Chile encarcelado II: Joven preso de la revuelta con cáncer terminal espera indulto.

Esposado a una cama con cáncer terminal: La lucha de Laura por la dignidad de su hijo.

Por Carolina Ceballos/ El desconcierto. 

Un joven de Valdivia, condenado por un robo que empezó a pagar hace dos años, fue diagnosticado con un severo cuadro que lo mantiene en una precaria y amenazante condición de salud. Su madre luchó para que le sacaran las esposas que lo mantenían confinado a una cama de hospital y viajó desde Valdivia a La Moneda para solicitar un indulto presidencial. Esta es la historia de su travesía que busca devolverle la dignidad a su hijo, en momentos en que los médicos no le otorgan más esperanzas que esperar el resultado de las quimioterapias.

Una compleja situación se encuentra viviendo Byron Soto, un joven de 22 años condenado por robo y actualmente internado en la UTI Quirúgica del Hospital Base de Valdivia, a causa de un grave y reciente diagnóstico.

Considerando que su situación es de extrema gravedad, su familia está haciendo gestiones en dos direcciones. En primera instancia, y atendiendo lo delicado que está Byron, Laura Rojas, su mamá, logró que una resolución judicial oficializada hace un par de semanas, le permitiera mantenerse sin los grilletes de seguridad que tenía en sus pies. Lamentablemente y de acuerdo a lo que denuncia ella, Gendarmería no dio cumplimiento oportunamente a la decisión de tribunales.

Paralelamente, el lunes de la semana pasada, Laura viajó de urgencia a Santiago con el propósito de entregarle una carta al Presidente Sebastián Piñera, solicitándole que indulte a Byron para que pueda irse a su casa, dada su frágil condición.

«Mi hijo ingresó al recinto penitenciario sano»

En la misiva detalla la situación del joven, pidiéndole que tenga a bien otorgarle este beneficio. «Mi hijo se encuentra cumpliendo presidio hace dos años y medio (…) por un robo mal condenado. Quiero que lo sepa, es mucho 10 años por esa situación», asegura la madre antes de explicitar en qué situación de salud empezó a cumplir su condena. «Mi hijo ingresó al recinto penitenciario sano, con 19 años», cuestiona.

Posteriormente, Laura Rojas detalla que hace escasas semanas supo el diagnóstico de Byron. «El domingo 12 de diciembre me entero por un funcionario del Hospital Base de Valdivia, que mi hijo se encuentra con cáncer testicular y metástasis en el cerebro, pulmón y anemia severa, inconsciente y con fiebre», expone en su carta a Piñera.

«Me dirijo al hospital. Pido información, me indican que había sido llevado dos días anteriores, viernes 10 y sábado 11, con vómitos, náuseas e inconsciente. El diagnóstico fue de inmediato el viernes 10. Con esa información me dirijo al CPV (cárcel) para ver la condición de salud de mi hijo», relata luego.

El precario estado de salud de Byron por el que Laura clama ayuda

Lo que viene después, de acuerdo a lo que asegura Laura en su escrito a Piñera, es el traslado del reo al Hospital Base de Valdivia, donde permanece hasta ahora. En este recinto, dice, un oncólogo de apellido Yáñez le transparentó que Byron está con un cáncer avanzado en etapa 3 diagnosticado hace aproximadamente seis meses, lo que nadie le informó oportunamente al médico.

Como consecuencia de su estado, agrega Laura, el cáncer testicular se extiende a 15 centímetros, sumando una metástasis al cerebro que lo tiene con su hemisferio izquierdo paralizado. «Y por la metástasis pulmonar, conectado a oxígeno de alta densidad, anemia severa» y un cuadro de deshidratación avanzado.

Por último, asegura que el médico no le dio mayores expectativas y le dijo que había que esperar para ver cómo Byron reaccionaba a la quimioterapia.

Respecto de las medidas de seguridad a las que estaba afecto, Rojas dice que estuvo permanentemente encadenado y que hace dos semanas la justicia autorizó el retiro de los grilletes. Sin embargo, cuenta, el miércoles 22 pasadas las 16:00 horas se entera por la médica de turno, que todavía no se cumplía la orden del juez.

No obstante lo anterior, la medida se materializó, aunque según ella, no oportunamente.

