Chile: ¿Qué pasó el 19 de diciembre?

Unas cuantas verdades que pueden parecer muy crudas.

Un hecho irrefutable: la ultraderecha mordió el polvo de la derrota en su afán por hacerse de La Moneda. Y que Boric y sus muchachos consiguieron una sonada victoria en el mismo trayecto.

¿Será que ambas constataciones son, en efecto, el cara y sello del triunfo y la derrota absolutas?

Casi.

El rigor, y a la luz de los hechos verificados en treinta años, la derecha sigue siendo la triunfadora si se trata de imponer una visión del mundo, de una economía, de una educación y, finalmente, de una cultura.

Vivimos en un país construido a imagen y semejanza de los sueños más delirantes de la derecha más criminal, egoísta, sectaria y cruel que se pueda concebir. Es una falacia decir que el orden actual es propio de un consenso social.

Que se hayan logrado en el período algunas contenciones y breves y casi insignificantes reformas en un sentido contrario, no cambia lo esencial. A contrario sensu, solo han servido como despiches para descomprimir la presión popular de las víctimas del orden.

Desde el punto de vista de un proyecto de izquierda, una estrategia política debería estar basada en la deconstrucción del neoliberalismo en un horizonte de mediano y largo plazo que imponga la recuperación de derechos sociales y una mejora en la calidad de vida de las personas más carenciadas.

El gobierno de Gabriel Boric, al no estar enmarcado en un proyecto de largo plazo y no involucrar a los sectores populares, hará una conducción limitada por el tiempo y sin alcances estratégicos significativos en la instalación de una cultura que supere la que creó, en laborioso medio siglo, la ultraderecha y la exConcertación.

Desde ese punto de vista, sigue penando un proyecto de izquierda que sin complejos ni mirando el qué dirán, se proponga la superación del capitalismo en su versión más agresiva e inhumana. Es uno de los mejores momentos para enfrentar dicho desafío.

Por más que la derecha intente repetir la monserga del fracaso del socialismo, la verdad irrefutable es que el verdadero fracaso que trajo al mundo al borde en el que estamos es el del capitalismo que no ha logrado sino aumentar la explotación, el hambre, las enfermedades, afectar el precario equilibrio de la vida sobre el planeta y mucha guerra y sufrimiento.

Desde el punto de vista de la vida digna, el capitalismo ha sido un fracaso en toda la línea, cuya gestión es posible solo sobre la base de la represión, la mentira y el terror.

Hace muchos años fueron afiches con tanques rusos demoliendo La Moneda y con madres aterradas cuando barbudos cubanos arrebataban a sus hijos para llevarlos al infierno del socialismo.

Y luego de eso, los que demolieron el palacio fueron tanques y aviones de las Fuerzas Armadas chilenas que nuevamente traicionarían a la patria que dicen defender.

Desde el punto de vista de la izquierda Gabriel Boric no es el enemigo. Es, eso sí, alguien que ha debido corregir hacia el azul sus opiniones de cuando más joven. Esa táctica de acercarse a la exConcertación, sin embargo, aumentó la crispación en la gente que, como el mismo Boric hace años, es airadamente crítica de ese conglomerado y sus efectos.

El mote de político amarillo tiene ese origen. Aun así, esa misma gente crítica votó por él y fue determinante en su triunfo.

Resulta en este punto interesante el rol que va a juzgar esa gente que hizo la diferencia y que, apretando la guata y los dientes, voto por el exdirigente estudiantil ante la amenaza de la brutalidad misógina, homofóbica torpe, racista y vulgar de la ultraderecha criminal.

El Frente Amplio y muchos de sus aliadas son partidos más de cuadros que de masas, con excepción del PC. Y la ausencia del pueblo llano en esa coalición puede ser un punto débil al momento en que arrecie la ofensiva del sabotaje al próximo gobierno.

El solo hecho que Boric se plantee la construcción en un país de derechos y no de privilegios debe sonar al comunismo más ortodoxo en la comprensión egoísta de la derecha.

Para la derecha el gobierno de Boric es un mal ejemplo que debe ser castigado en breve y cuando avance el contrataque derechista ese pueblo que votó por él con los dientes apretados será fundamental en la defensa de su gobierno y la aún precaria democracia.

Con todo, el gran mérito de Boric, y que estalla en la cara de los sectores de izquierda “revolucionaria”, es que hizo la pega. La izquierda “socialdemócrata” volvió a ganar en esta pasada.

Su logró histórico demostró que, si se trata de un proyecto de izquierda, en cualquiera de sus matices, la cosa es trabajar, trabajar y trabajar. Y que se puede hacer política a partir de lo social. No es casual que solo hace diez años Boric era un dirigente estudiantil que le echaba pelos a la leche a los gobiernos de entonces.

Observe algo: los principales dirigentes de esas colectividades victoriosas son exdirigentes estudiantiles, sociales y gremiales.

¿Por qué otros dirigentes sociales de izquierda, muchos con más experiencia que la del joven presidente electo y de sus adláteres, no han podido/intentado/pensado ni cercanamente algo parecido?

El gobierno de Boric no será precisamente miel sobre hojuelas. La nefasta ultraderecha se le va a tirar a la yugular en breve. Y como ha sido siempre, buscará la desestabilización de su gobierno echando mano a todo lo que históricamente ha usado. Y, por el otro flanco, serán las altas expectativas de un pueblo castigado el que le pondrá la presión popular.

Lo sucedido el domingo 19 no es solo una cuestión de ganadores y perdedores. Es mucho y más complejo que esa mera constatación en la que Boric se impuso al oscurantismo criminal de la derecha.

Desde el punto de vista de la izquierda se impone la responsabilidad de aprovechar el momento de reflujo de la derecha y sobre todo de interpretar el momento de inflexión que impone, o podría hacerlo, el inicio real de una transición democrática.

Es el mejor momento para retomar iniciativas de reagrupamiento sin mayores expectativas que la de reconocer que hasta este momento la izquierda no ha hecho otra cosa que dar vuelta en un círculo plano, creyendo que es en una espiral que sube.

¿Qué paso el domingo?

Que un exdirigentes estudiantil llegó a La Moneda y fue recibido por el expresidente que lo mandaba a reprimir. Que la derecha escondió los buses. Pero también se abrió un espacio para que la izquierda deje de dar jugo.

(*) Ricardo Candia Cares, periodista y escritor chileno.

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