Rojava kurda: La dependencia de EE.UU. y un proyecto de «autonomía» fracasado.

Después de Rojava: la carta kurda y la puerta giratoria de Washington.

por The Cradle.

Cuando las prioridades imperiales cambian, los aliados periféricos se vuelven prescindibles. El próximo frente ya está tomando forma. 

Las grandes esperanzas que la izquierda occidental depositó en el experimento de Rojava se han convertido en desilusión. La promesa del «confederalismo democrático» y la autoadministración descentralizada chocaron con la dura realidad de la política de poder. 

Rojava no cayó simplemente por reveses en el campo de batalla. Desde el principio, operó dentro de una red de acuerdos de seguridad internacionales, y su supervivencia estuvo sujeta a garantías externas siempre condicionales.

Cuando Washington  recalibró sus prioridades estratégicas hacia la consolidación del Estado en Damasco y la desescalada regional con Turquía, la ilusión de la permanencia en Rojava se disolvió y la admistración autónoma  se encontró expuesta a las duras condiciones de la geografía y la demografía.

El colapso fue estructural, no repentino. La administración autónoma sobrevivió porque cumplió una función definida dentro de la arquitectura de seguridad estadounidense durante la guerra contra el ISIS. Al reducirse esa función, también lo hizo su espacio político.

Durante años, sectores de la izquierda occidental proyectaron sobre el noreste de Siria un experimento que describían como revolucionario. El lenguaje era convincente, basado en promesas de democracia de base, liberación de la mujer y economía comunal.

Sin embargo, la durabilidad del proyecto dependía menos de la coherencia ideológica que de la cobertura aérea estadounidense y el control de los ingresos petroleros. Cuando Washington recalculó su posición, las posibilidades del proyecto se redujeron rápidamente.

De la teoría revolucionaria al mando centralizado

El andamiaje intelectual de Rojava se basaba en los escritos carcelarios del líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK),  Abdullah Öcalan , y en el municipalismo libertario de  Murray Bookchin . El modelo prometía consejos descentralizados y un gobierno basado en la participación local.

En la práctica, la autoridad política se consolidó en cuadros disciplinados alineados con el Partido de la Unión Democrática (PYD) y sus brazos militares. La toma de decisiones fluía a través de estructuras centralizadas, mientras que los cuerpos de seguridad operaban con amplia discreción. Los imperativos militares moldeaban el gobierno  de forma más decisiva que las asambleas comunales.

La contradicción estuvo arraigada desde el principio. Un proyecto que celebraba la democracia de base se basaba en un rígido control organizativo. Las circunscripciones tribales árabes de Raqqa y Deir Ezzor se incorporaron a los marcos administrativos, pero la autoridad política permaneció estrictamente controlada.

Lo anterior, se hace más evidente cuando se observa en escala.

Indicador Datos
La población kurda en Siria antes de la crisis Aproximadamente 2 millones (alrededor del 10 por ciento de la población total)
La fuerza de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en su apogeo 100.000 combatientes (incluido el personal permanente y las fuerzas de seguridad interna)
Control sobre los recursos energéticos sirios Casi el 70 por ciento de los yacimientos petrolíferos sirios
Detención y prisiones Administración de campos que albergan a decenas de miles de detenidos del ISIS y sus familias

En consecuencia, una base demográfica minoritaria dominaba un extenso territorio y la mayor parte de los recursos energéticos de Siria. Esta situación solo podía sostenerse con protección externa. Sin ella, la asimetría habría sido política y militarmente difícil de mantener.

La utilidad estratégica y sus límites

Las Fuerzas Democráticas Sirias ( FDS ) surgieron como el socio terrestre preferido de Washington contra ISIS. Los ataques aéreos estadounidenses, la coordinación de inteligencia y el armamento avanzado transformaron las formaciones lideradas por los kurdos en una fuerza decisiva en el campo de batalla.

Los funcionarios estadounidenses calificaron repetidamente la asociación como táctica y temporal. Esta concepción fue deliberada.

El control de  los yacimientos petrolíferos de Hasaka y Deir Ezzor constituía la columna vertebral financiera de la administración autónoma. Los ingresos sostenían los salarios, los servicios de seguridad interna y la arquitectura institucional de la autonomía. Sin embargo, los métodos de extracción seguían siendo rudimentarios y el nivel de vida de la población civil era bajo. La consolidación militar avanzó más rápido que la participación y organización civil.

