En la cabeza de Punta Peuco, la dupla de psicólogas que evaluó rasgos psicopáticos de 101 exuniformados presos: “En general las conductas no eran impulsivas, eran organizadas”
por Sebastián Palma /The Clinic.
Durante años, en tribunales, comisiones de verdad y debates públicos, Chile especuló sobre el perfil psicológico de quienes ejecutaron la represión estatal: ¿fanáticos ideológicos, soldados obedientes, hombres desbordados por el contexto o personalidades especialmente predispuestas a la violencia? Esa discusión, hasta ahora, había sido moral e histórica. Nunca clínica. Elizabeth León-Mayer y Joanna Rocuant cambiaron ese escenario: durante más de un año ingresaron a Punta Peuco para entrevistar y evaluar al 84% de sus condenados con el principal instrumento internacional para medir psicopatía. El resultado —publicado junto al creador del test, Robert Hare— constituye el primer estudio científico directo sobre violadores de derechos humanos en Chile y revela un hallazgo incómodo: menos impulsividad que en la delincuencia común, pero niveles excepcionalmente altos de frialdad emocional, manipulación y ausencia de culpa.
—¿Qué víctima? —responde.
La psicóloga insiste. Entonces agrega:
Para la psicóloga, no existen rasgos de culpa.
Al día siguiente, sin embargo, lo vio en televisión. Sentado junto a un sacerdote, pedía perdón públicamente. El religioso hablaba de reflexión, de arrepentimiento, de conciencia. La escena contrastaba con la entrevista del día anterior en el penal. “Yo quedé helada”, recuerda. Para ella, ese desfase entre el discurso público y la ausencia privada de remordimiento era parte del mismo patrón que el estudio terminaría documentando: frialdad emocional, manejo instrumental del relato y ausencia de atribución interna de responsabilidad.
Durante años, una pregunta ha atravesado los procesos judiciales, los informes de verdad y las discusiones públicas en Chile: ¿qué tipo de personas fueron, psicológicamente, quienes ejecutaron la represión estatal durante la dictadura? La respuesta existe desde hace tres años, publicada en el Journal of Criminal Justice —revista académica internacional revisada por pares y con alto impacto en criminología—, pero en Chile pasó prácticamente inadvertida.
Una de las autoras del informe es la propia Elizabeth León-Mayer, quien validó en Chile la Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R) y lleva más de dos décadas estudiando la psicopatía en contextos penitenciarios. El artículo fue firmado junto a Robert D. Hare —creador del instrumento y considerado la principal autoridad mundial en psicopatía—, Joanna Rocuant Salinas, Jorge Folino y Craig S. Neumann
El estudio entregó por primera vez una respuesta basada en evaluaciones clínicas directas. No relatos ni hipótesis morales: evidencia empírica. El informe entrevistó y evaluó a 101 condenados por crímenes de lesa humanidad recluidos en Punta Peuco, lo que equivale al 84% de la población total del penal.
Todos fueron sometidos a la Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), uno de los instrumentos clínicos más utilizados a nivel internacional para medir psicopatía en contextos forenses. El primer resultado parece, a simple vista, desconcertante: los condenados por delitos de lesa humanidad en Punta Peuco obtuvieron un puntaje promedio de 21,06, prácticamente idéntico al de los delincuentes comunes (20,93).
Sin embargo, al desagregar la medición, emerge uno de los hallazgos más relevantes del estudio. Los presos de Punta Peuco presentan niveles excepcionalmente altos de frialdad emocional, manipulación y ausencia de culpa, lo que en términos técnicos corresponde al factor interpersonal-afectivo de la psicopatía. En esta dimensión, sus puntajes se ubican cerca del percentil 92 en comparación con delincuentes internacionales. Un 10% alcanzó el puntaje máximo posible, algo que entre delincuentes comunes ocurre en apenas el 0,5% de los casos.
En contraste, los uniformados presos obtuvieron puntajes bajos en impulsividad, conducta antisocial y descontrol vital, rasgos típicamente asociados al delincuente común. El dato desmonta una imagen extendida: la violencia no fue producto del caos ni del desborde, sino de la planificación.
