Palestina y Wallmapu.
por Héctor Llaitul (*)/Desde la Cárcel.
Los últimos acontecimientos ocurridos en el Medio Oriente han ge nerado un gran impacto en el mundo en general y resuenan de forma horrorosa para la Causa Mapuche. Hemos de constatar la masacre indiscriminada contra la población civil palestina, que incluye bombardeos a asentamientos, residencias, escuelas, hospitales, iglesias , en los últimos días a centros de ayuda y a masas de refugiados hambreados e indefensos.
Es la cara de un genocidio, una triste y dolorosa realidad que hace imposible no pronunciarse respecto de la heroica lucha de resistencia de nuestros hermanos palestinos.
Este es un escrito necesario, que más allá de solidarizar con la lucha del Pueblo Palestino, constituye una pretensión Acompañar, hacer un llamado al nacionalismo antiimperialista de nuestros pueblos originarios de América Latina.
La lucha del Pueblo Palestino y la lucha mapuche son resistencias contra el colonialismo y todas sus manifestaciones, porque en el fondo se trata de luchas contra la supremacía racial y el fascismo COMO EXPRESIÓN DESESPERADA DEL CAPITALISMO. Se resiste contra el control ideológico y político y la explotación de los territorios, en definitiva es una lucha contra el exterminio como forma de dominación.
La lucha de los palestinos ha pasado a constituir una de las mayores resistencias en el concierto de las luchas anticoloniales. En la historia de la humanidad ha habido muchas luchas de pueblos Naciones que se han constituido en resistencias ante un Estado opresor que permanentemente golpea a las expresiones que batallan por justas reivindicaciones en tanto soberanía y autonomía de sus territorios. La lucha palestina tiene que ver con una impronta y una historia en que se viene forjando una identidad nacional de resistencia, que refuerza la cultura e idiosincrasia propias. Más allá de una oposición al opresor, se trata de una posición de defensa del territorio y la Libertad, donde se refuerza el concepto y las características subjetivas de su Nación como ellos la entienden y la quieren. La lucha por la territorialidad es también la lucha por la autonomía y por la cultura, y eso es precisamente lo que la asemeja a lucha de nuestro Pueblo Mapuche y por tanto nos une y entrelaza frente a un enemigo común.
Para comprender la magnitud de la actual ofensiva neocolonial israelí, es necesario entender el trasfondo y la motivación de los opresores. Tratar de entender esa ideología maldita que es el Sionismo constituido ya en un movimiento político sustentado por sectores judíos de derecha ubicados en diferentes países, principalmente de Europa, que son los que refuerzan la postura en el Estado colonial e invasor israelí. El movimiento político sionista es el responsable del actual genocidio en Palestina porque tiene una ideología de apropiación colonial que es eminentemente racista y que fomenta el exterminio de la población palestina.
Sionismo que tiene como objetivo instaurar un Estado con un nacionalismo teocrático, único. Se ha transformado en un tipo de colonialismo al histórico estilo europeo de ultramar occidental. Hay un proyecto racista colonial de fondo que pretende salvaguardar la fortaleza blanca y occidental por sobre la realidad negra de los árabes y por sobre cualquier otra diferenciación. De ahí su obsesión por disputar aspectos demográficos y de posicionar una doctrina blanca intolerante que profundice la cultura occidental de un pueblo escogido. Entendemos así por qué reprimen lo comunitario y los distintos colectivos árabes que se han opuesto a su ideología supremacista. Propuesta colonialista que se entrelaza e impone como lo fue el apartheid.
El Estado de Israel impone a los palestinos, principalmente en los territorios palestinos militarizados y ocupados, un tipo de relación cruel que está sobre la base de la separación racial. Es la base del apartheid, esa realidad que se conoció en la Sudáfrica colonialista y nacionalista blanca.
La heroica resistencia palestina está a su vez en un plano de ebullición, porque más allá de lo horroroso que puede ser el genocidio sobre los territorios de Gaza y Cisjordania, hay un elemento que destaca con fuerza: la fortaleza de la lucha por la reconstrucción de un pueblo ocupado, la lucha por la defensa y recuperación de los territorios, tal como lo ha hecho nuestro pueblo mapuche históricamente.
La Nación mapuche en la actualidad vuelve a resistir una nueva invasión, la del capitalismo más salvaje y desvastador. Afrontamos por ello las ofensivas neofascistas de la ultraderecha chilena, con lógicas coloniales y racistas que se asemejan al Sionismo criminal actual.
