tuvieron que seguir haciendo frente a la injerencia extranjera y a la inestabilidad política. Por ejemplo, de 22 presidentes entre 1843 y 1915, 21 fueron asesinados o expulsados del poder.

Según la periodista Mar Romero, Haití nació con un lastre que no ha podido superar: la deuda. Francia pidió una cuantiosa indemnización por la independencia. Concretamente, reclamó en reparaciones 90 millones de francos de oro de la época durante los siguientes 122 años. Después de la independencia, Haití se encontraba devastada por la guerra, con múltiples divisiones internas y sin posibilidad de comercializar sus productos por el aislamiento internacional. Debido a este hecho, el país se vio abocado a pedir créditos a los bancos europeos y estadounidenses.

El endeudamiento fue tal que, según Romero, provocó la ocupación estadounidense de 1915. Concretamente, ante el miedo a que el país se sumiera en el caos y no pudiera pagar la deuda, el que fuera entonces presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson decidió ocupar Haití. Desembarcaron más de 300 soldados estadounidenses e impusieron un orden regido por los militares extranjeros, que dos meses más tarde fue reconocido mediante un tratado firmado por los dos gobiernos. El tratado le otorgaba a Estados Unidos el poder de veto sobre cualquier decisión gubernamental que se tomara en Haití y le daba el derecho a controlar la economía y mantener la presencia militar en el país. Estados Unidos se retiró en 1934, dejando atrás un país totalmente inestable.

El Gobierno haitiano solo consiguió cancelar el total de su primera deuda en 1947 después de haberla convertido en su prioridad pública, hasta el punto que en 1900 se gastó el 80% de su presupuesto nacional en pagar las deudas. Pero 1947 no supuso una liberación para Haití. A pesar de haber cumplido con su primera deuda, el país seguía dependiendo de los préstamos y créditos internacionales para subsistir, como lo había hecho durante los ciento veinte años previos – Mar Romero, El Orden Mundial

En la década de los 50 se produjo otro hecho trascendental para entender la evolución política y económica contemporánea de Haití: el golpe de Estado de Fracois Duvalier, conocido como “Papa Doc” y el establecimiento del clan Duvalier. Fracois Duvalier y luego su hijo Jean-Claude Duvalier, conocido también como “Baby Doc”, dirigieron regímenes dictatoriales sumamente represivos y corruptos que gobernaron Haití de 1957 a 1971 y de 1971 a 1986, respectivamente. Ambos gozaron del apoyo estadounidense.

Los Duvalier se llenaron los bolsillos sistemáticamente con el dinero de las ayudas internacionales que llegaban a Haití y malgastaron los créditos de los organismos internacionales. Cuando Baby Doc abandonó el país debido a la revuelta popular que finalmente terminó con la dictadura, se llevó con él novecientos millones de dólares y dejó Haití saqueado y aún más insolvente –  Mar Romero, El Orden Mundial

Entre el año 1986 y el 2021, la política en Haití siguió estando fuertemente marcada por la inestabilidad, sucesivos intentos de golpes de Estado y golpes de Estado materializados, idas y venidas de caudillos y militares, revueltas, intervenciones visibles y no visibles de potencias extranjeras etc. El último asesinato de un presidente se produjo el 7 de julio, cuando un grupo de hombres armados atacaron la residencia de Jovenel Moïse quitándole la vida. En resumidas cuentas, con el paso del tiempo la República de Haití se ha convertido en un ejemplo clásico de un Estado fallido.

Aunque los haitianos fueran víctimas de expolios multimillonarios, ni el Banco Mundial (BM) ni el Fondo Monetario Internacional (FMI) consideraron incluir al país en la lista de Países Pobres Muy Endeudados (HIPC), una iniciativa lanzada en 1996 para aliviar los Estados ahogados por la deuda. Según Romero, “ambos organismos no solo mantuvieron su deuda, sino que siguieron prestándole dinero”. En 2006, 20 años después de la creación de la iniciativa, el Banco Mundial finalmente aceptó que Haití era lo suficientemente pobre y endeudado y le permitió ingresar en la iniciativa HIPC. Posteriormente, en 2009, se cancelaron 1.2 mil millones de dólares de deuda.