«Mamá sácame de aquí, me estoy muriendo»

Con evidente pesar, la madre relata a El Desconcierto que el joven permanece internado con transfusiones de sangre debido a su anemia severa. «Me entero de su diagnóstico por una persona a través de una llamada telefónica, no recuerdo quién es porque quedé en shock. Me dicen, ‘Laura estás sentada o de pie’. Digo que voy manejando y me dicen ‘estaciónate, porque se trata de Byron. Tu hijo llegó acá al Hospital Base de Valdivia, estoy viendo el diagnóstico’. Me leyó todo lo que decía, que había llegado inconsciente, con vómitos y fiebre», cuenta.

Posteriormente, dice que se trasladó al recinto médico pero su hijo ya estaba de vuelta en el penal donde cumple condena. «Retiro los documentos y me aparecen dos fechas. Me dicen que a mi hijo lo llevaron el 10 y 11 (de diciembre al hospital)»

«Con esa información me dirijo al Centro Penitenciario de Valdivia. Me permitieron una llamada, él hablaba mal, lo que pude entender (que me decía era) ‘mamá, sácame de aquí, me estoy muriendo’», agrega.

Al otro día, el domingo de la semana antes pasada, regresa y puede ver a Byron mientras intentaba trasladarlo a otro lugar. «Lo sacamos de ahí inconsciente, paralizado su cuerpo, con su boquita chueca, sus ojitos cerrados. Mal», comenta llorando, al tiempo que asegura que tuvo que «sacar fuerzas de flaqueza para sacar a mi hijo de ese lugar».

«Lo sacamos de ahí en ambulancia. Cuando llegamos allá permanecí en el hospital. El lunes el doctor Segura me (pregunta) qué sabía yo. Le dije que quería escuchar de su boca en qué condición se encuentra mi hijo», cuenta.

Morir encadenado

El médico le comentó que Byron debía ser intervenido en plazo perentorio. Luego lo trasladaron a la UTI Quirúrgica. «Mi hijo en todo momento estaba con grilletes y cadenas. Eso es lo peor, yo no sé lo que él piense de eso, porque el cáncer es suficiente. El cáncer ya es suficiente para aterrarlo y decirle ‘te vas a morir’, pero con las cadenas es ‘vas a morir encadenado’», comentaba por esos días.

En medio de su pesar, cuenta lo que vino después. «Yo lloraba sin consuelo, sin saber qué hacer», recuerda. «Esto ha sido todo un calvario, mi hijo en el hospital de la cárcel no iba a recibir la atención que necesita. No la recibió y por eso está en esta condición, no recibió el tratamiento adecuado y oportuno para que pudiera vivir. Estamos esperando ver qué sucede con él, todo es incierto. Nadie me dice ‘tu hijo va a vivir’, ningún médico me lo ha dicho», cuestiona Laura con evidente impotencia.

Las calificaciones por su comportamiento, relata, son todas de excelencia. «Era un joven muy alegre y ahora está en esa condición en una cama de hospital, sin saber si alguna vez podrá salir de esto o si nos dejará», cuenta nuevamente entre lágrimas.

«Sentí que se burlaron»

La impotencia de esta madre se cuela en medio de un relato que evidencia el estado emocional en el que está sumergida, frente a hechos que sólo la mantienen en una inabordable incertidumbre a la que suma nuevos cuestionamientos hacia Gendarmería. «Jamás he recibido una llamada de Gendarmería, jamás supe que mi hijo estaba enfermo hasta que me llamaron del hospital. Jamás me han comentado el estado de mi hijo, me ha llamado dos veces la asistente social para preguntarme si estoy capacitada para cuidar de él y qué sé yo de mi hijo. Ellos me preguntan a mí, no he recibido noticias de ellos, no he recibido un buen trato de ellos ni siquiera en el hospital. Y tampoco le sacaron los grilletes y las cadenas cuando se lo ordenó el juez», dice.

«Un día jueves me tocó visita y le habían sacado las cadenas, la orden (de hacerlo) fue el lunes, el martes ya no debería haberlas tenido. El jueves cuando entré a verlo sentí que se burlaron. Tenían las cadenas y los grilletes en una silla a la entrada de la puerta de (la habitación de mi hijo), recordándome que están ahí por si hay que volver a ponérselas», agrega.

«Son gente que no actúa con humanidad, no le dieron a mi hijo lo que necesitaba. O debieron haberme avisado para haber hecho lo posible y hasta lo imposible por mi hijo, como estoy ahora luchando, tocando puertas», dice al tiempo que plantea que de haber sabido lo que estaba pasando, podría haberse esforzado para que Byron tuviera una atención oportuna para su diagnóstico.

