La intelectualidad chilena y su colonialidad: el caso Nelly Richard.

Una nueva polémica sacude al feminismo, sobre todo a esa vertiente institucional y academicista. Nelly Richard, la tan connotada académica chilena, recién consagrada con el reconocimiento Doctorado Honoris Causa de la Facultad de filosofía y letras de la UBA calificó, en un medio de circulación argentino, la lucha mapuche autónoma y a sus dirigentes como aquellos que plantean  un «discurso guerrero -con rasgos patriarcales y autoritarios- (…) que convierten la otredad en reducto y trinchera de un enfrentamiento absoluto » (Pagina 12*). En contraste, sitúa el posicionamiento de Elisa Loncón, convencional constitucional y primera presidenta de CC, como aquella que defendiendo el plurinacionalismo  busca un punto intermedio, construye la posibilidad de un «interdialogismo político y cultural», que dice valorar en tanto  feminista. La intelectual chilena, vuelve a repetir la lógica binaria colonialista -que fuera señalada por la CAM en una reciente carta abierta en respuesta a otro académico, José Bengoa-  entre el indio bueno y el indio malo, el indio civilizado  y el indio bárbaro. En un contexto además, donde el werkén de la Coordinadora Arauco Malleco Héctor Llaitul, parte sin duda de esa dirigencia que critica Richard, se encuentra en prisión preventiva en Concepción. Así las cosas, la premiada doctora da cuenta del peso de la colonialidad en las mentes de la elite de chilena y particularmente, en una intelectualidad que como plantea el texto que compartimos a continuación, a pesar de vanagloriarse como ‘crítica’, no hace mas que «reforzar las estructuras de dominación…». (Nota Editora, Natalia Pravda).

Estamos en un momento de inflexión en los modos en los que el pensamiento crítico deviene una intervención posible que permita el cambio social. Si bien desde los ochentas, el posmodernismo ha aterrizado desde el Norte Global como teoría madre del pensamiento progresista impartido, por ejemplo, desde la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Pasados cuarenta años, su legado no ha sido lo efectivo que pueda suponerse a primera vista, si se tiene en cuenta que Sergio Massa es el Ministro de Economía de un gobierno, supuestamente, nacional y popular, imbuido desde su génesis por teorías de lo social como la de Ernesto Laclau impartidas no solo desde las nuevas universidades del conurbano y la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA sino también desde el centro mismo del poder en la Casa Rosada. Si bien estas teorías postulan que los márgenes son espacios de emancipación, lo que se dice con la pluma se borra con el codo al erigirse torres de marfil blancas de clase media ilustrada cuyo futuro esta garantizado por padres profesionales con propiedades a tiro de transporte publico de mediana distancia. Desde la transición democrática, esa clase media, de la mano de una dirigencia formada en los colegios secundarios universitarios se convirtió en una elite que uso al pensamiento crítico como arma para consolidar una red de burocracias, clientelismos, informantes nativos estratégicamente colocados en los departamentos de estudios latinoamericanos de universidades del mundo anglosajón y distribuciones de honores en donde la preocupación es mas la de reforzar la identidad de grupo, mantener el carguito y hacer carrera que intervenir en el espacio público para que el cambio social sea material y no solo retórico. Es por esto que si bien el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires a Nelly Richard es merecido, el trago es un tanto amargo siendo la Señora en cuestión, una de las responsables intelectuales de la importación de marcos teóricos posestructuralistas que fueron, inmediatamente, puestos en circulación, me atrevo a decir que poco reflexivamente, por y dentro de una elite que no hizo otra cosa que abrir un abismo entre la materialidad del cambio social y la inmaterialidad de la teoría crítica como ejercicio retórico -semiótico. Así, la teoría fue importada para ser utilizada ya no como marco teórico de intervenciones críticas sino como acción política desde una esfera estética y un mundo del arte que emergieron con reclamos de ocupar un espacio que nunca podían realmente ocupar por mérito propio. Para mi, es ese el momento en el que el pensamiento crítico queda preso de un juego de espejos en donde la élite cultural y la academia anglosajona transforman a la cultura latinoamericana (aunque sea solo del Cono Sur) en un perro que se muerde la cola. Y digo que hay una cola que ha venido siendo mordida porque el debate intelectual queda perdido entre halagos impartidos, principalmente, entre referentes feministas como Andrea Giunta y Richard misma (e incluyo aquellos que por su propia homofobia internalizada ni siquiera se atreven a llamarse queer como Ticio Escobar, por qué no) que construyeron carrera, siempre con la mirada puesta en las academias norteamericana y francesa, adjudicándose la representación de las minorías y transformando lo enunciativo en praxis, como si esto ocurriera por obra y gracia divina o, simplemente, porque ellos se lo merecen por simple enunciarlo. 