El estudio concluye que la mayoría de los evaluados encaja en un perfil específico, denominado “callous–conning”: sujetos fríos, calculadores, socialmente funcionales, capaces de ejercer violencia extrema sin remordimiento y sin antecedentes visibles de conducta antisocial. Un tipo de personalidad que —según advierten los autores— no solo puede pasar inadvertida en instituciones jerárquicas, sino que incluso puede ser seleccionada y promovida por ellas.

Entrevistando a violadores de derechos humanos en Punta Peuco
A comienzos de los años 2000, la psicóloga forense Elizabeth León-Mayer comenzó a trabajar con Gendarmería y a especializarse en la evaluación de psicopatía. Se formó directamente con el canadiense Robert D. Hare —profesor emérito de la Universidad de Columbia Británica y creador del Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R)—, considerado la mayor autoridad mundial en la materia. Desde entonces, impulsó la validación y aplicación del instrumento en Chile.
Gendarmería, consciente de la necesidad de entender las dimensiones psicológicas de los internos, comenzó a utilizar el instrumento importado a Chile por León-Mayer. Así, la mujer comenzó a aplicar su instrumento en cárceles de norte a sur, entrevistando a cientos de reclusos y capacitando a los psicólogos de la institución.
Fue en ese contexto, durante uno de los talleres de capacitación en la Escuela de Gendarmería, cuando ocurrió el giro que daría origen al estudio. Mientras exponía sobre el PCL-R ante funcionarios de la institución, un alto mando pidió sentarse a escuchar. Al terminar la presentación, le comentó que el tema le parecía interesante. León-Mayer no dudó en responderle que Gendarmería tenía una población especialmente relevante que nunca había sido evaluada con ese estándar clínico: los internos de Punta Peuco.
Según recuerda León-Mayer, le dijo que esos hombres iban a morir sin que el país supiera quiénes eran psicológicamente. Que no existía una caracterización rigurosa de sus rasgos, ni de sus estructuras de personalidad.
El alto mando le preguntó si estaba dispuesta a realizar la investigación. Ella respondió que sí. Aunque la institución no contaba con recursos para financiar el estudio, León-Mayer decidió hacerlo de todas formas. En ese momento trabajaba en la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) y propuso desarrollar el proyecto junto a la psicóloga Joanna Rocuant, quien sí pertenecía formalmente a Gendarmería. Entre ambas ingresaron a Punta Peuco para evaluar, uno a uno, a los condenados.
“En términos de impulsividad en general las conductas eran más bien planificadas, no eran impulsivas, eran organizadas. Había muchos temas de cofradía, de mantener ciertos códigos, sin duda eso no tiene nada que ver con un desborde o una reacción o algo reactivo, sino más bien con una convicción en el hacer y en la planificación de las acciones”, dice Rocuant.

Un trabajo internacional
Las dimensiones de la investigación causaron tanta expectación en el mundo de la criminología que el propio mentor de León-Mayer, el doctor Robert Hare, solicitó sumarse a la investigación. Es la propia psicóloga quien rememora la génesis del estudio.
—¿Cómo fue adentrarse en Punta Peuco? ¿Los presos estaban obligados a dar la entrevista o fue voluntario?
—En términos generales no es una obligación. Ahora pasan dos cosas. Una, es que en las cárceles generalmente los presos están aburridos. Entonces, ante cualquier contacto humano te dicen que sí. Pero, además, los sujetos psicopáticos en general tienden a decir que sí. Y muchos sujetos psicopáticos de repente pasan incluso por donde tú estás entrevistando y te preguntan, ¿me van a entrevistar a mí?
—¿Qué otros rasgos particulares tiene los internos de Punta Peuco respecto a los presos comunes?
—En las cárceles tradicionales, los puntajes más altos suelen concentrarse en el componente antisocial y en la llamada “trayectoria vital”: historias marcadas por conductas delictivas tempranas, con un inicio promedio a los 13 años en hombres y a los 20 en mujeres. Para esos casos, los rasgos interpersonales y afectivos —como la manipulación o la frialdad emocional— tienden a aparecer en niveles más bajos.
