Chile cretino: ¿Quién pagará la cuenta?

«La izquierda le debe al pueblo chileno una autocrítica casi suicida»

La idea de que se entronice en el poder político la ultraderecha más abyecta de cuantas es posible, es el temor de gentes incluso cercanas a la candidata Jara. Resulta de un candor suicida escuchar a voceros de la candidata decir que quedan diez días para remontar los pronósticos. Y de una ingenuidad exuberante la decisión de ponerse rudos frente a la ultraderecha en trance hacia la derrota más sonada.

Eso debió hacerse hace treinta o más años.

El caso es que, si uno escucha la voz de la calle, se dará cuenta de que es raro encontrar a quien diga abiertamente que va a votar por la candidata comunista. La cosa va a ser cercana al 70 – 30, si uno se atiene lo que escucha.

Es decir, una tragedia de alcances históricos. Habrá que preguntarse quiénes deberán hacerse cargo de tamaña factura.

Esa gente, que deberá entregar el gobierno y el Estado a la ultraderecha, ya estará afinado el plan B. Y, como ha sucedido siempre, no es mucho lo que les va a pasar en términos de calidad de vida, ingresos y bienestar. Lo duro será para el pueblo, incluido ese que votará por quienes se los comerán con papas fritas o arroz graneado.

¿Por qué la ultraderecha ha aumentado su presencia hasta límites jamás vistos y por métodos en los que no cree?

La pregunta es legítima si se considera que las cosas en política pasan por razones muy concretas. Es posible encontrar los orígenes de todo lo que está pasando, desde el ácido pasado reciente hasta el amargo presente, en una estrategia política fallida y vuelta a fallar desde hace más de treinta años por parte de sectores que se dicen de izquierda.

O, en la versión más aguachenta aún, progresistas.

¿Transición democrática o restauración fascista?

Esa es gente que, por decidida ignorancia, flojera o simple torpeza, olvidó que el fascismo jamás ha respetado la democracia, así sea que, no habiendo necesidad de sus métodos favoritos, se sometan a votaciones y escrutinios.

Como se ha dicho innumerables veces, la política detesta el vacío. Donde alguien deja su lugar, viene otro y lo ocupa. Y la izquierda les dejó el espacio ganado en decenios de duras luchas, a los que mienten, manipulan, engañan y falsean.

Ahora es muy fácil acusar de facho al pobre que se quedó solo, sin siquiera una historia que cuente cómo fueron las cosas.

Creer que, por ser pobres, explotados, subordinados, maltratados, mentidos y estafados, la conciencia social es una cuestión de coser y cantar, es un infantilismo. Más aún si esa gente fue tratada con el mocho del hacha por la pequeña burguesía vestida de izquierda, mientras que a los explotadores se les rindió honores dignos de la gente decente.

Haga usted el ejercicio de preguntar a un joven de entre 18 y 21 años lo más elemental: cuando fue la dictadura o un par de nombres de los golpistas. Y luego, pregúntele por Jay Z y verá la diferencia.

Verá el resultado de más de treinta años de falsear la historia por la vía de no contarla. Por el expediente de ocultar lo que se hizo. Por haber liquidado la prensa democrática. Y, sobre todo, por haberle temido a la ultraderecha y haberle creído su discurso mentiroso. Por haberle rendido pleitesía a los criminales por medio del expediente de la convivencia democrática y la amistad cívica.

Lo que se viene es la ultraderecha investida como autoridad por una democracia en la que no cree sino cuando no es necesario el crimen y la persecución. Lo que no significa que renuncie a sus métodos preferidos por definición, doctrina e intereses. Solo se aprovecha de quienes le pusieron la alfombra roja, pero prestos patearán el tablero cuando sea necesario.

La izquierda le debe al pueblo chileno una autocrítica casi suicida.

Desde el punto de vista de una izquierda que propone una sociedad más justa, de igualdad y derechos sociales y humanos, que postula el desarrollo del país, que cree en una sociedad más justa y solidaria en que los niños sean felices y los viejos mueran con dignidad, lo de ahora es un fracaso del que no se repondrá ni en medio siglo.

Y esa gente que llevó las cosas a este umbral negro se va a retirar a hacer sus doctorados, reiniciarán sus carreras inconclusas, se tomarán años sabáticos, se comprarán una bonita casa con los ahorros de este lapso, postularán a la academia, se irán una temporada a Europa y comenzarán a pensar en cuatro años más con la calma del que no tiene apuro ni hambre ni deudas ni conciencia de lo que hicieron.

Y el mundo seguirá andando.

Fuente: https://www.elclarin.cl/2025/12/04/quien-pagara-la-cuenta/

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