Chile tenebroso II: vasallos y protegidos de la Sra. Lucia.

Lucia Hiriart

El séquito pop de Lucía Hiriart.

No sólo de uniformados y políticos de derecha se rodeó la viuda de Augusto Pinochet durante los años del régimen. Por trabajo, admiración e incluso inquietudes esotéricas, la entonces directora de CEMA Chile se vinculó e hizo buenas migas con personajes que después formaron parte del jetset criollo y la farándula, como Patricia Maldonado, Mary Rose Mc Gill, el fallecido diseñador José Cardoch y la tarotista Yolanda Sultana. “Hubo harta gente que estuvo cerca de ella, pero nadie va a mojarse el potito hoy ni a hablar de eso”, asegura Gonzalo Cáceres, su ex maquillador y uno de los que revela aquí sus nexos con la mujer más poderosa de la dictadura.

Apareció en su consulta el 1 de septiembre de 1973.

“No era su primera visita, pero nunca la había visto tan nerviosa. ‘Tírame las cartas’, pidió casi llorando. ‘¿Pero qué te pasa Lucía?’, le consulté. ‘Creo que Augusto me está engañando’, respondió. ‘Está nervioso, distraído, oculta papeles y contesta el teléfono susurrando, casi a escondidas’. Le tiré las cartas y terminamos con La Muerte: transformación completa, renacimiento. Ahí me pegué el alcachofazo, conecté los puntos, rumores dispersos. ‘Él no te engaña…’, le dije con ese tono de adivina sabia, ‘pero enfrenta una decisión difícil, que afectará la vida de mucha gente’”, contó en una poco divulgada entrevista en 2007 la conocida astróloga y tarotista Yolanda Sultana.

Fue la primera y única vez que habló públicamente acerca de una de sus clientas, acaso la más importante de todas: Lucía Hiriart, la esposa del entonces recién nombrado Comandante en Jefe del Ejército, Augusto Pinochet, quien esa misma tarde, diez días antes del Golpe, había acudido a ella con un nudo en la garganta.

“Ella respiró con alivio, sacándose un peso de encima y finalmente preguntó: ‘¿Cuál es la mejor decisión?’. Todos los caminos pueden terminar mal, pero vi la posibilidad de ganancias más allá de lo imaginado y aposté al todo o nada. ‘Que se una y lidere’, murmuré”, reveló también Sultana. Aunque hoy confirma sus dichos, a sus 82 años se niega a rememorar el episodio. Manda a decir además que “esa historia terminó mal”, y que prefiere no escarbar más ahí. No quiere, dice, que por ningún motivo la vinculen con ella.

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A comienzos de 1974, Televisión Nacional emitió una nota sobre el encuentro entre Lucía Hiriart con un grupo de socias de Cema Chile, la fundación para el bienestar de la mujer chilena creada en 1954 y cuya dirección ella misma había asumido a pocos meses de que la Junta Militar tomara el control del país. Fue su primera aparición en televisión, y la esposa de Pinochet daba abiertamente su versión sobre cómo habría convencido a su marido para que se sumara al Golpe:

“Bueno, yo estoy aquí, chiquillas, para decirles la verdad. Me costó convencer a Augusto, pero al final lo terminé por convencer. Yo le había dicho muchas veces: ‘Mira Augusto, yo no sé hasta cuándo los militares van a seguir aguantando a estos rotos. ¿No te das cuenta de las colas? ¿Dónde tienes puestos los pantalones? ¿Me lo quieres decir?”, dijo Hiriart entonces.

La anécdota la recoge Doña Lucía: la biografía no autorizada (2013) de la periodista Alejandra Matus, donde además se lee: “Ninguna de las esposas de los demás Comandantes en Jefe apareció en la prensa en el mismo periodo. Al finalizar el primer semestre del nuevo régimen, era imposible contener el protagonismo de la esposa de Pinochet”.