En Punta Peuco ocurre lo inverso. Allí, los factores interpersonal y afectivo aparecen significativamente elevados. Se trata de sujetos que se vinculan desde el mando, el control y el narcisismo, con altos niveles de manipulación y escasa empatía, pero sin la impulsividad ni el desorden conductual que caracterizan al delincuente común.
—¿Son una especie de criminales al revés?
—Exacto. Además está la manipulación y la mentira patológica, el componente afectivo aparece especialmente elevado. Son sujetos marcadamente fríos, con escasa capacidad de empatía, sin culpa ni remordimiento. Destaca también la ausencia de lo que en psicología se denomina “sentido atribucional interno”: la capacidad de reconocer como propios los actos cometidos y asumir responsabilidad por ellos.

Más allá del perfil psicológico, el informe también traza un retrato sociodemográfico detallado de los entrevistados.
No hay nombres ni historias individuales, pero sí datos concretos. La muestra —que abarcó al 84% de la población de Punta Peuco— incluyó hombres entre 50 y 90 años, con una edad promedio de 71. El 77% estaba casado, cerca del 9% era viudo y más del 11% se encontraba divorciado o separado. Dos tercios provenían del Ejército y un tercio de fuerzas policiales; el 65% correspondía a oficiales —entre ellos generales, brigadieres y coroneles— y un 33% a suboficiales.
El estudio incorporó además revisión de antecedentes médicos, psicológicos y judiciales. No se registraron diagnósticos psiquiátricos previos, ni deterioro cognitivo significativo. El 63% declaró no consumir alcohol y apenas un 1% presentó antecedentes de consumo problemático de drogas. Las condenas incluían homicidio (44 casos), secuestro (49), conspiración (4) y tortura o privación ilegal de libertad (4). Los datos fueron recolectados bajo consentimiento informado y tratados de forma completamente anonimizada, lo que permite sostener el análisis en evidencia clínica sin exponer identidades individuales. Así lo expresa León-Meyer:
—Recuerdo que les preguntábamos si alguna vez habían pensado en las víctimas. Se quedaban mirando y respondían: “¿Qué víctima?”. Uno en particular me dijo: “¿Qué víctima? Yo solo maté comunistas”. Para él, los comunistas no eran personas.Le pregunté entonces si estaba arrepentido. Me respondió: “¿Por qué voy a estar arrepentido?”. Al día siguiente —esto fue un martes— lo vi en televisión, junto a un sacerdote, pidiendo perdón públicamente. El cura decía que estaban arrepentidos, que habían reflexionado. Yo quedé helada.
—Uno de cada diez de los condenados obtuvo el puntaje máximo en frialdad emocional y manipulación. Eso casi no ocurre entre delincuentes comunes, ¿cierto?
—Es mucho menos frecuente entre delincuentes comunes.
—¿Qué tipo de personalidad describe alguien que alcanza el máximo puntaje en esa dimensión?
—El máximo puntaje en frialdad corresponde al componente emocional. Incluye ausencia de culpa y remordimiento, falta de afectividad, incapacidad de amar o vincularse, crueldad, falta de empatía y también incapacidad para reconocer el acto cometido. Eso es lo que puntúa en ese nivel.
—¿Esto se daba solo en los altos mandos o también en mandos medios y bajos?
—Una de las cosas que vimos es que muchos de los mandos medios y bajos fueron escogidos. No fueron azarosos. Como ellos dicen: “A mí me mandaron”. No, no te mandaron. Fuiste escogido, porque eras el sargento que peor trataba a los que estaban en formación.
—¿Entonces el aparato represivo fue capaz de seleccionar personas con mayor psicopatía?
—Exactamente. O, al menos, con mayor capacidad de antisocialidad y manejo del poder.
