Kurdos: mosaico de posiciones frente a Turkía, Siria, Irán o Irak.

Por qué algunos kurdos se ponen del lado de Turquía e Irán

por Gordyaen Benyamin Jermayi /Kurdish Peace Institute.

En la lucha del pueblo kurdo por la autodeterminación y la independencia de los Estados-nación de Turquía, Irán, Irak y Siria, o en su resistencia contra invasores y opresores, ha habido muchos individuos kurdos que han cooperado con estos Estados u otros opresores en contra de los intereses colectivos del pueblo kurdo. En la cultura kurda, se les suele llamar “caş” (jash), que se traduce literalmente como “pollino” (cría del asno) y es una metáfora de “traidor”. Este término no sólo se refiere a la cooperación militar y política de algunos kurdos con los opresores; también se extiende a la cooperación artística, cultural, social e intelectual.

Las relaciones de los partidos políticos y líderes kurdos con los cuatro Estados opresores se explican y justifican sobre todo por los beneficios y acuerdos políticos y financieros, que son conocidos por la sociedad kurda. El presente análisis, sin embargo, examinará las razones por las que ciudadanos kurdos de a pie -sin ningún estatus político o social especial- se unen a las fuerzas armadas, los partidos políticos y las organizaciones de los Estados mencionados.

La división de Kurdistán

Tras los tratados de Sykes-Picot, Sevres y Lausana, firmados entre Francia, Gran Bretaña, Rusia y otras superpotencias a principios del siglo XX, Kurdistán se convirtió en escenario de conflictos entre estos cuatro Estados y el pueblo kurdo. Esto se debe en parte a la posición estratégica de Kurdistán, que conecta por tierra el Golfo Arábigo (Pérsico) con el Mar Mediterráneo, y también a que, como “cinturón verde” de Oriente Medio, es rico en recursos naturales, sobre todo metales, agua, petróleo y otros materiales esenciales. Con un suelo muy fértil y un clima habitable, es también la cabecera de los ríos más importantes, como el Tigris, el Éufrates, el Araz, el Elwen, etc., que fluyen por todo Oriente Medio.

Esta posición estratégica de Kurdistán ha sido una de las numerosas razones del conflicto entre los kurdos y los Estados que ocupan Kurdistán. Como consecuencia, el pueblo kurdo ha sufrido opresión, genocidios, desplazamientos, destrucción, cambios demográficos, discriminación y racismo durante los últimos 100 o 150 años.
Muchos kurdos se han resistido a esta opresión sistemática. Sin embargo, otros han servido a los mismos “stados-nación persas, turcos y árabes que reprimen a su pueblo.

Por ejemplo, en la historia kurda moderna, en el Kurdistán Septentrional, intelectuales como Ziya Gokalp desempeñaron un papel importante en la configuración del nacionalismo turco moderno y el desarrollo del kemalismo, que ha provocado el sufrimiento de los kurdos y otros pueblos no turcos en la Turquía actual. En Kurdistán Oriental, un grupo de jefes de tribus kurdas dejó de apoyar a la República de Kurdistán en 1946 y obligó a los miembros de su tribu a ponerse del lado del ejército iraní. Posteriormente, en el Irán posterior a la Revolución Islámica, algunos kurdos, denominados oficialmente Peshmergas Kurdos Musulmanes, han sido coaccionados para unirse al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní (IRGC) y a las Fuerzas Basij, que también han participado en la persecución de los kurdos desde la década de 1980. Al mismo tiempo, un grupo de kurdos participó en la guerra del ejército iraquí contra su propio pueblo bajo el régimen de Sadam Husein durante la campaña Anfal en la década de 1980.

Existen numerosas razones por las que se observa este comportamiento entre los kurdos. En este análisis se analizarán ejemplos concretos en diferentes contextos políticos y geográficos.

Kurdistán Oriental (Rojhilat) e Irán

Kurdistán Oriental lleva mucho tiempo empobrecido como consecuencia de la marginación de los kurdos por parte del Estado iraní en diversos contextos, sobre todo en lo que respecta a la educación y la economía. En su mayoría, la población se ve privada de acceso a educación gratuita, asistencia sanitaria, oportunidades de empleo justo y otras necesidades básicas. A cambio de seguir sus instrucciones y ayudarles a avanzar en sus objetivos dentro de Kurdistán, el Estado iraní proporciona estos servicios fundamentales a personas de clases socioeconómicas más bajas, sobre todo en pueblos y pequeñas ciudades donde el gobierno prohíbe sistemáticamente cualquier forma de desarrollo económico o inversión para crear más oportunidades para los lugareños.

Las fuerzas de seguridad iraníes son responsables de graves violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional en Kurdistán. Al mismo tiempo, la pertenencia a las fuerzas de seguridad ofrece ventajas especialmente notables a los ciudadanos desfavorecidos. Por ejemplo, el gobierno iraní ofrece sueldos mensuales, elevados salarios de jubilación, asistencia sanitaria gratuita, educación gratuita, seguros, vivienda gratuita o con descuento, puestos de trabajo permanentes en organizaciones gubernamentales, descuentos en la compra de vehículos y electrodomésticos, exenciones o reducciones permanentes para el servicio militar obligatorio y una bonificación del 25% para los exámenes nacionales de acceso a la universidad, conocidos como “konkoor”, solo para los miembros del IRGC y sus organizaciones afiliadas, como las organizaciones Basij.

