FIFA, garra lumpen: Ayer salvando a Pinochet, hoy a Trump con Premio de la Paz.

El partido que no se jugó: cuando la URSS eligió la dignidad.

por Félix Madariaga/periodista, Santiago.

En 1973, la Unión Soviética renunció a un Mundial para no legitimar con su participación, un estadio convertido en campo de detención y tortura tras el golpe civil militar en Chile. Cincuenta años después, la política internacional vuelve a interferir con el deporte: Rusia está suspendida de múltiples competencias internacionales, mientras Estados Unidos —responsable de invasiones, guerras y golpes de Estado— jamás ha visto a sus deportistas sancionados. Una comparación incómoda que revela la doble moral del deporte global.

Un amistoso que reabrió una memoria incómoda

Hace pocos días la selección chilena enfrentó a la Federación Rusa en un partido amistoso en Rusia. El fútbol chileno ya no convoca como antes, pero la ocasión nos invita a recordar un episodio histórico que unió deporte, política y solidaridad internacional: el día en que la Unión Soviética se negó a jugar en el Estadio Nacional, recientemente convertido en centro de detención y tortura por la dictadura de Pinochet.

Mientras hoy los deportistas rusos permanecen excluidos de competencias internacionales como castigo por la guerra en Ucrania, este hecho adquiere una fuerza comparativa inevitable: las sanciones deportivas no se aplican por principios, sino según por quién es el adversario político.

1973: El partido de la vergüenza

Tras el golpe militar en Chile, la FIFA programó el duelo decisivo entre Chile y la URSS por un cupo al Mundial de Alemania 1974. El encuentro de ida, en Moscú, había terminado 0–0. Pero el partido de regreso estaría marcado por una realidad brutal: la FIFA exigió jugar en el Estadio Nacional, que había estado funcionando como centro de detención masiva.

Aunque la dictadura aseguró que ya no había prisioneros, testimonios —como el del seleccionado chileno  Carlos Caszely— indican que aún había detenidos cuando se montaron las cámaras y se cortó la cinta para el espectáculo.

La delegación soviética tomó una decisión inédita: no jugar en un estadio convertido en símbolo del terror.

Renunciaron así, a su oportunidad mundialista. La URSS denunció falta de garantías de seguridad y temió ser utilizada por la dictadura para propaganda. La FIFA ignoró los argumentos y el resultado fue grotesco: Chile marcó un gol sin rival y clasificó automáticamente. Nació así el nombre que se mantiene hasta hoy: el partido de la vergüenza.

2025: cuando el deporte castiga a unos y protege a otros.

En octubre pasado, Chile fue sede del Campeonato Mundial de Ciclismo de Pista Tissot UCI 2025 en Peñalolén. Mientras observaba la competencia, un detalle era imposible de ignorar: la ausencia absoluta de deportistas rusos, vetados de múltiples disciplinas desde 2022, ellos estaban ahí  pero no podían representar a su país. Ello abre una pregunta inevitable:

¿Por qué Rusia es sancionada por la guerra en Ucrania, pero Estados Unidos nunca ha sido castigado deportivamente a pesar de que en 2003 invadió Irak utilizando argumentos falsos, destruyó Libia en 2011 junto a la OTAN, bombardeó Serbia en 1999 sin mandato de la ONU, impulsó y apoyó golpes de Estado en América Latina, incluido Chile en 1973. 

Ni un solo atleta estadounidense ha sido excluido de Juegos Olímpicos, Mundiales o federaciones. La vara ética no es universal: es geopolítica.

Solidaridad ayer, hipocresía hoy.

La Unión Soviética —con todos sus defectos y contradicciones internas— puso en la balanza un principio humano por sobre el resultado deportivo. Renunció a un Mundial para no justificar de ninguna manera un crimen de Estado.

Hoy, en cambio se sanciona colectivamente a un país por intereses políticos, se exime de castigos a las potencias que controlan federaciones, comités y organismos y se instrumentaliza el deporte como herramienta de presión, no como espacio de encuentro entre pueblos.

Recordar el partido que no se jugó no es un ejercicio nostálgico, es una advertencia. El gesto soviético de 1973 demuestra que la dignidad también puede ganar partidos, incluso cuando no se pisa la cancha.

La política internacional volvió al deporte, pero no con la coherencia de aquel gesto solidario, sino con la doble moral de quienes castigan selectivamente según sus intereses. Quizás el legado de aquel episodio no esté en los libros, sino en la memoria crítica de los pueblos que saben  reconocer cuándo el deporte sirve a la justicia y cuándo sirve al poder.