—Los presos comunes puntúan muy alto en impulsividad, pero los de Punta Peuco puntúan más bajo. ¿Cómo dialoga eso con la imagen cultural del torturador como alguien desbordado?
—No, no eran ni desbordados, ni sádicos. La forma en que se planteaban en la entrevista, la manera en que hablaban de todo, no tenía nada de desborde. No había impulsividad. Incluso amenazaban. Recuerdo que uno, al comenzar la entrevista, me dijo: “Usted está aquí para preguntarme cosas”. Yo le dije que sí. Entonces agregó: “Pero acuérdese que acá el experto en interrogatorio soy yo”. Le respondí: “Yo no lo voy a interrogar, lo voy a entrevistar. Es distinto”. Y ahí se quedó en silencio.
—La edad promedio de sus entrevistados era de 71 años. ¿La psicopatía cambia con el tiempo o se mantiene a lo largo de la vida?
—La psicopatía es algo que se manifiesta desde muy chiquitito y se mantiene a lo largo de la vida. Lo que cambia es la forma de expresión. Un sujeto de 74 o 75 años ya no puede actuar como lo hacía cuando tenía 30. ¿Te fijas? En el caso, por ejemplo, de los abusadores sexuales —y esto está documentado— lo que ocurre con el envejecimiento es que cambia el perfil de la víctima, pero no necesariamente el rasgo. En el caso de ellos, es obvio que hoy no pueden salir a torturar, no están dadas las circunstancias. Pero la estructura de personalidad no desaparece.
—Debería dialogar. Lamentablemente parece que fue considerada una papita caliente y se cajoneó. Yo la mandé incluso a la Subsecretaría de Derechos Humanos para que la publicaran, para que dijeran algo: “Miren lo que tenemos”. Nunca más me llamaron.
Y estamos hablando de un estudio único en el mundo que evalúa clínicamente a un grupo grande de violadores de derechos humanos.
—Después de estudiar a estos 101 hombres, ¿qué lección deja este trabajo para parte de una sociedad que trató de instalar el “nunca más”?

Fuente: https://www.theclinic.cl/2026/02/14/en-la-cabeza-de-punta-peuco-la-dupla-de-psicologas-que-evaluo-rasgos-psicopaticos-de-101-exuniformados-presos-en-general-las-conductas-no-eran-impulsivas-eran-organizadas/
Anexo: La Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare. Una herramienta para evaluar el grado de psicopatía de cada persona.
Al pensar en el concepto de «psicópata», a la mayoría de las personas le viene a la cabeza la imagen de un asesino, alguien que mata por placer y cuya actuación obedece solo a sus propios intereses, sin rastro de empatía y despreciando las necesidades, sentimientos y deseos de quienes le rodean (a los cuales además utiliza como objetos para conseguir sus fines). Esta imagen parece muy clara… pero detectar estas características no resulta tan sencillo en la vida real.
Hasta tiempos relativamente recientes no se han elaborado herramientas que puedan medir esta alteración con precisión, distinguiendola de patologías mentales y médicas. En este sentido una de las principales aportaciones en la detección y evaluación de características psicopáticas es la realizada por Hare, el cual creó la Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare o PCL (Psychopathy Checklist).
Psicopatía: ¿de qué estamos hablando?
Para comprender la escala de evaluación de la psicopatía de Hare, será necesario en primer lugar establecer una definición de qué entendemos por psicopatía.
El concepto psicopatía hace referencia a una alteración de personalidad en la que existe una ausencia más o menos completa de empatía y preocupación por el otro y una profunda centración en uno mismo y en las propias necesidades. No se considera una entidad clínica, es decir, no es un trastorno mental. Y es que la definición que se hace de este constructo puede variar en gran medida dependiendo de los autores que lo expresen y del tipo de psicopatía del que estemos hablando (de hecho, podrían encontrarse muy diversos tipos de psicópatas llegando algunos autores a proponer hasta nueve).
Aunque la imagen que la mayoría de personas tienen de ellos es la que se ha mencionado en la introducción, lo cierto es que no todos son delincuentes ni cometen delitos: existen psicópatas integrados en la sociedad y de hecho en muchos casos se hacen líderes políticos (algunos de los cuales han llegado a cometer grandes abusos) o grandes empresarios.