Después de obtener el alivio de la deuda, Haití todavía debía 900 millones de dólares. Según la campaña Jubilee Debt, “en ninguna parte del proceso de alivio de la deuda los países ricos aceptaron su papel en la creación de la injusta deuda de Haití, sino que consideraron el alivio de la deuda como una caridad”. La misma fuente afirma que una evaluación de 2002 del Banco Mundial de los préstamos dados a Haití de 1986 a 2001 concluyó que “el impacto de los préstamos [del Banco Mundial] en el desarrollo había sido insignificante”. La situación empeoró notablemente en 2010 debido al impacto de un devastador terremoto (de menos intensidad que el que azotó el país caribeño la pasada semana) que dejó un saldo aterrador de 300.000 muertos además de dejar sin hogar a más de un millón y medio de personas. Como es bien sabido, las catástrofes son generadoras de deuda y esto es lo que ocurrió precisamente en Haití.

La deuda de Haití ya había aumentado a $ 1,150 millones después del alivio de la deuda el año anterior, y aumentó a $ 1,300 millones a medida que se otorgaron nuevos préstamos a raíz del desastre. La protesta pública llevó a los gobiernos y las instituciones financieras internacionales a eliminar la deuda pendiente de Haití. Incluso cuando se canceló la deuda de Haití, se ofrecieron nuevos fondos de reconstrucción en forma de préstamos en lugar de donaciones, acumulando problemas para el futuro – Jubilee Debt

Otro de los problemas es la nefasta gestión de los recursos provenientes de la ayuda humanitaria. Después del terremoto de 2010 se estima que llegaron a Haití 9.000 millones de dólares a través de diferentes ONGs. Luego del paso del huracán Matthew en 2016 ocurrió lo mismo. Sin embargo, según Romero, todo el dinero inyectado a Haití “tiene una cara oscura”. Al respecto, menciona que “muchos critican que profundiza la dependencia del país al dinero foráneo, además de ser poco efectivo para mejorar la vida real de los haitianos”. Romero proporciona los siguientes inquietantes datos:

Un descorazonador estudio publicado a principios de 2020 determinó que solo el 0,9% de la ayuda recaudada entre 2010 y 2012 fue al Gobierno haitiano, mientras que el 0,6% llegó a manos de organizaciones locales. Entonces, ¿dónde fue el resto del dinero? En el caso de USAID, la agencia de cooperación internacional del Gobierno de Estados Unidos, más de la mitad se destinó a organizaciones estadounidenses. En el caso de la Cruz Roja norteamericana, que logró recaudar cerca de 500 millones de dólares para ayudar a Haití, la pregunta aún está sin resolver. Una extensa investigación de la radio pública estadounidense, NPR, intentó responderla sin mucho éxito: encontraron “una cadena de proyectos mal gestionados, gastos cuestionables y dudosas afirmaciones de éxitos”. Por ejemplo, la Cruz Roja aseguró que construiría casas para 130.000 personas, pero llegado 2020 solo había edificado seis casas. De forma similar, USAID prometió 15.000 hogares, de los cuales solo ha logrado levantar novecientos – Mar Romero, El Orden Mundial

Haití ocupa el puesto 168 de 180 en la clasificación de Transparencia Internacional sobre la percepción de la corrupción. Uno de los últimos ejemplos del saqueo masivo dirigido por las elites del país es el de Petrocaribe, donde los dirigentes haitianos se apropiaron de más de 2.000 millones de dólares entre 2008 y 2016 según la auditoría realizada por la Corte Superior de Cuentas del país. Este ejemplo ilustra una práctica arraigada en la historia política del país, donde diferentes dirigentes y caudillos han amasado sumas millonarias a costa de sus propios ciudadanos.

