Perfil de Arturo Squella: el escudero de Kast.
¿Quiénes son las ovejas descarriadas del guzmanismo: los que se fueron de la UDI con JAK o los que se quedaron? Arturo Squella fue uno de los primeros en salir del partido y sumarse al buque de Kast. Hoy es la principal voz política de Republicanos y el hombre de suma confianza del futuro presidente.
Cuando en 2016 José Antonio Kast salió por la puerta de Suecia 286 e inició su travesía por el desierto miró hacia atrás y vio a muy pocos. Uno de ellos era Arturo Squella.
Kast, en la segunda década de este siglo, era una especie de referente de las nuevas huestes de la UDI. Era 10, o más, años mayor que ese grupo.
Los más jóvenes, con JAK a la cabeza, querían desafiar a los coroneles y fundadores. Ellos, como viejos zorros, decidían -sin preguntar cuándo y cómo- si les abrirían las puertas del poder a los nuevos zorros. Si, por cierto, optaban por abrírselas.
Arturo Squella tenía entonces 38 años. Era cercano a JAK tal como -algunos más, algunos menos- Javier Macaya, Jaime Bellolio, María José Hoffman, Ernesto Silva, entre otros.
Un día de 2016 Kast reunió a los novísimos en la casa de Macaya. Les dijo que se iba. Era previsible. Había peleado dos veces la presidencia del partido -2008 y 2010- sin éxito. “José Antonio” -así lo llamaban- desde hace un tiempo manifestaba su incomodidad no una, sino que varias veces. Criticaba que la UDI había perdido su esencia y que los coroneles impedían el surgimiento de nuevos liderazgos.
Algunos de sus amigos se empezaban a hastiar con la actitud.
¿Hubo dudas sobre seguirlo o no? “Las hubo”, me dice un miembro de la UDI. Otros lo niegan. Parecía una aventura de lobo solitario y empecinado. Mejor quedarse.
Otros pensaron que era ida y vuelta.
“Él aconsejó que nos quedáramos, que todavía teníamos cosas por hacer en el partido. Pero, creo que en el fondo nunca le gustó que no lo siguiéramos”, me dice un UDI.
Fueron pocas las ovejas descarriadas.
El 31 de mayo del 2016, cuando Kast partió al desierto, la UDI sintió un temblor leve. Nadie presagió que diez años después se convertiría en un terremoto grado 10: republicanos al poder y la UDI mirando por TV.
“Yo le deseo todo el éxito a la UDI, porque insisto yo no me voy enojado con nadie, me voy porque creo que ahí no podía hacer el aporte que pensaba, ojalá la UDI dé sus pasos y abra los espacios a nuevos liderazgos y en el futuro veremos”, fueron sus palabras de despedida.
Hoy Kast es el primer presidente “UDI” -perdón ex UDI- de la historia de Chile.

Un jesuita entre schoenstattianos
Arturo Squella nació el 25 de septiembre de 1978. Estudió en el Colegio San Ignacio de El Bosque. Dicen que los jesuitas solo lanzan al mundo políticos cristianos de izquierda. En los 70, Javier Leturia, Pablo Longueira y Juan Antonio Coloma– padres fundadores de la UDI- se curtieron en las aulas de Alonso de Ovalle.
Squella hizo el viaje de iniciación propio del linaje UDI: Derecho en la UC, movimiento gremialista – fue secretario general de la directiva de la FEUC con Jaime Bellolio como presidente- y Fundación Jaime Guzmán.
En ese viaje era obvio toparse con JAK, que ya lo había recorrido 10 años antes. Así se conocieron.
Fue el más precoz de su generación en llegar al Parlamento: en 2009 se presentó a candidato a diputado por la UDI en el distrito 12 (Limache, Olmué, Villa Alemana y Quilpué). Ganó. En 2013 fue a la reelección: otra vez ganó.
En 2017 fue el primer asomo de que se venía un tándem: Squella -siendo militante UDI- apoyó a Kast en su primera incursión presidencial, contraviniendo al partido que se la jugó por Sebastián Piñera.