Sin embargo, Turquía, miembro de la OTAN, consideraba la consolidación de una estructura alineada con el PKK a lo largo de su frontera sur una amenaza existencial para su seguridad, dado su conflicto de décadas con el PKK. Ankara dejó claro en repetidas ocasiones que armar y legitimar a las SDF tendría consecuencias.

Las operaciones militares turcas en el norte de Siria, como las operaciones en Afrín y la Operación Rama de Olivo, no fueron escaladas repentinas, sino medidas calculadas para evitar la formación de un cinturón kurdo contiguo a lo largo de la frontera turca. Cada intervención expuso los límites de la protección estadounidense al proyecto kurdo y subrayó que Washington  no estaba dispuesto a romper relaciones con un aliado de la OTAN en aras de la autonomía kurda.

Colapso, integración y el dilema del ISIS

En enero de 2026, el gobierno de transición respaldado por Estados Unidos en Damasco lanzó una campaña coordinada para restaurar la autoridad central en el noreste. La medida se produjo tras meses de maniobras políticas y señales discretas de que Estados Unidos estaba retirando sus tropas. El retiro de las tropas  supuso el cambio territorial más significativo desde la caída del expresidente sirio Bashar al-Assad en diciembre de 2024 y puso de manifiesto la reducción del territorio para la autonomía liderada por los kurdos.

Las fuerzas gubernamentales avanzaron rápidamente hacia las zonas controladas por las FDS en  Raqqa y Deir Ezzor, aprovechando la menor cobertura aérea y la coordinación de inteligencia con Estados Unidos. La velocidad del avance reveló la dependencia que había adquirido la administración autónoma  de la protección externa. En cuestión de días, las fuerzas kurdas comenzaron a retirarse hacia la gobernación de Hasaka, cediendo profundidad estratégica y abandonando centros económicos clave.

Tras sufrir grandes pérdidas, el 18 de enero se alcanzó un alto el fuego. Este acuerdo, sentó las bases para un marco más amplio de 14 puntos que preveía la incorporación de las fuerzas militares y de seguridad de las FDS a los ministerios de Defensa e Interior de Siria, el desmantelamiento de las estructuras de mando paralelas y el restablecimiento de la autoridad centralizada. En la práctica, marcó el fin de la administración autónoma como actor  independiente.

Los combates disminuyeron, pero no cesaron de inmediato, en paralelo continuaron las negociaciones para la implementación del acuerdo. El 30 de enero, el gobierno anunció una integración completa.  

Asimismo, el acuerdo exigía a las unidades de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) retirarse de las líneas de contacto restantes, reorganizarse bajo el mando del ejército sirio e integrar sus instituciones administrativas y civiles en las estructuras estatales sirias. Las prisiones, las instalaciones petroleras y gasísticas, y las infraestructuras estratégicas fueron transferidas a Damasco, al tiempo que se incluyeron disposiciones relativas a los derechos civiles y educativos de los kurdos.

Sin embargo, había una cuestión que no se podía resolver sobre el papel: el destino de decenas de miles de detenidos del ISIS y sus familias recluidos en prisiones y campos de todo el noreste. Estas instalaciones habían sido administradas durante mucho tiempo por fuerzas de seguridad kurdas con el respaldo de Estados Unidos.

Su traslado a Damasco supone una carga  y un riesgo de seguridad  para un Estado que aún consolida su autoridad. El gestión de este cambio que incluye a  cuadros duros del ISIS, a combatientes extranjeros y a  los extensos campos de detención como Al-Hawl, pondrán a prueba tanto la capacidad como la voluntad política de los distintos actores.

En las semanas posteriores a los combates de enero, Washington comenzó a reubicar a miles de detenidos del ISIS bajo custodia iraquí, y Bagdad confirmó la recepción de casi  5.000 prisioneros . 

Lo que comenzó como presión en el campo de batalla evolucionó en cuestión de semanas hasta convertirse en una plena incorporación institucional. La administración autónoma dejó de funcionar como un proyecto político independiente y fue absorbida por el Estado sirio. Sin embargo, el legado de  la guerra, que se plasma de forma más cruda en el expediente de los detenidos, sigue sin resolverse.