Actualmente, según el Banco Mundial, el 60% de la población de Haití se encuentra por debajo del umbral de pobreza. Además, la mayor parte de los habitantes no tienen acceso a los servicios básicos de salud. Su Índice de Desarrollo Humano (IDH) es bajo (0,510 según datos del 2019) y el país ocupa el puesto 170 de 189 según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Por poner un ejemplo, en 2019, Haití se encontraba justamente por detrás de Afganistán en la lista (es decir, en peor posición) y por delante de 19 países que en su mayoría son africanos y están fuertemente golpeados por el subdesarrollo y las crisis internas.

Vulnerabilidad frente a los fenómenos naturales adversos

Haití se encuentra en medio del cinturón de huracanes y está sujeta a tormentas severas de junio a octubre. Por otro lado, el país caribeño tiene el riesgo de sufrir inundaciones, terremotos ocasionales y sequías periódicas. Sin embargo, la inestabilidad política, la falta de protección gubernamental y el caos económico hacen que Haití sea muy vulnerable a las catástrofes naturales, hasta tal punto que fenómenos que causan pocas o nulas víctimas en los países vecinos provocan dramas humanos a una escala inimaginable en el país.

Por ejemplo, en 2016, el huracán Matthew golpeó con intensidad a las islas caribeñas. En Haití perdieron la vida 1.000 personas. Sin embargo, en Cuba, aunque el huracán dejó un rastro de escombros, derrumbes y desolación en las zonas afectadas, gracias a los programas de intervención y prevención del gobierno Matthew pasó por el país sin causar ninguna víctima mortal. La explicación es sencilla: mientras que en Haití los sucesivos gobiernos no son capaces de proteger a la población antes, durante y después de las catástrofes, en Cuba la protección es una prioridad nacional. En el caso de Haití, los factores estructurales hacen que el impacto inicial de los fenómenos naturales adversos sea más intenso y que las crisis generadas se enquisten durante más tiempo aumentado la cantidad de víctimas.

En lo referente a los terremotos, aunque también se podría aplicar el mismo análisis en el caso de los demás fenómenos naturales, el investigador Luis Rolando Durán Vargas defiende a raíz del terremoto de 2010 que “no es la amenaza física, en este caso la actividad sísmica, lo que determina la magnitud de la catástrofe, sino la exposición de los grupos sociales”. Este hecho es el resultado de la estrecha relación entre la pobreza y la vulnerabilidad.

Según el «Informe de evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres« citado por Durán Vargas, «los países más pobres se ven afectados por riesgos de mortalidad y de pérdidas económicas en grados desproporcionadamente más elevados si se los compara con niveles similares de exposición a amenazas». El informe incluye «estudios de caso en ciudades concretas que indican que tanto la incidencia de desastres como las pérdidas se vinculan con procesos que hacen que aumente la exposición de las personas pobres a amenazas, como por ejemplo la expansión de asentamientos informales en zonas propensas a amenazas».

Haití enseña sobre todo que el riesgo no es algo que se crea en un minuto devastador, no es la casualidad súbita de una inversión de temperaturas y el calor del agua que mueve un huracán, o la fuerza acumulada durante años que se libera de pronto, sacude y licua los suelos, la infraestructura y los sueños de bienestar de miles de familias. La tragedia de Haití muestra, de manera extrema, que nuestras sociedades enfrentan diariamente escenarios dramáticos de riesgo concentrados en sectores de la población que han sufrido una exclusión histórica, muchas veces centenaria, con una vulnerabilidad que se refleja en dinámicas sociales y políticas desatentas y urgidas más por la acumulación y el desarrollo de los macroindicadores que por las necesidades específicas de quienes menos posibilidades tienen – Luis Rolando Durán Vargas, 2010

 

Fuente: https://www.eulixe.com/articulo/reportajes/haiti-miseria-pasividad-internacional/20210823081252023995.html

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