“OLEG YASINSKY: CUANDO NO VOTAR TAMBIÉN ES UNA FORMA DE RESISTENCIA”
por Redacción Canarias Semanal.
¿Puede la izquierda ser alternativa cuando gestiona el mismo modelo que prometió cambiar?¿Se durmió el Chile que despertó en 2019? ¿Qué significa rechazar una candidatura de izquierda desde la izquierda misma?
El periodista Oleg Yasinsky plantea una reflexión urgente sobre los límites de la política institucional y la coherencia de una izquierda crítica.
En un artículo publicado por Oleg Yasinsky en la sección de Opinión de la plataforma comunicacional rusa RT, titulado “Chile que no despertó o por qué no voté por Jeannette Jara”, el autor expone con claridad sus razones para rechazar la candidatura de la ministra comunista Jeannette Jara en las elecciones primarias de Santiago, mientras despliega una crítica profunda a la evolución política de la izquierda institucional chilena desde el estallido social de 2019.
Según afirma el autor, los sucesos de octubre de 2019 no significaron, como muchos proclamaron, el despertar de Chile, sino más bien un proceso inconcluso que fue rápidamente absorbido, domesticado y neutralizado por las estructuras de poder. De acuerdo a lo expresado por Yasinsky, el actual escenario político no es sino el resultado de una transformación aparente que terminó validando los mismos mecanismos de exclusión, desigualdad y violencia estructural que se denunciaron en las calles.
En este contexto, Yasinsky cuestiona abiertamente la candidatura de Jeannette Jara, militante del Partido Comunista y ministra de Trabajo en el gobierno de Gabriel Boric. Según indica el autor, su postulación representa la institucionalización de una izquierda que ha preferido el acomodo en las estructuras del poder antes que sostener una posición crítica y transformadora. Lejos de simbolizar una alternativa popular, Jara encarnaría, para Yasinsky, una continuidad del modelo político que tantos prometieron cambiar.
El autor plantea que la izquierda chilena, al integrarse plenamente al gobierno de Boric, ha asumido una responsabilidad directa en la administración de un modelo neoliberal que sigue vigente. Las promesas incumplidas, la represión a los movimientos sociales, el abandono de causas fundamentales como la autodeterminación del pueblo mapuche, y el respaldo a políticas que perpetúan la precarización, son, en opinión de Yasinsky, razones suficientes para desconfiar de cualquier propuesta electoral que venga desde las filas del oficialismo.
El artículo también expone una crítica más amplia al modo en que se ha vaciado de contenido la política en Chile.
Votar por Jara, – afirma Yasinsky- , no es simplemente participar en una elección local, sino legitimar una lógica que ha renunciado a cualquier vocación de cambio profundo. En lugar de construir desde abajo una alternativa popular, los partidos de izquierda institucional han preferido negociar con los poderes económicos y políticos que sostienen el sistema
Para Yasinsky, su negativa a votar no es fruto de la indiferencia ni del desencanto, sino una forma activa de disidencia ante la normalización de la injusticia. Reivindica así la necesidad de volver a pensar la política desde la calle, desde los movimientos sociales, desde la comunidad organizada. Frente al pragmatismo electoral que lo justifica todo en nombre de la gobernabilidad, el autor opone la dignidad de una postura coherente con los principios del levantamiento popular.
El texto de Yasinsky,no solo interpela a quienes promueven la candidatura de Jara, sino también a toda una generación de militantes y simpatizantes de izquierda que aún creen posible una transformación desde el aparato estatal.
Lo que plantea es un dilema más profundo: si es posible —o no— sostener una política realmente emancipadora desde dentro de un régimen que se reproduce a sí mismo a través del simulacro del cambio.
Fuente: https://canarias-semanal.org/art/38590/oleg-yasinsky-cuando-no-votar-tambien-es-una-forma-de-resistencia
Nota del Editor CT para jóvenes:
(*) Antes de los cultivos transgénicos, los rábanos eran rojos por fuera y amarillos por dentro; así, la frase referida a los componentes de la dirección del PC era y es claramente un sarcasmo.
(**) Recreación del título de una obra de Lenin: «El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo» escrita en 1920, siempre muy del gusto del PC chileno para descalificar la MIR y a otras corriente revolucionarias, incluido al mismo Ché.
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Artículo de referencia:
Chile que no despertó o por qué no voté por Jeannette Jara

Hace solo seis años, las calles de todo Chile estaban llenas de manifestantes que salieron con la intención de poner fin al modelo económico y político heredado de la dictadura de Pinochet. El país vivía un extraño fenómeno psicosocial, conocido como ‘El estallido social chileno’, que acabó con el mito del «milagro económico» tan publicitado mundialmente por los medios de la dictadura. Durante los meses de las continuas protestas callejeras a lo largo de todo Chile, la represión fue brutal. Una de sus principales características fueron los disparos de las fuerzas del orden contra los ojos de los manifestantes. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile, entre octubre de 2019 y enero de 2020, se reportaron 427 personas con lesiones oculares. Varios perdieron sus ojos.