La Fundación para Mártires y Veteranos presta apoyo directo a los familiares de los miembros del IRGC muertos o heridos durante campañas y conflictos militares, además de ofrecer servicios de mayor calidad que otras instituciones. En las iniciativas nacionales de contratación para puestos en organizaciones gubernamentales, el gobierno iraní concede a estas personas mejores oportunidades y puntuaciones. La educación y la experiencia rara vez son importantes; más bien, lo que cuenta es si los empleados son miembros del Basij y del IRGC, miembros de familias de veteranos o están asociados de alguna otra forma con otras instituciones militares y de seguridad iraníes.

Turquía y Kurdistán del Norte (Bakur)

En el Kurdistán Norte (sureste de Turquía), el Estado turco utiliza casi exactamente las mismas políticas y estrategias para atraer u obligar a los ciudadanos kurdos a formar parte de sus organizaciones. El gobierno turco también ha empobrecido a los kurdos y ha impedido el desarrollo de las ciudades y pueblos kurdos; la situación es muy similar a la del Kurdistán Oriental. Los estudiosos describen las políticas económicas turca e iraní en las regiones kurdas no sólo como subdesarrollo, sino como una estrategia de “desdesarrollo” activo destinada a impedir que los kurdos adquieran cualquier base económica para la autodeterminación.

Al igual que el gobierno iraní, el gobierno turco ofrece varios servicios públicos de los que sólo pueden disfrutar los ciudadanos afiliados a los partidos gobernantes, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y el Partido de Acción Nacionalista (MHP), o a otras organizaciones e instituciones estatales turcas. A los ciudadanos kurdos que apoyan al Partido de la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (DEM) -antes conocido como HDP o Partido Democrático de los Pueblos-, el principal partido prokurdo de Turquía, se les suele negar el acceso a empleos y servicios públicos.

Por ejemplo, la Comisión Jurídica del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) ha recopilado datos que muestran que 22.321 miembros del HDP fueron detenidos o se les retiraron sus cargos entre el 24 de junio de 2015 y el 25 de septiembre de 2020. Además, 54 alcaldes kurdos que fueron elegidos democráticamente han sido destituidos por el gobierno turco desde 2016 y han sido sustituidos por síndicos nombrados por el gobierno. Mientras que los alcaldes del HDP sufren persecución, a estos administradores se les concede acceso preferente a los recursos, lo que hace menos peligroso y política y materialmente beneficioso para los kurdos apoyar a las mismas personas que les niegan la representación democrática.

Los “kurucu”, o guardias de aldea (similares a las fuerzas Basij de Irán), que suman más de 60.000 personas, también forman parte del sistema opresivo del gobierno turco contra el pueblo kurdo. Algunos ciudadanos kurdos son obligados a unirse a los guardias de aldea por los líderes tribales, que también suelen estar bajo la presión y el control del Estado turco. Al igual que en Kurdistán Oriental, esta situación se debe en gran medida a las dificultades económicas impuestas por el Estado y a la manipulación de las estructuras sociales tribales por parte de este (como se explica más adelante). En algunos casos, se debe a las posibles penas de prisión y desplazamiento que el Estado puede imponer a los ciudadanos kurdos si se niegan a unirse.

Kurdistán Meridional (Bashur) y Occidental (Rojava) tras la autonomía

La misma cuestión ha existido en Bashur (Kurdistán del Sur; ahora reconocida formalmente como Región del Kurdistán de Irak) y Rojava (Kurdistán Occidental; ahora Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria, AADNES), durante más de un siglo. Innumerables kurdos se han visto obligados a servir a los Estados iraquí y sirio en las mismas circunstancias. Sin embargo, estas dos regiones de Kurdistán han conseguido cierta autonomía. Como resultado, se han desarrollado nuevas condiciones económicas, políticas y sociales. Los Estados iraquí y sirio ya no ejercen un control efectivo sobre la sociedad kurda. Debido a estos cambios, el problema parece estar menos presente en esas regiones.

Conflicto y competencia intertribales

La sociedad kurda, como otras sociedades de Oriente Medio, es hasta cierto punto una sociedad tribal. Los líderes tribales, las relaciones y los encuentros desempeñan un papel importante en la evolución social.
Históricamente, Turquía, Irán, Irak y Siria han aprovechado estas estructuras sociales para manipular y gobernar a los kurdos. Suelen conceder a las tribus y a sus líderes valiosos beneficios y cargos a cambio de asegurarse su cooperación con el Estado. Por ejemplo, los Estados prometen grandes cantidades de dinero, armas, tierras y propiedades a los jefes de las tribus y provocan una forma de competencia entre tribus, que les lleva a luchar por la autoridad local y el control de las tierras.