Referencias bibliográficas:

https://www.tiktok.com/@zappingchile/video/7516680374374763832

https://www.memoriaestadionacional.cl/a-50-anos-del-partido-de-la-verguenza/#:~:text=El%20Estadio%20Nacional%20se%20desocup%C3%B3,Nacional%20retom%C3%B3%20sus%20actividades%20deportivas.

https://www.infobae.com/historias/2025/11/21/el-partido-fantasma-el-dia-que-chile-jugo-28-segundos-contra-nadie-y-gano-1-a-0-en-un-estadio-convertido-en-centro-de-detencion/

https://latinta.com.ar/2016/09/27/el-partido-de-la-verguenza/

https://elsoldeiquique.cl/en-1973-el-partido-fantasma-o-de-la-verguenza-entre-chile-y-la-urss/

https://www.biobiochile.cl/noticias/deportes/futbol/la-roja/2019/09/14/del-gol-mas-triste-y-absurdo-a-la-verguenza-que-nadie-recuerda-la-derrota-mas-dura-de-la-roja.shtml

Fuente: recibido por CT  05-12-2025.
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FIFA galardona a Trump con “Premio de la Paz” en medio de redadas contra migrantes.

El presidente estadounidense Donald Trump recibió este viernes en Washington el recién creado Premio de la Paz de la FIFA, una distinción que la propia Federación Internacional de Fútbol Asociación definió como un reconocimiento a “acciones extraordinarias” para la resolución de conflictos.

La entrega se realizó en el Kennedy Center, en el marco del sorteo oficial del Mundial 2026, que organizarán Estados Unidos, Canadá y México.

Donald J. Trump, recibió el primer «Premio FIFA de la Paz: el fútbol une al mundo» de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

El galardón fue entregado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en una ceremonia en la que Trump aseguró que su gobierno ha logrado “salvar la vida de 10 millones de personas en el Congo” y “terminar conflictos entre India y Pakistán”, afirmaciones que no han sido verificadas por organismos internacionales ni por Naciones Unidas. Aseguró también que “muchas guerras han terminado incluso antes de comenzar”, atribuyéndose un rol global que contrasta con el aumento de tensiones en varios escenarios internacionales.

Trump prometió además que el Mundial 2026 será “un evento como nunca antes se haya visto”, y que alcanzará un récord de venta de entradas, al tiempo que destacó la “gran relación” de su administración con Canadá y México.

Sostuvo que Estados Unidos “ofrece hoy mejores condiciones de seguridad” para un evento deportivo de tal magnitud, en referencia al despliegue ampliado de la Guardia Nacional que su gobierno ha ordenado en múltiples ciudades desde mediados de año.

Además, el mandatario aseguró que hace un año el país “no lo estaba haciendo tan bien”, en relación a la seguridad interna, pese a que diversas organizaciones de derechos civiles denuncian que los actuales operativos federales han provocado redadas masivas, detenciones arbitrarias y el incremento de la retórica de odio contra comunidades migrantes, particularmente poblaciones latinoamericanas, afrodescendientes y musulmanas.

Sin ir más lejos, mientras la ceremonia avanzaba entre aplausos, en Minneapolis, Saint Paul y Nueva Orleans continuaban los operativos federales de detención de migrantes, en los que han sido arrestadas incluso personas con ciudadanía estadounidense.

En paralelo, líderes comunitarios, religiosos y legisladores locales denunciaron que la retórica del presidente está “poniendo en riesgo vidas” y alimentando una campaña de miedo dirigida especialmente contra la comunidad somalí.

Sumado a esto, durante esta semana la Administración Trump anunció que no descarta llevar adelante redadas ni detenciones de inmigrantes durante el Mundial de fútbol que el país acogerá en 2026, según informó el director ejecutivo del grupo de trabajo de la FIFA de la Casa Blanca, Andrew Giuliani.

Este premio de la FIFA —que se otorga por primera vez— fue anticipado por el propio Trump con cierta ambivalencia, al afirmar horas antes que no necesitaba “ningún reconocimiento”, ya que su objetivo “es salvar vidas”. No obstante, utilizó la ceremonia para reforzar su narrativa internacional y anunciar que un “noveno conflicto” estaría a punto de resolverse, sin ofrecer detalles verificables.

El comentario también ocurre en un momento en el que Estados Unidos impulsa un supuesto texto de acuerdo para poner fin al conflicto en Ucrania. Desde mediados de noviembre, Washington asegura estar promoviendo una vía diplomática, aunque los hechos sobre el terreno indican que no se han producido avances reales en las negociaciones.

Diversas cancillerías advierten que la iniciativa estadounidense no logra consenso ni en Kiev ni en Moscú, y que está atravesada por intereses estratégicos y electorales, más que por compromisos genuinos con la paz.

La FIFA, al destacar supuestos logros diplomáticos de la Casa Blanca, se expone nuevamente a cuestionamientos sobre la politización de sus premios y la opacidad de sus criterios de selección.

Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/12/05/estados-unidos-trump-recibe-premio-de-la-paz-de-la-fifa-en-medio-de-redadas-contra-migrantes/


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