En sociedades represivas como las nuestras algo debe quedar bien en claro. Tras la dictadura militar, vinieron otras dictaduras. Pedro Lemebel hablaba de la dictadura del mercado y yo podría agregar la del clientelismo a sueldo de los sectores universitario y cultural en un contexto cleptócrata y de bandas. En su hipérbole sicofante, esto se vio en el acto de entrega del mencionado honor a la Doctora Richard que no puede sino ser calificado como un ejercicio de laudatio autoritaria. 

Sin embargo, cuando la elite cultural porteña va por algo, realmente, se convence de que hay que ir por todo y Nelly Richard no solo se le dio el titulo en cuestión sino que se la convirtió en una confusa Juana de Arco regional quien, digámoslo con todas las letras, no hizo mucho más que canonizar el ejercicio de cierto abajismo socio-cultural en sus intervenciones critico políticas con el C.A.D.A** en el marco de la Escena de Avanzada, en tanto, capítulo sudamericano de la Neo Vanguardia norteamericana que, por venir de ese país, contaba no solo con la tolerancia sino el beneplácito del General Augusto Pinochet. Como dijo ella misma en su “clase magistral” al recibir el doctorado en cuestión, el pensamiento feminista tiene que ser situado y fue precisamente eso lo que hizo que Roberto Bolaño en Nocturno de Chile postulara, en tono de parodia para hacerlo mas digerible, la brutal realidad de una elite cultural cómplice con el Pinochetismo y violenta con aquellos que no pertenecen a ella. Ha sido esta elite blanca la que ha venido manipulando las políticas de identidad y los discursos de la Nueva Izquierda a través de “frameworks” provistos por las ciencias sociales y los nuevos medios artísticos (que en la Argentina nunca parecieron salir del todo de la decimonónica definición de las Bellas Artes). Así, discretamente, gobierno tras gobierno, de un lado y del otro de la cordillera, el mundo del arte y la cultura fueron reducidos a depósitos de obsecuentes a sueldo, poniendo a gran parte de la academia en un lacayo al servicio del relato oficial. Su fin, no fue otro que imponer una historia alternativa con heroínas blancas, de clase media y media alta urbana como baluartes del derecho a la diferencia permitiéndoles el monopolio de la memoria colectiva lo que va desde Hebe de Bonafini, las Abuelas hasta Nelly Richard y la mar en coche. Lo que le adjudico a Richard, para decirlo mas llanamente, es haber sido participe en la instalación de una sociedad  tampoco es ajeno a ese proceso, un proceso que acabo instalando en la que el disenso es moralizado y lo politico se reduce a frases de moda en los hubs académicos mundiales.  