La resistencia palestina y su relación con la lucha del Wallmapu
El efecto cruel y nefasto del colonialismo en los pueblos de Palestina y Mapuche tiene muchas similitudes. El Wallmapu, territorio ancestral mapuche que incluye parte de las fronteras coloniales del sur de Chile y Argentina, se encuentra actualmente bajo un estado de militarización por el interés del imperialismo norteamericano y sus lacayos entre ellos el sionismo israelí para imponer la lógica de acumulación capitalista. La militarización de los territorios en disputa es el principal modelo que ha adoptado el Estado chileno para mantener la opresión del Pueblo Nación Mapuche, que en las últimas décadas ha retomado la lucha política y territorial para su reconstrucción nacional .
Con la militarización y la criminalización de la causa mapuche, el Estado decide mantener el negocio de las grandes empresas extractivistas en el territorio ancestral. El estado chileno protege así a las empresas forestales y proyectos energéticos. Algo similar ocurre con los colectivos comunitarios (beduinos), comunidades árabes palestinas, a quienes se les usurpan sus tierras para la reforestación, que solo beneficia a los grupos sionistas.
Chile es un estado capitalista dependiente del imperialismo norteamericano,posee una naturaleza profundamente racista y colonial en el trato que le da a sus pueblos originarios. Ejerce la opresión hacia el pueblo mapuche porque las comunidades desarrollan procesos de resistencia frente al sistema de dominación.
Al igual que en Palestina, el Estado chileno ha despojado al pueblo Mapuche de sus territorios y sus demás bienes, como el agua. Por su parte, la empresa israelí Mekorot Water Company Ltd., que controla el 90% de la gestión hídrica de Israel, sustenta dicho suministro en base a la usurpación del agua en el territorio palestino, hecho denunciado en tribunales internacionales. Esta misma empresa, desde mediados de 2023, ofrece asesorías al gobierno regional chileno del Bio-Bio, para el despojo de las aguas en el territorio mapuche.
La colonización del Estado chileno y argentino en el Wallmapu histórico fue en base a una ocupación militar de exterminio, la mal llamada “Pacificación de la Araucanía” realizada entre los años 1881-83. Una ofensiva militar de dos ejércitos (chileno y argentino) que en sus campañas desarrollaron un verdadero genocidio que significó el asesinato de 50 mil a 70 mil mapuches. Con estas masacres desde el Estado chileno dio inició a un gran proceso de apropiación de tierras, hecho muy similar a lo que actualmente hace el Estado de Israel con los NAKBA, razón por la cual podemos concluir que ambos pueblos vivimos la ocupación y opresión de parte de estados coloniales.
Queremos manifestar que entendemos perfectamente la realidad que sufren nuestros hermanos palestinos. Por lo mismo es que se debe generar una relación y una solidaridad entre la resistencia que damos desde el Wallmapu y la digna lucha palestina.
En la actualidad, cuando se trata de imponer el mito de la superioridad racial (fundamento de los colonos neofascistas en Chile también) como pretexto para justificar el despojo, la usurpación y la explotación de tierras ancestrales, hemos de seguir resistiendo contra la dominación. Aún hoy, el mito de civilizar o evangelizar nos retrotrae a los peores tiempos de la invasión y conquista, hecho que nos desafía a seguir luchando con nuestra identidad y por la cultura con un tipo de resistencia en base a nuestra espiritualidad ancestral. La lucha Mapuche actual se fundamenta en la defensa de la tierra y la relación insondable entre el hombre y la naturaleza, lo cual nos hace enfrentarnos a la actual explotación económica que sufre nuestra ñuke mapu (madre tierra) y a la consecuente ocupación por desposesión que imponen los modelos neoliberales de los estados coloniales.
La imposición de los campos de refugiados palestinos, así como las políticas de reducción de las comunidades mapuches generaron fuertes movimientos de resistencia y la legitimidad de levantar propuestas de liberación, reivindicando el derecho a la autodeterminación.
Resulta no menor indicar y denunciar igualmente que el Estado de Israel y el Estado chileno tienen una relación de colaboración a la hora de reprimir a nuestras luchas.
El aparato represivo de Pinochet, en tiempos de dictadura, se asesoró desde las políticas de seguridad interna del Estado sionista. Políticas y asesorías que se mantienen en la actualidad inclusive por el actual gobierno seudoprogre de Boric. El Estado de Israel, sus Fuerzas Armadas, vende a Chile:
Otro ejemplo es el sistema Vigía, que fue utilizado para justificar «pruebas» en tribunales y condenar a altas penas de cárcel a destacados dirigentes mapuche.
Toda nuestra solidaridad – respeto a la digna y heróica lucha del pueblo palestino.
¡No están solos!
¡Amulepe taiñ weichan!
Weuwaiñ. !!!!
Fuente: https://www.facebook.com/werken.cl?locale=es_LA
(*) Héctor Llaitul, dirigente mapuche y vocero de la Coordinadora Arauco Malleco, CAM, fue encarcelado en agosto de 2022 y luego condenado a 23 años por instrucción del Gobierno de Boric que decidió aplicar a su caso y a otros comuneros la Ley de Seguridad Interior del Estado.
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