Al mismo tiempo, al promover la supremacía tribal entre la población, los Estados enfrentan a las comunidades kurdas entre sí para debilitar cualquier sentimiento de identidad nacional kurda diferenciada. En consecuencia, algunos kurdos prefieren unirse a las instituciones militares de los Estados y acceder a más poder y autoridad para debilitar a las tribus y clanes enfrentados, en lugar de reforzar las relaciones y mantener la paz entre las distintas tribus para promover los intereses nacionales kurdos colectivos.

Asimilación cultural y psicológica

Otro punto que merece la pena mencionar es que los cuatro Estados que ocupan Kurdistán han llevado a cabo amplios programas de asimilación durante el último siglo en un esfuerzo por librar a los kurdos de su identidad, lengua, historia, cultura y cualquier otra cosa que pudiera inspirarles a exigir sus derechos. Para encajar en la sociedad que representan los Estados y recuperar parte de la confianza que les han quitado los Estados y los programas de asimilación, algunos kurdos asimilados se ponen del lado de los Estados y sus organizaciones. “Opresión interiorizada” o “identificación con el agresor” es el término que se suele utilizar para describir este problema. Se produce cuando algunas personas empiezan a interiorizar sesgos y prejuicios perjudiciales contra el grupo o la etnia a la que pertenecen. También ocurre cuando un grupo dominante inculca la opresión social -como el heterosexismo, el capacitismo, el sexismo, el racismo, la opresión de género, etc.- y la utiliza para promover su propia agenda. La opresión internalizada se basa en restringir, obstruir y socavar sistemáticamente los logros, el ingenio y la influencia de las personas o grupos oprimidos. Sin tener en cuenta las distorsiones que surgen de etiquetar erróneamente estas diferencias y sus efectos sobre las expectativas y los comportamientos humanos, algunos de estos individuos imitarán (y asimilarán) el rechazo institucionalizado de la diferencia.

Muchos jóvenes kurdos, por ejemplo, no ven ningún valor ni ventaja en aprender su lengua materna debido a la desaparición del idioma en Kurdistán Norte. Creen que es “insuficiente” para los negocios, la educación, la comunicación e incluso que “no es moderno”, sobre todo en las industrias musical y artística. El mismo problema se da en Kurdistán Oriental, donde jóvenes, intelectuales, escritores y artistas prefieren presentar sus obras en persa en lugar de en kurdo porque piensan que no hay mercado para ellos en kurdo. Así, para tener más éxito en la sociedad que desean, este grupo de personas prefiere servir a la cultura de los opresores antes que a la suya propia.
El concepto de “síndrome de Estocolmo”, que afecta a los individuos oprimidos que pueden considerarse cautivos, también puede explicar este fenómeno. Describe la reacción psicológica en la que dichos individuos comienzan a identificarse fuertemente con sus opresores o captores, así como con sus objetivos y exigencias.

El “síndrome de Estocolmo” está causado principalmente por el instinto de supervivencia. Las víctimas experimentan una dependencia forzada y consideran los actos de generosidad infrecuentes o insignificantes durante una crisis como una atención adecuada. Al establecer conexiones psicológicas entre la felicidad de sus captores y la suya propia, con frecuencia desarrollan una hipervigilancia respecto a las necesidades y exigencias de sus opresores o captores. Esto se caracteriza no sólo por un fuerte vínculo entre el cautivo y su captor, sino también por la desaprobación por parte del cautivo de las autoridades que suponen una amenaza para su relación. Cuando el rehén sólo sirve como palanca contra un tercero y no es de utilidad para los captores, la actitud negativa se hace aún más potente. Los comportamientos que se asemejan a los de un rehén cautivo en tales circunstancias pueden observarse en la sociedad kurda como resultado de la opresión sistemática, la ocupación, el colonialismo y la asimilación.

Conclusión

Los factores mencionados son sólo algunas de las muchas razones por las que muchos ciudadanos kurdos que se enfrentan a dificultades debido a las políticas estatales turcas e iraníes se unen a organizaciones estatales turcas e iraníes y se identifican con la cultura turca y persa para sobrevivir, ganarse la vida o conseguir y mantener un estatus financiero, político y social.

Estos ciudadanos kurdos dentro de Kurdistán suelen ser criticados por la opinión pública kurda de la diáspora, que incluye a los que tienen la suerte de disfrutar de un nivel de vida más alto en Europa, Norteamérica y Australia. Esta crítica es razonable hasta cierto punto y el tema es discutible. Pero también es importante considerar y comprender las condiciones que crean este comportamiento para poder abordarlo. Debido a la intrincada dinámica histórica, política, social y cultural de Kurdistán y de Oriente Medio en su conjunto, la cuestión de que algunos kurdos colaboren con los opresores sigue siendo uno de los principales obstáculos en la lucha del pueblo kurdo por obtener sus derechos humanos fundamentales.

FUENTE (original): Gordyaen Benyamin Jermayi / Kurdish Peace Institute / Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid

Fuente: https://www.kurdistanamericalatina.org/por-que-algunos-kurdos-se-ponen-del-lado-de-turquia-e-iran/


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