“Señora Lucía”

A contar de 1974, la primera autoridad en ser saludada por los comandantes del Ejército en ceremonias y actos públicos era la “Coordinadora de Organizaciones Femeninas, señora Lucía Hiriart de Pinochet”. Uno de los biógrafos de este último la describió incluso como “activísima y eficaz, pero también imperiosa y absorbente. No acepta sombra ni competencia, y resulta mortal despertar sus iras. La rodea –ley eterna de estos casos– una pequeña corte: admiradores, pero también aduladores de ambos sexos, pero principalmente mujeres”.

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Hiriart reformuló y encabezó una decena de instituciones de carácter social y enfocadas a la mujer, los niños y adultos mayores. Una de ellas, la principal en su agenda, fue precisamente Cema Chile: llegaron a ser más de 45 mil voluntarias de todo el país y a cargo del mismo número de centros de madres en más de diez mil sedes repartidas en el territorio. “Se convirtió en el mayor aparato de propaganda del régimen”, escribe Matus en su libro. Su revista Utilísima, donde se publicaban moldes de costura, tejido, recetas de cocina y fotografías de las actividades del voluntariado en hospitales, escuelas y centros de niños y adultos mayores, tenía un tiraje de 70 mil ejemplares. Televisión Nacional le concedía además 15 minutos en pantalla para dar a conocer también su obra.

Para comienzos de 1974, y convertida en la mujer más poderosa del régimen, Lucía Hiriart dirigió, reformuló y fundó también otras instituciones, como la Corporación Nacional del Cáncer, la Corporación de Damas de la Defensa Nacional, la Corporación Alborada del 36 y Voluntarias del Hospital Militar. Era además la patrona de las “damas” de colores, los organismos dirigidos al área de salud por ejércitos de mujeres de distintos voluntariados.

Inmediatamente después del nombramiento de Augusto Pinochet como Presidente de la Junta y Jefe Supremo de la Nación, su esposa se instaló a comienzos de 1974 en el piso 17 del rebautizado edificio Diego Portales, la ex UNCTAD. Su amplio despacho estaba ubicado justo debajo de los de los integrantes de la Junta, y fue su centro de operaciones hasta 1981, cuando fue reabierta La Moneda y se le asignó otra espaciosa oficina en el ala suroriente del palacio presidencial.

Su biografía retrata algunas de sus excentricidades, como la existencia de un retrato de Augusto Pinochet hecho de perlas de distintos tonos grises que colgaba de una de las paredes de su despacho. Era conocida también su debilidad por la ropa y los sombreros; podía cambiarse de atuendo hasta cuatro veces en un día y tenía asesores para todo. Su equipo más cercano lo integraba una encargada de prensa, una peluquera, un maquillador y hasta un fotógrafo personal, pero tenía además a otro grupo de colaboradores externos que se ocupaban de su imagen personal en apariciones y eventos públicos.

todos les exigía que la llamaran “Señora Lucía”.

El discreto círculo pop

La diseñadora de alta costura Laura Rivas Vial, fallecida en 2013 a los 93 años y conocida por diseñar para la clase alta y la prestigiosa casa de moda francesa Nina Ricci, fue su modista personal en pleno régimen“Ella no tenía muy buen gusto. Abusaba del recargo…”, decía Rivas en una entrevista con The Clinic de 2009: “Es que la Lucía siempre ha sido bien mazetota, una mujer fuerte de naturaleza y contra eso es difícil luchar. Yo le hice muchos vestidos. Era una mujer preocupada de la vestimenta. Era arrogante, llegaba con sus guardespaldas en una chorrera de autos y para qué tanto. Si yo no le iba a hacer nada. A ella le gustaba todo el aparataje. Era insoportable”. 

Otro de sus diseñadores amigos y más cercanos fue José Cardoch, quien por esos años vistió también a Hortensia Bussi, la esposa de Salvador Allende. Y su peluquero oficial, el también conocido y fallecido estilista Óscar García. Durante la misma época, uno de sus asesores personales fue el estilista Gonzalo Cáceres, quien a contar de 1974 la maquilló y peinó en innumerables ocasiones, incluida la visita del Papa Juan Pablo II a Chile en abril de 1987. “La conocí cuando llegué de estudiar en Estados Unidos, en 1974”, recuerda hoy.