Sin embargo, existen una serie de características comunes a la mayoría de psicópatas: lo más definitorio y determinante es la incapacidad para desarrollar relaciones afectivas, falta de empatía e indiferencia hacia los sentimientos ajenos. Además de ello es frecuente, la utilización de los demás para conseguir sus fines, la ausencia de culpa y sentido de la responsabilidad sobre los propios actos, la baja intensidad de la mayor parte de sus emociones, la arrogancia y el egocentrismo, la capacidad de seducción y las relaciones superficiales y en las que no se valora al otra y la manipulación suelen ser algunas de las características más comunes.
También existen** problemas para planificar o valorar el futuro o las consecuencias de las propias acciones**, la necesidad de buscar sensaciones, la impulsividad, la discordancia entre lenguaje y conducta y la necesidad de gratificaciones inmediatas.
¿Cuáles son sus causas?
Es importante remarcar que técnicamente la psicopatía no es considerado un trastorno mental. Se trata de una condición de causa desconocida pero en la que se ha detectado fuertes componentes genéticos (por ejemplo, es frecuente que en el estudio de gemelos se observe que ambos tienen rasgos psicopáticos), si bien al menos la mitad de la variancia a la hora de padecer o no esta alteración se vincula con factores ambientales.
Se han observado algunas diferencia a nivel biológico y de temperamento que complican los procesos de socialización durante el crecimiento, no integrándose las experiencias primarias de socialización de manera adaptativa. Se trata de personas que son plenamente conscientes de sus actos, no presentando alteraciones en la capacidad volitiva y en el que no hay afectación de las funciones cognitivas básicas (más allá de la esfera emocional).
PCL: La escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare
La Psychopathy Checklist, PCL o escala de evaluación de la psicopatía de Hare es uno de los instrumentos de evaluación más utilizados para valorar la existencia de psicopatía.
Originada y basada en la agrupación de los factores y criterios ya propuestos anteriormente por Cleckley, se trata de una escala creada por Hare que evalúa a través de 20 ítems (si bien originalmente eran 22), los principales rasgos de personalidad y características propias de los sujetos con psicopatía.
Se trata de una escala que debe rellenarse en base a la información obtenida durante la entrevista semi-estructurada con el sujeto, la observación y análisis de su conducta, entrevistas a su entorno y conocimientos obtenidos de su expediente. La entrevista en sí puede pasarse en alrededor de dos horas, si bien depende de cada caso. Se puntúa cada ítem con un 0, un 1 o un 2 según si el ítem en cuestión no puede aplicarse al sujeto (0), puede aplicarse en cierto sentido (1) o puede aplicarse al sujeto como algo consistente en su conducta (2). La puntuación máxima es de 40 y se considera la existencia de psicopatía aquellos casos que superen los 30 puntos (si bien debe contrastarse con entrevistas a su entorno y comprobando otras posibles entrevistas y actas referentes al sujeto. Puntuaciones mayores de 25 se consideran predictoras de conductas antisociales y violentas.
Es importante tener en cuenta que se trata de un instrumento creado en base a la población penitenciaria, en práctica clínica y forense. Se ha demostrado de utilidad para pronosticar probabilidad de reincidencia, valorar posibles quebrantamientos de condena y pronosticar la realización de conductas antisociales.
¿Qué se valora? Ítems de la escala
Como hemos visto, dentro de la PCL (en su versión revisada) o escala de evaluación de la psicopatía creada por Hare nos encontramos con un total de 20 ítems que intentan valorar la existencia de diferentes características propias de la psicopatía. Concretamente, se evalúan los siguientes ítems o elementos.
1. Encanto superficial/locuacidad
Una de las características más comunes de los psicópatas es su facilidad de trato y su atractivo superficial, siendo a menudo muy seductores. Son considerados divertidos y entretenidos, y parecen dominar muchas materias y temas de conversación.