Viendo los resultados de la primera vuelta electoral del domingo 16 de noviembre, no dejo de pensar en los jóvenes que perdieron los ojos para que Chile empezara a ver. ¿Qué les diríamos hoy?

El estallido social apoyado, según distintas encuestas de entonces, por un 55 a 68 % de la población de Chile, tenía como principal objetivo acabar con la herencia de la dictadura, acabar con las trabas legales de pinochetismo y entre todos, construir un país más justo y humano. Según un estudio del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) en septiembre de 2013, a 40 años del golpe de Estado, la percepción popular de Pinochet era la siguiente: solo un 7 % consideraba que su régimen había sido «bueno», un 76 % veía a Pinochet como un «dictador» y solo un 9 % creía que era «uno de los mejores gobernantes del siglo XX», lo que correspondía a la mitad de personas que pensaban esto en 2009.
En las elecciones del 16 de noviembre de 2025, dos candidatos abiertamente pinochetistas, José Antonio Kast y Johannes Kaiser, sacaron juntos casi el 38 % de los votos. Agregando a estos dos, los 12,13 % de los votos de la hija de un miembro de la Junta Militar, Evelyn Mattei, resulta la mitad de los electores chilenos apoyando a la derecha dura. El 19,71 % de votos fue para el populista Franco Parisi, que ni sumando este porcentaje de votos a la candidata de «izquierda» por un milagro de transformación del votante se daría un triunfo en segunda vuelta de la candidata oficialista Jeannette Jara, que sacó el 26,85 % de los votos. Los tres candidatos de izquierda, Jeannette Jara, Marco Enríquez-Ominami y Eduardo Artés, juntos obtuvieron 28,71 % de los votos. Para que Jara pueda competir con Kast en diciembre, la izquierda necesitaría por lo menos 10 puntos más. Como declaró un medio de la derecha chilena, la primera vuelta electoral también resultó ser la segunda, que ahora se convierte casi en un mero trámite, a menos de que suceda algo absolutamente imprevisto. Por ejemplo, un acto público de canibalismo ejecutado por el candidato Kast. Y si no, el 14 de diciembre, José Antonio Kast será electo presidente de Chile.

¿Qué le pasó al pueblo chileno?
En las redes, ya circula el análisis de uno de los candidatos, Marco Enríquez-Ominami: «La derecha dura, pinochetista y autoritaria, supera el 70 % y consagra así su triunfo. Nunca, desde 1990, había logrado una mayoría de esta magnitud. No solo ganó una elección: reconquistó el imaginario político de Chile. Su victoria no nace de un proyecto nuevo, sino del retorno al miedo y al orden. La presidencia de Boric tiene una responsabilidad enorme en este derrumbe. Fue el primer Gobierno desde 1990 que recibió un mandato claro —y una mayoría— para reformar el país. No logró construir un proyecto económico creíble, ni restaurar la autoridad del Estado, ni garantizar la seguridad. Fracasó en reescribir la Constitución, dejando al país sin dirección. Ese vacío político permitió que la derecha dura se adueñara del ciclo. La demanda social se desplazó hacia la seguridad, el control y el orden autoritario. La derecha no convenció por sus soluciones, sino por la instrumentalización del miedo. Supo aprovechar las fallas del gobierno, la incertidumbre económica y la violencia cotidiana. Transformó el agotamiento social en capital político. Esta noche, Chile cierra el paréntesis democrático que intentó abrir durante treinta y cinco años. La derecha dura se impone porque aprovechó el colapso total del campo reformista. El país entra en una nueva era marcada por la tensión, el control y la autoridad«.
Aunque Enriquez-Ominami nunca me pareció un buen candidato, comparto plenamente su análisis. Pero también hay otros elementos. Para entender cualquier suceso local debemos verlo en su contexto globalizado. El sistema corporativo mundial desde hace décadas penetró los movimientos de izquierda de una gran parte del mundo, quitándoles su esencia revolucionaria anticapitalista, y formateando el pensamiento a través de diversas fundaciones en colectivos ‘feministas’, ‘ecologistas’, ‘animalistas’ etc. para dirigir y desviar las causas de su lucha. No digo que el feminismo o el ecologismo no puedan ser revolucionarios. Pero para ser revolucionarios, deben luchar contra las causas profundas de la injusticia y no contra las consecuencias, y la causa es el sistema capitalista. Si no, su ‘progresismo’ es un telón del sistema que esconde sus problemas de fondo. Lo vemos con diversos partidos verdes y de izquierdas europeos, convertidos en los mejores gerentes de las transnacionales y de la OTAN.
