Sionistas torturan, sionistas violan…
Tripulantes deportados en Estambul relatan los abusos físicos, el confinamiento y la falta de atención médica tras el asalto del «ejército» israelí en aguas internacionales.
El primer grupo de activistas de la Flotilla Global Sumud arribaron al aeropuerto de Estambul, Turquía después de ser deportados desde los territorios palestinos ocupados.
La armada israelí interceptó sus embarcaciones en aguas internacionales, a más de 500 kilómetros de la costa, mientras transportaban ayuda humanitaria hacia la Franja de Gaza. Informes posteriores confirmaron graves episodios de violencia y maltrato físico durante el período de reclusión.
El ciudadano belga Julien Cabral, uno de los integrantes de la tripulación civil, llegó a territorio turco con visibles contusiones en el rostro, la cabeza y las extremidades superiores.
De acuerdo con su testimonio, las fuerzas navales interrumpieron los sistemas de comunicación satelital antes de ejecutar un abordaje violento con disparos de proyectiles de goma, a pesar de que los tripulantes mantuvieron las manos en alto.
Por su parte, durante una co
Según los testimonios recopilados, los retenidos fueron inmovilizados y trasladados de forma hostil hacia un buque militar, espacio donde permanecieron confinados en contenedores de carga.
Las víctimas denunciaron la privación deliberada de asistencia médica para los heridos graves, la escasez extrema de agua potable y alimentos, así como maltratos psicológicos continuos durante el traslado hacia los centros de detención.
Condena internacional ante abusos de la ocupación
La crisis diplomática se agudizó tras la difusión de un material audiovisual por parte del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, quien exhibió a los activistas capturados.
Este hecho provocó inmediatas protestas de diversos gobiernos europeos y organizaciones de derechos humanos, las cuales calificaron el procedimiento como una flagrante violación al derecho marítimo internacional.
Por su parte, el cooperante turco Bilal Kitay afirmó que el nivel de brutalidad ejercido por el «ejército» superó con creces los precedentes registrados en misiones anteriores.
Kitay aseveró que la totalidad de los miembros de la expedición civil recibió golpes y vejaciones desde el momento inicial del asalto en alta mar.
A pesar de las secuelas físicas y de la confiscación de los navíos, los sobrevivientes de la Flotilla Sumud ratificaron su compromiso político de organizar nuevas misiones de solidaridad internacional para quebrar de forma definitiva el bloqueo ilegal impuesto por «Israel» contra la población civil de Gaza.
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