El pacto
Es mismo año decidió no ir a una nueva contienda electoral. “No estaba a gusto en la UDI”, me dicen. Se privatizó: partió a trabajar a la Universidad San Sebastián. En la UDI me dicen que Kast lo fue a buscar: le insistió una y otra vez que se sumara a Acción Republicana, el movimiento que Kast fundó en 2018, un preludio del partido.
“Kast necesitaba pesos pesados en su equipo porque la militancia era una mezcla extraña de personajes advenedizos, con distintas posiciones políticas. Era un grupo como para hacer número”, me dice un parlamentario UDI.
De hecho, son varios los que a poco andar se fueron, o los fueron, de Republicanos: el propio Kaiser -lo fueron y se fue, en ese orden-, De la Carrera, Rojo Edwards, la diputada Naveillán, entre otros.
En 2018, Kast convenció finalmente a Squella: era hora de volver a la política. Algo se estaba fraguando ahí. Hombres de fe por cierto: la primera aventura presidencial apenas logró el 7.9% de los votos -500 mil- y la centro derecha de Piñera -con énfasis en el centro- parecía haber llegado para quedarse.
“Kast nunca será presidente, porque los nuevos tiempos de Chile no aguanta conservadores”, recuerdo que me dijo un analista político.
Kast el candidato y Squella, su escudero, de la mano, trabajando como hombres de fe, voluntariosos y voluntaristas, sorprendieron en 2021: pasaron a segunda vuelta con 3.650.000 votos.
Y en 2025 coronaron su travesía llegando después de un camino largo a La Moneda con 7.250.000 sufragios, el mandatario más votado de la historia de Chile.
“José Antonio lo aprecia -por su prueba de fe de seguirlo- y escucha. Sabe que es leal. Y Arturo lidia con él, cuando le sale lo obtuso y llevado a sus ideas. O cuando le agarra mala a alguien y no lo suelta más”, me dicen quienes los conocen.

Conservador
Quienes lo conocen en la UDI -sigue manteniendo lazos y amistades en dicho partido- me dicen que es bien conservador. “Igual que José Antonio, pero menos religioso”.
En 2023, en una entrevista a Iván Valenzuela se aventuró en temas que luego, cuando La Moneda era irremediable, pasaron a mejor vida.
“Cuando seamos mayoría en el Congreso, vamos a presentar un proyecto que se haga cargo de esa ley de tres causales “, dijo.
Más tarde, después de esa opinión -muy polémica- suscribió el plan de los “republicanos que querían ganar”: mejor no hablar de ciertas cosas, entre ellas, el aborto. Aunque cueste.
Dicen que es pragmático. Ser pragmático en política no necesariamente es antónimo de convicciones. Al contrario: se tuerce el timón para ganar posiciones por la causa. Jaime Guzmán es el mejor ejemplo: votó en los 90 por Gabriel Valdés para la presidencia del Senado, uno de los enemigos acérrimos de la dictadura. Con Pinochet de comandante en jefe, además.
Un UDI coetáneo de Squella me dice que no está seguro si esa contención “valórica” de los republicanos en la campaña -y la moderación política- aguante mucho tiempo.
“La tentación de JAK y de Arturo de relevar los temas que no se tocaron en la campaña, sobre todo si las encuesta los favorecen, estará siempre ahí, a punto de aflorar”, agrega.
“Ellos son doctrinarios en lo religioso más que en la política”, argumenta.

Patear con las dos piernas
Es polifuncional: juega de halcón o paloma.
Fue halcón cuando dijo que la campaña de Matthei estaba en los potreros. También a la hora de intercambiar fuego cruzado con el presidente Boric por la postulación de Michelle Bachelet a la ONU.
El mandatario lo acusó de frivolidad porque Squella habló de amarre. Los republicanos estaban felices “porque Boric pisó el palito”.
Squella no se guardó nada: “La pequeñez y frivolidad es haber sobrepuesto las opiniones personales por sobre los intereses de Chile, criticando y agrediendo una y otra vez a mandatarios de otras naciones que piensan distinto”.
Esta semana el Presidente escribió en X: “El bloqueo que Estados Unidos ha impuesto a Cuba y que ha agudizado en las últimas semanas es criminal y un atentado a los derechos humanos de todo un pueblo”.
Squella, presto, le disparó: “La ayuda humanitaria, resulta hipócrita e irrelevante teniendo en las oficinas contiguas a dirigentes comunistas que avalan y respaldan a los responsables de la masacre humanitaria más grande vivida en Latinoamérica en los últimos 100 años. Criticar nuevamente a EEUU, ahora por su decisión de no relacionarse con una dictadura criminal, endosándole la responsabilidad en el sufrimiento de un pueblo entero, es tan absurdo e irresponsable como entregarle pensiones de gracia a delincuentes y terroristas…”.
Pero también es paloma a la hora de tender puentes y acuerdos. Por eso muchos lo ven como una especie de tercer ministro político -con Claudio Alvarado y José García Ruminot– pero con sede en el Congreso. Entre los tres se estima que alinearán al oficialismo y a los libertarios y tenderán puentes con el PDG y la oposición de centroizquierda.
“Arturo sabe elegir cuáles batallas dar”, me dice un UDI. “Es racional y como buen conservador se mueve con cautela olfateando los riesgos”.
Final
Atendiendo el curso que tomó la historia desde 2016, el año en que Kast inició la travesía, cabe preguntarse: ¿Quiénes son las ovejas descarriadas: los UDI que se fueron del partido o los UDI que se quedaron y no siguieron al futuro presidente?
Fuente: https://www.theclinic.cl/2026/02/15/perfil-de-arturo-squella-el-escudero-de-kast/
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