La pregunta de si es correcto o no otorgar dicho honor a Nelly Richard está fuera de duda. Es un honor más que merecido que, de todos modos, es situado en tanto racial y de clase, a golpe de abajismo oportunista. Nelly Richard como los miembros de la Escena de Avanzada han venido monopolizando el discurso crítico y obturando su transformación en praxis. En la academia norteamericana, ese fracaso está eficazmente garantizado a través de la implementación de una cultura del miedo en donde un sistema académico ultra especializado y compartimentalizado custodiado por informantes nativos amenaza a todo aquel que piense diferente con “te va a ser difícil encontrar trabajo”. Esto, en un contexto en el que la carta de recomendación hace o deshace carreras y forja una elite afín y narcisista, garante de la perpetuación de un progresismo neoliberal que se corroe hacia adentro mientras se elogian los unos a los otros. Los métodos los he sufrido en carne propia y van desde: “con estos temas no te metas porque no vas a tener carrera” hasta “hemos recibido una denuncia anónima contra vos”. Lo que en el Norte Global ocurre en un contexto privatizado, cercado y jurídicamente neutralizado; en el Sur, cuenta con el aparato estatal como modo de amedrentamiento a través de instrumentos Inquisitivos que replican lo peor de los autoritarismos del pasado reciente. 

Una de mis mejores amigas es una funcionaria en una de estas burocracias del Norte Global y me repetía como si se tratara de un mantra que se repite asi misma para convencerse de su evanescente relevancia que el enemigo no es la Carrera de Historia del Arte en Puan sino la derecha neoliberal que “avanza inexorablemente”. Pero lo cierto es que seguir escribiendo papers votivos como ofrendas para conjurar los modos del neoliberalismo es, a esta altura, algo infantil de tan lugar común. El hermetismo de cierto modo y ámbito de circulación de teoría es tal que parece ser mas orientado a consolidar la identidad de la elite en cuestión como un grupo de orantes pertenecientes a una casta especializada. Lo cierto es que desde la universidad tanto pública como privada se viene repitiendo lo obvio, una y otra vez y una pregunta hacerse es cuál es la función de ese mantra. Lo primero que se me ocurre es el dictum Rancieriano de que en tanto enunciación abre un espacio para la promesa de participación en una elite que comparte más o menos la misma raza, la misma clase y la misma dignidad ética de “jovenes ofendidos” frente a los mismos dilemas sociales. En cualquier caso, continuar invirtiendo dinero publico (en el Sur) o hipotecar literalmente el futuro mediante préstamos depositados como ofrendas en el neoliberal sistema académico (en el Norte) para decirle a una sociedad absorta que la culpa es del neoliberalismo ya no es suficiente: sobretodo cuando en el proceso se consagran heroínas que no hacen sino reforzar las estructuras de dominación de clase, etnia y del centro sobre la periferia por mas desde los márgenes que reclamen hablar. CONTINUARA.

Fuente: https://loveartnotpeople.org/2022/08/29/el-problema-de-nelly-richard-y-la-colonizacion-interna-disimulada/

* En el siguiente enlace encontrará la entrevista completa a Nelly Richard en el medio argentino página 12: https://www.pagina12.com.ar/476070-nelly-richard-en-chile-hay-una-brutal-campana-de-desinformac

**C.A.D.A. (Colectivo de Acciones de Arte) fue un grupo de artistas activistas chilenos que utilizaron el performance o las acciones para retar la dictadura de Pinochet en Chile. Este grupo fue uno de los contribuidores mayores a la «Escena de Avanzada», y en su trabajo incorporan estrategias teatrales y de performance como elementos esenciales de sus ‘acciones de arte’, mientras cuestionan las prácticas y las instituciones políticas, concibiendo el arte como una práctica social necesaria y erradicando la distancia tradicional entre el artista y el espectador. Comprometidos con la fundación de una práctica abierta y espontánea de ‘espectacularización’, sus ‘intervenciones cotidianas’ pretenden interrumpir y alterar las rutinas normalizadas de la vida diaria del ciudadano urbano, a través de una subversión semiótica que descontextualiza y reestructura semánticamente los comportamientos urbanos, las localizaciones y los símbolos.

 

 

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