2. Egocentrismo y sentimientos de grandiosidad
El psicópata tiende a tener una visión sobrevalorada de sí mismo, con gran seguridad en sí mismo y con una actitud egocéntrica. Además tiende a ver únicamente su propia visión de las cosas y centrarse en sus propias necesidades. Puede sentirse admirado y envidiado.
3. Búsqueda de sensaciones
Otro rasgo frecuente de las personas con psicopatía es la tendencia a aburrirse fácilmente y buscar la realización de actividades que les estimulen, buscando la acción, la competición y las oportunidades.
4. Mentira patológica
Mentir y engañar son elementos frecuentes en la conducta del psicópata. Puede elaborar historias fácilmente creíbles y no suele preocuparse de ser descubierto. No le cuesta romper sus promesas.
5. Manipulación
Los psicópatas tienen por lo general tendencia a ser manipuladores, empleando sus habilidades y su capacidad de seducción para lograr que otros les faciliten obtener y alcanzar sus objetivos, frecuentemente sin preocuparse de los efectos sobre la persona manipulada.
Aspecto vinculado a la falta de empatía, el psicópata tiende a no sentirse culpable por lo que sucede a su alrededor, así como por las consecuencias de sus actos.
7. Superficialidad emocional
Muchos psicópatas son conocidos por mostrar un espectro emocional plano, sin manifestar grandes reacciones y resultando su expresión emocional a menudo poco profunda e incluso actuada. Sí que pueden experimentar emociones, pero generalmente se considera que de baja intensidad y superficiales.
8. Falta de empatía
Una de las características más fundamentales de los psicópatas es su ausencia de empatía. El sujeto psicópata suele ser incapaz de ponerse en el lugar de los otros, o no valorar lo que puedan estar sintiendo o queriendo los demás. Unido esto a la alta capacidad de manipulación que suelen tener, a menudo utilizan a los demás únicamente para lograr sus fines.
9. Estilo de vida parasitario
Este criterio supone que muchos psicópatas emplean de manera utilitaria a sus familiares y entorno para subsistir sin tener que realizar esfuerzos, a menos que dicho trabajo le suponga una motivación que le permita destacar y ser el número uno.
10. Ausencia de autocontrol
Personas con personalidad psicopática pueden no tener una emocionabilidad profunda, pero sus reacciones conductuales inmediatas pueden ser extremas. El uso de la violencia puede ser una de ellas, de forma breve y en general sin causar una reacción posterior.
11. Promiscuidad
El elevado nivel de locuacidad y atractivo superficial de muchos psicópatas hace que suelan tener facilidad para mantener relaciones sexuales esporádicas. Asimismo, la ausencia de empatía y responsabilidad junto con la búsqueda de sensaciones dificultan que se mantengan relaciones más estables.
12. Problemas previos de conducta
No es extraño que el sujeto psicópata haya manifestado problemas conductuales ya en la infancia. En este sentido suele relacionarse con el trastorno disocial, pudiendo por ejemplo ejercer conductas sádicas y torturar animales.
13. Problemas de planificación a largo plazo
Otro elemento común en la psicopatía es el hecho de que tienden a centrarse en el corto plazo y la obtención de gratificación inmediata. No suelen plantearse el futuro (algo que también afecta a la falta de consideración por las consecuencias de sus actos), o puede tener algún tipo de meta sobre la que no se ha planteado cómo llevar a cabo.
14. Impulsividad
Se refiere a la conducta no premeditada, actuando de manera inmediata en función de la oportunidad y la propia apetencia sin considerar alternativas o posibles consecuencias.
15. Irresponsabilidad
Este ítem hace referencia a la falta de compromiso para con los demás. Puede tener un cierto nivel de lealtad hacia su familia y círculo social cercano, pero por lo general no presta gran atención a obligaciones y deberes para con los demás.
16. No aceptación de responsabilidades por conducta
Vinculado con la irresponsabilidad, el sujeto con psicopatía no suele hacerse responsable de sus propios actos. Aunque no siente culpabilidad por ellos, suele justificarlos y emplear distintas excusas.