“Siempre tuve nexos con las Fuerzas Armadas. Mi papá, que también se llamaba Gonzalo, fue un aviador muy importante, tenía un alto cargo e iba a ser un alto cargo en el gobierno militar también, pero murió de un infarto en su oficina y hasta ahí no más llegó. Yo me aproveché del pánico y me dediqué a la belleza, algo que él nunca permitió, y usé todos los contactos que tenía. Yo además había sido cadete en la Escuela Militar, fui compañero de Álvaro Corbalán (el ex agente CNI), entonces, imagínate, desde chico conocí a toda la rama militar”, cuenta.

Por esa época empezó a maquillar a los miembros de la Junta y a sus esposas. “Trabajé mucho con la Margarita Riofrío (esposa de José Toribio Merino), y tiempo después empecé a trabajar para la señora Lucía. Incluso a Pinochet había que arreglarlo. Yo maquillé también a Kissinger y a su esposa en el 76, no me saqué los años de circo en una rifa”, asegura Cáceres.

Lucía Hiriart lo llamaba para ocasiones importantes, recuerda el estilista. “Era encantadora y buenamoza. No era muy de conversar y nunca tuvimos gran intimidad, pero en el maquillaje ella sabía que yo la iba a dejar natural, porque le cargaba lo recargado. Era muy fregada con los productos que ocupaba, que eran sólo para gente alérgica y con cáncer de piel”, revela. Si bien reconoce haber sido más cercano a las hijas de Pinochet, Cáceres trabajó con ella hasta el año 90. “Cuando se acabó el gobierno”, dice. La maquilló para cadenas nacionales, visitas oficiales de Estado y otras actividades más mediáticas, como el recibimiento a Cecilia Bolocco tras ganar la corona de Miss Universo en 1987.

“Yo no me considero de derecha, pero sé cómo fueron las cosas en este país y por eso la defiendo. La Lucía se portó muy bien conmigo. Y te puedo asegurar que yo nunca vi que ella mandoneara a nadie, están inventando cosas que no son”, opina Cáceres. “La (Alejandra) Matus le pone mil mentiras a su libro. Ella (Hiriart) no dirigía a Pinochet, eso es mentira, y el cuadro de perlas de Pinochet, que sí existió y yo lo vi, fue un regalo del gobierno de China y no hecho con plata de los chilenos, como la Matus contó”, asegura el estilista.

Y agrega: “Hubo harta gente muy conocida que estuvo cerca de ella, pero nadie va a mojarse el potito hoy ni a hablar de eso. Piensan que no les conviene. (Pedro) Lemebel me nombraba en sus libros y decía que yo era tan amigo de la Lucía que controlaba lo que ella hacía, y que hasta me había acostado con Pinochet, imagínate tú. Por eso prefiero hablar y contar la verdad no más, siempre con la verdad por delante. Hemos sido pocos los que no nos hemos cambiado de bando. Por ejemplo, la Patricia Maldonado, que fue la comadre de Pinochet y muy cercana a la Lucía, yo creo que hasta hoy. O la Mary Rose McGill, que también fue amiga suya y la conoció bien. Muchos otros cercanos suyos ya murieron, y los que quedan vivos de seguro que no querrán hablar”.

Durante años, y hasta hoy, se ha especulado acerca del posible vínculo entre la ex Miss Universo y conductora de televisión Cecilia Bolocco con la familia Pinochet, precisamente a partir de dicho encuentro ocurrido en 1987, cuando Lucía Hiriart y su esposo se reunieron con la recién coronada Miss Universo. Ambos le concedieron ese mismo año el premio Jóvenes Destacados en otro evento público, y los rumores sobre su cercanía aumentaron. Bolocco, sin embargo, nunca se ha referido a su vínculo con los Pinochet. Tampoco, y pese a su influencia internacional durante esos años, se ha manifestado alguna vez sobre las violaciones a los Derechos Humanos en Chile durante la dictadura.