Con el Gobierno de Boric, que no hizo nada para cambiar la sociedad chilena, pasó algo similar. Además, con su permanente demagogia social sin cumplir nada y los shows decadentes con todo tipo de excentricidades de mal gusto, presentados como ‘cultura moderna’, los gobiernos pseudoizquierdistas como el de Boric ayudan a la ultraderecha a dibujar las caricaturas de ‘comunistas’ al estilo Trump y fortalecen a todo tipo de pinochetismos del mundo que a los pueblos desorientados y desmemoriados prometen paz y orden. La ultraderecha chilena es parte de la mundial, que en estos tiempos está retomando el poder, y el rol histórico de la falsa izquierda: en abrirle el paso al nazismo. El señor Soros luchó toda su vida contra el comunismo y su famosa Open Society Foundations, uno de sus proyectos más exitosos para lograr este propósito.
Si alguien cree todavía que una marcha de muchachas con las tetas al aire, cantando la canción ‘el violador eres tú’, detendrá al fascismo, se equivoca. Lo especialmente grave y repulsivo es que en Chile esto se hizo bajo los retratos de Allende.
En el estallido social chileno, millones corearon el lema ‘Chile despertó’. El ‘despertar’ resultó ser una de las fases del mismo sueño. La mayoría de los que exigían el cambio de la Constitución de Pinochet nunca la leyó. El joven, carismático y ambicioso Boric, fue una de las caras más visibles de ese estallido, y la hábil derecha chilena apostando por él, no se equivocó. Al igual que Zelenski, a quien admira este ‘progresista’ y ‘feminista’, Boric cumplió todos los requisitos que exigieron las corporaciones que gobiernan Chile, y desilusionó a miles de ingenuos que alguna vez le creyeron. Para los creyentes en milagros políticos, el dormirse resultó tan fácil y rápido como el mismo ‘despertar’.
El Partido Comunista de Chile cometió un suicidio ideológico al ingresar al Gobierno neoliberal de Boric.
En consecuencia, la militante comunista Jeannette Jara, siguiendo la línea política de su Gobierno, debutó en la campaña electoral atacando a la ‘dictadura venezolana’, a la que «nadie va a defender» como dijo. Durante la campaña electoral, por todos los medios trató de ganarse la confianza de los empresarios y de los dueños de Chile, su objetivo era demostrar que no era comunista y a mí, al menos, me convenció fácilmente. Creo que con esta actitud perdió más votos de los que ganó. En su programa, no se vio ni el más mínimo intento de análisis crítico a la situación de la izquierda chilena ni mucho menos un proyecto político real de transformaciones sociales, su campaña se desarrolló casi exclusivamente bajo el discurso de «detener a la extrema derecha». Por eso no la detuvo.
¿Por qué, reconociendo el desgaste y el fracaso político de Boric, no se pensó con responsabilidad en una opción más viable, realmente para aislar y detener ultraderecha? Por ejemplo, ¿por qué en vez de una candidatura comunista que trata de no parecerlo, no se optó por la candidatura de alguna fuerza política realmente del centro, para unir a todos, desde la izquierda hasta la derecha moderada, contra la revancha pinochetista, que se preparaba cómodamente durante todo el gobierno actual? Porque para eso se necesitaba la humildad y la autocrítica que no hubo.
A diferencia de la izquierda, que suele vivir entre los mundos de la euforia y de la depresión, la derecha chilena, que sigue controlando a casi todos los medios del país, tuvo un plan político claro e hizo bien su trabajo. La izquierda no supo organizarse ni ofrecerle al país una alternativa política propia.
Ahora me indigna profundamente la actitud de los que siguen con los eslóganes tipo ‘Vamos Jeannette’, sin el más mínimo intento de reflexión ni de análisis. Me parece dañino, irresponsable y contrarrevolucionario.
En las proyecciones geopolíticas de hoy, Washington se prepara para el conflicto con China, Chile representa el control de la costa sur del Pacífico y una parte de la Antártida. También es extremadamente importante como proveedor de materias primas estratégicas. Hoy China es el principal socio comercial de Chile y el mercado más grande para el cobre, litio, molibdeno y los productos agrícolas chilenos. Las grandes empresas chilenas apoyan a Kast como su único posible candidato anticomunista. Veremos qué sucede entre ellos y el Gobierno cuando Estados Unidos, país adorado por la ultraderecha chilena, comience a presionar para que rompan sus lazos con China.
Para Chile vienen tiempos duros. No creo que el Gobierno pseudoprogresista de Gabriel Boric, que aseguró el regreso al poder del pinochetismo 37 años después del fin de la dictadura, sea relevante a la historia chilena y latinoamericana. A Chile le tocó un lugar muy especial en la geografía y en la historia. Pablo Neruda siempre insistió que su patria no es el fin, sino el comienzo del mundo. Esta triste lección no es para deprimirnos o desanimarnos. Es para aprender y con más razones que nunca, defender con alegría nuestros ideales y sueños que no dependen de ninguna elección presidencial.
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