17. Relaciones de pareja breves
Las relaciones de pareja de un sujeto con psicopatía no suelen ser estables. Aunque pueden tener pareja, como hemos dicho anteriormente no suele existir un compromiso que perdure. Pueden tener un matrimonio o incluso hijos, pero generalmente son desatendidos y suelen incurrir en infidelidades y otras actividades.
18. Delincuencia juvenil
Hemos mencionado antes que ya desde la infancia el sujeto con psicopatía manifiesta una gran cantidad de rasgos de esta condición. No es raro que en la adolescencia se presenten delitos de mayor o menor gravedad que pueden tener diferentes repercusiones para sí mismo o para los demás, pudiendo llegar a realizar delitos graves e incluso de sangre.
19. Revocación de libertad condicional
Se trata de un ítem reservado solo para aquellos sujetos que han sido encarcelados y pueden haber optado a libertad condicional.
20. Versatilidad criminal
Éste último ítem nos habla de la existencia de diversos tipos de delito cometidos por el sujeto, que pueden ir desde robos, tráfico de drogas, asesinato, agresión, delito sexual, secuestro o conducción temeraria, entre otros.
Aspectos generales a tener en cuenta
En la PCL o escala de evaluación de la psicopatía de Hare, como hemos visto, se evalúan la personalidad y la conducta de las personas analizadas mediante ella en búsqueda de rasgos propios de psicopatía. Los ítems en cuestión pueden agruparse en diferentes facetas para su análisis. En concreto, se propone la existencia de dos factores principales, disponiendo de cuatro factores a tener en cuenta dentro de ellos.
Factor 1: Interpersonal/Afectivo
Este primer factor se refiere principalmente a los aspectos más propiamente internos del sujeto, como su personalidad, la manera de abordar las relaciones interpersonales, la afectividad y la cognición. Se encuentra relacionada con rasgos narcisistas. Dentro de él podemos encontrar dos dimensiones básicas, la interpersonal y la afectiva.
Dimensión interpersonal
Esta dimensión evalúa el tipo de relación que mantiene el sujeto con su entorno y cómo se vincula con los demás. Incluye principalmente los ítems de encanto superficial, sentimientos de grandeza, mentira, manipulación, falta de sentimientos de culpa, emocionalidad superficial, falta de empatía y no reconocimiento de la propia responsabilidad.
Dimensión afectiva
Esta segunda dimensión hace referencia a la gestión y la vivencia de las emociones por parte del sujeto. En ella entrarían la búsqueda de sensaciones, la falta de autocontrol y de empatía, la emocionabilidad superficial, la falta de sensibilidad y empatía.
Factor 2: Desviación social
Este segundo factor se refiere principalmente a elementos que nos informan de cómo el sujeto se relaciona con el mundo que le rodea y cómo es su conducta en él. Está más vinculado con factores relacionados a la comisión de conductas antisociales. Dentro de este podemos encontrar el estilo de vida y el aspecto antisocial de su personalidad.
Estilo de vida
Se refiere al tipo de vida que suele llevar el sujeto en su día a día. Se incluyen ítems como la promiscuidad, las relaciones de pareja breves, la falta de compromiso o la versatibilidad delictiva. También pueden incluirse la necesidad de estimulación o la ausencia de metas a largo plazo, la búsqueda de sensaciones y el egocentrismo.
Antisocial
En este apartado se incluyen las conductas que el sujeto ha tenido a lo largo de su vida, tales como la presencia de delitos durante la juventud, si ha sido encarcelado y si se le ha revocado la libertad condicional o la falta de responsabilidad por los propios actos.
Referencias bibliográficas
- Folino, J.O. y Castillo, J.L. (2006). Las facetas de la psicopatía según la Hare Psychopathy Checklist-revised y su confiabilidad. Revista Argentina de Psiquiatría, Vol. XVII:325-330.
- Lykken, D. (1994) Las personalidades antisociales. Barcelona: Herder.
30 de enero, 2028.

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