El libro Reina de corazones (Planeta, 2015) de la periodista Laura Landaeta, biografía no autorizada por Cecilia Bolocco, reveló que su cercanía era tal que incluso Pinochet le facilitó una limosina para su primer matrimonio con Michael Young, en 1990. Según detalla también su autora, el lujoso vehículo había sido un regalo de Paul Schäfer para el dictador. Según Gonzalo Cáceres, “ella (Bolocco) no fue tan cercana a los Pinochet, pero ellos la querían muchísimo”.

Lucía era como Inés de Suárez”, llevaba por título una columna publicada por el estilista en Las Últimas Noticias el 17 de diciembre de 2006, una semana exacta después de la muerte de Pinochet. En ella, Cáceres reveló otro de los vínculos cercanos de Lucía Hiriart con el llamado jetset de la época. “Rubén Campos le dio ese toque tan elegante, de traje de dos piezas y botones dorados, estilo Adolfo, como el diseñador de Nancy Reagan. Fue su época más estilizada, luciendo siempre perfumada de Chanel N°5 o Diorissimo de Dior”, escribió.

Rubén Campos fue consultado al respecto. Contestó escuetamente y por WhatsApp: “La verdad es que no tengo nada que decir de ella. Fue mi clienta y es secreto profesional”.

Contactadas también para este artículo, Patricia MaldonadoMary Rose McGill Cecilia Bolocco declinaron hacer declaraciones sobre su relación con Lucía Hiriart.

“Viene llegando, viene llegando”

En 1985, Cema Chile publicó el libro La mujer chilena y su compromiso histórico, un volumen de gran formato, impreso en papel de lujo y tapa dura, en inglés y español. Su objetivo, escribió Lucía Hiriart en el prólogo, era resaltar “lo que ha sido la presencia del voluntariado femenino en el desarrollo social de Chile en el último decenio. Si quisiera resumir en muy pocas palabras mi experiencia humana de este decenio de labor con las mujeres de mi Patria, diría que es el haber sentido ese impulso noble y generoso, que como una corriente avasalladora de entusiasmo y auténtica chilenidad nos ha tocado en honda calidez el corazón y los sentimientos de madre”.

Un perfil publicado en La Tercera en el año 2002 definía a Ignacio Pérez-Cotapos como un personaje sui géneris: “Educado en una familia de derecha, se autodefine de derecha y respecto de varios temas sus opiniones son evidentemente conservadoras. Pero, a la vez, puede argumentar sobre la existencia de una estética gay o hacer un comentario perturbador o políticamente incorrecto”.

Tras un breve paso por la carrera de Publicidad, a comienzos de los 80, él formó parte del primer departamento publicitario de TVN, años después fue director de arte de la desaparecida revista Caras y fundó ED, la conocida publicación de estilo y decoración. Actualmente, Pérez-Cotapos dirige la agencia creativa de diseño IPC Studio y la magazinesca revista SML. Tenía 24 años, recuerda, cuando en 1984 fue contactado por Osvaldo Rivera, el entonces director de la Dinaco, la División Nacional de Comunicación Social, organismo propagandístico y comunicacional que dependía de la Subsecretaría General de Gobierno durante la dictadura.

El motivo era un encargo urgente de la “primera dama”.

Yo fui el encargado de hacer el libro. Me contactaron a través de un amigo mío. Estuve yendo harto tiempo ese año, unos seis meses a La Moneda, por las tardes. Tenía que acompañarla a todos los hospitales, escuelas y otros lugares donde se realizaban los actos de beneficencia para los niños, los enfermos con cáncer y adultos mayores. Tomábamos muchas fotos”, cuenta Pérez-Cotapos. Y añade: “No tengo mucho que decir, o sea, incluso lo pasaba bien. Era un trabajo entretenido para mí. Me abrió todo un mundo y me tocó ver una realidad bien trágica. Algunas de las mujeres de Cema eran bien sacrificadas”.