El horizonte iraní

Las implicaciones se extienden más allá del noreste de Siria. Se estima que la población kurda de Irán es de entre 8 y 10 millones de personas, concentradas en Kurdistán, Kermanshah, Ilam y partes de las provincias de Azerbaiyán Occidental. 

Estas regiones se enfrentan a un desempleo crónico, un desarrollo desigual y unas relaciones tensas con Teherán. Las quejas son reales, al igual que el incentivo geopolítico para instrumentalizarlas.  Varias facciones definen el panorama político kurdo iraní.

Formación política Raíces ideológicas Base operativa principal Vínculos y agendas externas actuales
Partido Democrático del Kurdistán de Irán (KDPI) Nacionalismo kurdo tradicional; socialdemocracia Región del Kurdistán iraquí (campamentos y bases de retaguardia) Acercamiento a las capitales occidentales; participación en esfuerzos de presión regional contra Teherán
Komala (ala de Abdullah Mohtadi) Marxista-leninista (históricamente); liberal democrático (actualmente) Región del Kurdistán iraquí; diáspora europea Alineación total con la “máxima presión” de EE. UU.; intersecciones no declaradas con la oposición de derecha iraní en el extranjero
Partido Vida Libre del Kurdistán (PJAK) Confederalismo democrático (ocalanista) Montañas Qandil (triángulo fronterizo) Vinculación orgánica con la estrategia del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK); instrumentalización regional recíproca

El Partido Democrático del Kurdistán de Irán ( PDKI ) sigue siendo la facción con mayor arraigo histórico. Pragmático en sus alianzas, ha gestionado las relaciones con los adversarios de Teherán cuando le ha sido ventajoso y ahora se presenta ante las capitales occidentales como una alternativa organizada capaz de movilizar a los electorados kurdos dentro de Irán.

El ala Mohtadi de Komala se ha alejado notablemente de sus orígenes marxistas para alinearse con las políticas occidentales dirigidas contra Teherán. Su abierto apoyo a las estrategias estadounidenses de máxima presión y su acercamiento a las corrientes monárquicas y de oposición en el extranjero, vinculan su trayectoria política a cálculos externos.

El Partido de la Vida Libre del Kurdistán ( PJAK ) opera desde las montañas Qandil y mantiene vínculos orgánicos con el PKK. Su actividad militar dentro de Irán fluctúa según la dinámica de las negociaciones regionales, lo que refleja negociaciones de poder más amplias que una estrategia independiente.

La lección estructural

El patrón es consistente. Los movimientos kurdos que se enfrentan a estados centralizados buscan apoyo externo, mientras que las grandes potencias que se enfrentan a adversarios regionales ven en esa necesidad una oportunidad. La alineación comienza como una cooperación táctica, pero rara vez se convierte en una alianza duradera.

Rojava demostró los límites de la dependencia. Una vez que las prioridades estratégicas cambiaron en Washington, la carga recayó sobre los actores locales.

El respaldo externo otorga visibilidad y recursos. También puede vincular a los movimientos con agendas que se disuelven una vez que prevalecen negociaciones más amplias. Las comunidades locales absorben las consecuencias, ya sea mediante medidas represivas de seguridad, tensiones económicas o repercusiones regionales.

La trayectoria de Rojava fue el resultado de la dependencia estructural de un patrocinador cuyas prioridades nunca se alinearon con la autonomía kurda a largo plazo. Los imperios cultivan aliados para objetivos inmediatos y pueden recalibrar  dicha relación cuando las circunstancias cambian.

La historia no se repite mecánicamente, pero ciertas dinámicas persisten. La cuestión kurda sigue siendo central para las formaciones estatales no resueltas en Asia Occidental. Que vuelva a convertirse en un punto de presión en una confrontación más amplia, dependerá menos de la aspiración ideológica que del equilibrio entre la acción local y el diseño externo.

Un capítulo en el noreste de Siria ha terminado. Otro comienza a desarrollarse.

23 de febrero, 2026.

Fuente: https://thecradle.co/articles/after-rojava-the-kurdish-card-and-washingtons-revolving-door


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