De hecho, Laura relata que hace meses el joven le comentó que sentía un dolor testicular insoportable, además de algunas cefaleas por las que recurrió al ASA (servicio médico intrapenitenciario). Le hicieron exámenes por tuberculosis, porque escupía sangre por su cáncer pulmonar. «Está claro que no recibió atención oportuna. No estaríamos hablando de su estado grave e incierto», agrega.

«No les interesan ni un poco las personas«

Posteriormente, la madre del joven detalla un encuentro en la entidad estatal que la dejó todavía más frustrada y decepcionada. «Fui también a ver al director de Gendarmería en Valdivia, me dice que haga oídos sordos de los comentarios, que mi hijo está bien. Me dice que Byron es de él, que está en su poder y que no escuche lo que terceras personas me digan, sino lo que él me diga. Le respondo que mi hijo es mío y le pertenece a Dios. También me comentó que tenía el expediente de mi hijo, que no es ninguna maravilla y que está condenado a 10 años y un día. Fue una persona tozuda, implacable, no le interesó nada el cáncer de mi hijo, no les interesan ni un poco las personas. Detrás habemos familias que estamos sufriendo», reclama apuntando a Pedro Ferrada.

Por último, dice que espera que Sebastián Piñera le otorgue el indulto a su hijo, para poder cuidar de él como no lo ha podido hacer hasta ahora. Y en sus últimas palabras a este medio, hace una especial convocatoria. «Hago un llamado a que, por favor, donen sangre a nombre de Byron Alexis Soto Rojas en el Hospital Base de Valdivia», concluye.

La versión de Gendarmería

Paralelamente, desde la entidad dependiente del Ministerio de Justicia aclararon que su personal retiró los grilletes tras la emisión de la resolución, una versión que se contrapone a la de Laura.

«La Dirección Regional de Gendarmería de Chile en la Región de los Ríos, confirmó que enseguida de haber sido dispuesto judicialmente por razones humanitarias, se procedió a retirar las medidas de coerción (grilletes), al interno condenado Byron Alexis Soto Rojas, hospitalizado en el Hospital Base de Valdivia por afecciones clínicas de carácter terminal», oficializaron.

Ya agregaron que «el coronel Pedro Ferrada Quintana, director regional de la institución, indicó que luego de la instrucción judicial de la jueza de turno, magistrada Antonia Jaar Labarca, informada la noche del 21 del presente al Complejo Penitenciario de Valdivia (CP), Unidad de cumplimiento de la pena del interno; se procedió de inmediato a realizar el alzamiento de la medida de seguridad de grilletas en pies». 

También, asegura Gendarmería, «se instruyó al personal de guardia para mantener a dos gendarmes permanentes en custodia, en prevención de una fuga, tal cual lo dispuso la misma magistrada».

Por último, el propio Ferrada asegura que “a la mañana siguiente concurrieron personalmente a la Unidad de Tratamientos Intensivos del Hospital de Valdivia y a la sala en que se encuentra el penado, el jefe operativo regional, teniente coronel Héctor Miranda Almonacid, y la alcaide del CP, teniente coronel Loreto Fuentes Quezada, para asegurarse la puesta en práctica de una medida de dignidad y sentido humano, sin descuidar, a la vez, el cumplimiento de nuestra misión”.

¿Se repite la historia?

El caso de Byron recuerda el de Juan Montupin, preso con VIH y descendiente mapuche quien, en marzo del 2014, murió engrillado en una cama del Hospital Van Buren, pese a la solicitud que hizo su familia para retirar las medidas de seguridad en su contra, debido a su estado de agonía.

En la historia de Montupin, las acusaciones también apuntaron a Gendarmería, entidad que además, no le suministró la terapia antiretroviral como estipula la ley. En consecuencia, murió como lo hacen decenas de reos que pasan sus últimas horas esposados en hospitales públicos.

Respecto de los protocolos implementados por la entidad, desde el año 2012 funciona en Gendarmería una unidad de Derechos Humanos que desde mayo del 2014 trabajó en la elaboración de nuevas propuestas para la institución.

En ese entonces, el caso de Montupin se estudió en el contexto de “procedimientos diferenciados”. “La idea es aplicarlo en poblaciones vulnerables, como en los casos de salud en pacientes agónicos. El objetivo es modificar el protocolo, en el fondo humanizarlo”, declaró en ese tiempo Jonathan Ulloa, sociólogo a cargo del departamento a The Clinic.

Siete años más tarde, la historia parece volver a repetirse.

Fuente: https://www.eldesconcierto.cl/reportajes/2022/01/10/madre-de-reo-con-cancer-acusa-a-gendarmeria-y-clama-indulto-a-pinera.html

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