Una de las tareas más complejas que asumió el publicista fue producir la toma de un retrato oficial de Lucía Hiriart para las primeras páginas del libro. “Yo no quería usar la foto oficial que había, porque francamente era espantosa. Ella llevó las tenidas y yo tuve que escogerlas. La sentamos para peinarla y una amiga que hacía arreglos florales arregló todo. Ella por lo general era bien sencilla. La única excentricidad que recuerdo fue una vez que le fueron a vender un abrigo de visón carísimo, pero nada más”.

“Me advirtieron mucho sobre su carácter y me daba risa, porque en todo momento ella fue muy amable conmigo. Vaya uno a saber por qué le cae en gracia a la gente, pero no tuve una mala experiencia con ella. Sí vi cómo todos le tenían harto susto. Ella parecía bien mandona y dominante. Y se notaba: cuando la señora llegaba a La Moneda, todos corrían de un lado para otro con cara de pavor. ‘Viene llegando, viene llegando’, decían. Parecían todos locos. Lo mismo que con la Anna Wintour; se paralizaban. Le rendían pleitesía, y efectivamente había que decirle señora Lucía porque si no ardía Troya”, cuenta Pérez-Cotapos.

Una vez terminada su labor, el publicista no volvió a ver ni a tomar contacto con la viuda de Augusto Pinochet. “El libro hubo que imprimirlo dos o tres veces. No le gustaba una foto, no le gustaba otra, y un día me dijo que no quería ver a un cura que aparecía. Pidió que lo sacaran de la foto”, recuerda. “En esa época no había photoshop ni nada, así que se cortaban no más las imágenes. Tenía esas salidas. Y bueno, entre las ‘Damas de colores’ también había rivalidades unas con otras. Estaban las que le tenían buena y las que le tenían mala. Ella despertaba mucho respeto, pero yo te diría que sobre todo mucho temor”.

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Después de 65 años de historia no exenta de polémicas, Cema Chile cerró sus puertas en 2019 luego de un largo proceso judicial por traspaso irregular de 108 inmuebles del fisco y otros de origen privado a la misma fundación y otras instituciones de beneficencia. Según el informe del Ministerio de Bienes Nacionales, entre 1989 y 2013 Cema Chile vendió 89 de 218 inmuebles cedidos por el Estado de Chile para el cumplimiento de sus fines sociales. Las ventas significaron ingresos de más de $6 mil millones.

Lucía Hiriart tuvo que comparecer entonces frente a la justicia por una querella criminal por malversación de caudales públicos y fraude al fisco. Días después de conocido el escándalo, en 2016, el Consejo de Defensa del Estado reveló que en 1998 la institución le había entregado además 50 mil dólares para cubrir los gastos asociados a la detención de Augusto Pinochet en Londres. Tras el escándalo, Hiriart renunció a la presidencia de Cema Chile y fue alejándose cada vez más de la vida pública.

Gonzalo Cáceres es taxativo: “Para mí, Lucía Hiriart fue una gran Primera Dama y una gran mujer”.

Ignacio Pérez-Cotapos toma distancia: “Evidentemente no era una señora dulce y agradable. Años después yo conocí a Martita Larraechea y te das cuenta de que era otra cosa. Bueno, estábamos en dictadura y ella era la esposa del dictador. Se sentía con el poder de hacer y deshacer. Yo era muy joven en ese entonces, cuando me tocó conocerla y trabajar con ella. Cachaba bien poco de todo. El otro día busqué un ejemplar del libro en internet para comprarlo, porque no lo tengo, y había uno en Mercado Libre. No lo veía desde esos años, y me pareció horrible y de muy mal gusto. Casi vergonzoso”.

Fuente: https://www.theclinic.cl/2021/12/16/el-sequito-pop-de-lucia-hiriart/

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